No pue-de-ser... Voy a poner la palabra al fin [!] LA PALABRA SDOASDKSDASFLKS Estoy emocionada.
Este es el último capítulo. He quedado satisfecha en realidad, creo que es uno de los más largos capítulos aunque la lectura se me hizo muy rápida, tal vez por eso parece corto...
En fin, gracias especiales a Ichiru Ikutsu. Ichiru-chan~ Sé que te dije que colgaría el fic hace unas horas... No pude, mi hermano me quitó mi ordenador para terminar un ensayo. Gommen~
Rated: T
Advertencia: - (ninguna)
Parejas: AmuxIkuto
Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect) Osea que sólo la historia y Haruna me pertenecen, más información entrar a mi perfil y dar click al zelda :v
Hitman
'Capítulo 12: Incompleto'
El nuevo flash aturdió mis ojos, pero mantuve mi sonrisa al igual que los ojos entreabiertos. Mis amigas a mi lado se veían igual de aturdidas, pero también dejaban sus sonrisas.
—Una más chicos~—canturreó mi madre mientras mi padre volvía a disparar el flash.
Había pasado un año y medio desde que me habían dado de alta en el hospital, un año y medio donde había tenido que enfrentarme a rehabilitación, clases particulares y la visita constante al psicólogo. Nikaidou-san había sido la mejor ayuda que pude haber recibido jamás, me ayudó a salir adelante y retomar mi confianza en los demás. Él me había convencido de aceptar ir al baile que habían organizado en la preparatoria.
—Te vez hermosa, Amu.
Miré a Rento con una sonrisa, él había seguido apoyándome desde que había despertado. A pesar de no haber retomado nuestra relación, seguía a mi lado, como un amigo solamente. Me había quedado claro que unos meses fuera había cambiado drásticamente todo, pero no fue razón para que no aceptara ir con él al baile.
—Tú también estás muy guapo—le dije aun sonriendo.
Recordaba como hace un par de años me ponía roja de sólo escuchar sus comentarios y ahora ni cosquillas me hacían. Ni si quiera le daba muchas vueltas al hecho de cómo responderle.
Pero no podía evitar admitir que se veía demasiado atractivo para mi propio bien y para el de los demás. Siempre llamando excesivamente la atención sin siquiera quererlo, porque era inevitable mirarlo, era como un imán para los ojos.
Pero en este momento su traje lo hacía ver sumamente guapo, porque se entallaba a su delgada figura. Había estado trabajando de modelo desde temprana edad, eso lo ayudaba bastante para mantenerse.
—Se puede decir que somos tal para cual entonces—bromeó guiñándome un ojo, mientras pasaba un brazo por mi cintura.
—Tú lo has dicho—correspondí guiñándole un ojo también.
—Permítame entonces raptarla esta noche—susurró divertido en mi oreja.
Reí divertida, apoyando mi cabeza en su pecho, el olor de su perfume me inundó pero no me hizo sonrojar. Me seguía preguntando como todo había cambiado tan rápido. Con Ikuto había sido…
¿Realmente había pasado?
Cuando él inundaba mi cabeza, se me hacía más como un largo sueño, porque no tenía pruebas de que eso hubiese pasado. No sabía nada de él o de Hoshina Ikuto, o como quiera que se llame. Desde que salí del hospital al acabar la rehabilitación, había tenido la intención de acercarme a él… Llámenme adicta, pero creo que habíamos dejado las cosas claras cuando estábamos en el avión, o eso creí yo. Así que había estado yendo constantemente con la excusa de hacerme chequeos por si las moscas.
La primera vez que fui me sorprendió ver al doctor dejarse abrazar por una castaña de cabellos cortos.
Ni si quiera se inmutó cuando se dio cuenta de que estaba delante de él, lo que me hizo sentir más paranoica. Pero yo no había soñado mi primera vez con un completo desconocido, no le podía dar crédito a ese detalle.
Trataba de encontrarlo solo o esperar a que se desocupara para poder quedarme a solas con él y que pudiera seguir con los análisis. Me hacía hablar brevemente sobre cómo me estaba yendo, porque había vuelto a clases, pero no podía hacer deportes. Para suerte mía.
Me daba el diagnóstico, recomendaciones, advertencias… pero nada referido a lo que yo quería con tantas ansias escuchar. Era verdaderamente frustrante tener que hacer algún tipo de comentario con respecto a los aviones o países europeos. No se me ocurría otra forma de lograr que sacar el tema a la luz.
Asistí también antes de que se cumpliera el año de despertar del… coma. Aún no me puedo tragar ese chiste de mal gusto.
Había averiguado que el doctor cumplía años el primero de Diciembre, así que había asistido un poco tarde.
