Cómo se hacen los buenos productos de los Países Nórdicos.

El finlandés lo planifica y diseña.

Finlandia maldijo. Otra vez su bolígrafo se había quedado sin tinta. La pequeña perrita, Hanatamago, con su pelaje negro sedoso, se restregó contra su mejilla, tratando de animarlo.

—… Habrá que salir a comprar otro—murmuró, observando cómo caía la nieve. No era muy alentador—Sólo espero que Suecia pueda hacerlo bien.

El sueco lo construye.

Suecia martillaba el juguete. Estaba quedándole bastante bien. Una nota enviada por Finlandia reposaba cerca de su trabajo, y decía: "Hazla linda. ¡Similar a ésta! Y no, no voy a aceptar una cita contigo".

El danés lo vende.

Los clientes se apretujaban en el puesto de venta de Dinamarca. Con sólo una sonrisa inocente, el nórdico atraía miles de clientes. ¿Brujería? Tal vez.

—Muchas gracias por su compra~.

El noruego lo critica.

—El producto está bien, pero…—comenzó Noruega—…El vendedor es demasiado inocente para estar en contacto con tanta gente.

Y arrastró al danés lejos de su puesto.

— ¿Porqué me llevas? —inquirió Dinamarca, sosteniendo la muñeca que estaba a punto de vender.

—No me gusta cómo te miran esas perras en celo.

El islandés…

Islandia comía brownies, con su Puffin haciéndole compañía.

—…Y luego podemos robarle uno de sus antiguos barcos a Noruega, y salir a conquistar las islas abandonadas del Mar Ártico—decía el joven. Luego hizo una pausa—Después de todo, no hay nada que hacer.

—Hoy hice mucho más trabajo de lo habitual—murmuró Alemania, cansado. Se recostó contra la pared del bar. Uno de los soldados le tendió una cerveza.

—Señor Alemania, ¡buen trabajo! —Lo felicitó el hombre— ¿Qué tal una cerveza?

—Genial. Gracias—contestó la nación, tomando la jarra que el otro le tendía. Estaba a punto de llevársela a los labios, cuando un mano se la quitó— ¿Qué…? ¡Italia!

En efecto, el italiano sostenía la cerveza del rubio.

—Devuélveme eso—exigió la nación germana, mientras el pobre humano retrocedía, sabiendo que las cosas se pondrían feas.

—No—contestó Italia, terco.

—Dámela—gruñó.

—No—repitió—Observa a Japón. Comiendo lechuga, como si fuera un maldito animal herbívoro. Y tú intentas disfrutar de una cerveza… una cerveza en temperatura ideal, con la espuma justa, de ese tipo que a ti tanto te gusta…—A Alemania se le hacía agua la boca con la descripción que el italiano daba. Y por la forma en la que la boca de éste se movía al pronunciar tales palabras—… Y por eso no deberías tomar cerveza.

—Cerveza—exigió el rubio, saliendo levemente de su ensoñación, todavía con un dilema mental acerca de si seguir insistiendo por su bebida, o si debía tirarse encima de Italia a hacerle cualquier tipo de cosa indebida.

—No~—canturreó el italiano, llevándose la bebida a los labios, para tomar un poco.

Y a Alemania casi le dio un orgasmo mental al ver sus dos cosas favoritas combinadas de esa forma.

Por su parte, Japón se moría de asco por los vegetales. Aunque confiaba en el plan de Italia. Si hacían que Alemania se diera cuenta de lo horrible que era ese régimen, tal vez el japonés volvería a su querida comida, y todos felices.

—Es terrible—anunció un soldado, viendo por la ventana del bar— ¡El hermano del Señor Alemania viene hacia aquí!

Se refería a Prusia. Los soldados alemanes sintieron que aire se congelaba. Si Prusia llegaba, y veía que Alemania estaba con las manos sobre la jarra de cerveza, serías testigos de un regaño digno de madre enojada.

Incomodidad llevada a límites insuperables.

— ¿Qué está pasando aquí? —dijo Prusia, entrando de improviso al bar.

Todos quedaron callados. Como si de algo ensayado se tratase, el albino localizó a su hermano, en un rincón oscuro del bar. Con cerveza en mano, y tocando regiones vitales italianas

— ¡Hermano! —rugió el mayor de los alemanes. Su hermano se alejó levemente de Italia, poniendo su mejor cara de póker.

—Prusia—saludó, con un asentimiento de cabeza severo, aunque arrastrando levemente las sílabas a causa de alcohol.

—Tú…—el albino estaba sumamente decepcionado de su hermano. Que tomara alcohol era una cosa, que por más que le desagradara, llevaba en la sangre. Pero manosear a otro hombre… eso era demasiado para la paciencia del santísimo Prusia—…Estar con Austria te ha llevado al lado oscuro.

—Aliarme con Italia me ha llevado al lado oscuro—murmuró, de mal humor, mientras Italia los observaba, divertido.

—Dejas esa cerveza ahora mismo, y vienes a casa conmigo.

Todo el mundo se incomodó, incluso Japón, que seguía comiendo vegetales como buen herbívoro, es decir, vegano.

—Hermano…—intentó convencerlo Alemania—…Vete.

—No. Dejarás esa cerveza. El alcohol te mata las neuronas—insistía Prusia.

— ¿Cómo puedes hablar así de la cerveza? Vamos, ¿porqué no la pruebas?

—Ya la he probado—dijo el albino, mirando la bebida con desagrado.

—Y sabes lo deliciosa que es~.

—No es para nada deliciosa—mintió Prusia.

—Lo es~.

—No.

— ¿A qué no la pruebas?

—No caeré en tus trucos, hermanito.

—Vamos~. No pasará nada con una sola jarra.

—Yo…—Prusia adoraba la cerveza. Pero le afectaba demasiado. Y una vez que tomaba una, no podía parar, hasta que su hígado se destrozara. No podía ceder.

—Si tomas un vaso…—comenzó Alemania, conociendo a la perfección la relación entre la cerveza y su hermano mayor—Prometo que me iré.

Prusia tragó saliva. Podía hacerlo. Sólo debía resistir la tentación. Y luego, salvaría a su hermanito de las garras de tantos pecados.

—Cerveza, cerveza~—canturreaba Prusia, con su cabello gris plata completamente suelto, y el torso descubierto—Quiero tomar otra cerveza~—arrastraba las sílabas de una forma que resultaba increíblemente graciosa para los demás.

— ¿Qué has hecho, Alemania? —lo reprendió Italia, sorprendido por la nueva actitud del albino.

—Sólo saqué a relucir su personalidad alcohólica. Creo que debería llamar a sus amigos España y Francia para que vean esto… —contestó el alemán, buscando un teléfono.

Japón seguía comiendo verduras… y siendo acosado por Prusia, quién creía que era "una mujer con pocos senos".

Sí que el alcohol había afectado al albino.

Continuará~.


Ah, tenía ganas de hacer más largos los momentos nórdicos, pero no sé, tampoco tenía demasiado espacio para ser creativa D: Al menos se entendieron un par de cosas, como que Islandia es un aspirante a pirata/vikingo/navegante; Suecia y Finlandia viven tranquilamente (Hasta que Su acosa a Fin); Hanatamago existe :3; Noru quiere a Den; Y éste último es un ángel bajado del cielo. Oh, y en otras noticias, Prusia ama la cerveza, pero sabe que lo afecta demasiado.