No tengo perdón de Dios D: No me disculpen sino quieren TOT Me voy a llorar al río avergonzada, recién hoy me di cuenta de que tengo todos los archivos que creí eliminados
Esto sólo pasa en octubre, el mes de las sorpresas de cumpleaños [?] Okayno.
Gracias a: camilaflordeloto, Guest, nomiya-chan, AI tsukiyomi, Kokoa Kirkland y Apology Girl.
Guest, tienes razón y lamento que sucediese nuevamente, espero me disculpen y sigan esta historia a punto de llegar a su fin.
Rated: T
Advertencia: - (ninguna)
Parejas: AmuxIkuto
Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect) Osea que sólo la historia y Haruna me pertenecen, más información entrar a mi perfil y dar click al zelda :v
Hitman
'Capítulo 8: Acción y reacción'
Me removí inquieta y tuve la necesidad de jalar más de las sábanas que me cubrían, entonces fue cuando mis ojos se abrieron de golpe. Al mover mis piernas un terrible dolor se sintió en mi entrepierna.
– ¿Te desperté?
La voz inconfundible de Ikuto logró que mirara directamente a donde se encontraba, parado fuera de la cama, con su pantalón puesto. Parecía estar poniéndose su correa. El ver su torso desnudo provocó que me sonrojara violentamente sin poder soltar una sola palabra.
–Yo… no es sólo que…–dije intentando buscar palabras.
Me detuve en seco al volver a mirarlo.
Torso descubierto… se estaba vistiendo.
Me removí inquieta y tuve que levantar el edredón y sábanas que me cubrían para cerciorarme de que estaba en el estado que creía: desnuda.
Miré a todos lados y luego otro dolor en mi entrepierna.
– ¿Qué… pasa?
El temor en su voz me hizo olvidarme de la repentina confusión para caer en cuenta de que no había soñado nada. Todo había pasado.
–Amu si tú te-
– ¡No!–dije incorporándome rápidamente, tomando con un mano su rostro y con la otra cubriendo mi cuerpo con la sábana–, además fui yo la que… bueno… eso…
Sus ojos se cerraron lentamente y recostó levemente su cabeza en mi mano, parecía estar disfrutando mi tacto.
– ¿Por qué te cubres?
– ¿Huh?
–Hace unas horas observé todo de ti, no tienes porque cubrirte–dijo con un tono más pícaro en su voz.
–No es lo mismo…–objeté retrocediendo un poco–…era de noche…
Dejó escapar una suave risa y luego suspiró profundamente, se separó de mí y se dirigió al pie de la cama. Se agachó durante unos segundos y levantó su camisa, se la puso rápidamente y comenzó a abotonarla. Luego de percatarse de que lo estaba mirando me sonrió tiernamente.
– ¿Te hice daño?
Me sentí conmovida por sus palabras, negué débilmente sonriéndole al final.
–Claro que no… Tú no podrías.
Me miró algo confundido y negó con su cabeza.
–Te debe doler aún… Ya sabes.
A decir verdad sentía una punzada en esa zona cuando hacía movimientos bruscos, como ahora que caía sentada en la cama. Levanté un poco las sábanas para mirar mi propia anatomía, intentando encontrar algo que hacer para evitar el dolor pero mi horror fue grande cuando descubrí una mancha de sangre en las sábanas blancas…
– ¿Qué pasa?–preguntó él acercándose con preocupación al haber gritado yo.
Al mirar lo que yo veía pareció incómodo, sus mejillas se tiñeron de un casi invisible carmín. En menos de un minuto me tenía en sus brazos, abrió la puerta del baño que tenía en la habitación y me depositó en la tina. Abrió el grifo de agua caliente y fría, provocando que el agua saliera temperada y comenzara a llenar la tina.
–Voy a ver como hago con las sábanas, ahorita vengo–dijo alcanzándome un carmín para sujetar mis cabellos.
Pronto estuve rodeada de agua y tuve que cerrar el caño como pude. Me hundí en la tina dejando que mi cuerpo se relajara en el agua. No paso mucho para que Ikuto regresara y me ayudara a bañarme, me seguía doliendo un poco y él parecía sentirse responsable de mi dolor. Obviamente era el responsable por eso… pero me sentía extraña porque me estuviera ayudando.
– ¿Cuándo me pasará esto…?–pregunté ya fuera de la tina totalmente limpia, con una toalla envolviendo mi cuerpo, oliendo a ese jabón de frutillas que había esparcido por mi cuerpo.
–No sabría decirte–dijo mientras abría la puerta del baño para que saliera–. Pero a toda acción hay una reacción–dijo sonriéndome.
Sentí que me sonrojaba nuevamente y me limité a ir por mi ropa para poder cambiarme. Me dijo que las sábanas habían desaparecido misteriosamente mientras me guiñaba un ojo. Sonreí confiando en él, sabía que lo mejor sería guardar esto como un secreto, al menos por el momento.
Me cambié en el baño a pesar de lo que me dijo anteriormente él, no me sentía tranquila con plena luz del día. Prefería cambiarme sin que me estuviese mirando.
