Guou! Guou! Guou! Kiriha-chan colgando el capítulo siguiente en menos de una semana es un milagro... ¡KISEKI! Es que me han pasado muchas cosas últimamente y creo que debo de hacer las cosas con más eficacia- NAH! Pamplinas! Es simplemente porque tengo los capítulos ya escritos y quiero terminarlo de una vez por todas ;9

Bueno... aquí se enteran de por qué Souma Rento no forma parte de los Souma xd.

Rated: T

Advertencia: - (ninguna)

Parejas: AmuxIkuto

Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect) Osea que sólo la historia y Haruna me pertenecen, más información entrar a mi perfil y dar click al zelda :v


Hitman
'Capítulo 11: Realidad'

Sentí pesados los ojos, me costaba un gran esfuerzo abrirlos sobre todo por la cantidad de luz, era ya de día. Los volví a cerrar al instante. La brisa que chocó mi rostro me estremeció gentilmente y sonreí. Sólo cuando pude distinguir poco a poco ese pitido constante… que al parecer había estado presente siempre sólo que no lo escuchaba…

…Pip.

Pip.

Pip…

No me siento agitada, no después de seguir escuchando aquel pitido constante y sentir el cuerpo entumecido. No me podía mover fácilmente pero mi respiración sigue siendo regular, a pesar de esos detalles no muy comunes.

Intenté nuevamente abrir mis ojos, lentamente esta vez, entrecerrados para que se fuese acostumbrando mi vista. Poco a poco.

¿Me quedé dormida?

Sin embargo, no me siento con sueño, de lo contrario un bostezo involuntario se escaparía de mi boca. Que por cierto siento muy seca.

Me muevo con dificultad al principio al ver el techo que me da la bienvenida, no está descarrillado por el tiempo como el de mi habitación. Es un techo de color blanco sí, pero muy pulcro y que inspira un aire que jamás había conocido.

Giró a un lado mi cabeza al escuchar ahora una canción que nunca antes había escuchado, y me topo con una camilla. Estaba completamente tumbada y al parecer mi cuello estaba sensible por cómo me punzó con fuerza la nuca.

Recordaba vagamente una vez que Ami había sido internada por anemia, había estado en un lugar parecido: la habitación de un hospital-

Y de un golpe volvieron aquellos recuerdos.

Me levanté casi de golpe también, pues sentía los nervios a flor de piel al igual que el miedo. ¿Dónde está Ikuto? ¿Haruna?—me pregunté mirando ahora lentamente a todos lados. Lo que me molestaba era que los veía borrosos, no recordaba sus rostros… pero recordaba Amsterdam.

Estaba sola en aquella habitación de dos camas, aunque esta última estaba destendida y había una charola en una mesa al lado.

El sonido del agua pasando me hizo mirar en dirección a una puerta blanca, todo era blanco. Esta se abrió y dejó salir a una señora con una bata, quien parecía estar de buen humor, pero al mirarme se desencajó completamente. Parecía que le iba a dar un infarto por como hiperventilaba y agitaba su mano abanicándose el rostro.

—E-estás… ¡despierta!

Su reacción me sorprendió bastante y un inútil tartamudeo se hizo presente por mi parte.

— ¿D-de… qué… e-está-a hablando..o?—alargando la última palabra involuntariamente.

Ella se acercó a paso lento a mi lado y me tomó de las manos tierna y maternalmente.

—Estabas dormida desde hace mucho—me dijo calmadamente, pero yo no lo estaba ahora.

¿Dormida?

¿D-desde cuándo?—pregunté atropelladamente.

Ella me miró y luego cerró los ojos, frunció los labios y yo me perdí en algunas de sus arrugas.

—Cariño, no lo sé… pero cuando a mí me operaron tú estabas aquí—dijo acariciando mis manos antes de sorprenderse—. Cierto. Debo llamar al doctor.

Me soltó las manos, provocando que el calor que emanaban también se esfumara.

—Esto de la tecnología es genial, con sólo un botón ellos vienen…—dijo después de reír secamente.

Sonreí al verla entretenida con el botón que acababa de presionar.

No pasó mucho para que la puerta se abriese y entrara un hombre de cabellos azulados bien peinados y lentes sin montura. Había abierto la puerta con tanto cuidado por lo que todo me parecía estar yendo en cámara lenta. Al percatarse de mi mirada curiosa me sonrió amablemente.

—Nobuko-san, gracias por llamar—dijo mientras acompañaba a la misma señora a su camilla.

—No hay problema tesoro, es una de las mejores noticias después de todo—dijo cubriéndose con las sábanas, quedando sentada.

Se giró hacia mí, aun con el folder y el bolígrafo en mano.

— ¿Deseas sentarte?—me preguntó tomando un pequeño aparato que colgaba al lado de la camilla.