Me había entretenido un rato con Yukari-san, quien me dio la noticia de su embarazo. La felicité luego de abrazarla fuertemente, deseándole lo mejor para su familia y dejándole en claro que sería imposible que fuese una mala madre. Ella parecía mirarme tristemente antes de acariciarme la mejilla, pero no entendía el porqué de aquella reacción tan opuesta a la que me había imaginado. ¿No es bueno el embarazo? Segundos después llegó el afortunado padre: mi psicólogo loco. Recién se habían casado hacían dos meses atrás, fue algo muy personal, por lo que me di cuenta. Me invitaron porque fui paciente de ambos, pero decidí asistir sola, recién ese día me enteré de que a una boda se suele ir acompañada.
Fue ese día en el que me enteré del cumpleaños de Ikuto.
Así que como ya había dicho antes, asistí un poco tarde al hospital, donde le harían un pequeño agasajo en el comedor.
Llamaba mucho la atención así que esperé a que Yukari-san le dijera discretamente a Ikuto que había venido para darle un regalo.
No llamaba la atención por ser yo, no, ni por ser mi cabello color rosa, tampoco, sino por el regalo entre mis manos. Era relativamente grande, nunca pensé comprar algo como esto en mi vida… No soy muy amante de la música, lo sabía bien, pero aún recordaba la vez que Ikuto había tocado para mí. Hablo como si estuviese segura de que paso. ¿Y si no ha pasado y de verdad no toca el violín?
—Hinamori-san.
Me giré en mi lugar a encararlo.
A diferencia de otros días, lo veía sin su bata blanca ni el estetoscopio. Peinado estaba, hasta había sujetado sus cabellos más largos con una liga y seguía con los lentes.
Yo también, a diferencia de otros días, había venido con el uniforme de la preparatoria. No había tenido tiempo para ir a mi casa a cambiarme y ponerme algo más… adecuado.
—Buenas noches—saludé haciendo una venia, él sólo asintió con la cabeza, mirando curiosamente el regalo entre mis brazos—. Feliz Cumpleaños—dije sonriéndole, lo mejor que podía.
Él seguía con su expresión indescifrable.
—Gracias.
Quería decirle tantas cosas… pero no podía, ni si quiera pude seguir mirándolo a los ojos por más tiempo. Mis labios habían comenzado a temblar y sentía las mejillas arder, de segura estaba roja como un tomate.
—T-te..een—dije atropelladamente, dejando la caja entre sus brazos para salir corriendo… Aunque sabía que no debía correr.
Oía que me llamaba por mi apellido, pero no miré atrás, ya no había razón para hablar. Porque me preguntaría por una razón y no estaba dispuesta a declararme… No cuando fingía no conocerme. Me volví loca, es oficial. Llegué a la entrada y detuve el paso, afuera estaba Nobuko-san en su auto rojo, esperando por mí para llevarme a casa. Con ella había ido a comprar el regalo después de todo y se responsabilizaría hasta el final. Eso me había prometido.
Pero no sabía que esa sería la última vez que lo vería.
Para los próximos días, ni si quiera podía encontrarlo, terminaron asignándome una nueva doctora de cabecera. Manta, la castaña de lentes que había estado abrazándolo. Quien me dijo con una triste sonrisa que el doctor Hoshina no estaría más en Japón. ¿Habrá viajado a Holanda?
Quienes también se habían ido eran la pareja Nikaidou. Mi psicólogo y mi enfermera… Nadie supo darme razón de ellos y yo lo dejé pasar, ¿qué hacía con más paranoias?
—Así que Hoshina-san se fue…
La voz de Nobuko-san había llegado a ser como una especie de calmante personal.
—Eso dicen—dije tomando de mi taza de té.
Se había convertido en mi confidente, sabía todo, al contrario de Nikaidou, a quien sólo le contaba las pesadillas que me atemorizaban. Ella sabía hasta la razón por la que quería estudiar medicina.
—Ikuto, debió tener muchas razones para eso princesa—me había dicho envolviéndome en un tierno abrazo—. No lo estoy excusando pero no creo que debas cerrar tu corazón a todos…
Ella también me había animado a ir a comprar un vestido, y lo había elegido para mí.
Era una tonalidad más clara que la de mis cabellos, era sujetado con una cinta negra debajo del busto y tenía vuelo debajo de este. Nadie me gritó esta vez por usar sandalias con taco, nadie me dijo por qué aún con un parche en la frente me animaba a asistir.
—Había extrañado tus cabellos cortos—dijo Rento cuando ya estábamos bailando en el gimnasio.
—Tampoco lo están tanto—suspiré cansada, la canción lenta me estaba aburriendo.
Recordaba cómo había bailado con Nagihiko toda la noche al igual que con Kukai, me pregunté si eso enserio podría ser un sueño. Hasta el vestido que me regaló Haruna… No puede estar muerta.
— ¿Amu?
Miré a los ojos a Rento, quien parecía muy preocupado, y no era para menos, me había detenido.
