(Versión original - adaptado: 02/02/2015)
Shugo Chara! © PEACH-PIT (#Respect)
Sólo el personaje de Haruna es creado, mayor información revisar en mi perfil y dar click al link.
ADVERTENCIA: LEMON
LEMON=CONTENIDO SEXUAL (XXX) INICIO Y FIN (XXX)
Hitman
'Capítulo 7: Noche alcoholizada-II-'
Su mirada seguía prendada de la mía y luego suspiró con cansancio.
–Debe ser el alcohol creo–dijo sonriendo al mismo tiempo que soplaba para que sus cabellos se apartaran de su frente–. ¿Vas a cambiarte?–preguntó.
Que tal cambio de tema…
–Si–dije desviando mí mirada algo apenada–. ¿Podrías?
–Lo sé, lo sé…–dijo mientras caminaba en dirección al balcón, moviendo la cortina un poco para poder ver por los ventanales sin tener que abrirlos–. ¿No crees que mis padres sean algo jóvenes para tener hijos de veinte y veintitrés años?–preguntó mientras yo quitaba el broche de mi cabello.
Su pregunta me dejó pensando mucho, pues realmente al verlos me hacían dar cuenta de que tal vez la diferencia entre sus hijos no era mucha. Lo que también me hacía pensar en que tal vez Souko había quedado embarazada terminando preparatoria. Ninguno parecía ser mayor de los cuarenta, se veían bastante jóvenes.
–Son tus padres… ¿Tu lo piensas así?–pregunté deshaciendo el nudo de mi nuca.
–Lo he pensado bastante, pero nunca me atreví a preguntar, tienen la misma edad que el papá de Tadase–dijo aún con su mirada en el cristal–. Voy a salir para que te cambies tranquila–dijo abriendo la puerta del balcón y cerrándola detrás de él, con las cortinas completamente cerradas.
Miré como su sombra se movía en el balcón y pude recién deshacerme de la prenda, que por cierto tenía muchos nudos por todas partes. Una vez el vestido estuvo fuera, me deshice del brasier, dormía siempre sin este, aunque no se tomaba porque no tengo atributos notorios. Me puse entonces el vestido que usaba para dormir, más claro que el rosa de mi cabello, me llegaba un poco más debajo de las rodillas. Abotoné todos los botones y entonces me dispuse a dormir, jalando el edredón y las sábanas para internarme en la cama, pero al percatarme de la sombra en mi balcón recordé que él seguía allí.
Al abrir el ventanal, me lo encontré con sus brazos apoyados en la baranda. Me acerqué a él para ver que estaba mirando, parecía entretenido en algo en específico: sus padres.
Ambos sentados en una sola silla, ya no había nadie alrededor, sonaba una canción de fondo y sólo la luz de la noche los iluminaba. Sonreí, de hecho ellos podrían ser los protagonistas de una película romántica. Parecían una pareja de novios, de esos que aparecen en las películas al final, cuando los protagonistas quedan juntos. Hasta la luz de la noche les da un toque romántico, la escena es muy conmovedora, va con ellos. Sentados en una silla, ella sentada sobre él, con las frentes juntas, rozando sus narices. De hecho parece película.
–Tienes unos lindos padres.
– ¿Tú crees?–preguntó a diferencia de su usual: Quien sabe.
Asentí.
–Si tú lo dices–dijo dándose la vuelta.
Me volteé y me le quedé mirando.
– ¿Qué tanto me miras?–preguntó enarcando una ceja–Creí que sólo yo era el pervertido aquí–dijo sonriendo.
–No me respondiste–dije sin dejar de mirarlo.
Pareció pensárselo un rato, sin despegar su vista de la mía.
–Realmente me siento muy atraído hacia ti–dijo dejando una mirada enternecida en su rostro.
– ¿E-Enserio?–pregunté sin poder creer lo que me decía.
–Quien sabe.
La sonrisa burlona que dejó en su rostro provocó que todas esas palabras se esfumaran de mi cabeza. ¿Todo era mentira? ¿Había sólo dicho las cosas por decir? ¿No lo sentía ni si quiera un poco? ¿Era así de insensible?