Asentí insegura, mientras sentía como la camilla se doblaba en "L", no tanto a noventa grados, sino lo suficiente para que apoyara mi espalda.

Verlo nuevamente sonreír me hizo sentir mareada. ¿Lo conozco?

— ¿Dónde estoy?—formulé la pregunta que quería soltar hace ya un rato, sabía que él me podría responder por alguna razón.

Mi cabeza me dolía.

—Por fin despierta señorita Hinamori—dijo una voz conocida para mí, un tono de voz muy particular—, ¿cómo se siente?

La cabeza me volvía a doler, dolía tanto que me fue inevitable levantar mi mano y al tocármela sentí como mi cabello había crecido ¿más? Volteé en todas direcciones, en busca de un reflejo, pero me encontré con un florero con rosas.

Entonces fue cuando levanté el rostro que lo vi, más detenidamente que antes, nunca me había imaginado verlo peinado. Sentía mis ojos abrirse desmesuradamente al sentirme nerviosa nuevamente, como el día anterior… ¿Realmente no ha pasado ayer?

—Qué bueno que haya despertado del coma—dijo sonriéndome…

¿Qué está pasando?

—Tienes que es-

— ¡Oh-Oh!—exclamó mi compañera de habitación, interrumpiéndome. Miré como acunaba su rostro entre sus manos y me miraba con ilusión—. Ya es hora—anunció antes de la puerta por donde había entrado se abriera nuevamente.

Un hombre y una mujer cruzaron esta misma con ramos de rosas, rojas como las que estaban al lado de mi cama. Ambos me miraban sin poder dar crédito al escenario actual. El ajuste del ramo de flores se hizo más fuerte por parte de la mujer y el hombre ahogó una exclamación con una de sus manos cubriéndose la boca. Igual de abiertos los ojos.

¿Estoy soñando?

Sonreí tristemente sintiendo como mis ojos se llenaban de lágrimas.

—Mamá… Papá…—dije con un hilillo de voz mientras me cubría la boca, ahogando mi llanto.

Había creído tanto que no los volvería a ver después del accidente del avión, pero eso no me importaba ahora. Podía preguntárselo después, primero eran ellos quienes atravesaron la habitación para abrazarme fuertemente.

Sentía mi bata humedecerse por las lágrimas de mi mamá y la camisa de mi papá también húmeda por las mías.

—Creímos que nunca despertarías… Amu-chan—dijo mi madre cuando ya me había soltado, acunando mi rostro en su manos. Souko-san.

—Le agradezco mucho, Hoshina-san—dijo mi padre haciendo una ligera venía a ¿Hoshina?

—No hay de qué, necesito hacer unos pequeños chequeos antes…

—Entiendo—habló mi padre nuevamente—. Cariño, un momento deja al doctor…

—Oh. Claro—dijo avergonzada alejándose ahora al lado de mi padre.

Quería hablar, gritar, preguntarle por qué rayos era doctor si aún le faltaban años para terminar aquella carrera. ¿No me habías dicho eso? Quería saber por qué le decían Hoshina y no Tsukiyomi…

—Inspira… espira…—dijo constantemente cuando había puesto el estetoscopio en mi espalda, lo que me había sobresaltado un poco por el contacto frío.

Se quitó estos antes de mirarme a los ojos y con una linternita apuntándome, me dijo que siguiera la luz y así lo hice. De un lado a otro por unos segundos. Supuse que era algo así como un test ocular.

¿Qué rayos sucede, Ikuto?

— ¿Siente algún dolor, Hinamori-san?

¿Desde cuándo soy Hinamori-san para ti?

—No, pero mi cuerpo está algo… entumecido—dije sin quitar mi mirada de él, quería que me entendiera.

Al chocar con sus zafiros, no pude evitar apartar mi mirada hacia mis manos… ¿siempre había tenido esa mirada tan fría? Noté ese momento la vía intravenosa que salía de la parte opuesta a la de mi codo izquierdo… Agradecí no ver la aguja metida en mi piel, odio las agujas, estaba tapada con un esparadrapo.

Sonrió al parecer satisfecho.

—Parece que sus sentidos funcionan correctamente… pero de seguro que se quedará dormida durante unas horas más… No es como en las películas lo plantean—dijo sonriendo tristemente—. Tenemos que hacerle unos exámenes más para ver si tiene algún problema, consecuencia de un prolongado estado vegetativo.

¿Qué?

—Pero nosotros…

Me miró unos segundos y asintió, antes de anotar algo en la carpeta que tenía.

—Por supuesto, la rehabilitación será un proceso también, no esperen que ella pueda caminar hoy—agregó dirigiéndose a la puerta—. Nobuko-san, debe acompañarme—dijo con una sonrisa amable.