—No es nada, pero creo que quiero tomar aire…
Él asintió, antes de decirme que aprovecharía para ir al baño. Asentí devuelta y miré a mí alrededor.
Rima bailaba con Fujuki, Zero estaba bailando con Yaya… Parecían entretenidos hablando de quien sabe qué.
Caminé hacia la salida del gimnasio, el viento helado chocó contra mi piel expuesta y me estremecí en mi lugar. Me solté el cabello de la "x" que los tenía sujetos arriba de mi cabeza, cayeron ondeados. Me miré en el reflejo de mi celular para acomodarlo de tal manera que no se vieran desordenados. Y sonreí. Esa "x" me hizo recordar a los carmines y prendedores que Souko me regalaba todos los días.
"—Te queda bien, Amu-chan."
La noche terminó junto con muchas confusiones, aún seguía sin procesar infinidad de cosas. Porque no había podido acompañar a Rento a su casa, no como Yua acompañó a Zero para… Bueno, era obvio para qué lo acompañó, habían estado saliendo por un par de años y era la fiesta de final de año… Y se querían, se querían tanto que los envidiaba un poco, porque no perdían el tiempo para hacer planes. Ninguno de los dos entraría a la Universidad terminando nuestro último año, habían comenzado a trabajar ambos y habían reunido dinero suficiente para viajar por el mundo… Tan cliché, y adorable.
Estaba segura que los padres de Yua deben de haberse negado pero por esa razón ella había empezado ese trabajo sin que lo supieran. Takuya… Takuya era Takuya, cuando alguien como Yua tenía una idea loca no había nadie mejor que él para demostrarle que podría realizarse. Tal vez por eso eran tal para cual.
Pero Rento y yo… Ya no éramos así, puede que nunca lo habíamos sido.
—Princesa, si no dejas de pensar en el pasado no podrás vivir el presente—me había dicho uno de esos días Nobuko-san—. No es bueno vivir de recuerdos.
Y estaba cien por ciento segura de eso, pero no podía conmigo misma.
La ceremonia de clausura llegó demasiado pronto, cuando me entregaron mi diploma sonreí por reflejo y no porque realmente lo quisiese. Había sido admitida ya en la Universidad de Tokio. Mis padres se entusiasmaron con la noticia y Ami me abrazó como si no hubiera un mañana. Rento me había levantado por los aires al igual que Fujuki… y Zero, me había hecho cosquillas. Yaya y Manami habían hecho una especie de tarjeta, y digo especie porque era una gigantesca con muchas fotos a modo de collage. Con Rima, Yua y Wakana, había ido a un karaoke a celebrar y… ¿Me habría regalado algo Ikuto por ingresar?
—Con que aquí estabas…
Sus cabellos se movían al compás del viento y cubrió un poco su rostro por la luz del sol que le daba en la cara. Sonreí al verlo tan bien uniformado. Casi nunca usaba corbata, eso lo recordaba.
— ¿Es cierto que te vas a Akita?
Me miró antes de cerrar los ojos y suspirar cansado.
—Las noticias vuelan—dijo rascándose la nuca.
Sonreí acercándome a él y lo abracé, como hacía tiempo no abrazaba a alguien, como solo solía abrazarlo a él. Y sé que él lo sintió y por eso me besó, pero por más que quise que ese beso significara todo para mí, me causó el efecto contrario.
No sé cuantos minutos pasaron luego de esto, estaba ahora sola en la terraza, nuevamente.
El tiempo siguió pasando, estaba en mi segundo año en la Universidad de Tokio y estaba manteniendo un buen promedio. Mis padres estaban ayudándome con parte de los gastos y yo vivía en una pequeña pensión, a cargo de un señor llamado Chichimaru. Muy agradable, vivía con sus dos hijas y rentaba cuartos a universitarios, así que me fue fácil adaptarme al ambiente.
Era un día normal.
Vestida con jeans ajustados y una blusa blanca de mangas largas, mi cabello había vuelto a crecer y ahora lo sujetaba en una coleta. Había aprendido a maquillarme, para poder ocultar las ojeras que aparecían más seguido debajo de mis ojos.
Había hecho un par de amigos, Mifuyu y Mamoru, Mifuyu venía de Hokkaido y Mamoru de Aomori. Ambos habían iniciado conmigo sus clases y nos reuníamos a menudo para estudiar. No siempre nos permitían trabajos grupales a los tres juntos.
En fin, era un día normal, me detuve en una tienda donde hacían el mejor tamagoyaki del mundo, no solía tener tiempo para cocinar… No sabía hacerlo, en realidad.
Ahora mis recuerdos de Holanda se habían vuelto totalmente un sueño, uno muy hermoso que me hacía sonreír. Pero que me ahora me permitía avanzar con mi vida sin tener que preocuparme por sufrir algún tipo de dificultad como-
—Papaaa~ Tamago~ Tamago~
Miré hacia abajo, al pequeño infante que caminaba de un lado para el otro en la fila.
