Capitulo 10
Las personas suelen liberar el odio, la frustración y demás emociones negativas a su manera, algunas son muy personalizadas y otras muy comunes, Itachi era muy a su pesar, de los que las liberaban con los vicios comunes, los brazos de la mujer se enredaban alrededor de su cuello de una manera que de repente se le antojaba muy vulgar, el encanto de las olas y las risas llenas de conversación vulgar y exclusivamente sexual se había ido, desaparecido, como tragado por un tornado, lamentaba decirlo, se parecía más a su padre de lo que el mismo quisiera, pero ¿era acaso su culpa?
Una risa aguda le decía que probablemente no lo fuera al principio, pero sí que era culpa suya ahora mismo, recordaba entre cada parpadeo la expresión de horror de Deidara cuando él había abierto la boca, la mirada resplandeciente de odio y furia, y trataba de alejar esas imágenes convocando las memorias de las sonrisas de antes, sus manos frágiles extendiéndose a él, su risa clara llena de confianza y su mirada llena de amor, pero la imagen de la boda volvía, el miedo, el odio, la frustración y el ahogo, el terror de sus ojos no al mirarlo a él sino a su padre, recordaba cómo Namizake había dejado caer la palma contra el rostro de porcelana del rubio, recordaba su imagen humillad, recordaba de nuevo su mirar de odio y temblaba , sentía con fría comprensión repentina que aun si Deidara hubiese podido perdonarle la traición nunca le perdonaría el haberle puesto en evidencia frente a su padre
Y lo entendía
Deidara había querido a Namizake, su padre, como quieren los niños a la primera persona que ha sido importante en su vida
Y esas cosas, como la que Itachi había hecho, no se podían perdonar.
La mujer en sus brazos se removió, elevando los ojos y mirándole con cansancio, pertenecía al tipo de "mujeres de virtud negociable", el club Dämon-Ritter la ofrecía a ella junto a otra docena de bellas jovencitas para las diversiones de sus clientes, todas eran hermosas, de rasgos exóticos en aquella tierra oriental, al menos la mitad de las mujeres que ofrecía el club eran extranjeras e Itachi era un hombre de gustos exquisitos, la mujer seguía abrazada a él, sospechaba, haciendo uso de la intuición femenina que aquel hombre de ojos oscuros no volvería, como habían vuelto los otros hombres que la habían buscado, sospechaba que él la había tomado por rabia miedo y decepción, admiraba en sus rasgos que sería difícil que el fuera lastimado ¡era tan atractivo! lo más probable era que él lastimara no que lo lastimaran, pensó, pero sabía que probablemente fuera lo primero y no lo segundo, sabia , por lo tensos que habían estado que los músculos y la brutalidad con que la había tomado, que estaba furioso, que tenía miedo, aunque él quizás nunca lo aceptara, levanto con inexcusable gracia el cuerpo de las sabanas, tenía la sospecha de que él seguía dándole vueltas a lo que fuera que lo torturaba y ella… ella quería volver a verle…
-¿quieres un masaje? –ronroneo acariciando sus hombros, él hombre la miro como si no la escuchara, pero luego sus labios formaron una sonrisa un tanto irónica volteándose de cara al lecho y permitiendo que ella hiciera lo suyo- estas muy tenso cariño… ¿Qué te preocupa?
Itachi lo pensó un rato, podía decírselo todo, pero implicaría a deidara y este ya lo odiaba lo suficiente.
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Cuando el reloj toco las tres de la madrugada Sasuke separo su cuerpo del de Naruto y admiro su pacifica expresión al dormir, había sido feliz con el joven, disfrutando de palabras que tenía la sospecha no volverían a repetir jamás, él no estaba para decir cosas cursis, aunque tendría que esforzarse por decirlas alguna vez, Naruto era de esas personas que deseaban amar con toda el alma, con palabras y acciones, con el tiempo cambiarían, estaba seguro, por ahora las cosas estaban bien así, beso suavemente la frente amada y se levantó dela cama, agradeció en silencio su suerte a la gracia, no tenía intenciones de deshonrar al rubio pero… no quería ni imaginar lo que hubiera pasado si alguno de los familiares o un sirviente los hubiera encontrado solos en la habitación de naruto, sonrió y camino a la ventana y miro la altura que debía bajar.
Desapareció de la habitación siguiendo el camino de las ramas y se habría ido de n ser porque escucho una respiración agitada, abrió los ojos cuando la ventana frente a la cual estaba èl mismo, se abrió, el rostro de Deidara le devolví una expresión sorprendida a la suya.
-¿Sasuke? –pregunto el joven de rubios cabello y el pelinegro se quedó en shock.
Notas Finales: sé que tarde… pero no dejare la historia por nada del mundo… aunque demore mucho.
