Capítulo 6

En algún lugar en medio de Japón existe un hermoso lago rodeado por un verde y amable bosque, allí se juntaba dos familias, los Uchicha y los Namizake, y con ellos sus hijos, Mikoto y Kushina , eran dos amigas bastante cercanas cuyo deseo , al igual que el de sus esposos era que sus hijos tuvieran una buena relación social entre ellos, los Namizake habían tenido la nada deseada suerte de tener como hijos a dos donceles y ningún hijo varón, por lo que Minato había determinado que su hijo mayor estuviese destinado emparentar con una buena familia que aumentara el prestigio familiar y su hijo menor Naruto a unirse con el hijo menor de los Uchicha, Sasuke, un niño que ya daba muestras de tener una mente rápida y segura que podría dirigir con mayor entereza su patrimonio si ocurriera un desenlace desagradable con Deidara, cosa que dudaba, si, sin duda su mundo se veía asegurado, por otro lado el señor de los Uchicha pensaba que su hijo mayor era su más preciado tesoro mientras que el segundo solo era, un modo de unir su familia con la de su entrañable amigo.

Y de esa manera jugaban dos niños corriendo alrededor de sus madres, y Naruto reía, los dos líderes hablaban con un buen gesto y sonreían con sinceridad, por su parte Deidara solo tenía ojos para Itachi, el heredero Uchicha, un jovencito de 15 años, de buen ver y bastante agradable que en ese momento lo hacía reír con unos chistes de su propia cosecha, y el rubio de doce años sonreía, sonreía de verdad.

"si al menos yo fuera merecedor de tu atención…"

Sasuke miro por la ventana de la habitación de sus padres, oía a su madre llorar de miedo y decepción, y quizás tambien de arrepentimiento y culpa, porque aunque lo negara, Sasuke sabía que ella se culpaba por el giro que habían dado las cosas, ella amaba a su padre y jamás creería que este era capaz de alguna atrocidad, "¡ciega, esta ciega!" se dijo mientras volvía la mirada hacia ella, ¿cómo podía amar a un hombre que solo pensaba en su honor y beneficio? Y era tan hermosa… , se acercó con un suspiro hacia ella y extendió una mano , la toco en el hombro y su madre se quedó quieta, la abrazo con cuidado y ella se agarró a su traje como una niña desesperada, hubiese deseado poder decirle algo que la calmara, algo de importancia, pero no podía, porque nunca había aprendido a calmar a nadie, y mientras la tenía entre sus brazos intentando sostenerla y evitar que ella cayera de manera irremediable, lo supo, le basto mirarla una vez para saber que amores como el que su madre le ofrecía a su padre no existían muchos en el mundo y aun así su padre prefería la vida de afuera y los placeres que solo las rameras podían dar, y ella… ¡era tan bella!, al fin noto que sus sollozos se detenían, al fin sintió que ella se dejaba caer en la cama y rápidamente conciliaba el sueño, la miro durante largo rato y poco después se levantó y salió de la habitación, su hermano debía estar en la suya planeando el modo de conseguir que Deidara le perdonara, solo rogaba que el amor de su hermano no muriera tan rápido como el de su padre , como el que su padre había sentido por su madre… si alguna vez lo había sentido, claro.

Chasqueo con la lengua en un gesto de irritamiento.

Siguió caminando por el largo pasillo y llego a su propia habitación y pensó que el mundo parecía haber caído sobre suyo, era una verdadera tontería. Que pasara todo aquello, al menos, su padre aún no había tenido la oportunidad de comentar nada con él, aun, ya se imaginaba las prisas que tendría su padre por calmar el escándalo haciendo un compromiso de él, con otra… NO… si Itachi había cometido un error… ¡era cosa suya! El, Sasuke, ¡no tenía por qué cargar con culpa ajenas!, abrió la puerta de su habitación y allí se apresuró a cambiarse la ropa, por algo más casual, luego bajo con prisa los escalones y corrió hacia el garaje, se topó con su padre que subía, pero no dijo ni hizo nada , llego al garaje y saco su auto, que gracias a todos los dioses no había sufrido ningún daño a manos de Itachi y apretó el acelerador, al tiempo que sacaba el teléfono y procedía con una llamada de importancia.