27/06/13 ¡Hola! Estoy haciendo lo mismo con el capítulo 1 jeje, aunque en realidad no he hecho ningún cambio significativo, y tampoco tiene mucho sentido (solo puse una línea para separar algo), pero con los símbolos se entendía porque eran distintos para cada personaje, e indicaban que entonces la situación se centraba en otro. Lamentablemente, no se ven, así que...


Miércoles 7, Central Park

Los ojos como el cielo de California perdieron su brillo considerablemente. Planeaba darles una sorpresa y llevaba escondido tras la banca un buen rato, desde que estaban hablando de Argentina. Ahora por fin era capaz de comprender el odio que Javiera le profesaba. Nunca se le había siquiera pasado por la cabeza… ¿cómo fue tan ciego?

Haría lo que fuera por arreglar las cosas, pero ya no era posible. Jamás le perdonaría.

El inglés se puso de pie y le ofreció a la chilena un recorrido por el parque. Grandioso, así podría largarse de allí de una vez sin que lo vieran, pero cuando pretendía darse la vuelta una fuerte y conocida mano lo detuvo.

― Llevabas ahí un buen rato, ¿no?

― Lo suficiente. Deja que me vaya, please

― ¿Y ya ni siquiera lo intentarás? ¿No crees que te estás dando por vencido demasiado pronto, idiot?

― No… I mean, ¿tengo otra opción?

― ¡Por supuesto que sí ―exclamó Arthur―! ¿Dónde quedó el héroe ahora? Lucha por su perdón…

― ¿Qué sentido tiene? Jamás me perdonará…

El Arthur se estaba demorando mucho, y Javiera dudaba si ir en su busca o no. Le había dicho que lo esperara, pero… se sorprendió al oír su voz no muy lejos de allí, junto a otra muy conocida. Estados Unidos de América parecía deprimido, y hablaban acerca de conseguir el perdón de alguien…

― ¿Acaso quieres esperar a que formalice una relación con Argentina?

Ah no. Para tu weá. ¿Estaban hablando de ella? Sus mejillas se tiñeron de un tierno rojo. ¿Y por qué chucha quería pedirle perdón?

― ¡NO! ―Gritó enfurecido el rubio. ¿Y qué le importaba al conchesumadre si salía o no con alguien?

So… what are you go to do? No será fácil.

― Yo… I don't know ―declaró abatido.

― A ver, primero, ¿por qué se supone que me tení' que pedir perdón a mí? Y segundo, ¿qué te importa a ti mi relación con Argentina? Es MI vecino ―habló Chile en un impulso. Es que ya estaba choreada… pero, ya se le estaban yendo todas las fuerzas, el Lagos[1] la mataría… ¿cómo se le ocurría saltarle así al gringo ese? Si ya empezaba a pensar que el Ricardo era gay por tanto amor que le profesaba a Bush[2].

Jones se quedó de piedra. No sabía cómo responderle, menos ahora que comprendía por fin todo el rencor que sentía la chica… tenía que tener cuidado. De verdad que quería… quería que ella fuese… que fuese suya.

¿Imposible?

No para el hero.

― Yo… yo no supe ver a tiempo lo que estaba sucediendo en ese entonces, nunca entendí muy bien a Nixon[3]… Allende no me agradaba but… but…

Javiera ardía de rabia. Seguro que había estado escuchando su conversación con Arthur. ¿Cómo se atrevía el imbécil? Y más encima defendiéndose de una forma tan cobarde… Ay, maldito estadounidense, maldito Lagos, y maldito Arthur por hacerla revelar tal preciosa información en territorio del rubio. Quería largarse de ahí, pero no podía. No podía dejarse llevar, no podía perder la falsa serenidad en sus ojos, pese a haber perdido el control de sus ahora encendidas mejillas. Aun quedaban cosas por resolver, pero no soportaba verlo titubear. ¿Dónde estaba la gran potencia ahora? ¿Por qué demonios dudaba tanto? ¡No hay perdón, no hay excusa! ¡Ya cállate de una vez! Quería gritarle tantas cosas… pero no podía. Debía serle leal a su jefe, mantenerse tranquila y callada…

I… I'm so sorry… no hay excusa pero… pero quería que supieras que lo siento. Nunca he querido hacer nada que te haga daño, yo… si tan solo pudiera evitarlo, cambiar las cosas… pero ya es muy tarde. No puedo arreglar el pasado, pero yo… yo no quiero que me odies… no puedo soportarlo ―su voz se quebró al final, confundiendo a la castaña. ¿Y ahora qué mierda le pasaba?

Súbitamente, azul contra miel, una mano a cada lado ejerciendo presión, pero no la suficiente como para lastimarla. Ella, sorprendida, no pudo negar al desconcierto que se fijó en su expresión cuando él la observó con tanto dolor en sus ojos. No podía huir de aquella penetrante mirada… ¿qué estaba sucediendo?

Please, no me rechaces ―le pidió sin que ella pudiese comprender a tiempo.