—Por supuesto, tesoro—concordó la señora a mi lado—. Felicidades, Hinamori-san—dijo amablemente a mi madre, antes de salir apoyándose del brazo del doctor.

¿Por qué te vas?

—Saben qué decir—dijo antes de cerrar la puerta—, pero háganlo con calma… Sólo queremos mejoras. Hinamori-san, felicidades—agregó antes de cerrar la puerta.

¿No me explicarás nada tú?

Miré a mi madre, percatándome de unas ligeras arrugas, al igual que canas en los cabellos cortos de mi progenitor. Ambos parecían haber envejecido unos años pero la sonrisa al verme se los había devuelto. Lo que me hizo cuestionarme lo del estado vegetativo. Había sido un invento para tapar todo lo que había pasado. ¿Todo sólo era una cortina de humo, verdad?

—Amu-chan—llamó mi madre sentándose a mi lado, tomando mis manos.

Me limité a mirarla y apretar sus manos, sintiendo ese calor que Souko-san no había podido brindar completamente. Esa calidez que sólo podría sentir con Hinamori Midori.

—Amu-chan…—llamó nuevamente, parecía costarle mucho hablarme, me miraba incrédula y yo también. Mi padre se le acercó y como signo de apoyo puso una mano en su hombro—… No sabes cuántas veces hemos esperado este día—soltó al fin, haciendo al parecer un esfuerzo sobre humano para no llorar—. Cuando nos dijeron que al fin te habían encontrado, la esperanza nos inundó… Cuando al fin te trasladaron al hospital de Osaka pudimos estar un poco más tranquilos… pero-

Las lágrimas inundaron su rostro una vez más y con una mano cubrió su boca, mi padre la acercó a él. La envolvió en sus brazos y él parecía tomar la palabra ahora.

—Cuando llegaste tenías tres meses de estar en coma… Nos dijeron que estaban haciendo todo lo posible por hallar una solución pero era casi imposible en estos casos… Despertar era plenamente un esfuerzo y logró que tú debieras enfrentar sola.

—Amu-chan… Ha pasado mucho para esto… Casi me parece medio año… Aunque sólo han sido cuatro meses…

¿Qué?

El calendario frente a mí parecía reírse, porque me hacía caer en la realidad cruda y cruel. Me indicaba la fecha actual con una sonrisa de oreja a oreja. Ahora entiendo por qué mis cabellos han crecido.

No sé en qué momento se fueron, ni mucho menos en qué momento quedé dormida otra vez. Pero me desperté cuando todo estaba oscuro, Nobuko-san a mi lado roncaba. El televisor estaba prendido y pasaban las noticias, trágicas como en la noche suelen ser… Como las recordaba.

Me acomodé más entre las frazadas por el frío, había despertado cuando el invierno comenzaba… Hoy se cumplían 4 meses exactos del incidente.

"—Recordando a continuación el incendio en el distrito Umeda…"

Que conveniente.

"—…el edificio había recibido casi un promedio de cuatrocientos adolescentes aproximadamente. Las razones por las que nació el incendio siguen siendo desconocidas a pesar de todas las investigaciones que se hicieron."

Pobre Tadase…

"—Se registraron alrededor de ciento cuarenta y tres jóvenes saliendo de las inmediaciones horas antes del incidente. El resto se quedó hasta la penúltima hora de charla, la hora del gran incendio. Se encontraron ciento tres cuerpos sin vida y cien heridos que pudieron salir del primer piso."

No recordaba que hubiésemos llegado a los cuatrocientos… Éramos tal vez trescientos ochenta y algo…

"—Los treinta siete restantes los dimos por quemados entre los escombros, pero poco a poco se fueron encontrando por distintitas partes del país. Habían sido traslados de urgencia por el estado en el que se encontraban. Lastimosamente sólo se llegaron a encontrar diecisiete jóvenes."

Yo estoy entre esos últimos.

Pasaron entonces una grabación desde afuera, como chicos salían corriendo asustados, claro que eran los del primer y segundo piso… Los bomberos llegaron e hicieron su trabajo con las llamas que amenazaban con dejar en escombros el edificio.

"—Realmente lamentable esta gran pérdida a nivel nacional. Pero no hay nada que no se pueda superar… En otras noticias un accidente de tránsito pudo…"

Y las noticias siguieron su curso, no tenía intención de seguir prestando atención y me quedé dormida nuevamente.

Estuve durmiéndome y despertando por una semana, quedando más tiempo despierta cada día hasta que al final de la semana podía dormir sólo mis ocho horas.

Fue cuando acepté que me hicieron un análisis para medir el daño neurológico, había oído cuando ellos aun creían que dormía.

