No puedo creer que lo haya redactado tan rápido, creo que está totalmente bien... Creo. No estoy muy segura pero espero sea así. Tenía planeado hacer un capítulo más. Un 12.5 donde Ikuto contaba todo desde el accidente del avión, pero me da flojera y creo que así está quedando bien boneto *w*
Al fin, lo terminé, no puedo creerlo. Fue uno de mis primeros fics y lo terminé. Sí, sí, debo terminar Sumisa y Clases Extracurriculares. No me extrañen mucho, pueden leer esas historias y comentar si gustan, para saber qué tal están. También tengo otros de One Piece, Fairy Tail, Katekyo Hitman Reborn y Soul Eater, hay variedad para escoger xD
Por cierto, este fic era desde el principio un regalo para una de mis mejores amigas... Y eso fue el 2011 creo xd (Han pasado 84 años...) Lo siento Carito, demoré bastante en terminarlo, pero lo importante es que te amo :9
Ah, sí. Se llama Hitman el fic por... Obvio, Ikuto era un asesino a sueldo, duh. Por si no quedó claro en el anterior capítulo, se los digo.
Rated: T
Advertencias: - (ninguna)
Parejas: AmuxIkuto
Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect)
Hitman
'Epílogo'
Me removí inquieto, sintiendo que la luz del sol de la mañana me daba justo en la cara. Era raro que mi mamá no hubiese cerrado las cortinas, y hubiesen cambiado de posición mi cama… Porque mi cama no estaba al lado de la ventana, por eso nunca me daba el sol en la cara al levantarme. Fue por esto que me di cuenta de que no estábamos en casa…
—Mama~
Al no escuchar un grito de respuesta abrí mis ojos.
Me asusté.
No estaba en casa… Y creo que no estoy soñando.
— ¡Mama~!—llamé con más fuerza. Tengo miedo.
El cuarto donde estaba no era mi cuarto… era más grande, con muchas más cosas pero no era mi cuarto… Mamá… ¿dónde estás?
Apresuradamente puse mis pies en el suelo y sólo así me di cuenta de que tampoco llevaba mi pijama usual, el que mi tía Rima me había regalado por mi cumpleaños ayer… Pero yo recuerdo que mi mamá me ayudó a ponérmelo.
Con los pies en el suelo caminé primero a la puerta blanca más cercana… Era un baño, más grande que el de mi casa. No me gusta.
Corrí hacia la otra puerta y… Había mucha ropa, ropa que no era mía pero olía a mamá… Tal vez está dentro… Pero el lugar no era muy espacioso y mamá no era pequeña. No como la tía Rima. Kusu-chan me golpearía si me escuchara decir eso de su mamá.
Salí del pequeño lugar y caminé hacia las dos puertas del otro lado de la cama donde había despertado. Donde las cortinas eran amarillas y estaban un poco corridas. Por su culpa había despertado… ¿Y si estoy soñando?
Las dos puertas tenían manijas raras… Nunca había visto manijas así, brillaban mucho también, pero al igual que cualquier manija estaba algo lejos de mi alcance. Así que me estiré al igual que las dos veces anteriores… Pero esta vez me dio mucha luz en la cara cuando abrí la puerta y retrocedí un poco soltando la manija. Cuando mis ojos se acostumbraron me asomé con miedo -¡No tengo miedo!- para ver afuera.
¿Dónde estamos?
Era un lugar grande, muy grande… Un parque gigantesco… Como los de las películas en donde se perdían entre árboles.
Caminé un poco más, no mucho porque mi mamá siempre me decía que no me apoyara en las barandas de un balcón.
El gran parque estaba vacío, sin personas, sin ruido… ¿Mamá dónde estás?
— ¡Yoru!
Me volteé de inmediato a ver quién me llamaba y me sorprendí mucho de ver a mi primo.
— ¡Daiki-niisama!—corrí a donde él para abrazarlo y el correspondió mi abrazo—. ¿Qué haces aquí?
—Oye. Yo debo preguntarte eso—dijo desordenando mis cabellos—. Nunca has venido aquí, ¿o sí?
Negué con la cabeza y lo jalé de su camisa… Ahora que lo notaba estaba vestido con una camisa celeste y una corbata pequeña –de esas que parecen moños… ¿cómo se llaman?-, también estaba peinado. Lo que era muy extraño porque siempre estaban sus cabellos igual que los de mi tío Kukai.
— ¿Tú sabes dónde estamos?
Él asintió y tomándome de la mano me llevó afuera, por la puerta donde había entrado él. Era un pasadizo alfombrado y muy grande y laaaargo.
— ¿A dónde vamos?
—Te dije que cuando vinieras a mi casa te presentaría a mi mamá—dijo comenzando a correr, yo le seguía el paso aun sujetado de su mano.
— ¿Tu mamá?—pregunté.
Él asintió y siguió corriendo. Me acordaba de que me había dicho que su mamá era hermosa, que tenía el cabello rubio como él y sus mismos ojos. Mi mamá también parecía conocerla, pero yo nunca la había visto. Sólo conocía al tío Kukai que era papá de Daiki.
—Tu casa es muy grande.
—También es tu casa.
— ¡No! Yo vivo con mamá en Kita, en el distrito Umeda, aquí no hay árboles de sakura.
—Obvio, porque no es Japón.
— ¿EHHHH?
¿Mamá dónde estás?
Nos detuvimos al fin en una puerta y fácilmente giró la manija para empujarla y poder entrar.
El cuarto era igual como de donde me había sacado Daiki, pero tenía un aroma diferente. Había un gran espejo muy cerca de la puerta de la entrada y frente a este estaba una mujer tan alta como mi mamá. Sus cabellos rubios estaban amarrados en un moño y tenía puesto un vestido negro que llegaba a sus rodillas. Con esos zapatos que a mi mamá no le gustaban porque le hacían doler los pies. Se estaba poniendo aros en las orejas.
—Ma', traje a Yoru.
La mujer se volteó y pude ver sus ojos, lilas como los de mi primo.
Se puso en cuclillas y me sonrió amablemente.
—Mucho gusto, Yoru-chan, mi nombre es Souma Utau—dijo extendiéndome una mano, la que yo tomé y ella la meció lentamente—. Soy mamá de Daiki, así que soy tu tía.
No podía despegar mis ojos de los suyos. Era muy bonita como Daiki me había contado. Pero mamá es mucho, mucho, mucho más bonita.
—Te pareces a tu papá…
— ¿Conoces a mi papá?—pregunté asombrado, el tío Kukai también me había dicho lo mismo, de que me parecía a mi papá.
—Sí—dijo sonriendo, mientras ponía una mano en mi mejilla y dejó una suave caricia—. Es mi hermano mayor, Yoru-chan.
Dejé mi boca abierta, sin poder creerlo. ¡Por eso Daiki y yo somos primos!
— ¿Me lo puedes presentar?—pregunté algo tímido—. Mamá nunca me habla de él.
Sólo una vez, cuando le pregunté porque mi cabello no era rosado como el de ella.
—Con gusto—dijo poniéndose de pie—. Daiki, ve a buscar a tu padre, debe estar con tu hermana.
—Sí, ma'.
Daiki se despidió con la mano, prometiéndome presentarme a su hermana menor y se fue del cuarto.
—Bien, Yoru-chan, debemos cambiarte para la fiesta.
— ¿Fiesta?
—Sí, tu fiesta de cumpleaños—dijo sorprendiéndome, mientras me extendía sus brazos—. ¿Me dejas cargarte?
Sentí mis mejillas calientes y mirando hacia otro lado asentí. Nadie más que mi mamá me había cargado antes, bueno, el tío Kukai también pero no era mujer.
Me llevó entonces entre sus brazos, fuera de la habitación. Caminó otra vez por el gran pasadizo y se detuvo después de tres puertas. Al abrirla estaba un habitación casi vacía, de no ser por una cama y las otras dos puertas como las que había visto en el cuarto que desperté. No había un balcón, pero si una gran, gran ventana.
Me dejó en el suelo y yo me dirigí a la ventana, no habían cortinas, así que se podía ver todo como en el balcón. Bueno, casi, porque las ventanas son diferentes a los balcones.
—Yoru-chan, debes bañarte—llamó la tía Utau detrás de mí.
.-.-.-.-.-.-.-.
—Ahora eres todo un caballerito—me dijo frente al espejo.
Había estado conmigo la tía Utau, me había ayudado a bañarme y luego me había ayudado a cambiarme. Tenía una camisa blanca con una corbata igual que la de Daiki pero azul como mi cabello. Pantalones negros que llegaban un poco más debajo de mis rodillas, medias blancas y zapatos negros que brillaban mucho. Me había puesto tirantes… porque el pantalón me quedaba algo grande, pero niisama también los usaba, así que no me importó.
Pasó un peine por mis cabellos y cuando los dejó ordenados, dejó el peine sobre la cama y cargándome en brazos nuevamente nos dirigimos afuera del cuarto. Justo en ese momento vi a la persona que quería ver apenas desperté.
— ¡Okasan!