Una vez cambiada recién me percaté de que era extrañamente temprano, pero no quería quedarme sola, así que me dispuse a acompañarlo a él. Dijo que se bañaría y luego bajaríamos a desayunar, quienes atendían en la casa ya debían estar levantados.
Caminaría mejor de no ser por aquel pinchazo que sentía cada vez daba un paso, intentaba ignorarlo pero me resultaba imposible.
Caminamos con rumbo a su habitación, pero me terminé quedando con Utau quien parecía algo preocupada. El mayor dijo que regresaría por mí y yo me acerqué a donde se encontraba su hermana, estaba en la puerta de lo que recordaba era el baño. Estaba con su cabello amarrado en dos moños a cada lado de su cabeza, se veía curiosa, pues lo usual es que deje amarrado en dos coletas largas. Tenía puesto un polo que parecía dos tallas más grande lo normal y unos pantalones que le llegaban un poco más debajo de la rodilla. Estaba descalza y apoyada en la pared al lado de la puerta del baño con una taza roja.
–Buenos días–dije acercándome a ella.
Me miró y negó con su cabeza, antes de tapar su boca porque soltaba un bostezo.
–Buenos días, Amu–dijo ladeando su cabeza–. ¿Dormiste bien?–preguntó mirando la puerta del baño nuevamente.
Me sonrojé ante su pregunta, a pesar de que tal vez ella no sabía que había pasado antes de que me quedara dormida, me sentía avergonzada de sólo pensarlo.
–S-Sí–respondí no muy segura de mi propia respuesta–, ¿cómo estas t-?
Mi pregunta se vio interrumpida por una arcada y luego el sonido de lo que seguía de esta.
–Yo no dormí casi nada–dijo chocando su frente contra la pared–, todo por culpa de este idiota.
La puerta del baño se abrió y noté a un Kukai que no había pasado nunca por mi cabeza.
Se veía sumamente demacrado. Sombras oscuras resaltaban debajo de sus ojos y su nariz se notaba ligeramente roja, su cabello se veía más desordenado de lo normal. Vestía un polo de mangas largas y unos pantalones que iban más arriba de sus tobillos, descalzo al igual que su novia. Al verme intentó una sonrisa y cerró sus ojos débilmente para levantar su mano en señal de saludo.
– ¿Qué te pasó?
–Kukai-es-intolerante-al-alcohol–dijo Utau escupiendo las palabras–. Cuando toma como tomó ayer la resaca que tiene es peor que un resfriado–agregó, mientras se acercaba a él y acariciaba débilmente su mejilla.
Él sonrió divertido, o eso pareció y tomó la taza que Utau tenía en sus manos.
– ¿Te lavaste la boca?–preguntó viéndolo tomar de la taza.
Él asintió y se sobó el cuello por la zona de su garganta, parecía molestarle por la expresión que hizo.
– ¿No puede hablar?–pregunté al verlo hacerle señas a Utau.
–Aunque lo intente no podríamos escucharlo–dijo sonriendo–. Después de todo a toda acción hay una reacción–dijo tomándolo de la mano–. Espero poder dormir–dijo alejándose por el corredor junto con él–, nos vemos al almuerzo.
El castaño levantó una mano en señal de despedida y así me dispuse a girar sobre mis pies y seguir caminando. No sabía donde era la habitación de Ikuto exactamente, por lo que mi limité a seguir caminando. Me encontré con la puerta de la habitación en donde anoche había estado jugando cartas con los demás. Me detuve en la puerta y me pregunté que habría pasado si no iba con Haruna el día de ayer a jugar. Tal vez no habría pasado la noche con Ikuto.
El grito que escuché en el interior me sacó de mis pensamientos y me hice a un lado al notar que salía un Nagihiko disparado de la habitación. Vestía sólo su pantalón y parecía tener su correa, corbata y zapatos en una de sus manos. Al verme me sonrió tranquilamente y al intentar hablar una almohada chocó contra su rostro. Mi vista fue en dirección de donde había venido la almohada voladora y vi a una Haruna con las mejillas sonrojadas y el cabello amarrado. Tenía puesta la camisa color vino del peli violáceo, parecía molesta por como estaban fruncidas sus cejas.
–Por mi, puedes pudrirte travesti–dijo filosamente y al percatarse de mí su rostro se enterneció y me sonrió amablemente–. Buenos días, Amu-chan.
– ¿Decías?–preguntó el chico con la almohada en la mano, escrutándola con la mirada.
La mirada filuda de Haruna volvió y pareció que el de cabellos largos se tensaba en su lugar, como pudo se puso de pie y echó a correr por donde yo había venido. La última almohada que le lanzó logró darle en la cabeza y cayó de cara al suelo.
– ¡Muérete!–gritó antes de cerrar la puerta de la habitación de un solo golpe.
Me acerqué entonces al joven que yacía tirado en el suelo aún con la almohada en su cabeza.
–Nagihiko…–llamé retirando la almohada con ambas manos.
–Estoy bien–dijo girándose, aún en el suelo, dejó su mirada fija en el techo, yo me arrodillé junto a él, junto a su cabeza para ser específicos.