Ikuto les había dicho que despertaría normalmente ahora, que por eso no se preocuparan, pero que era casi imposible que me recuperara al cien por ciento. Porque había estado casi cuatro meses en coma, nada podría ser seguro para mí a partir de ahora. Pero Nobuko-san había interrumpido diciendo que existían los milagros y la sonrisa de mi madre se había formado instantáneamente.

—Nada asegura que no quede con secuelas permanentes—dijo tristemente—. Ese es el peor de los escenarios… ¡Hay esperanza! Ella podría volver a su vida en más o menos un año, pero necesitamos mucha fuerza de voluntad si no hay daño irreparable.

Y fue así como lo decidí, él sería mi médico de cabecera y una enferma encargada de la rehabilitación vendría a apoyarme. Al igual que un terapeuta, así lo habían mencionado.

Había un gran riesgo de amnesia postraumática de varios meses o tal vez años. Pero dependía del daño en mis neuronas…

Pero recuerdo la mayoría de cosas, ¿no es una buena señal? ¿No es raro después de cuatro meses en coma?

—Estás haciéndolo bien Amu-chan, sigue…

Un, dos… Un, dos… Mis pasos continuaban, pero menos pesados que hace un par de semanas, sentía un poco más de ligereza. Y eso me animaba. Kukai me ayudó la primera vez.

Una pelirroja amable estaba a mi lado, caminando cada pesado paso conmigo.

Yukari-san, me había pedido que la llamara por su nombre, y no me había negado, aunque mantuve el honorífico. Me había ayudado a bañarme las veces que mi madre no pudo y me ayudaba a peinarme mis largos cabellos. Ya quería cortármelos.

El daño cerebral casi era nulo, me dijeron que continuarían haciéndome exámenes por si acaso. Pero estaba en perfectas condiciones por arte de magia o Dios. Como más les guste decirlo.

Mis manos dolían, las sentía entumecidas, mis palmas para ser más específicos. Todo el peso de mi cuerpo se apoyaba en estas para sostenerme de lo que estuviera en mi camino. También las muletas, con las que ahora me ayudaba a andar, en consecuencia mis manos estaban rojas… llenas de cayos y ampollas rotas.

—Yo después me encargo de tratarte tus manos, Amu-chan—me había prometido la pelirroja.

Asentí con una sonrisa, mientras seguía con mis pasos firmes.

Paciencia. Era la palabra clave en esta situación. Ikuto me lo había repetido. Y con paciencia pasaron dos meses en los que pude llegar a caminar lentamente, bien, pero lento. Y era suficiente para mí ahora.

—Entonces te molesta…

—Sí, siento que por eso no quiero verlos, me mirarán con pena…

—Himamori-san es muy orgullosa~

—Hi-NA-MO-ri—repetí por enésima vez en lo que llevaban las sesiones de terapia.

—Lo sé, lo sé, Himamori-san~

Este hombre no tiene remedio.

Mi terapeuta era una persona fácil de llevar, alguien en quien podría confiar fácilmente y de alguna manera creía que no hablaba con mis padres. Lo que me hacía sentir segura y sin vergüenza alguna. Le contaba sobre lo que me hacía rabiar, lo que me hacía sentir insegura, mis pesadillas y me ayudaba con el resto de mis recuerdos. Aunque sabía muy bien que él sabía que yo no le contaba todo. Pero no me obligaba, ya me había dicho que si no confiaba lo suficiente en él debía encontrar a una persona más. Sino no podría dormir tranquila.

—Es tu decisión, Himamori-san~

—Este cojudo—soltó mi compañera de habitación, que también seguía en rehabilitación.

— ¿Dijo algo, Nokuko-san~?

Nikaidou era el encargado de hacerme sentir segura, de hacerme sentir que no había nada que temer en el exterior. Eso era lo importante, me había convencido.

— ¡Amu-chan!

Y había hecho otra amiga, una niña de seis años llamada Miki, de cabellos cortos y azulados y ojos celestes como los de Haruna. Tal vez por eso no podía dejar de mirarla y abrazarla cuando ella lo hacía.

—Miki, ¿te acabaste todo tu almuerzo?

Ella torció el gesto y movió su rostro de un lado a otro.

—El puré estaba desabrido—dijo inflando sus mejillas.

—Miki—regañé como solía hacerlo con Ami, a quien aún no veía.

La pequeña de cabellos cortos también estaba en rehabilitación, la conocí una mañana que quise intentarlo por mi cuenta. Ella estaba a mi lado mirándome fijamente. Dijo que era su hero.

Le habían hecho una operación, tenía leucemia, pero debía seguir en el hospital por un tiempo. Para saber si había sido un éxito la donación de la médula para detener el cáncer. Ella misma me lo había contado sin muchas trabas, había sido tan directa que me había dejado completamente muda. No me imaginaba a mí en esa situación y por eso la admiraba.

— ¡Feliz Cumpleaños!—le dije mientras la abrazaba.

