ADAPTACIÓN ESTA HISTORIA NO ME PERTENECE (MUNDO ALTERNO)
TITULO: DESEO SALVAJE
TITULO ORIGINAL: DESEO SALVAJE
AUTORA ORIGINAL HISTORIA: GENA SHOWALTER
AUTOR ORIGINAL PERSONAJES: KISHIMOTO - SENSEI
PROTAGONISTAS: ITACHI UCHIHA Y SAKURA HARUNO
SIN FINES DE LUCRO
Capitulo 19Si te sientes débil, vete. Huye tan rápido como puedas. Vuelve cuando hayas recuperado fuerzas.
Mi madre casi se murió por la sorpresa cuando le di la noticia. Se quedó en silencio varios minutos, hasta que Kakashi fue a revivirla.
—Tsunade, Tsunade, ¿estás bien? —le oí decir—. ¿Necesitas ir al hospital? Te has desmayado.
—Sakura va a casarse —tartamudeó ella.
—¿Con un hombre? —preguntó él.
Fruncí el entrecejo.
—Sí. Con un hombre. Itachi Uchiha, de hecho.
—Bromeas —exclamó Kakashi.
—¿Cómo iba a bromear sobre algo así?
—Mamá —me apreté el puente de la nariz con los dedos—. Hazme caso a mí. Tu única hija.
—¿Es por lo de los trillizos? —preguntó ella.
Como si necesitara un recordatorio de que podía estar embarazada. Había conseguido bloquear toda imagen de bebés y pañales hasta ese momento. ¿Estaba embarazada? No había tenido síntomas. Pero como mi período no era regular, no tenía ni idea de cuándo debía tenerlo.
No había tenido antojos, al menos de comida.
Sexualmente se me antojaban cosas muy sugerentes, la verdad. No me dolían los pechos y tenía el vientre tan plano como siempre. Y nada de náuseas.
—Bueno —insistió mi madre—. ¿Es por los trillizos?
—Claro que no. No hay trillizos. Y él me quiere.
—¿Tú lo quieres? —preguntó tras una pausa.
—Mamá, estás perdiendo el hilo otra vez —dije, evitando hábilmente contestar a eso—. Voy a casarme. Vas a tener otro yerno. ¿No quieres conocerlo?
—Dios santo, sí. Trae a Itachi mañana para una relajante cena familiar. Tengo que hablar con él. Debe ser un mago para haberte hecho olvidar lo de Sasuke y convencerte de dar el salto al matrimonio.
Mi mano se tensó sobre el auricular.
—Tengo que darle mi charla para que la trate bien —oí decir a Kakashi al fondo.
Que Dios me ayudara. Y que ayudara a Itachi.
A la mañana siguiente, Itachi apareció en mi piso con un brillo extraño en los ojos. Lo dejé entrar, pero me quedé de cara a la puerta. ¿Qué estaría pasándole por la cabeza? ¿Habría cambiado de opinión? No, había luchado mucho para conseguirme. ¿Iba a intentar convencerme de que volara a La Vegas con él?
Inhalé y exhalé varias veces. Me volví para preguntarle qué pasaba; tenía una rodilla en el suelo.
—Oh, Dios mío —casi me fallaron las piernas.
—Sakura —me mostró una caja de terciopelo negro con un sencillo pero elegante diamante montado en platino en el centro.
—Oh, Dios mío —dije, más seguido. Eso hacía el compromiso oficial. «Oh, Dios, oh, Dios, oh, Dios».
—¿Quieres casarte conmigo?
Ya había aceptado, así que no esperaba que él hiciera algo así. Se me llenaron los ojos de lágrimas. ¿Cómo podía un hombre ser tan maravilloso?
¿Tan entregado, encantador y cariñoso?
Era casi demasiado bueno para ser verdad.
Y eso debía ser malo. Pero me dio igual. Le entregué mi mano y él besó la palma antes de ponerme el anillo. El platino quedaba bien contra mi piel pálida. Me quedaba perfecto.
Itachi se levantó y me miró con amor y deseo.
—Aquí te queda bien —dijo—, pero quiero ver cómo te queda en la cama.
Sonreí. Eso acabaría temporalmente con mis miedos.
Tras pasar el día en la cama, Itachi y yo llegamos a casa de mi madre cinco minutos tarde. Sí, tarde. Y ni siquiera me sentí culpable. Para la ocasión, mi madre se había puesto un formal vestido negro con lentejuelas, dos vueltas de perlas al cuello y todos sus anillos. Kakashi llevaba traje y corbata.
—¿Una relajante cena familiar? —le dije a mi madre. Itachi y yo íbamos en vaqueros y camiseta.
—Nunca creí que llegara este día —mi madre agarró a Itachi del brazo y lo condujo hacia dentro—. Así que tendréis que disculparme por querer celebrarlo. Entra, Itachi, entra. Estoy encantada de conocerte por fin. Sakura me ha hablado mucho de ti.
—¿Ha dicho algo bueno? —preguntó él.
—Pues, no —admitió ella—. Pero no debes ser tan malo si te ha concedido su mano en matrimonio —no paraba ni para respirar—. Me encantaría que me llamaras mamá. Tratarás bien a mi niña, ¿verdad?
—No lo dude.
La casa olía deliciosamente a asado. Inspiré y se me hizo la boca agua. Podría tener los nervios destrozados, pero no había perdido el apetito.
—¡Sakura! —Kakashi me dio un abrazo—. Me alegro mucho de verte.
Le devolví el abrazo; seguía sin saber cómo interpretar su comportamiento. No entendía qué estaba haciendo con Anko.
—Me alegro de conocerte —le dijo a Itachi, sonriente. Se dieron un apretón de manos.
—Lo mismo digo. He oído, eh, mucho sobre usted.
—¿Mencionó Sakura que soy terapeuta? Me encantaría ofreceros unas sesiones de consejos prematrimoniales. Pocas parejas las toman, ¿sabes? Por eso el divorcio es tan habitual.
—No necesitamos consejos —dije yo—. En serio. Nos llevamos muy bien.
El rostro de Kakashi mostró su decepción.
—Dudo que hayas superado todos tus miedos a las relaciones, Sakura, y dado que Itachi debe estar cerca de los cuarenta… ¿me equivoco?
—No —contestó Itachi, controlando su sonrisa.
—Y nunca ha estado casado —siguió Kakashi—. Creo que se puede decir que a ambos os iría bien ayuda profesional antes de decir vuestros votos.
Me froté una sien. «Padre Todopoderoso. Lánzame un rayo. O unas cuantas langostas. O una plaga».
—Señor —gritó mi madre de repente—. Tu anillo. Tu anillo, Sakura. Es precioso. No como esa monstruosidad de cincuenta libras que te dio Sasuke. Sé que lo odiabas. ¿No te provocó síndrome del túnel carpiano? Este es perfecto. Tiene un buen tamaño, pero no te fastidiará los músculos.
Estuve a punto de taparme la mano; me inquietaba que la gente mirase un dedo como si fuera un objeto de valor incalculable. Pero no lo hice. Permití que Kakashi y mi madre admiraran y alabaran. Itachi había elegido el anillo perfecto para mí y estaba orgullosa de él. Y orgullosa de Itachi.
—Sakura —dijo Kakashi—, deberías plantearte seriamente llevar un diario de boda.
Había visto a novias escribiendo en sus diarios de boda y siempre me había parecido una tontería. Yo no era una persona sentimental. No quería escribir sobre mis sentimientos.
—Ya veremos —dije, sin pronunciarme.
—Te alegrarás mucho después —dijo mi madre—. Podrás disfrutar de los recuerdos para siempre.
—Y trabajar en algunos de tus problemas —añadió Kakashi.
—Huele de maravilla, señora… mamá —Itachi rodeó mi cintura con un brazo—. ¿Es hora de cenar?
—Sí, pero… había pensado que nos sentáramos a charlar un rato antes. Tomar una bebida, quizá. O podría sacar el diario de boda que Kakashi me regaló tras declararse y leer algunos fragmentos.
Me froté la nuca.
—Antes, tenemos unas preguntas para Itachi —dijo Kakashi, ordenándole a mi madre con la mirada que se atuviera al plan—. Nos gustaría conocerlo mejor.
—Por favor, no —casi gemí—. Nada de interrogatorios.
—Charlar estaría bien —dijo Itachi, risueño.
Me dio un reconfortante apretón.
A veces, tenerlo cerca era como tomar un calmante. Me relajaba y mis problemas parecían disolverse. Tal vez porque olía tan bien. O porque sabía cómo era desnudo. Puro sexo. O quizá porque sabía que era mío. «De momento», me advirtió una vocecita.
Tragué saliva. Estúpidos miedos.
Fuimos al estudio. Itachi y yo nos sentamos en el sofá. Kakashi sirvió un brandy a cada uno. Yo acepté la copa y simulé tomar un sorbo. No iba a hablar de embarazos después del fiasco de los trillizos.