–Amu…
Me sentía mal, sabía que no tenía oportunidad, pero que se burlara de mí me lastimaba… Pero no tenía por qué reclamar algo, pues me sentía en deuda con él por todo lo que ha hecho. Aún así, me sentía dolida, ya que era obvio que el cariño que yo le tenía no era correspondido.
–Amu…
Sentí que me tomaba el rostro con sus dos manos y al percatarse de que estaba llorando sus ojos se abrieron desmesuradamente.
–Amu-
–No… Discúlpame, no sé qué me pasa, debo estar muy sentimental últimamente… debe ser esas cosas de chicas–dije intentando tapar mi rostro, limpiándome las lágrimas que no paraban de brotar–. Yo, lo siento…
Retrocedí limpiando las lágrimas de mi rostro, tratando también de controlar mi respiración entrecortada. Pero por más que intentaba no podía evitar que mis lágrimas dejaran de brotar.
Entré con paso lento nuevamente a la habitación en donde dormía y estaba dirigiéndome justamente a eso. Dormir. Tal vez eso era lo que necesitaba para sacar todo de mi cabeza y-
– ¿Por qué lloras?
Sentí su presencia detrás de mí, había olvidado por completo la sutileza que tiene para moverse sin que alguien se percaté realmente de sus movimientos.
Tomé las fuerzas para hacerle frente. Cuando lo hice me giré en mi lugar y lo miré directamente a los ojos.
–Yo no quiero… no sé cómo-
Cálido, tierno, y no sé me vienen otros adjetivos a la cabeza en este momento. Estoy en blanco, todos mis pensamientos están nublados y ni siquiera puedo moverme. Mil y un sensaciones inundan mi cuerpo al sentir como mueve sus labios sobre los míos. El sabor a cerveza se sentía en ellos, pero aún así no podía dejar de querer más de ellos. Me tenía tan sujeta de la cintura que creo era la razón por la cual no podía moverme. Mis manos se aferraban a su camisa, no podía hacer mucho por como me tenía sujeta.
–Me haces sentir como un completo estúpido–dijo al separarse de mí–. Respondiendo a tu pregunta… Sí, es verdad.
– ¿Es… enserio?–pregunté con algo de miedo por como me había respondido antes.
–Si, voy muy enserio–dijo antes de volver a besarme, soltándome un poco.
–No sé hacer esto…–dijo separando mis labios de los suyos.
La suave risa que dejó escapar provocó que me sonrojara más -si eso era posible-.
–Déjate llevar–dijo volviendo a juntar sus labios con los míos.
Dejarme llevar pasaba por mi cabeza pero tampoco venían muchas cosas. A excepción de esas películas románticas que había visto con Utau desde que llegamos a esta casa. Pero algo en eso de dejarme llevar no me dejaba tranquila, sentía de alguna manera… que se refería a otra cosa. Recordaba que en las películas que habíamos visto, los besos apasionados terminaban en otra cosa.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando me percaté de que el mayor había logrado colar su lengua en el interior de mi boca. Y mientras mi lengua jugaba con la suya intenté como había dicho él… dejarme llevar. Me sujete de su nuca y pasé mis dedos por sus finas hebras azulinas, el cabello más suave que he de recordar jamás. Mas, pronto sentí que se me iba el aire y tuve que separarme de él un poco agitada por la falta de respiración.
– ¿Alguna vez te has besado con alguien?
Intenté hacer memoria con todos mis esfuerzos, pero por obvias razones mi mente no daba para eso en estos momentos. Negué extrañada sin poder responder con sinceridad, no recordaba haberlo hecho pero no estaba cien por ciento segura.
–No que yo lo recuerde…–dije con la respiración menos agitada, recordando como yo misma me pregunté eso la vez que vi a Kukai besar a Utau el día que los conocí.
Levanté mi rostro y sus ojos zafiro se veían, de alguna manera, más oscuros o dilatados… ¿cómo decirlo? Se veían diferentes a los que yo reconocía. Una sonrisa surcó su rostro.
–Me alegro–dijo sonriendo volviéndose a acercar a mi rostro.
