—Sí que me fue mal—comentó Inglaterra, mientras Japón le prestaba atención a medias—Estar en la cima no dura para siempre.

—Así es—respondió el japonés.

— ¡Inglaterra! Big bro! —lo llamó un niño. El inglés se giró, observando al pequeño Sealand.

—Ah, Sealand—saludó el británico, revolviéndole los cabellos al niño. Éste prácticamente sacaba brillos por los ojos—Te presento a Japón.

— ¿Japón? ¿El sujeto que creó los Power Rangers?

—El mismo.

—Puf, sí que es un tipo sin imaginación. Los Power Rangers son súper infantiles…

— ¿Perdón? —Dijo el indignado japonés, con un tic en la ceja—Te demostraré lo que es súper infantil, niñato.

—Pero Sealand, a ti te gustan esas cosas—comentó el inglés, confundido.

Noooo. Son cosas de niños—se quejó la micronación.

— ¡Pero eres un niño!

— ¡No! ¡Yo ya soy grande! ¡Te lo demostraré, Inglaterra!

.

Letonia tuvo que alejarse el teléfono de la oreja, a causa de que el pequeño Sealand lloraba bastante fuerte.

—Oye, tranquilízate—decía el letón.

— ¡No! ¡Inglaterra no acepta que soy un niño grande! ¡Buaaaaa! —Lloraba Sealand.

—No entiendo porque lo sigues soportando—comentó Estonia, que pasaba por allí.

—Suéltame, o tendré que quitarte la piel de a pedazos~—ordenó Inglaterra, con un aura psicópata detrás de los barrotes de su celda.

—No te metas con mi bronceado mediterráneo—se quejó Italia, acariciándose el rostro—A Alemania le encanta.

—Mentira—se quejó el aludido, que bebía una cerveza junto a Romano. Éste fulminaba al alemán con la mirada.

No puedo escapar de Italia.

— ¿¡Porqué no puedo escapar de aquí!? —se quejó Inglaterra, prácticamente mordiendo los barrotes. Los hermanos Italia se habían ido a coquetear con unas chicas, y Alemania quedó haciendo guardia.

—Fácil. No estás tan acostumbrado a Italia cómo yo—respondió el rubio, limpiando su revólver.

— ¿Cómo puedes distinguir las diferencias?

—Ah, bueno, hay muchas cosas. Por ejemplo… —Alemania comenzó a hacer un discurso acerca de las diferencias entre los italianos y el resto del mundo—…Y también, cuando quiere expresas su alegría… Oye, ¿me estás escuchando? —se giró para ver al inglés, y se dio cuenta que había escapado.

Excavando un hoyo.

.

—Ya veo, gracias por la información~—canturreó Inglaterra, respirando aire fresco—Ahora, creo que descansaré un rato…

De pronto, Francia apareció caminando por allí, con su inseparable cigarrillo. La cara del británico se iluminó completamente.

¡Franciaaaaaaaaaaaaaa~!—exclamó, corriendo hacia dónde estaba en galo.

— ¿¡Cómo hace este tipo para encontrarme en todos lados!? —Francia casi colapsaba.

— ¡El poder del amor!

Después de volver a ser rechazado por Francia (pero sin darse por vencido), Inglaterra se volvió a poner la ropa italiana, y caminaba por las calles como un italiano más.

—Ya casi llego a la frontera—murmuró—Pero tengo hambre~

Tomó asiento en una mesa, junto a un tipo que leía el periódico.

—Camarero, un roast beef—el hombre del periódico frunció el ceño ante el nombre inglés de esa comida—Y una Ale~.

El nombre de la cerveza inglesa fue suficiente para que Alemania dejara de leer el periódico. Aplastó las hojas de papel contra el rostro del inglés.

—… ¿¡Porqué siempre me atrapas!? —exclamó el británico, al borde del colapso.

—Conozco demasiado a Italia, ya te lo dije—se excusó el alemán, harto de que inglés comenzara a estar tanto tiempo en la casa del italiano.

Inglaterra estaba atado a un avión. Volaba por los aires.

Honey, ¿qué clase de escape es éste? —inquirió, cerrando los ojos por que las alturas le daban un poco de miedo.

—Es penoso que yo haya tenido que ir a rescatarte—gritó Estados Unidos, y luego rió maléficamente—Vergonzoso, vergonzoso~.

.

Mientras, en Italia, Romano intentaba asesinar a Alemania.

Literalmente.

— ¿¡Porqué dejaste que escaparan!? —exclamaba el italiano rubio, mientras su hermano menor lo sujetaba para que no le enterrara un cuchillo al alemán.

—Hice lo mejor que pude… y es mejor que lo que tú puedes hacer—se excusó Alemania.

— ¡Te odio! ¿¡Quién te llamó para que nos ayudes!? ¡Estúpido macho fornido! ¡Sesos de wurst! ¡Cerebro de cebada! —Romano, preso de furia, lanzó el cuchillo en dirección al rubio más alto.

—Oye, no lances cuchillos, italiano agresivo—masculló, luego de esquivar el improvisado lanzamiento.

— ¡Muérete! ¡Te odio! ¡Estúpido alemán!

—Si España lo escuchara ahora…—murmuró Italia, un poco harto de que su hermano odiara tanto a su interés amoroso.

Continuará~


Yo apoyo a Romano è.e Pero si le daba con el cuchillo, me quedaba sin GerIta D: