Preocupado porque Japón consumía sal el exceso, Alemania ideó un programa especial para éste, modificando su dieta y sus actividades. Pero a Japón no le gustaba eso. A Italia tampoco, dado que el alemán le prestaba más atención de la necesaria al japonés. Por eso, idearon un plan: Hacer que Alemania abandonara la idea de la dieta. Comenzando con intentar que el rubio también siguiera esa dieta, así se daría cuenta de lo horrible que era.
Era eso o pasar directamente a derramar sangre.
…
Japón masticaba un tomate. No era tan malo como la lechuga, pero igual fastidiaba bastante.
Alemania estaba atado de pies y manos, con la boca cerrada.
Italia intentaba darle de comer vegetales a Alemania. A la fuerza.
Y Prusia estaba tirado en el suelo, medio dormido, y delirando a causa del alcohol.
—Vamos, abre la boquita, bambino~—insistía el italiano.
—Nein—se quejó Alemania, pero al abrir la boca, el castaño le metió una buena porción de zanahorias en la boca. Tuvo que tragar buena parte de eso—Te odio.
—No hables con la boca llena. Se te caerá la comida—lo regañó el italiano, increíblemente divertido—Debería ponerte un babero.
Japón rió ante esa idea, aunque sentía que si comía un vegetal más, sin nada de sal, comenzaría a mutilar cruelmente a todo el mundo.
—No puedo más—musitó el alemán, mientras Italia le metía más vegetales en la boca—¡Basta!
— ¿Acabarás con todo esto? —inquirió el italiano. Japón se sentía en el cielo. Y contento con la venganza.
—…No—se negó el alemán.
— ¡Traigan el brócoli! —exclamó Italia.
— ¡No! ¡Todos menos brócoli! —suplicó el rubio.
—Los brócolis parecen arbolitos en miniatura~—comentó Prusia, con una sonrisa boba en la cara.
— ¿Me dejarás en paz, Alemania? —inquirió Japón.
El aludido suspiró, derrotado. Asintió con la cabeza.
Todo sea por no comer brócoli.
—Lástima, extrañaré darle de comer en la boca~—comentó Italia.
Y todo sea por no seguir haciendo el ridículo de esa forma.
…
—Oye, China. Construye un avión para mí—ordenó Estados Unidos—Mis jefes te darán los planos después.
—Y prepara el almuerzo—continuó Inglaterra—Este libro es demasiado bueno para dejar de leerlo.
—No haré nada—Se quejó China.
—Por eso. Harás algo. Ya que, técnicamente, no vas a hacer nada. ¿Entiendes? Nada…—lo corrigió el americano.
—Cállate. Sólo… cállate, estúpido gordo capitalista—se quejó el chino.
— ¡No estoy gordo!
—Bueno, honey—interrumpió el británico—Te sobran un par de kilos…
— ¡Muéranse todos!
— ¡No no levantes la voz bajo este techo! —exclamó el asiático.
— ¡Oblígame!
— ¡Ven aquí, te voy a romper la cara a puñetazos!
— ¿¡Ah, sí!? ¡Voy a hacer que vomites pandas!
—Oh, no, se matarán—comentó Inglaterra preocupado—France, my love, haz algo~.
Francia estaba demasiado dormido como para escuchar al inglés.
—My precious, ¡despierta! —insistió Reino Unido, mientras Estados Unidos y China se revolcaban por el suelo agrediéndose severamente.
—No me jodas, Inglaterra psicópata—se quejó Francia, girándose sobre el sofá.
—Te ves hermoso durmiendo, ¡pero debes hacer algo para pararlos! —no hubo respuesta—Bueno, supongo que puedo dormir contigo y compartirte mi amor…
—Ya estoy despierto—anunció el francés, incorporándose súbitamente, con cara de zombi.
—Siempre funciona… por desgracia—murmuró, ya que, en parte, quería compartirle su amor al galo.
…
Estados Unidos y Japón.
Ambas naciones caminaban por el medianamente transitado aeropuerto de la casa de Japón.
—Tome esto~—anunció una jovencita, que repartía algunos sobres entre los que pasaban por allí. Estados Unidos la miró raro. Japón, viendo lo que la chica le tendía al americano, asintió con la cabeza, para que la otra nación lo tomara. Éste lo tomó, sin dar las gracias siquiera.
