Los Aliados todavía siguen náufragos.

Francia caminaba solo por la jungla. Sí, tenía la camisa rota. Sí, se le había soltado el pelo y se había despeinado. Sí, tenía un calor increíble. Sí, estaba más aburrido que nunca. Sí, quería fumar. Sí, estaba perdido.

—Al parecer, me quedé solo—murmuró—…Y debería estar disfrutando de la paz.

Pero no, no admitiría que extrañaba a Inglaterra.

—Pierre Nº2—le ordenó a la pequeña ave que lo seguía—Ve a informarle a mis superiores de la situación. Para que hagan algo bueno por una maldita vez.

El ave se fue volando.

—Bueno, considerando que estoy en la peor de las situaciones… entonces nada podría empeorar más.

—Nunca digas eso—interrumpió Italia, apareciendo de la nada—Cada vez que dices eso, las cosas empeoran. Ya es como una ley.

— ¿De dónde saliste?

—Esa es la pregunta que muchos filósofos quieren responder. ¿Cómo comenzó todo? ¿De dónde salió todo?

—Tienes que dejar de conversar con Grecia a la madrugada.

—Es que ese día tenía insomnio.

—Bueno, al menos por fin te encontré.

—Oh, ¿viniste aquí a buscarme? Muy amable, pero podemos negociarlo. A mi favor, claro.

— ¿Qué sucede?

—Japón está aquí. Y yo quiero estar a solas con Alemania. Así que te lo diré de una vez: Llévate a Japón y déjanos al rubio y a mí aquí solos.

— ¿Qué clase de propuesta es esa?

—En la Guerra y en el Amor todo se vale. Y en este caso, estamos en los dos.

—Lamento decirte que no puedo cumplir tu deseo. Debo encontrar a los demás, e irnos de aquí luego de darles una paliza a todos ustedes.

— ¡Aguafiestas!

United States of Hetalia! Two~!

—Así que naufragaron—se rió Italia.

Noooo, estoy solo y hecho un desastre porque quería vivir una vida salvaje—contestó sarcásticamente el francés—Además, tú también naufragaste.

—No, es un viaje para encontrarme a mí mismo—contestó el italiano con el mismo sarcasmo. Cosa que parecía ser de familia.

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Las dos naciones caminaban por la jungla, buscando a las demás.

—Para estar náufrago, luces bastante bien—reconoció Francia.

—Bueno, puedo tomarme las siestas que quiera. Cuando Japón se va, quedo a solas con Alemania. Oye, ¿esos no son…?

En el claro al que habían llegado, Alemania estaba de pie, intentando apartar a las dos naciones que lo "atacaban".

A su izquierda, tenía a Rusia, pinchándole la cara un palo, dado que el ruso no tenía mucho ánimo de molestar a los demás ese día. A su derecha, estaba Inglaterra, que lo intentaba drogar con uno de los cupcakes que había sobrevivido al naufragio.

—Qué cuadro tan encantador—murmuró el francés.

— ¡Francia~!—exclamó Inglaterra, feliz, olvidando por completo su "batalla" con el alemán. Se lanzó encima del galo, derribándolo en el piso.

—Pero que pesado eres—se quejó Francia—Literalmente. ¿No crees que te sobran unos kilos?

—Qué malo eres, honey~. Yo sé que me quieres por lo que soy, y no por lo que me sobra.

— ¿Gordo? ¡Pero si está más flaco que un palo! —comentó Italia, entreteniéndose con la irritación del francés.

—Le pesan los huesos. O la droga que guarda—se quejó Francia, mientras el británico se mantenía abrazado a él con brazos y piernas.

—Me pesa el amor por ti—explicó el inglés, depositando un sonoro beso en la mejilla del galo—Por cierto, deberías afeitarte, my love. Aunque también estás un poco sexy así…

— ¿Afeitarme? ¿Acaso no te das cuenta de que estamos náufragos? ¿Sin Casas de Campo Chinas a la vista?

—Buen punto. Aunque podríamos dejar a Rusia y Alemania matarnos, e irnos los dos solos a la playa…

—Este tipo piensa igual que yo—dijo el italiano, y luego un escalofrío lo recorrió—…Extraño. Por cierto, Alemania, ¿necesitas ayuda?

— ¿La tuya? No—respondió el aludido.

—Eres un fornido alcohólico malagradecido, ¿lo sabías?

—Por fin los encuentro—dijo Japón, acercándose a ellos—Aunque veo que tenemos compañía…

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— ¿Aquí es cuando hacemos nuestra entrada triunfal? —preguntó China en un susurro, escondido detrás de un arbusto con Estados Unidos.

—En efecto—contestó la nación americana—A la cuenta de… ¡Ya!

Las dos naciones hicieron acto de presencia en el claro… encontrándose con un escenario algo extraño, pero no por eso sorprendente.

Rusia había recuperado sus ansias de Guerra y se revolcaba en el suelo con un muy furioso Alemania, ambos repartiéndose golpes y patadas a diestra y siniestra. Japón e Italia estaban cerca de ellos, el primero grabando la pelea y el segundo alentando al alemán.

Por su parte, Francia e Inglaterra estaban un poco más lejos de allí, con el británico intentando conseguir un beso de parte del francés.

—Dame un beso~—pidió el inglés.

—Aparta esa boca de mí.

—Pero France—protestó— ¿No crees que me lo merezco?

—No.

— ¡Qué malo eres!

Y China y Estados Unidos, observaban todo estupefactos. Al final, el chino habló.

— ¿Alentamos a Rusia?

—…Es lo que hay—contestó el estadounidense.

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Pero no eran los únicos que había allí. Alguien más los observaba. Otra nación.

Losers, estando en una isla como ésta sin tener idea de lo genial que soy~—dijo la chica, apartándose el largo cabello castaño de la cara, en un movimiento digno de una diva. Se acomodó las gafas de sol.

Ella era Seychelles.

—Sí que tienen demasiado tiempo libre—volvió a decir, mientras se retocaba el maquillaje con un espejito. Pero se quedó en su puesto de espionaje, esperando escuchar algún chisme interesante. Luego se lo contaría a Suiza.

Alemania se encontraba recostado sobre una roca, muy abrigado. Nevaba. Terminó de beber su lata de cerveza, parte de las provisiones que le habían dejado.

—Así que Navidad en el Campo de Batalla—murmuró para sí mismo—Qué… tristeza.

—Oye, Alemania, muéstrate, prometo no hacer nada~—lo llamó una voz. Era Inglaterra, tan entusiasta como siempre.

—Aléjate—le dijo, tomando su arma.

—Qué peligroso. ¿Qué te parece si dejamos de pelear por hoy? —pidió el británico, sosteniendo una pelota de fútbol—Porque es Navidad~.

Bueno, era un poco triste pelear en Noche Buena. Por lo que Alemania aceptó la propuesta de jugar un pequeño partido de fútbol. Además, ganaría y perdería un poco el frío.

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—Te odio—masculló Alemania, luego de que el británico le estrellara la pelota contra la cara.

—Era por todas las cosas malas que me has hecho—le dijo—Y por no haber querido ser mi amigo, ¿recuerdas?

—No suelo dejar espacio en mi memoria para cosas desagradables.

—Bien que recuerdas todo lo que Italia te hace.

Silencio incómodo.

—Oh, así que no las consideras del todo desagradables—lo molestó Inglaterra, sabiendo el secreto del alemán.

—Cállate antes de que cene un inglés a las brasas.

— ¡Caníbal!

—Estúpido.

—De todas formas, Francia se encargará de que sufras si es que me haces algo.

El alemán le devolvió la pelota a Inglaterra. De una patada. Enviada directo al rostro del británico.

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—No quería perder ante ti—se quejó Reino Unido, tirado sobre la arena, haciendo un ángel de nieve.

—Te jodes—le contestó Alemania, volviendo a su cerveza.

—Me pregunto que estaremos haciendo la Navidad del próximo año.

— ¿La siguiente Navidad?

—Yo quiero estar con Francia~. ¡Tal vez consiga que me dé por fin un beso!

—Bien por ti.

— ¿Y tú? ¿Qué harás?

Alemania lo pensó por un rato. Miró hacia el cielo. Finalmente, respondió. Cosa que hizo que al inglés casi se le saltaran las lágrimas a causa de la ternura.

—Estaré cuidando y protegiendo a Italia.

Fin~


Bueno, técnicamente dice fin, pero me quedan los tres extras y Hetalia Fantasia. Hasta el extra! Que será 100 por ciento Nórdico :D