Su mirada parecía perdida en el techo, miraba el foco como si fuera lo más interesante del mundo, su mirada se notaba algo triste, parecía nostálgico y pensativo. Se incorporó de un momento a otro y quedó sentado con sus piernas cruzadas, se estremeció un poco por la ligera brisa que chocó contra su torso. Yo también me abracé a mi misma, parecía que habían abierto alguna ventana cercana.
–Es una chica muy pesada…–dijo mientras miraba las puntas de sus cabellos.
No sabía que pensar, había salido él sin camisa y ella la tenía puesta… ¿era lo que estaba pensando?
–No es lo que parece… Soy algo desalmado después de todo–dijo sonriéndome algo apenado–. No sé entenderla y ella termina de esa manera… A pesar de que usa mis camisas para dormir, es como una segunda hermana–dijo moviendo su cabeza en círculos–, no he hecho nada con ella si es lo que piensas–dijo poniéndose de pie–. No podría.
Me quedé con la almohada aún sentada en el suelo, pensando en la razón por la cual hubiese gritado la pelinegra. Las cosas no parecían ser lo que había pensado en un principio, parecía que sólo eran grandes amigos, así lo había puesto él. Pero algo en las expresiones de ella me hacían parecer que no pensaba igual.
– ¿Qué haces en el suelo?
Al levantar el rostro me encontré con los ojos escrutadores del peliazul que me había prometido volver a buscarme. Vestía un polo negro que se entallaba a su delgada figura, junto con unos jeans claros algo rotos, descalzo y en su cabello se notaban algunas gotas de agua.
– ¿Por qué tienes una almohada?–preguntó mientras me ayudaba a levantarme.
Me dispuse a contarle brevemente los hechos ocurridos hacía unos minutos atrás. Él me escuchó sin comentar ni una sola vez hasta que ya había terminado de hablar. Negó con su cabeza antes de encogerse de hombros, parecía estar haciendo un esfuerzo por restarle importancia. Me quitó la almohada y la dejó en la puerta del cuarto de Haruna. Tomó mi mano y comenzamos a caminar nuevamente por donde vinimos, mi habitación era la más cercana a las escaleras por lo que tuvimos que volver por el mismo camino.
Al bajar como él mismo había dicho, estaban ya dejando tazas en cada lugar, café leche, azúcar. Mientras traían en una bandeja panes rellenos de algo, trajeron también un plato con bastantes panqueques. Pocos segundos después de que dejaran ese plato de panqueques se presentaron en el gran comedor los padres de Ikuto. Saludaron cortésmente antes de tomar asiento, el mayor me guió hasta una de las sillas y se sentó él al lado mío.
Transcurrió el desayuno en silencio, pero mi apetito lo sentí más grande de lo normal, y cuando iba por el tercer pan me detuve a pensar en ciertas cosas. Era muy consciente de lo que había hecho el día anterior y tenía en cuenta de que no habíamos usado protección… sabía que no recordaba algunas cosas mías del todo pero recordaba como nacía un bebe…
– ¿Amu?
El tono preocupado que usó al llamarme me devolvió a la realidad. Sonreí tratando de evitar mis palabras, no podría suponer nada… tendría que averiguarlo de alguna manera. No quería dar más problemas.
Sonrió él y siguió tomando de su taza.
Cuando ya estábamos terminando, bajó Haruna vestida con unos jeans claros y un polo blanco de mangas rojas, estaba descalza. Su cabello se veía húmedo, por lo que presumo debe haber tomado una ducha. Detrás de ella venía Nagihiko, su cabello estaba suelto y también se notaba húmedo. Vestía unos pantalones negros parecía haberlos doblado hasta un poco más abajo de su rodilla, un polo azul cielo de mangas largas pero lo había remangado. También estaba descalzo.
–Buenos días–saludaron animadamente ambos al mismo tiempo, mientras tomaban asiento.
La mesa era para catorce personas, pero no había nadie en las cabeceras. En el extremo izquierdo, al lado derecho de la cabecera estaban sentados Aruto y Souko, al lado de Souko se había sentado Haruna. Al frente de Souko estaba yo, a mi lado Ikuto y a su lado Nagihiko quedando él frente a la pelinegra. Esta última, en unos pocos minutos había terminado con todo lo que había puesto en su plato. Mi apetito quedaba corto con el suyo.
–Gracias por la comida–dije poniéndome de pie, el primogénito hizo lo mismo y ambos caminamos a la sala común.
– ¿Qué quieres hacer?–me preguntó abrazándome por la cintura–. Estoy de vacaciones por unas semanas.
– ¿Ah si?–pregunté sujetando su brazos.
Realmente se sentía bien estar de esta manera.
–Entonces… ¿Puedes tocar el violín?–pregunté recordando lo que habían mencionado los Hotori cuando habíamos almorzado en su casa.
Sentí como sus brazos se tensaban alrededor mío.
– ¿Por qué?–cuestionó soltándome.
Me giré a mirarlo y parecía realmente dolido, o al menos eso me daba a entender su expresión, parecía que no tenía intenciones de volver a tocar.