— ¿Qué es esto? —inquirió el estadounidense, observando el sobre. Tenía el dibujo de una mujer.
—Pañuelos—mintió el japonés.
—Oh, bueno, supongo que uno no me vendría mal~—abrió el paquete, quedándose de piedra—…Los pañuelos en Japón son… ¿extraños?
—Sí, lo son.
—Bueno, eres raro, hombre—se sonó la nariz con uno de los pañuelos.
Y Japón comenzó a reír a carcajadas.
— ¿Qué sucede? —inquirió el estadounidense, asustado porque su amigo riera de esa forma, cosa muy rara en él.
—No son pañuelos.
— ¿Y qué son?
—Toallas Femeninas.
Se hizo un rato de silencio. Finalmente, Estados Unidos habló.
—Maldito desgraciado. Eres un puto trol. ¡Vas a morir, Japón!
—Ya lo veremos, señor toallas femeninas~.
—No me llames así, si valoras tu vida.
— ¿Prefieres Mr. Tampones?
—Sí, definitivamente, vas a morir.
…
Alemania bebió su vaso de cerveza con ganas. Después de tanto vegetal (Y de casi comer brócoli, ¡qué horror!), la bebida parecía néctar y ambrosía de los dioses griegos.
—Espero que esto te sirva de lección—dijo Italia, comiendo los tomates que Japón había dejado. A él sí le gustaban las verduras.
—Sí, afortunadamente, todo esto ha terminado—agradeció el japonés, disfrutando de un plato de salmón.
—Dejé a Japón en paz con la dieta, pero eso no significa que no me desquitaré con alguien—informó Alemania—Italia, endureceré tu entrenamiento.
—Podrías endurecer otra cosa~—comentó el italiano, atrevido.
—Lo único que te parecerá duro si sigues así, será mi puño contra tu cara.
—Qué malote eres, capitano~. Mi piace.
—De todas formas, sufrirás en el entrenamiento.
—Pero podríamos usar otro método de entrenamiento.
— ¿Qué sabes tú de entrenamiento?
—El sexo es un buen ejercicio.
—El sexo no está en el menú, confórmate con empezar a trotar.
—Eres insufrible.
—Me pregunto qué será de la vida de Prusia…—comentó Japón, acordándose del albino.
.
— ¿Dónde estoy? —Inquirió Prusia, con un terrible dolor de cabeza—Sabía que no debí tomar esa cerveza, ¡mierda!
Inmediatamente, abrió los ojos enormemente, y se tapó la boca con la mano.
— ¡Lo siento, señor! ¡Prometo no volver a blasfemar de esa manera!
Y hablando de blasfemias, observó a su alrededor. Suspiró de alivio. Estaba en su habitación. En su cama. Tapado con sábanas. Con la presencia de un cálido cuerpo a su lado.
El pánico comenzó a apoderarse de su ser.
Luego se dio cuenta de las marcas de besos y demás cosas que tenía en el cuerpo. Rezó con todas sus fuerzas para que no fuera Hungría.
Se giró para ver a su acompañante.
Y, afortunadamente, no era la húngara.
Era Islandia.
No sabía si aliviarse o desesperarse más. ¡Era un niño! ¡Y era como su primo!
—Ahora sí, estaré eternamente condenado en el infierno. ¡¿Por qué?! ¿¡Porqué me hiciste esto, Hermano!?
—No grites. Déjame dormir.
—N-no. N-nosotros t-tuvimos sexo.
— ¿Qué dices? Yo soy virgen—comunicó el islandés—Además, estoy vestido.
— ¿Y qué haces durmiendo en mi cama?
—Mi hermano me trajo aquí.
— ¿Y por qué tengo éstas marcas?
—Creo que Hungría pasó a visitarte.
—Ahora sí me suicidaré.
Continuará~
Apa, se creyeron lo del Islandia x Prusia, xD. Igual, estaba tentada a poner algo de eso. Sí, me gusta el crack, y tengo debilidad por el 2P!Islandia/2P!Prusia… en ese orden (El inverso también sirve, ahora que pienso e.e).
