Capítulo 12

Deidara no había podido dormir, sus labios apretados en una línea dura y seca, los ojos mostraban profundas ojeras y su aire al completo era de desolación.

Las palabras de Sasuke habían sido como un golpe para él, le parecía que incluso ahora, que habían pasado horas no podía dejar de oírlas, ella estallando en su cabeza, retorciéndole las entrañas recordándole que era infame e indigno de fe.

Se llevó una mano al vientre, como preguntándose si allí había vida, se dijo con una sonrisa que no, no podía haberla, hundió la cabeza un poco más, preso de su propia humillación moral.

Le había mirado directamente, nunca nadie, ni siquiera Itachi, le había ofendido con tantas ganas, le había mirado a él y había mirado su vientre.

"no puede ser" murmuro "no puedo estar en espera" decidió levantándose, las lágrimas habían desaparecido, para dar pasó a algo completamente diferente, odio, rencor y rechazo.

Sabía que si llegaba a suceder que estaba en espera, detestaría a ese niño, "no lo tendré" decidió, olvidando la prueba que se había hecho hacía días, se levantó de la cama, su cuerpo seguía siendo tan esbelto como siempre "no podría" y corrió hacía el armario, saco una camiseta, una polera y unos pantalones de mezclilla color beige, la boca estaba completamente seca "no soportaría ni verle" y tiro la ropa sobre el colchón, yendo luego al baño, el agua fría golpeo su cuerpo como una suerte de alivio artificial, se bañaba a prisa, sin demora "le odiaría" evito mirar el espejo del baño, sospechaba que se veía garrafal "preferiría morir a tener sus hijos" pensó mientras secaba su cuerpo y se vestía luego "pero me tendrá" se miró en el espejo "padre me entregara a él… y es el único modo de que vuelva a verme en sus ojos" recordó el modo en que lo había visto su rubio progenitor "si… lo entenderá, si no estoy en espera… si no estoy en espera la deshonra no será tan grande" se puso los mocasines y luego, al fin se acercó al tocador.

Suprimió a prisa un gesto de horror, y miro el reloj, las siete, con todo lo ocurrido su padre aparecería con su madre a más tardar las ocho de la mañana, querrían darle tiempo, estudio su rostro, debía ser rápido, si se llegaba a ver demasiado enfermo lo llevarían a la clínica, en cambio si se veía lo suficientemente enfermo su padre mostraría un gesto duro y recomendaría que se quedará en cama, luego saldrían, probablemente se llevara a su madre y si esta se quedaba no sería un gran lio, una vez de vuelta en su cuarto no sería nada difícil contactar con Kabuto, probablemente se mostrara burlón, pero no diría nada, y se ocuparía del asunto… se tocó una vez más el vientre.

Solo… solo tenía que asegurarse que allí no había nada.

Si llegaba a haber algo… bueno, no sería difícil solucionarlo.

Un doncel deshonrado puede salvarse.

Un doncel deshonrado y en espera, nunca se deshacía de su ignominia a los ojos de quienes conocían su desgracia.

Su padre lo entendería, si solo estaba deshonrado no tendría que agachar la mirada al entregarlo.

No tendría que hacerlo… las manos le tembló y se miró en el espejo, su expresión era extraña, un punto medio entre la desesperación y la locura.

Escucho que tocaban a su puerta y apretó las manos, cerró los ojos, fue hacia el diván y tras cinco segundos contesto con una voz carrasposa y baja.

-adelante – la puerta se abrió lentamente, como si quién la abría tuviese miedo, elevo un poco la mirada, sabiendo que tenía un aspecto lamentable, bajo e indigno, despreciable si lo comparaba con su precioso rostro el día anterior, y agacho de inmediato la cabeza al ver a la persona en la puerta, era su padre, se mordió los labios mirando al suelo, esperando que él hablara.

Minato Namizake miro a su hijo mayor, quién hasta entonces había sido su más grande orgullo, y tembló, Deidara lucia fatal, enfermo y desesperado, avanzo dos pasos, sabiendo que después del día anterior este no hablaría, cerró la puerta tras sí.

-Deidara –llamo con voz serena y baja, llegando hasta su altura –Deidara mírame- ordeno, con voz clara, sin saber que decir, no podía simplemente saltarse el hecho de que su hijo lo había deshonrado, no podía olvidar que … entonces los ojos de Deidara se elevaron hacía él, no lucían tristes, ni desolados ni nada por el estilo… lucían… muertos.

Tuvo miedo

-Deidara –gimió con horror extendiendo una mano hacía su hijo, Deidara pareció turbado, bajo la mirada –Deidara…- entonces oyó su sollozo

-lo siento, en verdad lo siento – gimió el más joven, con la voz presa de un llanto incontenible, incapaz de mirarle a la cara.

-oh Deidara –Minato no tenía un corazón tan duro, y amaba a su hijo, fruto de un amor sincero, lo estrecho entre sus brazos mientras el joven temblaba- tranquilo todo estará bien.

-te he… decepcionado, créeme… n…nunca he querido –él le miro, los ojos anegados en lágrimas, los labios entreabiertos y la expresión desesperada, el rubio mayor se estremeció ante tanto dolor.

-está bien, créeme, he reaccionado mal, he olvidado que eres joven…- contesto él, sin dar con las palabras que pudiesen calmar a su hijo.

-perdóname- sollozo con desesperación agarrándose a sus ropas.

-no hay nada que perdonar, seréis felices, Itachi te ama y amara a vuestro hijo-Deidara de tenso en sus brazos -¿Deidara?

- ¿padre… tú… realmente le creiste a Itachi?–repitió Deidara apoyado contra su pecho y luego se hundió.

-¿creerle? Deidara- minato se alejo solo un poco para mirar a su hijo.

-cuando el dijo que yo…

-si, le creí, te quería hablar de eso… ¿Cuánto tiempo llevas en estado Deidara?- Se separó, mirándole, parecía más calmado, Deidara se quedó mirándole y entonces negó con la cabeza, el rubio mayor se tensó un poco – ¿no lo sabes?

-no… no es eso –el muchacho se separó un poco más, mirándole con los enrojecidos ojos – es que… yo no estoy en espera

-¿no? Pero si ayer Itachi –comenzó a hablar pero Deidara negó con la cabeza aun temblando un poco.

-no sé de donde lo saco, pero… te juro que no estoy en espera, no habría sido tan descarado como para… para darle a Sasori un hijo que no era suyo- dijo mientras le sostenía la mirada de un modo fijo- te juro padre que no estoy en estado

-incluso si digo que traeré un especialista- estudio a su hijo que le miraba, no pareció preocupado ni asustado.

-si… estoy seguro.

-bien- sin poderlo evitar, sintió que un peso se le quitaba de encima, estrecho una vez a su hijo entre sus brazos y deposito un beso e su frente – descansa Deidara, luces enfermo ¿llamó al médico? –pregunto.

El más joven negó con la cabeza, aun luciendo ligeramente desolado.

-no, no es necesario, pero si no te importa… creo que descansare… un poco –sus ojos azules, lucían un poco más tranquilos, Minato asintió y se dio media vuelta yendo hacia la puerta, cuando llego a está, Deidara le llamo- ¡papá!- se volvió a verlo.

-dime –le sonrió.

- yo… -titubeo un poco, levantándose del diván y mirándolo, Minato al verlo allí, sintió que el alma se le rompía en dos, Deidara seguía siendo tan bello, incluso en su dolor, en silencio pensó que su hijo no merecía haber pasado por todo aquello- lo siento –agacho la cabeza- en verdad… lo lamento, haberos causado toda esta… vergüenza –sus mejillas se sonrojaron violentamente, no le miraba, Minato asintió.

-no te preocupes, te prometo que Uchicha pagara la deshonra, en unos días, con la boda todo se olvidara- le aseguro y salió cerrando tras si la puerta.

No llego a escuchar hablar de nuevo a su hijo.

-lo sé- su voz apenas tenía un timbre notable.

Cuando Deidara observo que su padre se había alejado lo suficiente de su habitación regreso al lecho, y cogió el celular de la mesita de noche, entonces le llamo.

"por favor Kabuto, contesta" gimió con desesperación.

Las mañanas de Kabuto siempre eran extrañas, al abrir los ojos miro el techo, su esbelta figura acostada contra el colchón de plumas, le recordó que Orochimaru no le había visitado, se dijo a si mismo que debía sentirse aliviado, Orochimaru era a menudo cruel en el sexo y aun así… le dejaba un sabor agrio en la boca saber que no le había buscado.

"¿con quién se divierte ahora?" fue la insidiosa pregunta que se instaló en su mente demasiado temprano para amargarse el día, su celular comenzó a sonar, miro la hora mientras extendía un brazo blanco, con marcas de recientes inyecciones en él, las siete y media "¿quién molesta tan temprano? Es domingo" miro la pantalla del celular, Deidara Namizake, una sonrisa irónica se formó en sus labios al tiempo que contestaba a la llamada.

-buenos días Deidara-san –saludo dulcemente- ¿A que debo tu llamada a hora tan intempestiva? –pregunto, mientras un recuerdo vago le atacaba la mente, miro su cama, si, había dormido solo.

-buenos días Kabuto –la voz de Deidara tenía un timbre entre derrotado y desesperado, le recordó el tono que solían tener algunos de los clientes de su padre, a la medianoche – necesito… necesito tu ayuda –obviamente le resultaba difícil hablar, el peliblanco se permitió disfrutar del momento, de la ocasión, el perfectamente magnifico Deidara Namizake necesitaba su ayuda, la bellísima joya de la escuela de arte necesitaba su… ayuda, se repasó la lengua sobre los labios.

Aquello era incluso mejor que su dosis nocturna de heroína.

-mi ayuda –repitió –por supuesto Deidara-san, solo dígame que necesita –sonrió, aunque el otro joven no podía verle, bajo las piernas de la cama al suelo, enfundando los pies en las pantuflas.

-me refiero al asunto especial –la voz del muchacho temblaba.

-¿asunto especial? –Repitió, con una ceja alzada- ¿cuál…? –por supuesto, debía ser algo desesperado, pero en la práctica, podían ser bastantes asuntos, desde drogas hasta…

-la cigüeña- soltó al otro lado Deidara, en voz baja como si la ahogara un pañuelo, Kabuto elevo una ceja, por supuesto no era ignorante del escándalo que había ocurrido el día anterior en la iglesia, pero nunca habría creído que Deidara estuviese en estado- ¿puedes venir a mi casa? La conoces, si recuerdas que viniste una vez hace unos meses – Kabuto se vio reflejado en un espejo de cuerpo entero, estaba delgado.

-estaré en tu casa a las nueve –contesto- ¿estás en…?

-quiero que contestes eso –fue la respuesta al otro lado de la línea.

-bien, nos vemos –colgó el celular y se acercó al espejo, observando su rostro, ligeramente demacrado, pero eso se podía disimular, maquillaje, extendió un brazo al frente, delgado, "como una bailarina" sonrió y soltó un suspiro "quizás Orochimaru haya pasado la noche con una bailarina" empezó la voz de su conciencia, pero Kabuto había olvidado de Orochimaru y mientras caminaba hacia el baño no pensó en Orochimaru sino en la noticia que su padre le había dado hacia un año "nunca podrás concebir Kabuto, eres estéril " un doncel sin provecho ni beneficio, un doncel que no servía para lo que debía servir, que nunca daría hijos, un doncel que ningún marido podría desear.

¿Por qué?

"los niños son una molestia, no entiendo quién podría querer uno, incluso Deidara no quiere el suyo" sonrió hundiéndose en el agua de la tina, cerró los ojos, aún quedaba tiempo para ver al blondo, aún quedaba tiempo, para ahogar los celos y la envidia que sentía por aquel vientre fértil "nunca" vivo y probablemente aun capaz de tener más hijos "jamás podré tener hijos" sus ojos se llenaron de lágrimas en un segundo y de sus labios salió un sonido, mitad risa mitad sollozo.

Minato Namizake salió de su casa en dirección a la mansión de los Uchicha, la conversación con Deidara lo había calmado, este parecía sincero y casi habia logrado convencerlo de que en realidad no estaba en la dulce espera, cosa que en realidad lo aliviaba, alejaría a Deidara de los comentarios llenos de malicia y mala fe, y cuando con el paso del tiempo Deidara le diese un hijo a Itachi las cosas serían perfectas, incluso podrían montar una escena tal que dejara claro que el amor había triunfado en el caso de ambos jóvenes.

Hablaría con Fugaku, ambos podrían solucionar el pequeño desastre que sus hijos habían desatado.