—Itachi, querido —dijo mi madre—. Me muero de ganas de saber cómo convenciste a mi dulce Sakura para que se casara conmigo.
—A base de sesiones de sexo duro, si queréis la verdad —dije. Mi estrategia era sencilla. Ser tan directa que mis padres no se atrevieran a preguntar más. Era eso, o arriesgarme a que preguntaran algo que no quería contestar.
Mi madre se sonrojó, Kakashi tosió y desvió la vista. Itachi apretó los labios para contener una risa.
—Me alegro de no ser el único que está a merced de esa lengua afilada que tiene —dijo Itachi—. No le asusta decir lo que piensa, ¿verdad?
—¿Es ésa la razón de que la escogieras entre tantas solicitantes? —preguntó Kakashi—. ¿Su… franqueza?
—Sakura no tuvo que rellenar una solicitud me di cuenta de que estaba un poco avergonzado—. Se convirtió en la única elección posible desde el momento en que la vi.
Sentí una opresión en el pecho, como siempre que decía esas cosas tan dulces. Incluso mi Tigresa interior ronroneó como una gatita.
«¿Qué harás cuando comprenda que fue una equivocación?» La horrible pregunta rondó mi mente. La aparté a un lado, negándome a planteármela.
—Eso es lo mas romántico que he oído nunca. ¿Has oído, Kakashi? ¿Has oído lo que ha dicho de mi nena? —mi madre se llevó la mano a la boca.
Me pareció ver lágrimas en sus ojos.
Sí, lágrimas sin duda. Se derrumbó en el sillón, y empezó a emitir sollozos desgarradores. Me levanté y corrí a su lado.
—¿Qué ocurre, mamá?
—No lo hagas, querida. No te cases con él.
Moví la cabeza, debía haber oído mal.
—Creí que querías que me casara y te diera nietos.
—Deberías haberte convertido en lesbiana y hacerte una inseminación artificial. Así no sufrirías.
—Mamá —dije, impotente. Miré a Itachi.
—Te engañará como el perro que es —giró la cabeza y miró a Kakashi con ira—. Todos mienten. Y espero que se quemen en el infierno por traidores.
—¿De qué estás hablando? —Kakashi se levantó—. Tsunade, ¿qué te ocurre? Estoy pensando seriamente en hacerte una evaluación mental. Nunca te he engañado. ¿De dónde has sacado esa idea?
—Has estado yendo a casa de tu secretaria —lo señalé con un dedo, chisporroteando de ira—. Has estado volviendo tarde a casa y mintiendo a mi madre sobre dónde estabas. Has estado haciendo llamadas a escondidas y tu ropa huele al perfume de otra mujer.
—Yo… puedo explicarlo —extendió las manos, como un hombre desesperado que alegara inocencia.
—Apuesto a que sí —gritó mi madre—. Apuesto que tu coche se rompió y tuviste que esperar al mecánico. O que un paciente amenazó con suicidarse si no te quedabas a hablar con él. O que alguien te robó el dinero de la cartera y por eso andas siempre escaso de dinero. ¿Es eso? ¿Es algo de eso, verdad?
—No —él movió la cabeza. Estaba tan pálido que se le transparentaban las venas—. No iba a decir eso.
Temblando, crucé las manos sobre el pecho.
Entonces sentí a alguien detrás. Itachi puso una mano en mis hombros y empezó a masajear los músculos tensos. Tomé aire. Aunque deseaba interponerme entre ellos, no lo hice. Era su batalla, y personal.
—Dime la verdad, Kakashi. Me merezco eso, al menos.
Él se acercó lentamente y se arrodilló ante ella.
—Tsunade, no puedo creer que hayas pensado eso de mí. ¿Por qué no preguntaste? ¿Por qué no dijiste nada?
—No debería tener que hacerlo —sollozó ella—. Nunca deberías haberme mentido.
—Tienes razón, y lo siento. Lo siento mucho.
—Entonces, ¿lo hiciste? ¿Estás admitiendo haberte acostado con Anko?
—No.
—¿No? —estreché los ojos—. Fuiste a su casa —nunca había peleado antes, pero no sería difícil levantar la lámpara que le había regalado a mi madre para su cumpleaños y golpearle con ella.
—Dame un minuto —suspiró Kakashi, se levantó y fue hacia la puerta.
—Deberías estar haciendo las maletas —dije.
—Cielo, estás haciendo que esto sea aún peor para tu madre —me susurró Itachi—. Cálmate —besó mi mejilla—. En este momento necesita tu apoyo.
