—Japón—lo llamó Italia, sosteniendo una bandeja de comida—¡Feliz cumpleaños!
—Siendo exactos—interrumpió Alemania, mientras el japonés recibía su regalo—Es su "Día de la Fundación Nacional".
—Cumpleaños—volvió a decir el italiano.
—Día de la Fundación Nacional.
—Cumpleaños.
—Día de la Fundación…
Japón observaba a sus aliados como si fuera un partido de tenis sumamente interesante.
—…Es el cumpleaños. Sí, maldito nazi, piensa lo que quieras, pero es el cumpleaños—lo cortó el italiano, después de discutir con nulos argumentos un buen rato—Oye, Japón, ¿y cuántos años tienes ahora?
—Pues…—comenzó el japonés, mientras los otros dos lo observaban, expectantes—No tengo idea.
En realidad, sí la tenía, pero era demasiado vergonzoso admitir que era realmente viejo.
—Pero debes llevar muchos ya, ¿no es así? —insistió el italiano.
—Sí. Mi cuerpo ya está viejo… y los dolores de cadera empiezan a molestar.
— ¿¡Dolores de cadera!? —exclamó Alemania, atónito, como si nunca hubiera escuchado algo similar.
—Ah, Abuelito Japón tiene que cuidarse~—bromeó Italia.
—Y, debido a mi hipertensión—continuó el asiático, haciendo caso omiso a los comentarios de los europeos—Me despierto temprano y camino sin rumbo por el vecindario.
—Sí, definitivamente eres un abuelito—afirmó el castaño.
—…Deberías controlar tu consumo de sodio—le dijo el rubio, algo preocupado.
—Mi consumo de sodio está perfectamente… —comenzó el japonés.
—Perfectamente alto—lo cortó Alemania.
…
— ¡Atención! —Exclamó Alemania— ¡A partir de hoy, voy a supervisar todas tus comidas!
Japón lo observó, atónito. Italia se atragantó con su tiramisú, sin poder concebir la idea de que el alemán le prestara tanta atención a alguien que no fuera él.
— ¡Yo me opongo! —exclamó el italiano, como si de una boda se tratase.
—Nadie te pidió opinión—lo cortó el rubio.
—¿Cómo osas restringir mis comidas? —se quejó Japón, tragando de un bocado un salmón con tanta sal, que a Alemania le subía el colesterol de tan solo verlo.
—Nada de pescado salado—ordenó el alemán, quitándole el resto de la comida— Ni vegetales encurtidos. Ni nada que salga del mar.
—Pero… ¿las huevas de salmón? —preguntó Japón, esperanzado. Alemania consultó la lista que el especialista le había dado.
—Déjame ver—contestó el alemán, con voz suave, para luego cambiar a un tono más agresivo— ¡No!
—Alemania, con ese tono de voz tan bipolar, me dan ganas de…—comenzó Italia, pero fue cortado por la mano del rubio sobre su boca. Alemania ya sabía que el italiano iba a decir una de sus frases pervertidas.
Pero esas no eran las verdaderas intenciones de Italia. Él sólo quería distraer un poco al alemán, para que Japón pudiera disfrutar por última vez de las comidas que tanto le gustaban. Alemania no iba a ser compasivo con el nuevo régimen alimenticio de su aliado asiático.
…
—Con esto concluye el entrenamiento de hoy—anunció Alemania.
—Por fin—agradeció Italia, cayendo al suelo del cansancio. Odiaba hacer lagartijas.
—Aunque a Japón le queda un poco más—siguió el alemán. El aludido lo observó, horrorizado, e Italia abrió los ojos como platos.
Y Japón comenzó a trotar, mientras Alemania seguía dando órdenes a diestra y siniestra. Italia, por su parte, decidió que se empeñaría en acabar con ese régimen. El alemán ya no le prestaba tanta atención como antes. Y eso, eso sí que molestaba al italiano.
…
Nekotalia.
Gato-Italia caminaba por las calles de piedra de la ciudad, como todo un sex-symbol gatuno. Era más bien flaco, pero elegante, con un pelaje marrón chocolate y un extraño rulo sobresaliendo de su cabeza. Cualquier otro gato italiano iría tras la casa de algunas gatitas lindas, pero no, el sólo tenía ganas de molestar a otro gato en especial: Gato-Alemania. Quién dormía la siesta plácidamente.
Gato-Italia prestó atención a la forma en la que su pelaje blanco resplandecía ante el sol. Tenía las puntas de las orejas y la de la cola con manchas grisáceas, pero el resto de su pelaje prácticamente brillaba. Mejor que se dejara de hacer el genial, y que se ponga a jugar con él. Con esa idea en mente, saltó sobre el otro gato.
El gato-Alemania abrió sus ojos violetas con sorpresa, y luego maulló desagradablemente al notar el peso del ya conocido animal italiano sobre sí.
—Déjame en paz—maulló el alemán—Debo descansar. Sabes que en mi casa hay un tiempo determinado para descansar, y si no cumplo con ello, me castigarán.
— ¿Reglas para tomar la siesta? Qué raro es tu dueño—respondió el gato italiano, jugueteando con la cola del otro animal.
— ¡No me toques la cola! —el gato blanco se alejó bruscamente, intentando apartarse. En vano, dado que el castaño siguió persiguiéndolo.
—Ay, mira, Italia Junior le quiere tocar la cola a Alemania Junior~—comentó Italia, orgulloso de su minino.
—No se llama Alemania Junior—gruñó Alemania, observando cómo su gato se revolcaba en el piso con el gato del italiano… arañándose mutuamente.
—Los gatos se parecen a sus dueños—comentó Japón, divertido, observando cómo su gato, de pelaje gris oscuro, se divertía viendo a los otros dos.
Continuará~
Nekotalia 2P! :3. La verdad, sé que en la versión original no aparecen las naciones, sólo los gatos (en la mayoría de los casos) pero tuve que incluirlos a ellos. Era más divertido~.