–E-Espera… Tú si has besado a alguien más…
Me miró algo confundido.
– ¿Lo estás preguntando o afirmando?
–Sólo quiero saber…–dije hundiendo mi cabeza en su pecho.
–Sí, pero estoy seguro de que… es la primera vez que siento la necesidad de repetirlo varias veces–dijo soltando una de sus manos de mi cintura, llevándola a mi rostro–. ¿Qué me dices tú?–preguntó sujetándome del mentón.
Fruncí el ceño y desvié mi mirada.
–No lo sé… siento que no soy buena con esto–dije sintiendo como mis mejillas ardían.
–Entonces… habrá que practicar… ¿no crees?–dijo volviendo a acercar su rostro al mío.
Sus labios se sentían igual de cálidos que antes pero dudo que lo que sentía se denominara tierno. Los sentía demandantes, feroces, al igual que su lengua al cruzarse con la mía. Sentía que exploraba cada parte de mi boca, queriendo sabérsela de memoria… se sentía placentero. Dejarme llevar, lo tomé como insinuación a que hiciera lo mismo pero por más que quería no me dejaba… Como último recurso, cuando sacó su lengua de mi boca le mordí el labio inferior.
–Ah… Yo no… Lo siento si…
Me sentía extrañamente bien, por más que sabía que tal vez había lastimado su labio… se sentía bien ser la que provocaba el sonrojo que tenía él.
–Me las voy a cobrar y con creces–dijo acercando su rostro al mío y antes de que me diera cuenta volvía a besarme ferozmente pero esta vez… Estaba él arriba de mí, ambos en mi cama, con sus rodillas a cada lado de mis muslos y sus dos manos a cada lado de mi cabeza.
No sabía que sentía exactamente, pero no quería que parara de hacer lo que hacía, me gustaba como me sentía a pesar de no saber como me sentía. Sensaciones extrañas inundaban mi cuerpo y por más que trataba de pensar en ello mi mente se quedaba en la nada. Sólo bastaba que Ikuto siguiera dejando leves caricias en mi cintura con una de sus manos. Se sentía demasiado bien y esperaba que no se detuviera. Pero…
– ¿Huh?
El peliazul se separó de mí y me miró a los ojos, con la mano que antes estaba en mi cintura dejó suaves caricias en mi mejilla. Y su mirada había regresado a como era antes.
– ¿Tienes idea de lo que deseo en este momento?
–Eh…
–No quiero que te sientas obligada a hacer todo lo que se me plazca…–dijo recostándose a mi lado aún con su mano en mi rostro–Ya bastante tienes con vivir bajo mi cuidado.
Sentí otra vez una repentina tristeza inundarme.
–No tengo ningún derecho a hacer esto contigo–dijo depositando un corto beso en la comisura de mis labios.
–No–dije negando ligeramente, tomando su mano en mi rostro, me incorporé ligeramente–. No sé qué hacer exactamente… pero no quiero dejarlo así–dije besándolo yo esta vez–. Además… creo saber a donde lleva esto y…. no es como si…
– ¿Cómo si qué?–preguntó con ese típico tono burlón.
–…como si me desagradara… la idea de…
– ¿De qué?
Inflé mis mejillas frunciendo un poco mis cejas, era obvio que le gustaba hacerme sentir avergonzada.
–No lo diré–dije tajantemente.
La risa que soltó era las que usualmente soltaba, secas pero sin ser carentes de emoción.
–Te vez adorable molesta–dijo llevando su mano a un lado de mi cabeza, donde las trenzas aún estaban, pasó sus finos dedos deshaciendo cada una de las trenzas pegadas a mi cabeza.
Una vez que sentí mi cabello suelto, levanté mi otra mano y me di cuenta de que seguía la pulsera que me había regalado Haruna.
– ¿Quién te dio eso?
–Haruna… Dijo que era un regalo de ella…
–A ver si es pesada…
– ¿Huh?
–Nada, no te preocupes–dijo incorporándose, recién entonces me di cuenta de que estaba descalzo.
– ¿Te vas a—?
–Tranquila, quiero deshacerme de unas cuantas cosas–dijo ya de pie junto a la cama.