Me estremecí. Itachi tenía razón. Mi madre me necesitaba y yo tenía que apoyarla emocionalmente. Fui a su lado y la abracé.
—Lo siento mucho, mamá —dije—. Muchísimo.
Ella se limpió la nariz en mi camisa.
—Esto es lo que he estado haciendo —dijo Kakashi, volviendo a entrar en la habitación. Entregó a mi madre una botella de cristal de algo que parecía aceite—. Diseñándote el perfume perfecto.
—¿Perfume? ¿Para mí? —mi madre olisqueó la botella.
—Anko me dijo que en el salón de belleza al que va, Body Electric —siguió él—, hacían perfumes de encargo. Sé cuánto te gustan las azucenas y quería que tuvieras tu propio aroma. Algo que no tenga nadie más en el mundo.
Me tapé la boca con una mano temblorosa.
—Y sé cuánto te disgustó la lámpara que te compré por tu cumpleaños. Sé que querías algo romántico. Pensé que no había nada más romántico que regalarte tu propio perfume. «Tsunade», se llama. Aún no lo han perfeccionado, no está del todo bien, pero…
—Me… me encanta —lloraba a lágrima viva. Apretó la botella contra su pecho—. Oh, Kakashi.
—Ninguno de los aroma era el correcto. Así que seguimos probando. Siento mucho que pensaras que te engañaba. Nunca haría eso, Tsunade. Nunca. No debí mentirte, pero quería que fuera una sorpresa. Sé cuánto te gustan las sorpresas románticas.
Sentí una intensa oleada de vergüenza. Mi madre se lanzó a los brazos de mi padrastro. Yo cerré los ojos y enterré el rostro en la camisa de Itachi.
Santo cielo, casi había roto el matrimonio de mis padres. Por nada. ¡Nada! Empecé a llorar. Kakashi quería a mi madre, siempre le había sido fiel.
Ellos dos tenían el tipo de matrimonio que siempre había deseado para mí, pero no había creído que existiera. Y había estado a punto de destrozarlo.
—Soy una idiota —dije—. Esto es culpa mía.
—Hiciste lo que habría hecho cualquier hija —Itachi me besó en la sien, mientras acariciaba mi espalda de arriba abajo.
—No me excuses —me aparté de él y fui hacia mi madre y mi padrastro. Estaban besándose, abrazándose y llorando, todo al mismo tiempo—. Lo siento. Lo siento mucho. Por favor, decid que me perdonáis.
Kakashi, sin mirarme, agarró mi brazo y me atrajo a su círculo de amor. Casi le había destrozado y él me perdonaba sin pensárselo un segundo.
Siempre había sido así. Había intentado ser un padre para mí, pero yo siempre me había resistido un poco.
—Bien, entonces. Ahora que eso está solucionado —mi madre se separó y se limpió una mano en el vestido. En la otra seguía llevando la botella junto al pecho—, es hora de cenar, Itachi —dijo, como si no acabáramos de vivir una crisis emocional—. Espero que te guste el jamón glaseado al horno.
—Yo… me encanta —me miró, obviamente confuso por el súbito cambio de esposa psicópata a esposa amantísima a anfitriona perfecta.
Yo, jubilosa de repente, reí, me lancé a sus brazos y le besé en los labios.
—Dios, te… me gustas —perdí la sonrisa. «¿Qué ibas a decir, tonta?»—. Me gustas mucho.
—Ya he conseguido que lo admitas —soltó una risita y me abrazó con fuerza.
Cuídate de la deliciosa golosina tirada en campo abierto, esperando ser devorada. Una tigresa sabe que las trampas abundan, a veces invisibles, pero allí de todas formas.
22 de agosto
Querido Diario de Boda,
Kakashi me sorprendió contigo hoy. Te odio y no pienso volver a escribir en ti nunca. Sólo quería que lo supieras.
23 de agosto
Querido Diario de Boda,
De acuerdo, te probaré. Pero no esperes que escriba y escriba sobre mis sentimientos. Ya pienso bastante y estoy harta de mí misma. Esta mañana reservé la iglesia, pagué las flores y todas esas chorradas. Los reporteros del Tattler me siguieron a todos sitios, sacándome fotos. Ni siquiera intentaron esconderse. Uno de ellos, medio calvo y con dientes amarillentos me llamó futura señora de Itachi Uchiha y le di una patada en las pelotas. No fue culpa mía, lo prometo. Oí el nombre y me dio un ataque. Por suerte, Itachi está fuera de la ciudad y no fue testigo de mi comportamiento.