–No importa… si no quieres… no-
Mi frase se quedó en el aire al sentir como pasaba sus brazos a mi alrededor, envolviéndome en un abrazo que sentí sobreprotector. Tal vez demasiado. Después de unos breves segundos se separó de mí y me dijo que fuera al lago que él iría dentro de unos segundos. Asentí sin dudar y me dispuse a salir de la casa por la parte de atrás, con dirección al lago a donde había ido después de volver a caminar.
Con paso lento comencé a caminar, pues en mi mente seguían pasando imágenes de lo que habíamos hecho en la noche y las posibles consecuencias… Acción y reacción seguía rebotando en mi cabeza, había oído la frase dos veces por parte de los hermanos Tsukiyomi. La idea de quedar embarazada no me cabía, un bebe no es lo que necesito en este momento. Aunque revisando un poco en mi memoria sobre anatomía… tendríamos que haber hecho eso en la semana previa a la que sangraba y… recién había terminado ese ciclo hacía unos días, sería casi imposible… Pero no podría estar segura hasta ir a un doctor, pero el único doctor aquí es el que supuestamente sería el padre y como se rehúsan a llevarme a un hospital…
Tan pronto como me di cuenta ya estaba a orillas del lago, me dispuse a caminar por donde estaban los tulipanes. De distintos y llamativos colores.
Cada día que pasaba aquí, estaba sintiendo que no quería irme, tal vez hasta una parte de mí rogaba por no recuperar la memoria. Y más con lo que pasó anoche, no tenía muchas intenciones de volver a mi vida normal, si es que la tenía claro. Aunque sentía curiosidad por saber como era en realidad, me gustaban las cosas como ahora, no imaginaba nada mejor. No creía que existiese algo mejor. También me sentía un poco mal por no contar sobre ciertos recuerdos, pero nadie me presionaba, sentía que se estaban acostumbrando a mi presencia. Habían pasado dos meses y medio desde que desperté, un mes y medio desde que estoy en esta casa y dos semanas desde que camino.
– ¿Te gustan los tulipanes?
Al percatarme de su presencia, me giré y observé que llevaba un estuche –no tenía que ser adivina para saber que era de violín, lo forma del estuche daba entender que adentro había uno- blanco que colgada de uno de sus hombros.
–No recuerdo que me hayan interesado mucho antes…–dije haciendo memoria–…pero aquí realmente me atraen estas flores–dije sonriéndole.
Él me devolvió la sonrisa y luego tomó mi mano alejándome un poco del lago, sólo un poco. Me indicó que me sentara y así lo hice, él se arrodilló un momento a mi lado y puso el estuche blanco en el gras. Lo abrió lentamente como si la vida se le fuese en ello, en el interior se encontraba el instrumento que Tadase me había presumido el peliazul tocaba de maravilla. Lo sacó con sumo cuidado y lo puso frente a su rostro, parecía haberle dicho algo al instrumento o tal vez yo era la loca. Tomó el arco con su mano derecha para después con la izquierda acomodar el violín entre su cuello y hombro.
–Te advierto que he dejado de practicar…
–No importa–dije emocionada.
Una suave brisa sopló su figura, provocando que algunos cabellos se mecieran con el viento levemente. Suspiró profundamente y comenzó a tocar.
La melodía no era alegre, tampoco amarga, era algo nostálgica tal vez, parecía transmitir cierto dolor. Me hacía pensar en que tal vez era una de las razones por las que había dejado de tocar, pues parecía que era la única manera en la que él se daba a conocer. Veía a un Ikuto transparente, con memorias que deseaba tal vez borrar, con sucesos que deseaba evitar. Lo hacía sentir de alguna forma, vulnerable, a todo. Sentía que podría derrumbarse o podría dejarse caer, pero trataba de guardarse todos esos sentimientos en el interior de él.
– ¿Hice algo mal?–preguntó confundido, arrodillado frente a mí.
Negué rápidamente abrazándome a él.
–No lo creo pero… Siento que de alguna manera estabas sufriendo y… Fue una hermosa melodía.
Soltó una risa seca antes de pasar sus brazos alrededor de mí.
No estuvimos mucho tiempo así, pronto se soltó del abrazo y guardo el violín en su estuche. Lo dejó a un lado y me tomó de la mano nuevamente para llevarme a orillas del lago artificial. Pero del lado donde estaba un bote.
–Vamos a dar un paseo–dijo subiendo al pequeño bote de madera–. Ven–dijo extendiéndome una de sus manos–, con cuidado–dijo cuando ya me encontraba dentro.
Empujó el bote con el remo para poder comenzar a remar, había peces conocidos para mí, eran, como él me explicó, japoneses. Los habían traído de allá para decorar el lago artificial, me dijo que no era muy profundo pero lo suficiente para que los Koi nadaran con libertad. Rodeamos la pagoda y tuve que agachar la cabeza porque pasó por debajo del puente. Me asomé con cuidado, de manera que mi mano pudo rozar uno de los peces naranjas. Me sentí bien de esta manera, me hacía sentir que realmente mi lugar estaba aquí.
