—Estados Unidos, ¿podrías ir a Japón? —le pidió su superior.
—No tengo ganas—se quejó la nación.
—Es una orden.
—Odio las órdenes—bufó—Además, ¿por qué a Japón?
—Porque la cantidad de pesca que se puede conseguir ha disminuido en estos últimos años. Es un asunto de extrema importancia.
— ¿Por qué no dejan los peces vivir en paz? Los peces en el mar, nadando tranquilos…
—No uses ese tipo de frases para justificar tu vagancia.
—Jo, usted sí que me conoce.
—Por eso solicitarás a Japón que abra su país y nos dé permiso para pescar en su zona.
—En otras palabras… voy y me hago su amigo.
—Visto de esa forma… sí, algo así.
—Odio hacer amigos.
…
— ¡Vengan a mí! —exclamó Estados Unidos, gritando al mar.
— ¿Qué haces, honey? —lo interrumpió Inglaterra.
—Mi último recurso para llamar a las ballenas. Me estoy volviendo casi tan loco como tú.
—Oh, ¿te sientes tan solo que buscas amistad en las ballenas? No te preocupes, ¡yo siempre estaré contigo!
—Sigo cuestionándome qué pasó por mi cabeza el día que te elegí a ti en vez de a Francia.
—Eso que dices es muy cruel—murmuró el inglés, con tono lastimero.
En esta época, Estados Unidos utilizaba las ballenas para la fabricación de muchos productos. La pesca era una industria muy importante. Pero debido a la pesca excesiva, la población de ballenas disminuyó, y Estados Unidos se encontró en graves problemas. Por eso es que pusieron a Japón como blanco. Le pediría al japonés que abriera su país, y que le diera permiso para cazar ballenas en su zona, y que construyeran un puesto que los abastezca de combustible.
— ¡Me niego! —se quejaba Japón, tapado hasta la cabeza con su sábanas.
¡Llegaron los barcos negros!
— ¡Son barcos negros! —gritaba un japonés.
— ¡Barcos negros están viniendo! —anunció otro.
— ¡Son grandes! —siguió el otro.
—Cada vez que lo repiten, lo hacen peor—se quejó Japón.
—Tenemos que alejarlos de aquí. Esos tipos raros no deben entrar al país—insistió el Señorío de Mito.
—Por eso dicen que estás pasado de moda, Mito—le recordó el Señorío de Aizu—Si pensamos en el futuro, lo mejor es pensar en la manera de co-existir.
—Cállate. ¿Acaso darás cara por esos extranjeros?
—Simplemente di mi opinión.
—No seas impertinente.
—Me pregunto cuál es la opinión de Japón—interrumpió otro.
—…Yo sólo quiero irme a dormir—se quejó la nación, acariciando un conejo.
…
Al final, Japón fue obligado a dar la cara frente a los recién llegados. Estados Unidos y compañía ya habían desembarcado.
— ¿Qué hacemos? —interrogó uno de los superiores de Japón.
— ¿Dejar que se pudran es una opción? —preguntó la nación, esperanzada.
—No lo creo.
—Entonces deberemos tomar medidas desesperadas. Diles que sabemos hablar holandés, pero que no entendemos el inglés.
— ¿Porqué holandés?
—Eso no importa en este momento. ¡Sólo quítalos de encima y volveremos a nuestro espléndido aislamiento!
.
—Dicen que pensaron que probablemente pasaría eso—le explicó el hombre a Japón, luego de hablar con los americanos.
—Mierda—maldijo la nación.
—Hola, Japón. Mira, no estoy muy emocionado con esto, a pesar que tu cara de amargado me cae bien. Soy Estados Unidos—se presentó el estadounidense—Mis pasatiempos son: El béisbol, un poco de la arqueología, y las verduras.
—Esto… ¿qué dijo? —inquirió la nación asiática a su traductor.
—Que su nombre es Estados Unidos, está encantado de conocerte, y sus pasatiempos son explorar, disparar rápido, y ser amable con todos.
—Creo que lo odio. Pregúntale porque vino aquí.
El hombre japonés hizo lo que la nación le había ordenado.
—Vine a pedirle a Japón que nos deje pescar ballenas en sus costas, además de otro par de asuntillos—explicó el americano, con hastío.
— ¿Y? ¿Qué dijo? —insistió Japón.
—Dice que vino a hacerse amigo de las ballenas.
—Que tipo más raro y estúpido—murmuró el japonés—Que se vaya.
—Es admirable que tenga tantas ambiciones—comunicó el acompañante de la nación japonesa—Pero llévelos a cabo en su país.
—No se trata de eso. Podrían considerar el abrir su país. Es que mi superior lo ordenó.
—Dice que dejemos de lado este tema y que bebamos té—anunció el traductor de Japón.
— ¿Encima se invita él solo a beber mi té? Ahora sí lo mato.
A fin de cuentas, no decidieron nada. Tampoco hubo muertes.
Para desgracia de Japón.
Continuará~
Pobre Japón, él sólo quería quedarse durmiendo D:
