Lo que pasó hasta ahora:

Nos encontramos en el siglo XI. Inglaterra quería tener un cabello como el de Francia, y lo intentó, desafiando muchas órdenes del obispo.

—Al final, no funcionó—murmuró el pequeño inglés, jugueteando con los mechones que el francés había cortado anteriormente. Al menos había pasado tiempo con Francia.

Pero no debía rendirse. Él se volvería muy guapo, y Francia se daría cuenta, y se enamoraría de él, y lo querría siempre, lo defendería de las hadas malvadas, y serían felices, y hornearían cupcakes, y… ¡estarían juntos por siempre!

—Hola, Inglaterra—saludó el francés, acercándose a él. El aludido se sonrojó, dado que esos pensamientos eran un poco vergonzosos, y se giró para saludar al francés.

Francia llevaba puesto un vestido.

— ¿Porqué te vistes como mujer? —preguntó inocentemente el británico.

—Enano, ésta es la moda en mi casa.

— ¡Qué modas tan raras tienen en tu casa!

—No critiques.

—Bueno, yo no lo usaría. Pero a ti todo te queda bien~.

—Cállate—se quejó el francés, sonrojándose.

—Oh, hasta ruborizado por un cumplido mío te ves bien.

— ¡Que te calles! —ordenó, ruborizándose todavía más.

—Me callo si me abrazas~.

—No tendrás tanta suerte.

Año 1090.

Cabello largo y túnicas largas. La nueva moda.

—Éstos jóvenes—se quejó un hombre, observando al chico que pasaba por ahí.

—Ah, Francia es tan lindo~—murmuraba Inglaterra.

— ¡Cállate! —gritaba un hada, mientras lo pinchaba con una pequeña rama.

— ¡Me duele! Stop! Franceeeee~!

Año 1990.

Pelo largo. Pantalón desde las caderas.

—Muy bien, esto ya roza lo ridículo—se quejó Francia.

—A mí no me gustaría verte con el pantalón así—comentó Inglaterra.

—Sabía que eras un poco inteligente, en el fondo…

—Directamente, me encantaría verte sin pantalón.

—…Más inteligente de lo que te conviene.

—Odio la moda de mi casa—se quejó el joven Francia. España lo miró, con algo de desagrado.

—Pues sí—afirmó el español—Es demasiado afeminado. Para lo único que me serviría… sería para esconder dulces en las mangas y llevárselos a Romano.

— ¡España me dará dulces! —Exclamó el pequeño italiano, apareciendo por ahí— ¡Dulces! ¡Con sabor a tomate!

—No hay dulces con sabor a tomate—le contó España.

—Bueno… entonces… ¡quiero un tomate!

Al pequeño Reino Unido le había ido bastante mal con eso de ponerse a la moda. Por eso se había infiltrado en Francia para poder aprender un poco más sobre las tendencias.

Y para visitar al mismo Francia, claro.

¡Formaría parte de la aristocracia de la moda! ¡Y Francia lo querría! Y comerían dulces juntos, sacarían a pasear a Chocolate Mint Bunny, le regalaría flores, lo abrazaría… ¡serían felices por siempre!

Lástima que lo primero con lo que se había encontrado… había sido una bragueta de armar.

.

— ¿Porqué? ¿Por qué tienen que usar esas cosas tan raras? ¿Por qué es tan difícil estar a la moda? —se lamentaba el pequeño británico, ovillado sobre sí mismo, junto al lago.

— ¿Qué te pasa? —inquirió Francia, con una ceja levantada— ¿Acaso te diste por vencido?

— ¡No! ¡Jamás me rendiré si se trata de tu amor!

—Qué exagerado, por el amor a todo lo bueno…

Aw, ¿entonces me amas?

—No—aunque ni el francés mismo estaba seguro de sus sentimientos.

Continuará~


No hay mucho que comentar ._. muchas gracias por los comentarios :3!