–Amu, no hagas eso–dijo cuando traté de alcanzar una flor que estaba flotando, pero realmente quería alcanzarla–. Amu no-
En menos de un segundo había volteado el bote y ambos estábamos en el agua, no era muy profundo como él había dicho. Aunque estando parada me llegaba algo más debajo del rostro… parecía que sabía nadar de alguna manera. Me sujeté del bote que estaba ahora volteado y seguí pataleando levemente bajo el agua.
–Niña tonta–dijo él al otro lado del bote.
Sus cabellos se habían pegado a su rostro y su polo se había pegado más a su cuerpo –si eso era posible-, aseguraba que yo estaba igual. Parecía que hoy a toda acción hay una reacción…
Salimos ambos del lago dejando el bote arrimada a un costado de las flores boca abajo. No tenía sentido volver en el bote si íbamos a mojarlo, eso había dicho él. Tomó su estuche de violín pero no se lo colgó en el hombro, caminamos de esta manera a la entrada de la casa, por donde habíamos salido. Utau que parecía recién estar bajando ahogó un grito al vernos en ese estado, rápidamente gritó por unas toallas. Una de las señoras que habían servido el desayuno se acercó rápidamente con dos toallas verde pastel. Utau me envolvió desde la cabeza a la cintura, lo que el largo de la toalla podía cubrir. Mientras que Ikuto hacía lo suyo secando su cabello, habían además traído una alfombra en donde estábamos ambos para no mojar el piso. Nos dispusimos a subir a cambiarnos cuando ya se habían secado nuestros pies, aunque aún los sentía húmedos, igual que mis manos.
–Habla.
La voz fría y seca de Haruna me sorprendió cuando estábamos subiendo las escaleras. Por su mirada, a mí me parecía enojada, no como cuando se molestó con Nagihiko, esta vez se veía molesta realmente. Se encontraba en el segundo piso, a donde nos faltaban la mitad de los escalones por subir, con los brazos cruzados y su mirada fija en Ikuto. Detrás de ella estaba el pelilargo con una mirada apenada, parecía algo triste y preocupado.
– ¿Qué tienes?–preguntó el mayor de la misma manera.
–No te hagas el tonto… sabes a qué me refiero.
– ¿De qué habla?–preguntó Utau al lado mío, comenzando a subir escalones para quedar al lado de su hermano.
–Al parecer ambos nos han estado ocultando algo–dijo de la misma manera que antes la pelinegra, para después mirar en mí dirección, yo me encontraba escalones más abajo que Ikuto–. Hinamori Amu.
– ¿Qué…?
Hinamori… Amu…
–Haruna no tienes porque-
– ¡Sí tengo! ¡Sabes muy bien lo que pasará conmigo de todas formas!–dijo levantando más el tono de su voz, parecía realmente dolida.
–No entiendo…–dije mirando al oji-azul.
Todas las miradas recayeron en mí… ¿Qué estás pasando?
–Tiene derecho a saberlo… tiene derecho a volver a su vida–dijo con la voz quebrada, mientras lágrimas caían por su rostro–. No puedes ocultárselo para siempre…
¿Me han estado ocultando algo…?
Sentí ganas de correr, huir, después de todo me había estado torturando por gusto… Sabiendo él lo mal que me sentía cuando pensaba en mi posible vida antes de estar allí.
Fui retrocediendo, pero como supuse, mis ropas habían estado goteando… por lo que sumado con mi pie aún húmedo… Sentí como caía lentamente e imágenes pasaron rápidamente en mi cabeza, oí como gritaban mi nombre y luego el choque de mi cabeza y todo se tornó oscuro. Porque a toda acción hay una reacción.
~Bonus~
Los días en la casa seguían pasando y en estos tuve que separarme de Amu constantemente, puesto que ahora Haruna también estaba. Teníamos que arreglar ciertos asuntos del hospital de Japón y luego transferir el dinero a los Hotori. Puesto que se habían ido sin ningún centavo y todo estaba siendo depositado en una cuenta nueva a nombre de una persona totalmente desconocida para ellos. Era lo mejor para evitar levantar sospechas, todo estaba fríamente calculado.
–Vamos, si quieres, podemos descansar–decía siempre Haruna cuando me quedaba callado pasando la vista por los papeles en busca de algún error.
Yo siempre me limitaba a hacerme el desentendido, si no lo hacía y la cuestionaba terminaba molestándome con Amu.
No se la había presentado formalmente, le había mencionado a Amu algunas veces su nombre pero no se conocían realmente.
– ¿Otra vez con la cabeza entre las nubes?
La pregunta de Haruna me tomó desprevenido y mi vista se apartó violentamente de los papeles que tenía entre manos. Al percatarme de su mirada pícara rodé los ojos y los volví a los papeles, tenía que terminar rápido, tampoco estaba en el mejor lugar para hacer esto.
–Podríamos habernos quedado en la casa y hubieses ayudado a tu doncella a caminar…
Suspiré cansado.
La propuesta fue tentadora en su momento, pero había prometido a mi madre que recogería a mi padre del aeropuerto, lugar donde me encontraba en este preciso momento. Aunque a ella casi no le importó el detalle cuando Haruna le mencionó a Amu con sus terapias.
Es verdad, que la había estado ayudando a dar pasos, pero sentía que parte de ella tal vez quería que me alejara y estar muy cerca de ella no me ayudaba a mí. Por más que el tiempo que pasábamos juntos para mí era entretenido, sentía mucha tensión entre los dos últimamente. Lo que menos quería era que se alejara de mí, a pesar de que era consciente de que eso pasaría cuando recuperara su memoria.
Suspiré nuevamente, me dispuse a guardar los papeles en el portafolio y Haruna tomó el vuelo a Italia. Terminaríamos el contrato y con suerte no tendría que pagar ningún precio por salir de todo esto, sólo tendríamos que esperar a que todo el asunto de los Hotori quedara olvidado en Japón. Felizmente todos los datos de Amu habían sido borrados allá, Nagihiko se estaba encargando de ello.
Anunciaron la llegada del vuelo de París, Francia.
Me acerqué a donde llegarían todos los pasajeros de aquel vuelo, pronto vi su cabellera azulada, se notaba algo más larga que la última vez. Sonrió animadamente al verme y no reprimió su abrazo al estar en frente de mí. Susurré un: Bienvenido. Luego lo ayudé con la maleta que traía de una mano, la otra la llevaba él y su estuche de violín estaba en su espalda.
Caminamos fuera, en el estacionamiento nos dirigimos a mi auto, ambos entramos, habiendo dejado las maletas en la maletera y el violín en los asientos de atrás.
– ¿Cómo has estado?
–Bien, no me puedo quejar…
– ¿A si? ¿Y cómo va esa amiguita tuya?–preguntó de una manera distinta.
Me guardé mis comentarios, sabía de qué hablaba y aunque todos pensaran lo mismo no era así, recién conocía a Amu. Sólo me estaba haciendo responsable de mis propios actos, sin mencionar que el cuidarla a ella fue la última voluntad de una de las que fue una de mis mejores amigas. Pero nadie parecía querer entender esto y se la pasaban haciendo sus suposiciones aunque…
–Bien, le va bien–dije pasando por alto su insinuación.
– ¿Les va bien?
–Si a cada uno.
Escuché su risa seca y tuve que evitar voltearme a encararlo, porque sabía que se daría cuenta de lo que pensaba, después de todo era mi padre.
–No nací ayer Ikuto… y soy tu padre… ¿Por qué no admites que sientes una inevitable atracción por tu huésped sin apellido?
Pues por eso mismo, es mi huésped y no tiene sus memorias. Sería aprovecharme de la situación, y si tal vez ella en su vida normal tenía un novio, qué me aseguraba que ella lo dejaría al recuperar sus memorias. No es que esté enamorado de ella pero tal vez eso de atracción era cierto…
–Porque es complicado.
–No, tú eres el que se complica.
–Sabes que realmente es complicado, ¿verdad?
–Depende de cómo lo veas… son jóvenes, deberían disfrutar del momento.
– ¿Qué clase de consejo es ese?–pregunté mirándolo porque el semáforo estaba en rojo.
–Un consejo de padre a hijo–dijo guiñándome un ojo.
Puse los ojos en blanco y él se limitó a ver el panorama, parecía haber desistido de molestarme con mi amiguita.
No fue muy largo el trayecto, de alguna manera llegamos antes de que me diera cuenta. O tal vez fue porque no paraba de pensar en las palabras que me había dicho el hombre a mi lado. Nada más llegar, Utau se le lanzó al cuello y comenzó a reír como hace años no la veía reír. Hizo las respectivas presentaciones con Kukai, a quien le agradeció por haber cuidado a su pequeña princesa. Saludó a las personas que ayudaban en la casa y preguntó por su esposa.
–Está con la señorita Amu en el lago…
Fueron las palabras suficientes para hacerme enojar, Utau me tranquilizó diciéndome que no tenía de qué preocuparme. Intentó alegrarme al decirme que ya podía caminar… eso provocó el efecto contrario. Mi padre detuvo mi intento por ir a buscarla, me dijo que llevara su equipaje arriba y que no permitiera que alguien más lo hiciese. Lo miré sin poder creerlo y lo hice con la rapidez que me dio mi cuerpo. Corrí escaleras abajo y comencé a caminar en dirección a la parte de atrás, donde bastante gente se movilizaba por los arreglos de la fiesta. No negaré, que verla a lo lejos de pie me inundó de felicidad, pero aquel instinto sobre protector me incitó a dirigirme hacia ella.
Mi sorpresa fue grande cuando al decirle que no se moviera ella me detuviera y se acercará lentamente hacia mí.
Ahora con ella caminando por la casa, cambiaban ciertas cosas, como que ya no sabía en donde paraba. Y si quería ella huía de mi por su propia cuenta, eso provocaba más estrés hacia mi persona. Sentía la necesidad de saber donde se metía después de cada comida o antes de dormir. Ya que a veces –como había mencionado antes- me colaba en su habitación y no la encontraba.