Se quitó el reloj de su muñeca, el collar de su cuello y dejó los dos junto con el celular en la mesita de noche, junto al reloj. Después de eso, extendió su mano hacia mí, yo también me incorporé pero quedé arrodillada. Movió su mano nuevamente y yo la tomé, esta vez él tomó la pulsera y la desabrochó, para después dejarla donde estaban sus cosas.
Se sorprende un poco cuando tomo su mano y jalo de ella, pero deja de decir palabra y se limita a cerrar sus ojos. Porque en realidad quería seguir con esto, a pesar de no ser experta, me estaba gustando dejarme llevar.
XXX - PELIGRO -
Sentí su piel erizarse al sentir mis labios en su cuello dejando castos besos, bajando mientras abría su camisa. Extiende sus brazos hacia atrás y una vez que su camisa estuvo completamente desabotonada la dejó caer. Me detuve entonces a mirar lo que tenía frente a mí. No era un cuerpo musculoso, pero tampoco era escuálido, sus abdominales estaban marcados al igual que cada parte de su torso y brazos. En mis recuerdos no entraba nada más perfecto que lo que tenía enfrente de mí.
Moví mi cabeza al caer en cuenta de que había estado a punto de babear sólo por verlo sin camisa. Miré hacia arriba solamente para encontrarme con una sonrisa socarrona surcando sus labios. Sabía lo que quería decir esa sonrisa, por lo que me limité a pasar mis manos por sus cabellos atrayendo su rostro al mío y fundirlo en un nuevo beso. Beso que había quedado en mi memoria y podía repetirlo, tal vez no de la misma manera pero había alguien empeñado en enseñarme.
Sentí como quedaba sentado en la cama y sus manos se pasaban por mis muslos, subiendo delicadamente el vestido. Las caricias en mis piernas provocaban que de mi boca escaparan suspiros, que provocaban constantemente que el beso se cortara. La prenda seguía subiendo y mis ojos encontraron los suyos al cortar el beso. Se notaban cargados de cariño, culpa, miedo tal vez, e inseguridad, pero yo estaba segura de cómo lo miraba. Realmente le quería, y quería demostrárselo.
Levanté mis brazos para que retirar completamente el vestido que usaba para dormir. Recién me percaté que la única prenda que tenía en ese preciso momento eran mis bragas y no pude evitar abrazarme a mi misma para cubrir mis pechos expuestos. Era la primera vez que estaba de esta forma con un hombre, de eso estaba segura, no recordaba haber sentido todas estas sensaciones antes.
Miré su rostro avergonzada, no porque no quisiera seguir, si no porque sentía que tal vez no pudiera ser suficiente… para él. Tan perfecto e impecable y yo tan desproporcionada… Contra todo pronóstico de que estallara a carcajadas, tomó con una mano mi rostro y junto nuestros labios nuevamente. Delicadamente con su otra mano bajó uno de mis brazos y luego el otro, no pude evitar abrazarme a él de su cuello.
Una corriente eléctrica chocó mi anatomía al sentir el contacto de ambos pechos desnudos, sentía, además, cierto nerviosismo de su parte. Aún así parecía tratar de no hacerlo notorio.
Pronto su lengua comenzó a bajar por mi cuello, succionando cierta parte de este, sensación única y excitante. Pasó de mi cuello a mis hombros y luego siguió bajando, regando besos hasta llegar al valle de mis pequeños senos. Tomó uno con sus manos y comenzó a masajearlo delicadamente, mientras que el otro lo introducía en su boca. Atormentó la pequeña cúspide con su lengua para luego pasar al otro y hacer el mismo procedimiento.
Me recostó lentamente en la cama y volvió a unir nuestros labios en un beso cargado de cariño. Al momento sentí que una de sus manos bajaba a mi entrepierna. Que por cierto sentía estaba algo mojada… tal vez demasiado. Corté el beso pero no por falta de oxígeno, si no porque sentía como acariciaba la parte más sensible de mi cuerpo. Cuando introdujo en dedo me sentí desfallecer, sentía cada corriente eléctrica recorrer mi espina dorsal más fuerte que la otra. Al meter el segundo dedo no podía aguantar más los suspiros, que se volvieron gemidos con el paso de los minutos, salir de mi boca.