Ella rio divertida aun sentada en su camilla, habían bastantes peluches en la habitación ese día.

— ¿Me compraste algo?

—Sí—dije entregándole una bolsa de regalo—. Me dijiste que te gustaban estos gorros…

Una boina celeste con un "As de Espadas" azul, adornando a un lado de este mismo.

Se lo puso casi al instante y corrió al baño para verse al espejo.

— ¡Me encanta, Amu-chan! ¡Me encanta!—exclamó corriendo hacia mí para abrazarme, le devolví el abrazo sonriendo ampliamente.

Había cosas buenas de pasar tiempo aquí, la comida de hecho no lo era, era comida baja en grasa y sin sal ni condimentos. Pero había personas amables, y momentos agradables para compartir como estos.

Era catorce de febrero hoy, había visto parejas en los pasillos, amigos que venían a visitar a los pacientes y demás.

Esa mañana estaba siendo como cualquier otra, mis padres no vendrían, me lo habían dicho. Aunque también me habían comentado algo sobre una sorpresa, a lo que yo había quedado curiosa toda la noche.

La sorpresa llegó con risas, gritos y sonrisas en la puerta de la habitación, además de peluches, flores y muchas tarjetas.

— ¡AMUUUUU!

El grito unísono de las cinco personas en la puerta me dejaron en shock por un gran lapso de tiempo. El suficiente para identificar que no era un sueño y realmente eran a quien veía frente a mí. Sentía que habían pasado décadas de no verlos y si no tuviera mis recuerdos ahora, no los reconocería.

—Chicos…

Con un hilo de voz logré decir esa mísera palabra antes de ahogarme en lágrimas mientras mi mejor amiga también se abrazaba a mí. Sus cabellos rubios desprendían un aroma que creía haber olvidado al igual que su característica risa melodiosa.

—Amu, bien… bienvenida…—sollozó aun con sus brazos alrededor de mi cuello.

—Estoy… ya estoy… de vuelta, Rima—dije al igual que ella sintiendo ya húmedo su cabello por mis lágrimas y mis hombros por las de ella.

No pasó mucho para que Yua se abrazara a mi cintura y me apachurrara, no tan fuerte, pero se veía exagerado y dramático. Mientras que los chicos parecían estar esperando que ellas terminaran, en ese lapso de tiempo cambiaron las flores que estaban ahí con pétales de menos. Pusieron los claveles rosas igual que mi cabello. Recordé entonces que solían regalármelos a menudo. Después de eso me abrazaron cariñosamente, no pude evitar reír divertida por sus ocurrentes comentarios.

Mashiro Rima, Sakurai Yua, las dos mejores amigas, luego estaban Kirishima Fujuki un amigo de la infancia, Nakagura Takuya a quien le decíamos Zero y-

—No puedo creer que sean tan obvios—molestó Zero mientras que alguien más tomaba mi mano con una sonrisa.

Sonreí con él, acariciando sus dedos con mi pulgar.

—Recuerdo esos bochornosos momentos—dije negando con la cabeza mirándolo como no recordaba que podría mirarlo a él.

Mis demás amigos parecieron analizar la situación y con excusas tontas nos dijeron que irían a la cafetería. Reí divertida al verlos haciéndonos ojitos, en señal de que nos dejarían solos para poder hablar con tranquilidad.

Sentí una repentina corriente de aire recorrerme y él notó mis escalofríos, por lo que se puso de pie a cerrar un poco la ventana. Cuando estuvo haciéndolo, pude darme cuenta de que no había ningún cambio en él, tal vez su cabello, estaba un poco más largo. Pero se vestía como usualmente lo recordaba, se peinaba de la misma forma y después de que me guiñara un ojo supe que seguía siendo el mismo.

—Estás tan callada que caigo en cuenta que estuviste mal…—dijo sentándose a mi lado una vez más.

Sonrío avergonzada y apoyo mi frente en hombro.

—Todo es tan raro que no puedo asimilar nada—dije sinceramente.

Él comienza a acariciar mis cabellos amablemente y con la otra mano levanta mi rostro.

—Creí que habías muerto—dijo con la voz cargada de tristeza, pero su mirada chocolate seguía fija y sin ningún indicio de que quisiese llorar. Así es él.

Quería decirle que lo había extrañado, sabía que también esperaba él algo así, pero quería ser sincera y la verdad es que tal vez si hubiese tenido mis memorias en esa época… Tal vez lo hubiese extrañado. Pero-

—Arara… No sabía que tenías vivistas, Amu-chan.

Me quedé de piedra al voltear mi rostro.

No porque estuviesen Nobuko-san con las mejillas sonrosadas ni por su comentario junto con mis padres que sonreían… a pesar de que dijeron que no vendrían… Sino por el rostro indescifrable de mi doctor de cabecera.