–Oh, claro que no–dije al verla con Utau de las manos.
Había ido a buscarla por la reciente llamada de Nagi, era confirmado el nombre de ella, también ciertos datos para que pudiera volver a su vida. Pero no contaba con que estuviese con mi hermana en ese momento. Ambas mujeres miraron en mi dirección y una me miró algo confundida, la otra desafiante.
La rubia la había convencido de utilizar zapatos de taco y ahora se los había puesto. Obvio que ella había sido la de la loca idea, pero no podía darle ningún crédito. ¿Estaba loca acaso? Amu había vuelto a caminar recién hacía unos días y ella quería que usara zapatos para ser más alta. Entonces cuando mi hermana intentó objetar contra mí, fue la pelirrosada quien protestó.
–Son sólo unos zapatos, he estado la mañana entera con estos, ya puedo caminar bien.
– ¿Ah, sí? ¿Vas a poder estar toda la noche con esos zapatos?
–Sí–dijo firme sin despegar su mirada de la mía.
–Te lo prohíbo–dije rotundamente.
Me miraron sin poder creer lo que decía, hasta yo mismo me sentí sorprendido, eso último había salido sin pensar. Tragué grueso y pensé en algo para contrarrestarlo, lo importante ahora era hablar de otro tema, uno que de hecho era mucho más importante.
–Entonces no bajaré.
Pero no contaba con esa respuesta y definitivamente nunca me he destacado por ser muy bueno con mis palabras. "Las buenas noticias" dejaron de ocupar mi mente y mi obsesión por tener la última palabra se hizo presente.
–Bien. De todas maneras tu presencia es irrelevante.
Al instante en que lo dije, me arrepentí, pero ya era tarde.
Creí por un momento que no bajaría en toda la noche y mi mente trabajaba en ideas para disculparme con ella. Por lo que Haruna estuvo molestándome desde que comenzaron a bailar en el salón principal. "¿A alguien se le fueron las palabras de la boca?". Estaba muy claro que estaba enterada de todo y que no perdía su tiempo en cuanto a molestarme se trataba. No sé en qué momento se le dio por irse, pero debí suponer que algo tramaba cuando me dijo que después se lo agradecería. La imagen que tuve en mi cabeza cuando Utau le eligió un vestido a Amu no se comparaba con la que tuve frente a mis ojos. Era hermosa, ni si quiera sé si esa es la palabra correcta, pues se queda corta. Pero claro, hablamos de Haruna y ella siempre tiene buenos planes. Estaba por hacer a un lado mi orgullo cuando la vi tomando la mano del bastardo, que se hace llamar mi mejor amigo, para bailar.
Horas después en donde ni siquiera me permitieron bailar con ella, me encontraba en el cuarto de la pelinegra jugando póker. Estábamos con mi cuñado, -el bastardo de- Nagi y mi hermana, quien había subido con algunas botellas de cerveza. El primero me había dicho que había perdido de vista a Amu después de la cena, por lo que me limité a buscarla o tan solo pensar en ella. Pero mi pareja no pareció muy de acuerdo y aprovechó haber perdido para escabullirse fuera de la habitación. No fue sorpresa que apareciese minutos después con ella, pero como supuse perdió rápidamente y se aburrió. Minutos después de que ella saliera mi querida mano derecha salió detrás con una botella entre sus dedos.
— ¿Cómo te sientes al saber que perderás a tu hermana?
Las palabas del castaño en ese momento me parecieron graciosas, más por el tono que había utilizado al decírmelo.
Le dije yo que no podría quedársela si seguía siendo tan intolerante al alcohol, él respondió que no era así. Terminé retándolo a que tomara vaso tras vaso junto conmigo, lo que él nunca supo es que nunca tomé lo que él tomaba. El grito de Haruna me trajo a la realidad y cuando Kukai cayó al suelo no pude evitar sonreír triunfante. Mi sonrisa no duró mucho cuando me di cuenta de que cierta niña parecía no poder sostenerse de pie.
Esa noche las cosas no terminaron como siempre, tal vez no debí decirle a Amu lo confundido que me encontraba. La verdad es que cuando Haruna comenzó a botarnos a todos excepto a Nagi, tuve la intención de hablar con mi huésped sobre el tema de sus datos recuperados. Empero el estado etílico en el que me encontraba no era una buena ayuda. Si bien no estaba borracho, tampoco estaba completamente sobrio. El alcohol siempre me había ayudado a expresar mis más profundos deseos, en este caso traté de contenerme al llegar a su habitación. Pero cuando estuve en el balcón esperando a que terminara de cambiarse, mis padres me hicieron recordar que no podía tenerlo todo en la vida y que el amor no siempre puede darme todo lo que quiero cuando lo quiero si es que no hacía nada para lograrlo. No podría arrepentirme de lo que decía, ni mucho menos de lo que terminamos haciendo, pero cuando desperté… no sé si ella sería la que se arrepentiría. Me la imaginaba golpeándome, odiándome, diciendo que no me lo perdonaría nunca y eso no lo podría soportar… Peor aun cuando recordé que ni si quiera le había mencionado el tema de sus datos, ¿acaso tenía tanto miedo de que ella quisiese irse? Era obvio que si se iba no podría ir con ella, no podría permitírmelo, era un asesino aunque ella no lo recordase. Formo parte del trauma que en este momento la atormenta.