—Ehh… Daiki quédate quieto.
Esa voz.
—Pero papaaa~
Tomé aire y lo boté, debía estar imaginando cosas, porque hace tiempo que no escuchaba aquella voz no podía ser de-
—Hinamori-san, buenos días—saludó el señor de la tienda—, lo mismo de siempre, ¿verdad?
Asentí. Extendiendo las monedas, me dio mi orden y comencé a caminar lo más rápido posible. No podía llegar tarde, tenía exámenes hoy.
Todas las horas me concentré al máximo en mis cursos, había estudiado y ese era el problema… Porque terminaba los exámenes de manera rápida y me quedaba revisando una y otra vez.
— ¡Amu-chan!—exclamó mi amiga castaña a mi lado, pasando un brazo por mis hombros—. ¡Arrasaste hoy!
— ¿También la viste?—molestó mi amigo sonriendo divertido.
Eran graciosos cuando hacían estas cosas, recordaba que ahora no estaba sola otra vez.
Había dejado de ver a mis amigos de colegio, me mantenía comunicada con Rima, quien estaba estudiando en Osaka. Yua y Zero estaban en Estados Unidos, ambos habían ingresado a una Escuela de Artes y planeaban seguir ahí. Fujuki también estaba en Osaka, y de vez en cuando me llamaba pidiéndome consejos con mi mejor amiga. Yaya estaba en Londres, una escuela de ballet, había ganado un concurso el año pasado y estaba becada. Manami y Wakana estaban en Tokio también, eran con las que más me cruzaba, pero ellas estaban en la facultad de humanidades a diferencia de mí. Y Rento… Él me mandaba cartas, y yo las respondía con gusto, aunque sabía que ya no sentía lo mismo por mí ni yo por él.
—Papaaaa~
Y otra vez el niño rubio. Vestía un polo naranja y shorts beige, sus pequeñas zapatillas eran verdes con las plantas blancas y… El señor sentado a quien corría, parecía estar esperándome.
Su sonrisa provocó mil y un sensaciones en mí. No podía caminar.
—Amu-chan…
Volteé a ver a Torii, quien parecía preocupada por cómo me había detenido.
—E-estoy bien, Mifuyu-chan, pero debo dejarlos hoy…—me excusé vagamente.
— ¿Lo conoces?—me preguntó sonriéndome cómplice, mientras que Mamoru se asombraba melodramáticamente—. Es muy apuesto.
—Sí, lo sé—habló alguien delante de nosotros—. Pero estoy pillado—dijo levantando su mano izquierda, donde relucía un aro dorado en su anular… ¿Qué?
—Ehh…—se quejó mi amiga—. Tan joven y casado—dijo haciendo un puchero—. Esto pasa porque no conocemos a tus amigos, Amu-chan.
—Souma Kukai—se presentó haciendo una ligera reverencia con una sonrisa coqueta—. Un gusto conocerlos.
—Mizuno Mamoru.
—Torii Mifuyu, un gusto también.
— ¿De la carrera de Amu?
Ambos asintieron y cuando estaban por preguntar algo se escuchó un llanto.
Los cuatro volteamos en dirección a donde se escuchaba y la expresión del castaño más alto se tensó. En un segundo se había teletransportado a donde se encontraba el pequeño quien de rodillas en el suelo estaba llorando desconsolado.
—Venga Daiki—animó poniéndolo de pie—, sólo es un rasguño—dijo pasando su mano por su rodilla manchada de tierra.
El pequeño seguía derramando lágrimas y el mayor se encogió con tan sólo mirarlo.
Rápidamente se puso de pie y lo levantó arriba de su cabeza, pero lanzarlo al aire y después atraparlo, una y otra y otra y otra vez. Aunque ahora estaba sonriendo y había detenido su llanto.
—No llores, tú no tienes por qué llorar engreído—molestó mientras lo sujetaba con uno de sus brazos, pasándolo de manera que lo acunaba y con su mano libre le hacía cosquillas—. ¿Quién es el engreído? Haber dime quién es el engreído—dijo divertido escuchando como el rubio soltaba carcajadas y lágrimas, pero esta vez por mucho reír.
—Jajaja… Pa… Jajaja… Papá es el engreído… Jajajaja.
— ¿Ah sí?—retó mientras lo dejaba en el suelo y seguía haciendo cosquillas pero con ambas manos.
De alguna manera el niño se libró de las cosquillas y escapó corriendo, siendo perseguido por el mayor que lo atrapó con facilidad.
Esta vez se dirigió donde seguíamos nosotros con el pequeño siendo cargado con uno de sus brazos, parecía una almohada bajo su brazo. Era muy adorable.
—Y este pequeño demonio, es mi hijo—dijo dejándolo en el suelo, el niño pareció perder toda su energía y puso una mirada muy conocida para mí—. Oi, saluda.
Souma junior nos miró un momento y volvió a desviar su mirada, mientras sus mejillas se tornaron rojizas.
—Me llamo Souma… Daiki, mucho gusto—dijo haciendo una venia rápidamente.
—Mucho mejor—felicitó su padre desordenando sus cabellos, tan rebeldes como los de él.
Mis dos amigos terminaron despidiéndose y me quedé a solas con el castaño, quien ahora cargaba a su pequeño que se había quedado dormido.
Lo invité entonces a mi pequeño hogar, no iba a dejarlo en la calle después de todo.
—Ha pasado tiempo, ¿eh?
Asentí mientras servía un poco de sake de la nevera.
—Un buen sake siempre es bienvenido—dijo sonriente, mientras tomaba el vasito y lo chocaba con el mío—. Salud.
—Salud.
Ambos tomamos y luego de tres vasos, su semblante cambió.
—Debes de estar sorprendida, ¿no?
Asentí nuevamente.
— ¿Qué edad tiene?—pregunté mirando a un lado.
Daiki descansaba con una pequeña manta sobre él, su rostro calmado era tan extraño luego de haberlo visto lleno de sonrisas y ojos chispeantes.
—Veamos… Cumplirá dos años dentro de un par de meses—dijo apoyándose con sus manos, mirándolo con una sonrisa ladina—. Ha crecido bastante… Y es tan inquieto que a veces pienso que sólo tiene genes míos, aunque también es culpa de su madre.
Se parece bastante a ella.
— ¿Cómo está Utau?
—Bien, ansiosa porque las estrías dejen de verse… Te juro que yo ni las veo, no entiendo por qué tanta vanidad—dijo riendo, parecía recordarla en ese momento por como reía—. ¡Ah, sí! Nos casamos.
— ¿Enserio?
—Sí, fue poco después de que cumpliera cinco meses de embarazo… Ella se negaba al principio, dijo que se vería gorda con un vestido blanco.
—Me lo imagino.
—Pero al final accedió—dijo alcanzándome su celular.
La pantalla estaba mostrándome una imagen tomada con la cámara delantera.
Kukai sonreía feliz y parecía que la rubia no se había enterado de la toma, porque salía un poco más atrás de él y de perfil. Debido a este detalle podía verla a cuerpo completo, con un vestido largo que tal vez se extendía por el suelo, de corte sencillo. Era strapples, con una flor en el medio de sus senos (que parecían estar más grandes)y parecía que su espalda estaba bastante descubierta. Su cabello suelto y totalmente lacio caía a lo largo de su espalda, y su cerquillo cubría su frente, como lo recordaba. No usaba velo… Y su vientre al estar de perfil se notaba de uno de embarazo.
— ¿Hermosa, verdad?—preguntó haciéndome levantar la cabeza.
Asentí conteniendo las ganas de llorar. Como me hubiese gustado verla.
—Bien, vayamos al grano.
Lo miré detenidamente antes de entregarle el celular.
Él tomó la botella de sake y nos sirvió a ambos.
—Ikuto ni si quiera se imagina que hemos venido a Japón… Primero fuimos a Rusia… Moscú es genial por cierto—comentó riendo.
— ¿Ikuto?
—No me digas que por un momento te creíste esa pésima actuación… Enserio.
Por un buen tiempo, sí.
—No es coincidencia que esté aquí—dijo—, bueno, no del todo. Vine a Japón hace unas… ¿tres? Casi tres semanas, creo. Vine con Utau y Daiki, a Sakai, donde aún mis hermanos viven…—me contó sonriendo—…al parecer decidieron construir un edificio en el mismo terreno de la casa y viven los tres con sus parejas. El único casado es el menor de los tres, el más cercano a mí, quien no tiene hijos. En fin. Les presenté al mío y les conté sobre mi boda y… Utau se está quedando allá, no tuvo el valor para venir, pero dijo que Daiki debería hacerlo. Ah. Sí. Quiere que seas su madrina.
El sake pasó por otro lado y me hizo toser.
— ¿Qué?
—Ya sabes, cuando una idea se le pasa por su cabeza, no hay quien la pare.
Recordé la vez que me quiso que me pusiera los tacos sí o sí. Ikuto se molestó.
—Pero no vine aquí a hablar sobre bautizos… Sino sobre lo que pasó—soltó antes de tomar de un sorbo su vaso—. Ambos creemos que mereces saber la verdad.
¿Sólo ellos? Nadie más quería ser justo conmigo al intentar hablar del tema… ¿Por qué?
—El día del accidente… Aj. Le prometí a Utau que te lo diría… Pero me cuesta decirlo.
Se revolvió sus cabellos y golpeó su frente contra la mesa.
—No sé si te hayas percatado de la cicatriz en tu vientre…
Sí. Pero lo había pasado siempre por alto… creí que el recuerdo de esta volvería.