—Buenos días—saludó amablemente quien me seguía teniendo sujeta del rostro, siempre había sido así cuando mis padres nos encontraban… ¿por qué tenía que estar también él? ¿No dirás nada?

—Rento-kun, me alegra mucho verte por aquí—dijo mi madre acercándose para abrazarlo—. Y le trajiste claveles… Los favoritos de mi Amu-chan—agregó con una sonrisa—. Siempre sabes lo que le gusta.

Aunque ahora, después de pasar tanto tiempo en la tierra de los tulipanes… no estaba muy segura.

—Tsumugu-san, buenos días—saludó ahora a mi padre.

—Rento, es bueno verte—admitió abrazándolo casi tan fuerte como mi madre—. Ya pensaba que habías desistido.

—Jamás—dijo sonriente.

—Mi nombre es Saeki Nobuko, puedes llamarme como quieras—se presentó mi compañera de cuarto.

—Un gusto Saeki-san—saludó haciendo una ligera venia—. Nagasaki Rento.

—Que apuesto eres, Rento-kun—halagó con una sonrisa—. ¿No lo creo usted Ikuto-san?

Él para mi gran sorpresa, sonrió… amablemente.

—Soy el doctor que está ayudando a Hinamori-san—se presentó ahora él—. Mucho gusto Nagasaki-san.

—El gusto es mío, gracias por ayudar a mi linda Amu-chan—dijo haciendo una venia ahora hacia él.

¿Qué le estás diciendo, Rento?

—Amu-chan, sólo vinimos para dejarte el cambio de ropa—interrumpió mi progenitora, dejando ropa doblada en uno de los cajones al lado de la camilla donde dormía.

Asentí antes de que se acercara para depositar un beso en mi frente, me acarició sutilmente la cabeza y luego de sonreír caminó junto a mi padre quien me sonrió antes de abrir la puerta… y encontrarse con…

— ¡Midori-san!

…mis amigos.

—No puedo creer que casi todos hayan venido, me hace tan feliz saber que mi Amu-chan tiene tan buenos amigos.

Sonreí cuando abrazó a Rima y Fujuki a quienes conocía desde hace bastante tiempo.

—Yaya vendrá también, junto con Kairi y Wakana y Manami—dijo Takuya, al percatarse de que lo había escuchado se tapó la boca con ambas manos—. Rayos.

— ¡Zero idiota!—exclamó Yua golpeándolo en la nuca—. Se suponía que sería una sorpresa—se quejó antes de mirarme—. Olvida eso que dijo Amu-chin—pidió haciendo mohín con sus mejillas.

Reí divertida, había olvidado estas situaciones en donde mis amigos solían decir cosas que no supuestamente no debían.

Todos me miraron con una sonrisa, parecía que estaban sorprendidos de verme reír con tantas ganas.

Busqué entonces con la mirada a Ikuto, pero ya no estaba. ¿Me habrá escuchado reír así?

Mis amigos decidieron sacarme a pasear en el jardín del hospital cuando un señor algo canoso había venido a visitar a Nobuko-san. Supuse que era su esposo cuando una joven castaña la llamó abuela y se lanzó a abrazarle el cuello. Había escuchado de ella misma, que estaban separados desde hace mucho y su nieta vivía en otra ciudad. Así que para que ambas personas vinieran a visitarla… debía de ser un día bastante especial. Sentí mis ojos húmedos cuando el señor con un ramo de rosas rojas entre los brazos se acercó a besarle la frente.

El día terminó, Ikuto no volvió a la habitación. No es como que acostumbrara a venir bastante, era todo lo contrario en realidad, pero creí que aprovecharía la ocasión para ser sincero conmigo y contarme con claridad qué era lo que pasaba.

Mis amigos continuaron viniendo, con uniformes o ropa casual, estaba cerca el término del año escolar y pronto vendrían solamente con ropa casual. Ahora sólo venían de dos en dos, algunos tenían prácticas en las tardes o algún club al que asistir… No me hablaban mucho de la preparatoria a decir verdad, creo que pensaban que me sentiría mal por no poder entenderlos. Tal vez era cierto

Pasó un mes más, Rento vino esa mañana con chocolates blancos.

—Sé que no me regalaste chocolates—dijo suspirando mientras me entregaba una bolsa roja—, pero quería darte estos yo… Los hice ayer en casa de Rima, junto con Zero.

Sentí mis mejillas calientes, estaba avergonzada.

—No tenías por qué…

—Lo sé—aceptó cuando estaba sacando la bolsa hecha de papel celofán, sujetada con un lazo rosa para que no se abriera—. Recordé después de que no te gusta el chocolate blanco y por eso me había negado a hacerlos al principio… No pude evitar dejarme llevar cuando vi los moldes de corazones—admitió con sus mejillas teñidas de un leve rosa.