Su rostro a mi lado, al fin sin ningún tipo de frustración, ninguna mueca de esas que se dibujaban en su rostro al dormir, esas que al final terminaban por hacerla despertar gritando. Estaba tan tranquila que si no fuera por ese cabello rosado pastel pensaría que era otra persona. Su rostro estaba algo perlado por el sudor, lo que había logrado que mechones de cabello se pegaran en su frente y mejillas. Su respiración era tranquila y sus facciones me parecían tan adorables que no me resistí a acariciar su rostro. Me había acostumbrado a mirarla mientras dormía, lo que concordaba con lo que había dicho la noche anterior antes de terminar como terminamos. Era un completo pervertido, sólo ella me hacía sentir como tal y no estaba orgulloso de este detalle. ¿Desde cuándo me había vuelto tan sentimental, posesivo y dependiente de una mujer?
—Ikuto…
Susurrando mí nombre dormida no hacía más que latir mi corazón aún más rápido, me sentía totalmente vulnerable a cada sorpresa. Y más curioso de lo que ya era, me gustaría saber que estaba soñando, realmente me gustaría.
Me levanté por un momento, quedando sentado aún en la cama a su lado, mi acción provocó que la sábanas también se deslizaran por su cuerpo. Mitad de su cuerpo quedó descubierto y entendí el gran problema en el que me había metido y sobre todo lo que me había confiado anoche. Aunque ese detalle no me podía hacer más feliz, me sentía realmente bien y al mismo tiempo mal, si antes era un pervertido… ahora me sentía un pedófilo pervertido. Según los datos de Fujisaki, Amu aún es menor de edad. Luego volví a recordar que no pude decirle la verdad sobre que teníamos información de su pasado, sentía que había caído más bajo aun… Sabía que en algún momento tendría que dejarla ir, pero por qué era tan egoísta cuando ella estaba a punto de recuperar su vida y tal vez su felicidad plena.
Me puse de pie, cubriéndola nuevamente y comencé a vestirme. Debía traer el desayuno, pero antes darme un baño. Lo más probable era que cierta parte de ella le doliera bastante como para poder caminar y realmente quería engreírla un poco más antes de hablar del tema… Si es que lograba hacerlo. Mis planes se vieron interrumpidos cuando ella despertó, me dejó claro minutos después de que no se arrepentía de lo que habíamos hecho. De no ser por las sábanas manchadas de sangre, me hubiese limitado a ayudarla a bañar y traerle el desayuno. Pero después de ver aquellas manchas, tuve que sacarlas y el personal tendría que tender la cama con sábanas limpias, felizmente el colchón no se había manchado.
Ella me acompañó después de estar cambiada a mi habitación, nunca había ido y me parecía una buena ocasión. No contaba con Utau con cara de pocos amigos en la puerta del baño que estaba cerca a su habitación. La dejé allí prometiendo venir a buscarla, pero cuando volví por ella se encontraba sentada en el suelo con una almohada cerca del cuarto de Haruna. Al parecer ella había decidido decirle a Nagihiko lo que sentía por él pero no había aceptado este último hacer algo con ella. Obviamente esto Amu lo ignoraba completamente, ella sólo había visto a una enojada pelinegra y un violáceo asustado y arrepentido.
El desayuno transcurrió normal, la pelirrosada tenía apetito para mi sorpresa, pero era normal por el tipo de… "ejercicio" que habíamos hecho. Pero me preocupé un poco cuando dejó de moverse por un momento, parecía preocupada por algo, aunque ello no le duró mucho. Volví a tocar el violín, después de mucho tiempo gracias a ella, no pude creer que lo recordara, no pude creer que realmente le hiciera caso. Mi madre fue la única que me vio bajar con el estuche blanco colgando de mi hombro y en sus ojos parecía no caber la sorpresa y alegría juntas. De alguna manera sentí que me estuvo mirando cuando me dirigí afuera con el instrumento, no sería raro, ella fue siempre la que más insistía con respecto al tema de volver a tocar.
La melodía era la misma que tocaba cuando tenía aproximadamente su edad, la que me llenaba de melancolía. Pero al mismo tiempo felicidad. Me traía viejos recuerdos de cuando era niño, cuando mi padre tocaba para mi madre cuando Utau había nacido. Vi llorar a Amu y dejé el violín, me dijo que todo estaba bien y luego nos metimos al lago, remando en el bote. Aunque ella imprudentemente quiso alcanzar una flor en un nenúfar y ambos caímos al agua. Si tan sólo la hubiese dejado abajo después de que nos dieran las toallas ella no hubiese caído… No, lo peor fue esa mirada aterrada que me dirigió al verla. Entendí que a toda acción hay una reacción.
Gracias por leer ^^
Attn. Kiriha-chan