—…creí mejor decírtelo al final, pero no tiene sentido si no lo digo al principio.
—Kukai… no has cambiado—dije sonriendo.
Él me miró extrañado.
—Sigues yéndote por las ramas…
Río secamente y lo vi acariciándose el puente de la nariz.
—Hinamori, perdiste un niño ese día.
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—… ¿disculpa?
Se relamió los labios y miró al suelo negando con la cabeza.
—No te imaginas lo mal que estuvimos cuando nos llegó la noticia.
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—Ikuto dio todo de sí en la cirugía, después de darse cuenta de que estaba haciendo… Tenía que elegir salvarte a ti porque no había forma de que el feto viviera sin ti.
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—Viaje con Nagi después de la noticia y te puedo jurar frente a lo que quieras que nunca había visto a Tsukiyomi tan destrozado… Ni si quiera cuando murió Nadeshko.
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—Haruna estaba muerta cuando pudo librarse de las últimas personas que atentaron contra los Tsukiyomi e Ikuto después de que te recuperaras de aquel estado vegetativo… Aceptó salir de una vez por todas.
— ¿De qué hablas?
—No creo que sepas cómo… Es un precio caro… No estuve presente cuando pasó, sólo lo esperé en el auto cuando se fue con Nagihiko y cuando volvió pensé que estaba muerto. Lo dejaron tan mal que es casi increíble-
— ¿Qué le hicieron exactamente?
—Prefirió que lo golpearan a que le cortaran un dedo. Dijo que lo necesitaba para no asustar a nadie en el hospital y que su rostro sería el mismo a pesar de cada moretón.
Tragué saliva sin quitar mis ojos de él, quien se acariciaba la muñeca de una mano con la otra.
—El día que llegaste a Holanda, estabas en un estado parecido… Pero esta vez no sólo era un estado de inconsciencia, sino aquella cirugía por la bala en tu vientre.
Llevé mis manos a mi estómago, nunca podría haber pensado la razón de la cicatriz.
—El día que despertaste… Utau me permitió regresar—dijo sonriendo—, quería que vigilara a Ikuto de hacer algo estúpido. Y así fue.
»No fue más de una semana, por lo que obviamente los daños no fueron severos en tus neuronas… Pero necesitabas todo tipo de rehabilitación e Ikuto creyó conveniente utilizar sus conexiones y contactos para devolverte la vida que debería haberte devuelto hace mucho. Eso dijo él. Pero yo no estaba de acuerdo con ocultarte las cosas y tuve que irme porque me preocupaba también Utau.
»Antes de irme, conocí a tus padres… A quienes Ikuto les dijo que se estaba encargando de todo en estos tres meses casi cuatro de tu estado vegetativo. Obviamente la reacción de tus padres no fue muy buena al principio, pero día tras día llegaban con flores. En esos días llegaron de Brazil Yuu y Yukari…
— ¿Ikuto los conocía?
— ¿Acaso no te parecía raro que desaparecieran igual que él del hospital?
Ladeé la cabeza soltando un largo suspiro.
—Sé que fue una semana o un poco más pero… ¡Parecía una década! Cada día en el hospital era insoportable, pasaba demasiado lento. Creo que por eso estábamos más preocupados que nunca. No despertabas y para nosotros habían pasado diez años.
»Yuu quiso saber sobre todo, porque estaba mas o menos enterado de la situación. Así que le contó sobre todo lo que tenía que saber, él contaba con que despertaras, por eso los llamó.
— ¿Sabían de mi… —aún no lo asimilo—…pérdida?
—Sí, Yukari lo tenía siempre en cuenta por lo que sé de Nagihiko.
»Sé del regalo que le diste. Porque es muy obvio cuando está aún envuelto en el plástico sin ser abierto… Es algo penoso verlo así. Esa fue la razón por la que decidió irse, tampoco es como si pensara quedarse mucho tiempo. Creo que saber que estabas segura de todo había pasado le molestaba y preocupaba, quería que vivieras como si todo fuese un sueño y recuperar tu vida. Él quería que lo olvidaras, lo que me pareció muy estúpido.
»Pero así lo hizo, se fue con ambos doctores luego de su cumpleaños, nadie volvió a saber de ellos en el hospital. Debes imaginarte cuan influyente es ese hombre para que dejasen de hablar de algo relacionado a ellos tres.
— ¿Cómo supiste lo de la Universidad de Tokyo?
—Digamos que no soy el único que estaba en contra de alejarse completamente de ti.
Kukai se quedó a dormir. No me comentó más sobre el tema… me perdí en sus historias cómicas, me hizo reír tanto que ahora que no puedo dormir no entiendo cómo lo hizo. Porque después de todas las cosas que me contó, debió quedarse en mi cabeza que perdí a mi primero hijo.
Hijo de Ikuto y mío.
Kukai se fue temprano, luego de prepararme el desayuno. Daiki me sonrió, esa sonrisa que me hacía sonreír como la de su madre cuando la conocí. Le prometí que volvería a verlo y… mi vida transcurrió.
Los años pasaron, me gradué y comencé a trabajar en el Hospital de Osaka. Donde una vez estuve internada.
Volví a ver a Miki… Con el cabello corto pero vestida con uniforme de primaria, seguía viniendo al hospital con frecuencia. No tenía nada, al parecer, el cáncer se había detenido y estaba siguiendo con su vida. Yo debería hacer lo mismo.
—Hinamori Amu—llamó alguien a mis espaldas.
Al girarme vi la imagen que siempre había supuesto de una de mis mejores amigas. La imagen más… ¿fashion?
— ¡Yua!—grité abrazándola, al mismo tiempo que ella me abrazaba.
— ¡Ha pasado mucho tiempo Amu!
Con el cabello más largo y ahora ondeado, vestido verde limón, algo corto para mi gusto, una correa blanca al igual que sus botas… Se veía como lo que era ahora.
— ¿Y qué hace aquí la modelo?
Ella rio un poco y dejó su sonrisa.
—Pues, Takuya y yo regresamos hace unas pocas horas a Japón… Bueno, sólo por unos meses porque… ¡Me caso!
Felicité a mi amiga y luego de eso tuve que pedir la tarde libre, la recuperaría dentro de unos días cuando debía descansar.
Me contó sobre sus viajes, lo difícil que había sido para ambos… Pero lo bien que se sentían ambos ahora que estaban en la cima, ella como modelo y Takuya como: Zero, el mago.
La tarde pasó rápidamente cuando Rima se nos unió y nos dio una gran noticia…
—Estoy embarazada.
— ¿Quién?—preguntamos a la vez Sakurai y yo.
Ella rodó los ojos y miró en otra dirección.
—Llevo saliendo con él desde preparatoria.
Ambas seguimos expectantes. Rima nunca nos había hablado sobre un chico, nunca había parecido que hubiera un chico en su vida… Por eso ayudaba a Fujuki. Ahora entendía por qué lo rechazaba con cada idea que a mí se me ocurría, creo que debí saberlo antes.
— ¿Y quién es?
—No se lo tomen a mal pero creo que seré madre soltera…
— ¿Estás loca?—preguntó la pelirroja poniéndose de pie.
— ¿Es tan malo?
—Son muchas responsabilidades, Rima—dije mirándola fijamente.
—No se lo quiero decir, no quiero atarlo a mi vida…
—No puedes vivir por siempre con los miedo de tu pasado.
Las palabras de Yua me llegaron más a mí que a mi amiga, creo.
Ambas siguieron hablando pero ya no formaba parte de la conversación, mis amigas habían comenzado una discusión pero yo no tenía pie en esta. Parecían estar argumentando mil y un razones pero no las escuchaba porque en mi cabeza estaba nuevamente este hombre.
Había pasado muy poco en realidad, a pesar de trabajar en un hospital donde él trabajó años atrás… nadie lo mencionaba (tal y como Kukai me había contado). Lo que hizo más sencillo mi buen desempeño como médico.
Aun así, Ikuto aparecía en las mínimas y absurdas situaciones de las cuales era parte pero del público. Es decir, yo veía como otras personas pasaban por algo trivial y lo recordaba…
—Decidido entonces, lo conoceremos en mi boda.
Llegó el ansiado día que Yua esperaba con ansias… Ambos dieron el "sí acepto" mirándose con amor y al finalizar la ceremonia, entrando en la recepción… Lo conocimos, al prospecto de la rubia de baja estatura.
—Un gusto en conocerlas.
Mis ojos se abrieron desmesuradamente al ver a la persona frente a mí.
—Felicidades Sakurai-san.
—Dime Yua, ya que me has dicho que te diga Nagi—dijo la pelirroja divertida—. Espero la cuides bien.
—Yo también lo espero—dije mirándolo fijamente, él me devolvió la mirada con la misma intensidad—, Nagi.
—Así lo haré Yua-chan… Amu-chan.
La recepción transcurrió, bailé con una deprimido Fujuki al ver como su amor de colegio estaba lejos de él con otra persona. Así que este era él quien tampoco quería alejarse completamente de mí…
Tenía turno nocturno y por evitar tener que irme a cambiar a mi casa, porque había vuelto a vivir con mis padres, Yua me prestó ropa… Un vestido negro demasiado pegado y algo corto y unos zapatos que felizmente podría cambiar al llegar a mi lugar de trabajo.
La noche transcurrió como de costumbre, no me tenía que preocupar por llegar tarde porque mis padres estaban de viaje en Shizuoka por unos meses. Celebrando sus bodas de casados. Todos celebraban algo.
Ami estaba ya en la universidad, en Tokio, la Universidad de Bunkyo, vivía con una amiga ahora mismo.
Así que estaría sola por el resto de la madrugada.
Mi trabajo terminó a las dos en punto, cuando vino a relevarme un compañero de apellido gracioso. Me despedí de él sintiendo como intentaba algo conmigo, como de costumbre. Más ahora que estaba vestida de una manera tan provocativa.
Conduje en mi auto hasta mi hogar, no era muy lejos, así que llegué en unos veinte minutos.
Tenía ganas de comer y de un baño de burbujas. Luego dejarme caer en mi cama y fundirme en un largo y pesado-
— ¿No es peligroso andar vestida así tan temprano?
Giré en mi lugar, sin ningún tipo de emoción inundarme.
Sus ojos tenían el brillo que recordaba antes de que fingiera no conocerme, su cabello estaba peinado como yo lo recordaba y no usaba lentes. Esbelto, sin músculos demasiado marcados, tal cual lo recordaba y ahora podía notar por el poste de luz justo a su lado. Vestido de negro. Para variar.
— ¿No es algo tarde para acosar a señoritas en la calle?
Se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia mí.
—Se me hizo costumbre, ¿recuerdas?
—Oh. ¿Ahora lo recuerdas, tú?—pregunté sarcástica.
Me miró solamente, dejando de caminar cuando estaba a aproximadamente un metro de distancia.
—Porque si no mal recuerdo… Porque tengo todas mis memorias, para tu información…—recalqué sin dejar de mirarlo—. Si no mal recuerdo, la última vez que nos vimos era Hinamori-san para ti, ¿o no?
Seguía quieto.
—Al parecer alguien creyó tener la potestad absoluta para tomar decisiones sobre mí. Cuando obviamente no tiene la más mínima idea de lo que es importante en mi vida.
Al ver que no obtenía respuesta, me giré sobre mis pies y caminé a la puerta de mi hogar.
Era increíble como hace años tenía planeado un encuentro parecido y tenía tantas cosas por decirle y ahora… Ahora no tenía nada. Nada que decir.
—Amu.
— ¿Qué?—pregunté secamente.
—Te he extrañado.
—Eres increíble, de verdad—dije mordiéndome el labio—. Tal vez yo lo sea más—agregué entrando a mi casa, dejando la puerta abierta.
Sabía que tal vez después de aquella noche no podría volver a verlo hasta unos años después. Porque él parecía tan ensimismado en protegerme que llegaría a hacer cualquier cosa… Hasta matar.
Sabía ahora las marcas de las que me había hablado Kukai cuando me visitó en Tokio, esas cicatrices que estaban en su espalda. Esas heridas que cicatrizaban pero ahí quedaban las huellas de ello.
Sabía también que al despertar lo más probable era que comenzase a llorar como Magdalena. Porque encontrar la cama vacía fue el terror que me había entrado la primera vez y ahora entendía el verdadero por qué.
Sabía que nunca podría sentir más segura en otros brazos, no en otros que no fueran de él. A pesar de temblar de miedo cuando me imaginaba por todo lo que había pasado y de qué estaba manchado… De sangre.
Sabía que la nota de aquella mañana no me calmaría fácilmente. Porque significaba que algunas cosas las pasaría yo sola.
-Sé que te pedí muchas disculpas anoche, pero vuelvo a pedírtelas una vez más… Además de un favor o una petición. Soporta un tiempo más este final… Incompleto.
Fin.
Nota de la Autora:
- No sé si recuerden que Utau se fue corriendo después de despedirse de Amu en Holanda. Bueno, estaba algo hormonal, Utau-chan no llora fácilmente.
- Sé que el chara de Kukai se llamaba Daichi, pero cada vez que me lo imaginaba no era rubio, seguía viéndolo con cabello verde y ojos pardos. Así que hice una pequeña variación y por eso se llamó Daiki.
Deos meo... LA PALABRA ESTÁ AHÍ! AHÍ ARRIBA ESCRITA...! OPD ( ° 3°)/ VIVA YOOOOOOOOO~
Gracias a todas las personas que siguieron la historia desde sus inicios. No importa mucho si se quedaron en el camino... Yo sé que dejé el fic por mucho tiempo en el capítulo siete o seis me parece y lo siento mucho ToT De veritas.
LOS AMOOOOO~ *KISSU**KISSU*
El epílogo aún no está escrito pero lo voy a cambiar de: En proceso a Completo OwO.
Attn. Kiriha-chan
Pd. No creo que visiten mi perfil así que sólo para informar que tengo un nuevo hogar llamado kiriha-thereisanewworldcoming . blogspot . pe (quitar espacios). Están mis proyectos, historias que quizás no he colgado aquí. Visítenme p', no sean malitos T3T. Recién he estado actualizando ese blog para que esté decente xD Así que... ¡Vamo! ¡Prostituyan la página xD!
Pd2: Si hay errores de redacción u ortográficos, los corregiré en lo que termina la semana.