—Está bien—dije besando su mejilla—. Gracias.

Y sin previo aviso, tomó mi rostro y me besó en los labios… y le correspondí.

Ahí en la banca del gran jardín del hospital, cerca de la pileta, con la nieve aun cubriendo gran parte de las áreas verdes. El ambiente que siempre podía encontrar este chico para situaciones como estas.

Todas esas memorias junto a él pasaban en mi cabeza y no podía detenerlas… Este era el tema que quería hablar con Ikuto antes de que me callara en el avión. Porque al recordar todo, todo implicaba a Rento, quien había estado a mi lado por casi cuatro años antes del accidente y de… Ikuto. Quería proponerle que estuviese a mi lado, que terminaría con él por el tiempo pero ni si quiera me había dejado sugerirlo.

—Amu, sé que han pasado muchas cosas y que ninguno las quiso de esta manera…

—Rento yo-

—Pero quiero darnos un tiempo.

Me quedé sin palabras y me alejé un poco de él.

— ¿Qué?

Cerró sus ojos y juntó nuestras frentes.

—Estos cuatro meses sin ti fueron lo peor… El primer mes iba todos los días a casa de tus padres y me recibían con abrazos y soportaban mis cambios de humor…

— ¿Qué hiciste?

—Nada, nunca les reclamé nada pero evitaba que hicieran un velorio… No creo que te lo hayan dicho pero es así y creo que debes hacerlo. Porque nadie sabía nada de ti y porque querían dejar el tema de lado, para poder seguir adelante.

Acaricié su mejilla, el recostó su rostro y se dejó llevar antes de continuar.

—No quería aceptar la idea de que estabas muerta, no aceptaría la idea de que enterraran un ataúd vacío… sólo con tus cosas y… Quiero decirte que fue así siempre pero… pero no fue así durante los dos siguientes meses.

Me mordí el labio inferior, sospechaba lo que estaría por contarme.

—No fui el día de tu supuesto entierro, me quedé en casa de… Aj, no importa—dijo quitando mi mano de su mejilla y mirándome directamente a los ojos—. Te fui infiel durante dos meses, Amu. Trataba todas las noches de quitarte de mi cabeza, de quitar todos nuestros recuerdos… rompí todas tus cartas y nuestros amigos dijeron que entrara en razón… Que no era lo más sensato…

Rento siguió hablando, pero ya no lo escuchaba, no tenía más que escuchar para asegurarme de que la había pasado mal. Si tan solo no hubiese ido aquel día… Tal vez hasta Nadeshko estaría viva. Tal vez.

Pero no pude evitar sentirme insegura cuando lo recordé todo. Porque recordando a Rento me sonrojé… pero pensando en Ikuto me sonrojaba aún más, ¿eso indicaba por quien tenía más sentimientos?

Los meses siguieron pasando, mi situación mejoraba y mis padres habían aceptado que usara nuevamente mi celular. Bueno, en realidad me habían comprado uno nuevo pero con el mismo número. Mis amigos habían seguido viniendo, incluyendo a Rento… quien había prometido quedarse a mi lado a pesar de todo. No le preguntaba si acaso se veía con aquella chica de la que había hablado tan solo una vez… Una parte de mí tenía miedo de preguntarle esto.

Se había hecho amigo de Nobuko-san también como yo, hablaba bastante con Yukari-san en el tiempo que se quedó cuando seguía en rehabilitación. Con Nikaidou hablaba mucho y le devolvía las bromas que me hacía a mí, Miki lo estimaba tanto que se alegraba bastante cada que la iba a visitar a su habitación. Se había hecho costumbre de ir primero donde esta pequeña y los dos ir a buscarme, claro que cuando no la encontraba en su habitación sabía que estaba conmigo. Pero con Ikuto no hablaba, casi nunca se encontraban.

—Creo que no le caigo bien—me había dicho un día que se encontraron y lo saludó, él le había respondido bien en mi opinión, como a cualquiera. Rento no pensaba igual, me dijo que había algo en sus ojos que le había molestado, claro que lo llamé exagerado… Aunque muy en el fondo me daba esperanzas de que fuese verdad.

No había dicho nada con respecto a todo lo demás, tanto que ahora comenzaba a pensar que esos tres meses realmente había estado en coma. Pero todo era tan extraño… Sabía ahora que era imposible que un paciente que estaba más de una semanas en coma pudiera seguir su vida normalmente. Claro que lo que la ciencia no puede explicar es lo que conocen como milagros… Pero era increíble.

Era casi la mitad del verano, por lo que estaba en el jardín en donde corría un poco de aire fresco. El aire acondicionado de la habitación se había malogrado y este lugar era el más agradable para la estación.

