Europa en el siglo XV.

Dinamarca en el Norte.

— ¿Cómo está mi querido Rey del Norte~?—bromeó Noruega, revolviéndole el pelo al danés, y abrazándolo. Éste se sonrojó.

—Le vas a subir el ego—bufó Finlandia, mientras Suecia se reía de Dinamarca, que parecía estar a punto de hiperventilar desde que el noruego lo había abrazado.

La Orden Teutónica que sigue aumentando su poder.

—Cada vez estoy más fuerte—murmuró Prusia, para sí mismo— ¡Me encargaré que el señorito demonio pague por todas las diabluras que ha cometido!

— ¿Debo recordarte que el que vio a Hungría desnuda fuiste tú? —inquirió Austria, levantando una ceja.

—¡Eso fue un accidente! —se defendió el albino, completamente sonrojado.

La imparable expansión de la Horda de Oro… y el eco del grito de guerra de los Turcos Otomanos que resuena en Europa.

—Soy genial, ¿a que sí? —inquirió Turquía, observando a "sus niños", Grecia y Egipto.

—No—le dijo el griego, volviendo a coquetear con un montón de bellas jóvenes.

—…Concuerdo con Grecia—comentó Egipto, puliendo su bastón de oro.

—Mis niños no me quieren—lloriqueó.

Aunque el Sacro Imperio Romano no sea una amenaza…

— ¡Pelea de espadas! —exclamó el pequeño Italia, tirándose encima de SIR.

— ¡Loca! —contestaba el rubio, esquivando al castaño.

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—…No podemos descuidar el crecimiento de nuestro país—completó el superior del joven Lituania, luego de terminar su resumen de la situación en Europa—Además, siempre acabas derrotado.

El lituano bufó, porque eso era verdad. ¿Pero qué podía hacer? ¡Todo era culpa de la Orden Teutónica! Sólo quedaba acostumbrarse a la batalla lo más pronto posible…

—Ya lo decidí—cortó su superior—Me casaré, y haré una alianza.

— ¿Casarse y hacer una alianza? Pero… ¿con quién?

— ¿Eh? ¿Acaso es una especia de broma? —Cuestionó Polonia a sus superiores—Me niego a llevar a cabo esa boda.

—Bueno, yo le tengo un poco de miedo a los extraños—reconoció la joven princesa que lo acompañaba—Sobre todo porque es una persona un poco mayor. Espero que podamos llevarnos bien.

—Tranquilícese, por favor—pidió un caballero.

—Necesito un buen licor para tranquilizarme—masculló la nación—Podríamos morir. No aceptaré nada.

— ¡No actúe como un niño! —insistió el hombre.

— ¿Qué clase de niño pediría licor para tranquilizarse? —cuestionó la doncella.

—No quiero extraños en mi castillo. ¿Y si me roban los dulces? —se quejó Polonia—Además, ser amable con ellos supone demasiado esfuerzo.

—La tropa de Lituania ha llegado—anunció un soldado.

—Entendido—confirmó el hombre, tratando de no entrar en pánico—Salúdelos como es debido.

—No me queda de otra—suspiró la nación, caminando hasta su trono. Se sentó allí, adoptando una postura arrogante y desinteresada en partes iguales.

Por las puertas del palacio entraron tres personas: Lituania, su superior, y un soldado escoltándolos. La nación polaca se apresuró a recorrer al lituano de pies a cabeza con la mirada. Éste mantenía su mirada fija en el rubio, fulminándolo.

Y a Polonia le encantó eso.

—Hace poco me enteré de su visita—comenzó el polaco, desde su trono, esforzándose en sonar diplomático, cosa difícil, dado que no tenía alcohol suficiente en la sangre—Debió haber sido una dura y larga travesía—Hizo una pausa—Mi nombre es Polonia. Gobierno sobre el Este de Europa. Preséntate.

Lituania dejó salir un bufido antes de hablarle. El polaco le había parecido sumamente arrogante.

—Soy Lituania—dijo, con la misma arrogancia en la voz que el rubio—Vine para hablar sobre la alianza entre nuestros dos países.

—Oh, la alianza por matrimonio—recalcó el polaco, arrancándole un leve sonrojo al lituano—Bueno, pero hay que admitir que será beneficioso para ambos.

El castaño, desgraciadamente, sabía que el otro tenía razón.

Los superiores de ambos estaban bastante contentos de que ambos pudieran actuar con tanta amabilidad en una situación de tanta presión como esa.

— ¿Cómo van esos dos? —preguntó el superior de Polonia, conversando con el de Lituania. La princesa que los acompañaba hacía un rato traía una sonrisa en la cara.

—Digamos que…—comenzó ella—Ya se comportan como un matrimonio.

—Qué bueno.

.

— ¡Lituania, deja de tocarme los huevos! —gritó Polonia, arrojando su botella de vodka por los aires.

— ¡Deja de aventar las botellas de vodka como si no valieran nada! ¡No tienes idea de lo que me jode ir descalzo y pisar el vidrio! —contestó a gritos Lituania.

— ¡Bueno, te jodes! ¡Por tocarme los huevos!

— ¡Son sólo huevos!

— ¡Son mis huevos! — recalcó el polaco, tomando el recipiente que contenía los huevos de gallina.

— ¡Sólo son huevos de gallina!

— ¡Pero son míos! ¡Me toca los huevos el hecho de que me toques los huevos!

— ¡Tú comiste mis papas! ¡Y no me quejé!

—Bueno, a la próxima te avivas, y me avisas que no me coma tus papas.

—Yo te había dicho que no te comieras mis papas.

—Oh, creo que me olvidé~—mintió el rubio.

—Te odio.

Sí, un verdadero matrimonio.

— ¡Devuélveme mis papas, maldito!

— ¡No hasta que me dejes los huevos en paz!

Uno bastante disfuncional.

Continuará~.


Lituania, ¡no le toques los huevos a Polonia! Yo sé que malpensaron (?)