¡Llegaron los barcos negros! Continuación.

Estados Unidos tomaba el té, mientras reía estruendosamente (y también falsamente) con los superiores del japonés.

—Me encantaría que se enferme o le sucediera algo espantoso—murmuró Japón, espiándolo—Así regresa a su país y me deja en paz de una maldita vez.

—Ah. Hola Japón—saludó el estadounidense, descubriendo el escondite del japonés—Deberías salir un poco más al mundo.

—No te haré caso—se quejó la nación asiática.

—En el mundo hay muchos países y maravillosas culturas…

— ¿Y cuántas te interesan realmente, además de la tuya?

—…Eres un maldito.

—Vete de aquí.

— ¡Me caes bien~!

—Y tú a mí… no, no me caes bien.

—Tú y yo nos llevaremos muy bien~—el nipón gruñó.

—Toma esto—le dijo el superior de Estados Unidos a éste.

— ¿Quieres que lo lea? —inquirió la nación norteamericana—Bueno, está bien. "Abre los puertos de Hakodate y Shimoda. También construye un sector donde los estadounidenses puedan caminar libremente. Mejor que sea uno grande. También construye un hermoso consulado en Shimoda. Y también sean amables con los estadounidenses. Cuando lleguemos aquí, dennos combustible, agua y comida, ¿está bien? Y también, trátennos de lo mejor. Si no lo haces, los estadounidenses te asustarán, ¿Ok?".

Estados Unidos terminó de leer. Japón, que con cada palabra que el otro decía se ponía aún más furioso, temblaba y un aura asesina se apoderaba de él. Uno de sus superiores lo tuvo que sujetar.

—Alguien… debe… matarlo—siseaba la nación asiática, siendo sujetado por sus superiores.

—…Ni puta idea de lo que acabo de decir—dijo Estados Unidos, encogiéndose de hombros.

—Yo le enseñaré quién da verdadero miedo.

Estados Unidos llegó de repente, solicitando demandas extraordinarias. Y Japón no tuvo otra opción que aceptar éstas demandas, y más.

— ¡Me niego! ¡Me niego rotundamente! —gritaba Japón.

—No tenemos otra opción…—murmuraba uno de sus superiores.

— ¡Déjenlos pudrirse en la cima del Monte Fuji!

My Little boy~ —lo llamó Inglaterra.

— ¿Qué quieres? —se quejó el estadounidense.

— ¿¡Quién es ese!? —exclamó, viendo la ballena que su ex colonia abrazaba.

—Ah, es Polly, mi ballena.

— ¿En verdad te hiciste amigo de las ballenas?

—Por supuesto. Pero no fue tan fácil.

—Oye, pero si tanto quieres amigos… ¡seamos amigos nosotros dos!

El americano se calló, y observó fijamente al británico. Luego, se carcajeó.

— ¡De ninguna manera! —Decía entre carcajadas— ¡Grandísimo idiota!

Reino Unido tenía ganas de llorar.

—…Mi niño… mi niño…—balbuceaba— ¡No me quiere! —gritó, para luego sentarse en posición fetal y abrazarse las rodillas.

— ¿Y ahora qué te pasa? —inquirió Francia, que pasaba por allí. Observó la ballena con cara rara, y luego volvió a prestarle atención al inglés.

—Estados Unidos me ha dicho cosas feas, Snif~.

—Eso no es novedad…

—Pero fueron cosas más feas de lo normal.

— ¿Qué te dijo?

—Que no quería ser mi amigo. Y que yo era un gran idiota—lloriqueó. Francia rodó los ojos— ¿Tú no piensas eso de mí, verdad?

El francés iba a decirle que sí, que sí lo consideraba un idiota (O mejor dicho, un ser sumamente insoportable) y que no quería ser su amigo. Pero en esos momentos no podía decírselo. No con el tierno rostro de Inglaterra destrozado.

—Yo…—comenzó el galo, y luego suspiró—Hablaré con ese niño, ¿sí?

—Oh, gracias~. Eres muy buena persona, ¿lo sabías?

—Sí, sí—masculló.

—Abrázame~—pidió.

—No abuses de tu suerte—gruñó el francés.

Inglaterra, ignorando lo que el otro había dicho, dejó su depresión de lado, y abrazó fuertemente a Francia por la espalda.

Éste se aguantó las ganas de acariciarle el cabello, y sólo se sonrojó para mascullar un par de palabras groseras.

.

— ¡Déjame, Francia! ¡Me vas a matar! —gritaba Estados Unidos, que estaba siendo ahorcado por el francés.

— ¡Es por hacer llorar a Inglaterra! —decía Francia.

— ¡Todos hacen llorar a Inglaterra!

— ¡Mentiroso!

—Yo sabía que te preocupabas por él y lo querías, pero no creí que llegarías al punto de venir a agredirme…

—Es que me caes mal, y necesitaba una excusa para hacerlo.

—Cierra la boca, francesito.

—No le hables así a tus mayores.

— ¿Qué está pasando aquí? —inquirió Canadá, entrando de improviso a la casa del americano.

— ¡Hermano! ¡Sálvame! ¡Francia me está matando! —imploró el americano.

— ¿Porqué? —quiso saber el canadiense.

— ¡Porque no lo soporto! —explicó Francia.

— ¡Porque quiere a Inglaterra!

Canadá observó a las dos naciones en silencio. Al final, se dio media vuelta.

— ¿¡A dónde vas!? ¡Ayúdame! —rugió Estados Unidos.

—No voy a meterme en los asuntos sentimentales de Francia—masculló el joven canadiense.

— ¿Asuntos sentimentales? —Repitió el galo— ¡Esto no es nada sentimental!

—Francia quiere a Iggy~—canturreó el estadounidense, haciendo rabiar al europeo.

Estados Unidos y Japón.

Wow, se puede ver la parte de abajo de la Torre de Tokio—comentó Estados Unidos, impresionado, parado encima de unos cristales que mostraban la base de la torre.

—Te podrías caer—le advirtió Japón, viendo como el americano saltaba encima de los vidrios. Aunque luego se calló, dado que eso podría ser igual a un gringo menos.

Éxito.

— ¿No quieres hacer pogo ahí encima?

— ¿No dijiste que me caería?

Nooooo, es muy resistente—mintió el japonés, esperando que lo crea. Después de todo, estaba hablando con la persona que había hecho una montaña rusa en la parte más alta de un edificio de Las Vegas.

Continuará~


El siguiente es el último capítulo, y luego vienen los tres extras. Si me dan ánimos, puede que también añada Hetalia Fantasia (Que es un sólo capítulo, creo). Y luego... bueno, luego tal vez haga la película, aunque empezaré las clases y no sé cuánto demoraré. Luego daré más noticias~.