La tía Utau me dejó ir y corrí a los brazos de mi mamá, quien me abrazó de inmediato y me alzó en sus brazos. Su aroma me llenó en un instante y sentí como su respiración me hacía cosquillas en mi cuello. Me miró a los ojos después, y mi nariz chocó con la suya, sonreí divertido.
— ¿Dónde estabas? Creí que me habías dejado—me quejé mientras ella ladeaba la cabeza.
—Debía hacer algo, no creí que despertarías tan rápido, cariño—dijo mientras con su dedo hundía mi mejilla—. Gracias por cambiarlo, Utau.
—Ni lo menciones, Amu. ¿Resolviste el problema?
Mi mamá balanceó su cabeza con una sonrisa y luego rio. Me gustaba escucharla reír.
—Debemos ir abajo—anunció alguien más llegando—. Ya comenzó a llegar la gente.
Una mujer más alta que mi mamá estaba vestido con pantalón, camisa y zapatos… No, era un hombre, pero es que su cabello era tan largo que creí que era mujer. Discúlpeme señor, pero usted tiene la culpa.
El hombre volteó a mirarme, casi a mi altura porque mi mamá me seguía cargando en sus brazos. Sonrió divertido y puso una mano en mi cabeza, para después desordenar mis cabellos y que mi mamá le pegara en el brazo.
— ¡NAGI! ¡No lo despeines!
—Es que se parece tanto a Ikuto, que no puedo evitarlo—dijo mientras tomaba mi mano—. Mucho gusto, soy Fujisaki Nagihiko.
¿Fujisaki?
—Sí, el papá de Kusu-chan—dijo sonriendo de oreja a oreja, ¿me habrá leído la mente?—. ¿Cómo te llamas?
—Hinamori Yoru—dije cuando soltó mi mano.
¿Acaso ahora todos los padres decidieron aparecer?
Kusu-chan era mi amiga en Osaka… Pero nunca había hablado de su papá, y por eso sentía que me comprendía, porque yo tampoco sabía algo del mío y nuestras mamás no hablaban de ello.
—Vamos bajando entonces—dijo comenzando a caminar delante de nosotros.
Llegamos entonces al comienzo de una gran escalera y mi madre fue bajando, ahora me tenía de la mano y yo bajaba solito.
Bajábamos a un gran salón, lleno de personas que hablaban pero no los entendía. ¿Es japonés?
—Yoru-chan—llamó tía Utau desde una gran puerta, por donde seguían entrando personas vestidas con ropas muy elegantes—. Ven aquí, un momento.
Miré hacia arriba, porque seguía sujeto de la mano de mi mamá. Ella asintió con la cabeza y me solté, para correr a donde estaba mi tía. Cuando llegué me di cuenta de que no estaba sola, había un hombre a su lado, un hombre tan alto como mi tío Kukai… Tal vez un poco más. Delgado, vestido con camisa, pantalón y zapatos negros, pero una corbata del mismo color que su cabello… Del mismo color que mi cabello. El hombre se puso en cuclillas y me sonrió divertido, yo no entendía por qué pero también sonreí. Tal vez fue por sus ojos que me hicieron recordar a los de un gato a pesar de ser azules…
—Te presento a mi hermano mayor, Tsukiyomi Ikuto.
¿Pero ella no es Souma Utau? ¿Por qué tienen diferente apellido?
—Al fin tengo el placer de conocerte… Yoru—dijo extendiéndome una mano.
—También es un gush-to—dijo tomando su mano, nunca le había respondido ese saludo a nadie, creo que lo he dicho mal—. Gus-to. Gusto—corregí asintiendo y él sonrió más.
—Tienes los ojos de tu madre—dijo pasando su mano por mis cabellos, sin quitar su sonrisa.
—Pero me han dicho que me parezco a ti—agregué sin soltar su mano.
Él ladeó la cabeza y miró hacia arriba.
—Entonces Yoru, ¿crees que tu madre aceptará casarse conmigo?
Ladeé la cabeza mirándolo extrañado.
¿Qué es casarse?
— ¡Ay, por favor!—exclamó mi mamá atrás mío, ahora que la miraba bien, tenía puesto un vestido del color de mis cabellos y los de mi… papá—. No le metas ideas en la cabeza, Tsukiyomi.
—Significa que tu apellido cambiará—dijo Daiki a mi lado.
Ah. Por eso tía Utau tiene el apellido de tío Kukai.
—Entonces mi apellido ya no será Hinamori, ¿verdad?—pregunté mirando al hombre que seguía delante de mí, a mi altura.
Él asintió.
— ¿Qué piensas?—preguntó—. Tsukiyomi Yoru.
Sonreí.
—Suena genial.
Gracias totales.
Attn. Kiriha-chan
