—Les dije muchas veces que me llamaran si no podían encargarse de la situación—murmuró Alemania, un poco enfadado con los dos hermanos italianos.

— ¡Mentiroso! —Discrepó el italiano menor— ¡Recuerdo cada una de tus palabras, y jamás dijiste eso!

—Hermanito, me traumaste con eso—le susurró el rubio italiano.

—Ah, eso es amor—suspiró Inglaterra, pero nadie le hizo caso.

—Tendremos que repetir el entrenamiento—decía el alemán, mientras Romano comenzaba a golpearlo.

— ¡Saco de músculos! —Se quejaba Italia del Sur— ¡Profanaste a mi hermanito! ¡Violador de italianos!

—No, él es violador de alemanes—se defendió Alemania.

— ¡Vas a pagar!

— ¡Deja a mi hombre en paz! —saltó Italia.

Inglaterra, aprovechó el drama para escapar.

Éxito.

Sus ganas de excavar lo ayudaron, y logró escabullirse al exterior. Aunque tenía un ratón en el cabello, no le importó.

—Debo disimular. Estoy muy feo—murmuró para sí mismo, negando con la cabeza—Debería conseguir ropa glamorosa.

— ¡Señor Inglaterra! —exclamó alguien.

— ¿Quién es? ¿Mi salvación para llegar a casa?

— ¡En efecto!

— ¿¡Acaso eres un hada buena!?

—No, soy una persona común y corriente.

—…Ya me había ilusionado.

—Estoy trabajando como espía…

— ¿Puedo llamarte señor hada espía?

—…Recolectando información…

— ¿Puedo llamarte señor hada espía? ¡Por favor!

—…Recolecto información sobre Roma y lo que Italia produce…

—Si no te gusta "señor hada espía", ¿puedo llamarte "Señor gnomo bastante alto"?

— ¡Necesitas poder escapar de aquí sin que te encuentren!

—Bien, si sigues ignorándome, te llamaré "Señor hada-gnomo-espía-bastante alto-que-no-me-quiere-escuchar".

—Yo lo ayudaré a escapar…

Lalala, no te oigo—canturreó la nación.

—…Con ropas glamorosas.

Y con eso, el espía despertó toda la atención de Inglaterra.

Inglaterra sabía que los italianos tenían buen gusto para la ropa y los zapatos… pero no creyó que tanto.

Si Francia lo veía así, se le caería la baba. Confirmado.

Incluso tuvo que disimular la risa, dado que Alemania parecía buscarlo con la mirada, y no lo encontraba.

Podía cruzar la frontera con facilidad, por lo que se ocuparía primero de localizar a Francia, para luego ir a sorprenderlo con su nuevo look.

.

— ¿¡Cómo te diste cuenta que era yo!? —exclamaba el inglés, lloriqueando, a causa que Alemania lo arrastraba nuevamente a la celda.

—Inglaterra. Ningún italiano se abstendría de piropear a las mujeres hermosas que pasaron frente a ti—respondió el alemán.

—Eso es mentira y lo sabes. Romano no suele coquetear con mujeres…

—Sí, pero Romano jamás acosaría a Francia de esa forma.

—… ¿Por qué no me dejaste disfrutar de tiempo de calidad con él?

—Debo encerrarte.

—Sé que haces esto por amor, celos, y proteger a Italia…

— ¡No lo hago por eso! —mintió.

—… ¡Pero deberías dejar que los demás también disfrutemos del amor!

Francia, un poco lejos, agradecía silenciosamente el que hecho de que Alemania lo haya librado de Inglaterra.

E intentaba sacarse la tentadora imagen mental del inglés al estilo italiano.

No podía… y en el fondo, tampoco quería.

En el año 1000 d.C, se expandió el rumor de que el juicio final de aproximaba. Y Europa… bueno, sólo una parte, entro en pánico.

La gente gritaba y se tapaba los oídos y la cabeza. El sufrimiento estaba por todas partes en el viejo continente.

El pequeño Francia los observaba a todos con cara de póker.

— ¿No tienes miedo? —Inquirió la pequeña Hungría—Yo creo que con todo lo que has hecho, te irás al infierno.

—Te irás tú, querrás decir—saltó el pequeño Austria— ¡Todos sabemos que le tocaste la entrepierna a Prusia!

—Oh, vamos, es cosa de hombres—contestó ella, inflando el pecho.

Francia y Austria la miraron con lástima, pero aún así, sin decirle que ella misma (Y Prusia) eran los únicos que no sabían que ella era mujer.

—Como sea, yo no le tengo miedo—mintió Francia. En el fondo, sabía que eso era un asunto de vida o muerte para él.

.

— ¡Ese enano! —siseó Francia, viendo al insoportable inglés jugar con una ramita.

—Hola Francia~—saludó alegremente Inglaterra, quitándose la capucha de su capa.

—…Es el fin del mundo.

—Sí, lo sé.

—Deberías tener miedo.

—Lo tenía.

— ¿Ya no?

—Ahora no, porque estás aquí~.

Se hizo un silencio incómodo.

— ¿Tú tienes miedo? —inquirió Inglaterra.

—No—mintió el francés.

—Mentiroso.

—Está bien, puede que esté un poquito preocupado.

—Sabía que tenías miedo~.

—Sí, sí, dejémoslo así—masculló, sentándose al lado del inglés.

—Oye, ¿no crees que deberíamos confesarnos?

— ¿Confesar qué?

—Confesar secretos o cosas malas que hicimos. Para que nuestras almas estén puras cuándo dejemos este mundo para siempre…

—Eso suena a algo que Prusia haría. Más bien, a algo que seguramente está haciendo en este mismo momento.

No muy lejos, Prusia estaba rezando como nunca, suplicando que por culpa del pecado de Hungría (Tocarle la entrepierna) no lo mandaran al infierno.

—No te contaré nada a ti—se quejó el galo.

— ¿Y no hay ningún sueño que quieras cumplir?

—Sí, pero no te lo contaré.

—Oh, vamos. Yo te contaré mi sueño, si tú me cuentas el tuyo.

—Haz lo que quieras, pero no te contaré nada.

—Verás, creo que mi sueño no es aceptado por mis superiores…

—Creo que esto acabará mal…

—Pero yo siempre quise que me conquistaras.

Nuevamente, el silencio incómodo se hizo presente, entre las dos naciones sonrojadas.

—Bueno… bien por ti… supongo—musitó Francia.

— ¿Al menos no me cumples un último deseo?

—No.

—Por favor. Estoy seguro que te recompensarán si lo haces.

—…Depende.

—Abrázame.

—No.

—Abrázame~.

—Qué no.

¡Por favoooooooor! Pleaseeeee~!

— ¿¡Por qué quieres que haga eso!?

—Quiero morir feliz.

Nuevamente, un silencio incómodo se hizo presente. Pero esta vez, Francia suspiró, y rodeó con los brazos el cuerpo del más bajo.

.

Y llegó el año 1000 d.C.

No pasó nada.

—…Nunca más volveré a creer en el fin del mundo—se quejó un malhumorado Francia.

— ¡Fue el mejor día de mi vida! ¡Ojalá el próximo fin del mundo sea así! —festejó Inglaterra, corriendo alegremente por todos lados.

Y en el año 1999…

— ¡Nostradamus predijo que el mundo será destruido este año! —anunció Japón, observando sus apuntes. Los demás miembros del G8 se observaron, entre ellos.

—Qué nostalgia…—murmuraron por lo bajo Inglaterra y Francia.

— ¿Se acabará el mundo? —Alemania se alteró un poco. Italia decidió aprovecharse de eso.

— ¡Abrázame hasta el fin del mundo! —Le dijo el italiano al alemán— ¡Quiero morir feliz, capitano~!

Inmediatamente, el francés y el inglés tuvieron una especie de Deja-vú.

—…Podríamos recordar viejos tiempos—le sugirió Inglaterra a Francia. Éste último gruñó. Era una negativa.

Pero el británico insistiría.

Continuará~


Awwww. Sí, Inglaterra insistió, y lo dejaré a su imaginación el si ganó un abrazo o algo más (Sí, ganó un abrazo, cómo mínimo xD).