24 de agosto
Querido Diario de Boda,
Hoy he comprado un vestido. Es bonito. Muy sencillo. No tiene lazos feos ni encaje que rasque.
Se ajusta al cuerpo, llega a los tobillos y tiene tirantes finos que se cruzan en la espalda. Es de un precioso color marfil. Hay que aceptar la verdad. Itachi volvió de su viaje; ¡antes de tiempo!, y me trató como a una estrella del porno, así que no podría ir de blanco. Sólo espero no vomitar encima de él. Ahora el estómago me duele todo el tiempo y apenas puedo comer ¿Nervios o bebé?
27 de agosto
Querido Diario de Boda,
He tenido pesadillas toda la noche sobre Itachi viéndome ir hacia el altar y comprendiendo que estaba cometiendo un terrible error. En el sueño, me apartaba y salía corriendo y gritando de la iglesia. Y cuando me desperté empecé a oír voces en mi cabeza. No voces esquizofrénicas, no estoy tan loca. Todos mis miedos sobre el matrimonio, la infidelidad y el abandono claman para que los escuche. No callan.
1 de septiembre
Querido Diario de Boda,
Han pasado unos días desde que hablamos por última vez. O desde que escribí. Lo que sea. No puedo concentrarme. Esas voces… Están diciendo que deje a Itachi y escape ahora, antes de que sea demasiado tarde. Sólo faltan unos días para la fiesta de Mikoto. Eso significa que sólo faltan unos días para mi boda. ¿Qué diablos voy a hacer? Itachi sigue recibiendo solicitudes de mujeres, y siguen yendo al edificio Uchiha ¿Y si una de ellas le gusta?
l2 de septiembre
Querido Diario de Boda,
Creo que Itachi se ha dado cuenta de que me paso algo, porque me dice que me quiere mil veces al día. Empezaba a relajarme, un poco, hasta que me llevó a cenar a casa de sus padres. Discutieron y pelearon toda la noche. Itachi dice que así es como se expresan su amor No lo creí. Por favor dime tú si percibes amor en esta conversación; palabra por palabra, tal y como la recuerdo:
Mikoto: Fugaku, sé un cielo y ponme otra copa.
Fugaku: Ve tú a por ella.
Mikoto: Levántate y ponme una copa, vago.
Fugaku: Mujer no me presiones. Acabo de ponerme cómodo.
Mikoto: (con una sonrisa Inoosa) Te empujaré cuando estés en un puente.
Fugaku: Si estuviera en un puente y te viera llegar no tendrías que empujarme. Saltaría.
¿Eso te parece «amoroso»? En serio, el hombre llevaba puesta una camiseta con. «Si ves venir a mi mujer; pégame un tiro», impreso por delante. ¿Y si Itachi y yo acabamos… ? Espera. Oigo a Itachi en el pasillo, silbando. Será mejor que te deje.
l2 de septiembre (dos horas después)
Querido Diario de Boda,
Acabo de tener dos orgasmos impresionantes, así que no tengo nada más de lo que quejarme esta noche. Por suerte mis miedos parecen tranquilos. Es posible que esto de la boda vaya bien.
De hecho, no pienso hablar contigo en un tiempo.
Creo que me estás trastornando la cabeza.
l6 de septiembre
Querido Diario de Boda,
Dios, Dios, Dios. Estoy perdiendo los papeles.
Mañana es la fiesta de cumpleaños de Mikoto Uchiha. He pasado el día decorando el hotel y ocupándome de detalles de última hora, así que no es eso lo que me preocupa. Es… El día después de su fiesta es mi boda. Mi. Boda. ¿Me oyes? Oh, Dios mío, oh, Dios mío, oh, Dios mío. Mis miedos han vuelto con toda su fuerza y no callan. ¿En qué diablos estaba pensando cuando acepté casarme?
Oh, Dios mío, voy a vomitar.
QUE BUENO QUE POR FIN SE ARREGLO LO DE KAKASHI :) YA ESTAMOS A DOS CAPÍTULOS PARA EL FINAL ES UNA LASTIMA PERO VIENEN MAS FIC Y PORFA COMENTEN SI QUIEREN UN LISTADO COMO EL DE NEJI-SAKU PARA ESCOGER QUE HISTORIAS QUIEREN QUE PUBLIQUE O SIMPLEMENTE QUE SUBA LO QUE YO CREA QUE LES GUSTARA?
COMENTEN! :)
GRACIAS
Ofi Rodriguez