Ahora podía caminar con más facilidad y faltaba un poco más de una semana para que me dieran de alta. Miki se iba dentro de dos días y Nobuko-san se había marchado el día anterior.

Su nieta, Kotone, había conseguido trabajo en Osaka y estaba rentando un departamento para vivir con su abuela. Ella misma había venido a recogerla con flores el día que le dieron de alta. Me había abrazado fuerte y me había hecho prometer que la visitaría cuando saliera del hospital, su nieta había escrito la dirección en un papel. También me habían dado ambas sus números personales y el número del teléfono fijo. No me había quedado otro remedio más que aceptar.

—Si no puedes… lo entiendo—dije mordiendo mi labio inferior.

No digas eso, Amu, sólo que no eres la única que me ha pedido despejar el día… Pero estaré ahí a primera hora mañana.

—Guau… El chico se ha vuelto popular—lo molesté sabiendo que comenzaría a reír, así fue.

Ya, ya, lo que digas, Amu. Nos vemos mañana, princesa. Un abrazo.

—Igual—dije antes de colgar.

Mañana cumplía diecisiete años y le había comprado un regalo… Sí, sí, yo no había sido, sino mis padres. Quienes aceptaron gustosos en gastar por él, lo querían bastante desde siempre tal vez. Estaba en mi habitación esperando por ser entregado así que me decidí por llamarlo para saber si vendría mañana. Al parecer se escaparía de sus clases de alguna forma.

Me puse de pie para poder entrar, ya casi era la hora del almuerzo y Rima llegaría con un cambio de ropa. Mis padres trabajaban, así que no se daban el lujo de venir todos los días como era el primer mes que desperté. Debido a que mi mejor amiga no tenía actividades extracurriculares podía venir a ayudarme la mayor parte del tiempo. Una vez que vino sola había llorado como nunca antes, pidiendo disculpas por no haberme sacado el día del accidente. Pero no la había culpado a ella.

Estaba caminando a la entrada cuando vi que alguien salía.

—Hoshina-san…

Me miró algo sorprendido, no entendía por qué, pero luego su gesto se calmó y me miró sonriente.

— ¿Sucede algo?

Tragué saliva antes de atreverme a decir mis siguientes palabras.

— ¿Cómo llegué aquí, Ikuto?

Lo dije tan firme que me sorprendí de mí misma.

Sus ojos me demostraron por unos pocos segundos su sorpresa. Pero está desapareció rápidamente, demasiado rápido que sentí que mi cabeza había maquinado el hecho de que lo había visto sorprendido.

—No entiendo a qué se refiere, Amu—dijo rodando los ojos—. Es raro que me llame por mi nombre, por cierto—agregó divertido—. Si se refiere al hospital, pues no estoy seguro, sólo sé que estaba en el hospital de Tokio y la trasladaron aquí el veintisiete de noviembre del año pasado.

—Eso no es-

—Amu.

La voz de Rima interrumpió mi frase, del otro lado del ventanal, del vidrio por donde podías también ver el gran jardín. Ahí estaba mi amiga con ropa casual, supe que había faltaba a la escuela.

—Hinamori-san—llamó entonces Ikuto, antes de alejarse—. Deberá superarlo, está es su realidad.


Hm... Muy sospechoso, ¿no? Estoy tan confundida como ustedes .-. NAH! ¿A quién engaño xD?

Sólo para ayudarlas a salir de dudas... Es imposible. Imposible recuperar tu vida con normalidad después de estar más de una semana en coma, es decir que esas personas con más de un mes quedan con secuelas permanentes, no recuperan su vida normal. No han habido casos hasta ahora de ello. Al menos, no tan rápido como Amu. Porque el cuerpo humano se ha acostumbrado a que lo ayuden a funcionar, pues ha estado con suero y todo durante mucho tiempo. Le es más fácil al organismo cuando lo ayudan, para acostumbrarse a ello no toma mucho tiempo, el problema llega cuando debe acostumbrarse a como era cuando no lo ayudaban. Así que espero entiendan mas o menos lo que ha pasado aquí ;)

Tengo nervios... MI PRIMER FIC DE MÁS DE DOS CAPÍTULOS ESTÁ POR TERMINAR~ Ojalá estuvieran todas esas personas con las que empecé :'( Es mi culpa por demorar tanto. Lo sé.

Se cuidan mucho~ Hasta el siguiente capítulo~

Attn. Kiriha-chan

Pd. No creo que visiten mi perfil así que sólo para informar que tengo un nuevo hogar llamado kiriha-thereisanewworldcoming . blogspot . pe (quitar espacios). Están mis proyectos, historias que quizás no he colgado aquí. Visítenme p', no sean malitos T3T. Recién he estado actualizando ese blog para que esté decente xD Así que... ¡Vamo! ¡Prostituyan la página xD!