Dejó mis labios completamente y bajó nuevamente por mi cuello, deteniéndose en mis hombros. Siguió bajando, dejando caricias, besos por el largo de mi torso.
Con su mano libre se dedico entonces a terminar de sacar la última prenda que tenía puesta dejándola quién sabe dónde. Al mismo tiempo que su boca se acercaba peligrosamente a mi entrada. Mis ojos se abrieron bastante al sentir su caliente respiración chocando con mi sexo expuesto. Mi mirada chocó la suya que me miraba divertida, con la única fuerza que me quedaba traté de alejar su rostro pero ya estaba sintiendo su lengua dentro.
Llevé esa mano a mi boca para evitar que los gemidos que parecían gritos salieran de mi boca. Jamás había experimentado algo tan dulcemente placentero. Por más que quería no podía si quiera callarme, no tenía control ni de mi propio cuerpo y tuve morderme el labio fuertemente para no gritar. Sentí que se lengua chocaba con un punto fijo y juro que toqué el cielo por unos segundos. Llevé mis manos a secarme las lágrimas que brotaban de mi rostro por el enorme placer que me provocaba mi acompañante. Tratando de controlar mi entrecortada respiración…
Me sentía sudorosa, que el corazón se me saldría en cualquier momento y junte todas mis fuerzas para normalizar mi agitada respiración. Me sentía nerviosa y, para qué negarlo, con algo de miedo.
Fue cuando sentí como depositaba un beso en mi mejilla cuando mi cuerpo se relajó un poco, la sonrisa que me brindó fue en definitiva una de las más tiernas. Sonreí con él sin poder evitarlo, estaba disfrutando todo esto.
Cerró sus ojos y pude percatarme entonces de que no era la única con miedo aquí. Tomé su rostro y lo besé, no sabía que decir, por lo que me limité y mirarlo a los ojos y negar con mi cabeza. Sonrió con dulzura para depositar un beso en mi frente esta vez.
Mi mirada se dirigió a su pantalón y pareció saber a que me refería. Se puso de pie y se deshizo de la correa, para poder quitarse el pantalón y la última prenda que tenía puesta. Quedando ambos desnudos completamente. Otra vez miré su entrepierna, pero esta vez no pude apartar mis ojos de su virilidad. Sabía muy bien que eso tenía que entrar en mí y me inundaba de miedo nuevamente. Sorpresa también, era la primera vez que veía a un hombre sin una sola prenda encima.
Se recostó a mi lado y besó lentamente mis labios, provocando que cerrara mis ojos complacida, dejándome llevar. Abrí mis ojos al cortar el beso, pero esta ve sentí menos temor en estos ojos que me quedé mirando. Esperaba que los míos no mostraran ninguna duda, porque para ser sincera estaba deseosa de continuar. Mis ojos otra vez miraron hacia abajo.
– ¿Quieres tocarlo…?–preguntó divertido al ver lo que miraba, asentí apartando mi vista tragando grueso.
Tomó mi mano para luego comenzar a besarme, mientras bajaba su mano lentamente por su cuerpo hasta llegar a su sexo. Hizo que mi mano lo tomara suavemente para moverla de arriba hacia abajo, los gemidos que escaparon de su boca provocaron que me sintiera de alguna manera poderosa. Sentía tener cierto control sobre él, estar yo causándole esas sensaciones. No me pensaba a mí misma en esta situación.
El beso se terminó porque parecía ahora él estar disfrutando de mi trato, sus ojos cerrados y su expresión placentera hicieron que me sintiera satisfecha. Sentí entonces como palpitaba entre mis dedos y que en poco segundos se sentiría como yo hacía unos segundos. En un abrir y cerrar de ojos, lo tenía sobre mí y había apartado mi mano de su miembro. Me besó la frente, la punta de la nariz y luego mis labios, dejando todo lo que sentía en este beso. Comenzó a estimular mi cuerpo una vez más logrando que mi cavidad estuviera tan húmeda como antes. Me miró una vez más como preguntándome si parar.
–Adelante–dije sonriendo, con firmeza, con miedo, con decisión… realmente sabía que dolería.
La intromisión en mi cuerpo se sintió algo molesta por un momento, pero parecía que podía avanzar por lo mojada que estaba. Cuando se detuvo supe que el miedo lo había inundado nuevamente, pues sentía también aquel obstáculo que sabía que existía. Me abracé a él con las fuerzas que tenía y besé suavemente su pecho. Lo tomó como insinuación a seguir y en menos de un segundo sentí que me rompía de mil maneras. Mis lágrimas de dolor no paraban de brotar y me sentía mal por estar arañando su espalda con mis uñas.
Escuché como se disculpaba, muchas disculpas, muchos lo siento. Pero no pasó mucho para que todo ese dolor se esfumara y diera paso al más dulce de los placeres. Me sentía en el séptimo cielo con cada embestida, sentía como se movía ferozmente dentro de mí, dejando escapar él también gemidos cargados de placer. No pasó mucho para sentir como me contraía y mis paredes apretaban la virilidad de Ikuto que palpitaba en mi interior. Hizo amán de querer salir de mí pero enrosqué mis piernas alrededor de sus caderas y dejé escapar un "No" algo juguetón. Escuché como dejaba escapar una dulce risa. Y luego de un par de embestidas más, un grito al igual que el mío diciendo el nombre del otro.
Caí rendida en la cama y me llevé las manos al pecho al mismo tiempo que él salía de mí como si tuviera miedo lastimarme. Sentí nuevamente mi corazón latir rápidamente, después su cabeza entre mis pechos y sólo pude dormir cuando escuche como dos palabras salían de su boca casi en susurro.
XXX - FUERA DE PELIGRO -
–No puedo creer esto…–dijo abrazándose a mi cintura, apegándome a él.
Sólo esperaba que realmente no fuera producto de una noche alcoholizada.
–Yo tampoco–dije caer completamente rendida.
~Bonus~
Las pesadillas de Amu se habían hecho más frecuentes, sus alaridos cargados de terror llegaban rápidamente a mis oídos. No me era sencillo conciliar el sueño luego de ello, puesto que cuando lograba tranquilizarse yo terminaba preparando el desayuno. Ese día había sido igual, despertó con una pesadilla, fui a reconfortarla… Y es que no me gustaba ver su cuerpo temblar ligeramente, por lo que terminaba abrazándola fuertemente. La calidez de su cuerpo terminaba por llenar el mío y tenía que separarme para no hacer nada estúpido. Luego dejaba sus prendas a un lado de la cama, iba a hacer el desayuno y ya casi listo subía por ella para bajarla en brazos. Tomábamos desayuno y nos poníamos a ver televisión.
El sonido de mi celular me sacó de la típica rutina. Al ver quien llamaba no pude evitar sonreír, tenía días de no escuchar su voz.
–Hola cariño ¿cómo estás?–pregunté divertido
–Pues aquí sacándote la vuelta–dijo entre risas el pelilargo.
– ¿Para qué llamas entonces?
–Pues para ver en qué andas, ya sabes que me preocupo por ti.
Miré entonces a mi acompañante, estaba recostada en el sillón, sin mirar realmente a la pantalla. Al notar que la miraba pestañeó ligeramente, reí ante su reacción.
–Hmp… le estoy haciendo de niñero–dije sintiendo como se dibujaba una sonrisa en mi rostro.
Sentí entonces una patada en mi torso, no pude evitar llevarme la mano a donde me había pateado y mirarla reprobatoriamente. Escuché como reía del otro lado.
–Bien, pero recuerda que eres niñero, no puedes quedártela.
–Sí, claro.
–Haruna llega dentro de unas semanas por allá, yo voy a dejar todo solucionado aquí y llegaré el día de la fiesta. Así que nos vemos.
–Nos vemos.
Colgué para oír como Amu me imitaba con su fingida voz masculina. No pude evitar reír ante su imitación.
Comencé entonces rodeando la pregunta que quería hacerle desde que comenzó a despertarse gritando. La pregunta correcta sería: ¿Qué es lo que ves en tus pesadillas? Pero me limité a preguntarle si estaba teniendo más pesadillas que de costumbre. Ella parecía estar pensando en una respuesta, tal vez me había equivocado y no me tenía la suficiente confianza. Intercambiamos unas palabras más y apagué el televisor en un vano intento por hablar seriamente con ella. Había estado cambiando de canales y tratando de quitar las ideas de mi cabeza pero… no pude más.
Le pregunté entonces por su apellido, ¿cómo es posible que no recordara su apellido pero si su edad? Tampoco es que yo dudara de su nombre o edad, eran cosas que ya sabía, Nadi me las había dicho antes de caer rendida. Pero su apellido creo que ni ella misma lo sabía, me lo hubiese dicho.
La mirada apenada y avergonzada que me mostró me hizo sentirme el villano de la historia.
Me dijo ella que tal vez había estado en algún lugar diciendo su nombre y edad antes de encontrarla. Ello provocó que me sorprendiera, tal vez si lo recordaba después de todo, pero tenía miedo decírmelo. Le cuestioné si sus palabras iban enserio y me dijo que sólo estaba pensando en ciertas hipótesis. Parecía que, como ella misma me dijo en ese momento, se había estado torturando con este asunto desde que despertó aquí. Fue inevitable acariciar sus cabello en un vano intento de que se sintiera segura.
–Tranquila–dije suspirando, no me gustaba verla así–, no hay prisa… puedes quedarte el tiempo que quieras.
Aunque realmente estaba sintiendo que me aferraba a ella cada vez más, sabía que volvería a su casa tarde o temprano. Sabía que tal vez ella quería volver a su casa y no estar aquí, pero una leve esperanza iluminaba mis pensamientos pensando en alguna vaga posibilidad de que no fuese así. Me gustaría saber si realmente se sentía cómoda, yo era el culpable de todo al fin y al cabo.
– ¿Por qué?
Sentí que mis ojos se abrían desmesuradamente por la sorpresa, sabía que llegaría el día en que me preguntaría por todo esto. Además de que era comprensible su curiosidad, ella estaba en todo el derecho a saber, pero en el momento en el que me disponía a contárselo la puerta de la casa se abrió.
Tadase entró con una mochila colgando en su espalda, sonreí al verlo sano y salvo. Saludó a Amu y luego entraron el resto de los Hotori, se presentaron cada uno y se dirigieron a las escaleras. Fueron bajando uno por uno, cargando las distintas cajas que yo había ya sellado. La casa quedaría sólo con las vajillas, artefactos eléctricos y los muebles, no había ya ningún cuadro ni adorno. Me había encargado de eso en la semana que estuve aquí.
La mirada de confusión de Amu me incitó a contarle que su mudarían, que nos mudaríamos dentro de unos días más. Pareció sorprendida de mi comentario y me negué a decirle a donde iríamos.
Me dirigí a la cocina para poder cocinar, la tuve que llevar en brazos al comedor de la cocina por petición de ella misma. Parecía no gustarle estar sola. Al mirarla fijamente mientras estaba poniendo tomates en la olla, me pude dar cuenta de que parecía sumida en sus pensamientos. Pregunté por ello y me dijo que estaba teniendo un debate interno, parecía que era difícil tratar de buscar en su memoria. Una vez que dejé todo listo en la cocina, me dirigí a su lado y me le quedé mirando.
Dos hermosos topacios que parecían no cansarse de brillar, me estaba gustando mucho mirarlos, sin embargo cuando ella se percataba no podía evitar girarme. Sus ojos provocaban un millón de sensaciones en mí, me era imposible mirarla tan sincera e inocentemente como ella lo hacía. Me da vergüenza admitir que hasta mis mejillas hacía arder, sólo esperaba que ella no lo notara.
El almuerzo transcurrió muy animado, los Hotori parecían llevarse muy bien con la pelirrosada, mencionaban anécdotas. Viejas historias que me unían con ellos, parecía sorprendida por la cantidad de tiempo que llevábamos conociéndonos. También le dijeron que tocaba el violín, aunque a decir verdad había dejado de hacerlo desde que ella despertó. Me hicieron prometer que me dejaría escuchar en uno de estos días.
–Quien sabe.
No tenía intención de tocar, me hacía sentir más vulnerable que antes.
Después del almuerzo me quedé lavando platos con Tsukasa mientras Amu hablaba con Tadase, parecían entretenidos. Ambos tenían la misma edad, supongo que por eso congeniaban de esa manera, pero me hacía sentir extraño.
–Celoso, ¿no?–dijo el primogénito sonriendo maliciosamente, mientras comenzaba envolver las vajillas en papeles, había traído una caja para poder guardarlas.
–Quién sabe.
–No lo has negado–dijo golpeando mi brazo con su codo, parecía entretenerle la situación.
Pero yo no podía sentirme seguro de mi respuesta, porque tal vez él no estaba tan equivocado.
Pasaron dos días para que decidiera empacar las pocas pertenencias de Amu y las mías, aún dormida la dejé en los asientos de la parte de atrás del convertible. Se despertó casi llegando a nuestro destino, divisé el auto de Utau a lo lejos. Estaban bajando unas cuantas cajas del auto de ella, mientras mi madre parecía observar si algo había cambiado.
Era una casa antigua, en la que se hospedó mi padre durante mucho tiempo, Utau también a su debido momento y mi madre cuando la sacaron del hospital. La casa era realmente grande, no una mansión, pero era grande.
–Ikuto…
La voz de Amu me hizo girarme hacia ella que estaba con la cabeza fuera del carro. Sonreí antes de abrir la puerta y llevarla en mis brazos al interior, el castaño la saludo animado cuando salía de la casa, ella se limitó a sonreírle. Al entrar aún habían muebles cubiertos por mantas blancas, pero los sillones estaban ya descubiertos. La deposité delicadamente en este que daba vista a las grandes ventanas cerca de la puerta principal.
Las cosas las fuimos dejando en su lugar y Utau me dijo que se encargaría de llevar a Amu a su habitación, ella la había elegido y estaba terminando de arreglar ciertas cosas. Yo tenía que ir a recoger a Haruna del aeropuerto, me despedí de Amu y partí rumbo al aeropuerto.
– ¿Cómo ha estado el niñero?–preguntó divertida cuando me vio.
–Esa niña saca lo peor de mí–dije recordando ciertas imprudencias por su parte.
–No me digas que le llamas la atención… No eres su padre, ¿sabes?
–Quien sabe.
–Si lo eres estás cometiendo incesto–dijo entre risas.
–Hmp.
Tomé la maleta que traía, donde supuse había montones de prendas de París, era extraño que no las hubiese quemado como siempre hace. No le gusta llevarse las cosas, parecía que era un trauma que había quedado después de perder a sus padres. Utau podría ser su única familia, y eso porque no son nada, no las une ningún lazo de sangre, tal vez sólo el cariño que sabía –aunque ellas lo negasen- existía entre las dos.
Conduje rumbo a la gran casa nuevamente y me dispuse a desempacar yo, nos quedaríamos por un largo tiempo en mi opinión.
Ya en la noche, recién me percaté de que Amu no estaba en por ningún lado, mi hermana me dijo que estaba descansando ya. Me habían dicho que había sido un día difícil para ella, según Utau eran problemas de chicas. Me colé, como siempre hacía en la casa de los Hotori, donde ella dormía plácidamente. No pude evitar separar mechones que caían tapando su rostro, intentando hallar por qué andaba tan ido últimamente. La joven se colaba en mi mente por más que no lo quisiera. Frunció su ceño un poco y se movió inquieta provocando que las sábanas la destaparan un poco. Volví a cubrirla, depositando un beso en su frente, lo que logró que su expresión se relajara.
Al salir y bajar a la sala principal, se encontraban los tres, Kukai, Haruna y Utau, sentados en el suelo, junto a la chimenea. Estaba el fuego bailando mientras ellos parecían estar tomando algo en tazas. Debido a que era más grande que un vaso, su estado no era uno sobrio, al menos no pasaría sólo esta noche alcoholizada.
Gracias por leer ^^
Attn. Kiriha-chan