El sabor de la coca-cola iba cargado de urgencia. Ni siquiera se había dado cuenta de que le estaba respondiendo, solo lo hacía por inercia… pero no podía negar que la presión sobre sus labios era agradable. Las manos de Alfred ya no apresaban los brazos de ella, sino que viajaron a su cintura, sin que ella opusiera ninguna resistencia. Por poco y su mano derecha sube hasta el cuello de él. Deseaba poder tirar del rubio cabello, acortar si era posible aun más la distancia entre los dos… el rubor en sus mejillas ya no era provocado por la furia, y si aun no se abrazaba a aquel intruso con todas sus fuerzas era porque aun quedaba una parte racional en su cerebro que intentaba solucionar las cosas… ¡¿pero solucionar qué, maldita sea?! Todo había sido obra de él… ¿acaso no le había implorado que no le rechazara? Sus defensas flaquearon aun más cuando una juguetona lengua pidió permiso para entrar en su boca. ¿Cómo estaba permitiendo tal atrevimiento? Ya le estaba faltando el oxígeno y tenía los labios hinchados, pero no quería terminar con aquel beso. ¿Por qué? Simple, cuando ese maravilloso contacto acabara, sería imposible volver a repetirlo. Sin saber porqué, una gran tristeza se instaló en ella al comprender que ya nunca volvería a repetir esa experiencia… maldito gringo con complejo de héroe, le estaba complicando la vida. Además, ¿no estaban en un parque? ¡Pero claro! Estaban en un parque, donde cualquiera podría verlos, y ni siquiera estaban solos, ¡Arthur estaba ahí, con ellos! ¡Qué vergüenza! ¿Y ahora cómo chucha se iba con la dignidad intacta?

Alfred soltó su boca a regañadientes en busca de aire. Ya comenzaba a pensar que ella le era más necesaria que el oxígeno mismo para sobrevivir… pero el verla así, agitada, con los labios hinchados y rojos, las mejillas enrojecidas y los ojos entornados no tenía precio… y era algo que no podía contemplar cuando la estaba besando, porque al sentir aquellos labios llenos como cerezas parecía que se desconectaba de la realidad, y eso no era lo mejor… lo mejor era que ella no lo había rechazado, ¡le había correspondido con la misma intensidad! ¿Cómo era eso posible?


Arthur se cuestionaba si debía intervenir o no. Estaba claro que la muchacha no sabía cómo salir de esta… le había correspondido, y no solo eso sino que claramente… claramente le había gustado. ¿Cuál era su verdadera opinión acerca del americano? En serio, estos niños sí que le causaban problemas ahora… como si no tuviera los suyos propios en casa.

Si se metía, le salvaría el pellejo a la castaña en cuanto a su orgullo… pero, ¿qué sucedería si no lo hacía? ¿Acaso podrían conversar, o simplemente terminarían enfrascándose en una pelea sin sentido? Sí, probablemente fuese lo segundo. Conocía bien a la chilena, y era demasiado orgullosa como para rendirse tan fácilmente por este simple acto. Jamás permitiría nada más, probablemente ni siquiera que un suceso como este volviese a repetirse, por eso, lo mejor era intervenir antes de que su ex colonia se precipitara a un abismo del cual no podría salir por un buen tiempo. Ella se estaba esmerando demasiado en odiarlo como para aceptarlo en un plano sentimental.

― Parece que va a llover ―declaró el inglés, devolviéndolos por fin a la realidad.

― Sí… deberían ir al hotel ―opinó Jones, quien aún no soltaba la cintura de Javiera.

Ella desvió la mirada y con un rápido movimiento apartó los brazos de él. Necesitaba perderlo de vista lo antes posible… solo así recuperaría la cordura.

Él pareció comprender… o quizá no. Pero por lo menos se largó de allí rápidamente

Kirkland no dijo ni una palabra en todo el camino, y ella se lo agradeció silenciosamente. Nada le quedaba de su orgullo frente a su amigo. ¿Cómo había podido caer tan fácil? ¡Ella lo odiaba, mierda! Todo parecía una puta pesadilla de la cual no se podría despertar jamás.

― Javi ―murmuró el de ojos verdes una vez estuvieron solos en el pasillo―… quisiera saber, más bien comprender… no, olvídalo.

― ¿Qué pasa, Arthur? ―Inquirió ella nerviosa. Fuera lo que fuese, no le gustaría responder.

― Martín… ¿qué es él para ti?

La pregunta la tomó por sorpresa, pero no por eso fue más fácil que todas las otras posibles preguntas que se le habían pasado por la cabeza, todas relacionadas con cierto rubio de bellos ojos… ¡¿bellos ojos?!

― Él… bueno él… es una de las pocas personas con las que me siento cómoda ―le confió con la vista clavada en el piso―. Es medio imbécil, pero igual… igual tiene sus cualidades. Me cae casi tan bien como tú ―agregó un tanto ruborizada.

Es que para ella… para ella, que parecía estar tan aislada del mundo… el fin del mundo, rodeada por la imponente cordillera y el incontenible océano. Y ni hablar de su relación con Julio y Miguel… era un desastre. En cambio con Martín… con Martín parecía que podría tener a alguien en quien apoyarse siempre, por fin. Porque para eso no le servían amigos como Arthur. Porque pese a admirar muchísimo al inglés, se encontraban muy lejos, mientras que el argentino… bueno, el argentino llegaba cualquier día sin avisar porque tenía hambre.

― Y ahora… ¿tu odio por EEUU se ha incrementado?

Eso sí que la desconcertó. Nunca se imaginó en que su odio pudiese aumentar, siendo que era lo más probable. ¿No se suponía que prácticamente la había besado a la fuerza? Entonces… ¿entonces por qué no estaba enfadada con él? ¿Por qué siempre que quería enfadarse con él y contemplarlo con ira su muralla de piedra se desmoronaba? ¿Por qué esos ojos azules siempre le cautivaban y se asemejaban tanto a los de un inocente niño? ¿Por qué…?

― ¿Javi?

― No.

Él la miró confundido, sin comprender.

― No lo odio más… o mejor dicho, soy incapaz de hacerlo.

― ¿Tanto lo detestas?

― No me malinterpretí' porque no lo volveré a repetir ―soltó con voz firme y los ojos cerrados. No entendía por qué hacía esto, pero necesitaba decírselo a alguien, y en este caso el más indicado era el inglés―. Me cuesta demasiado odiarlo, o siquiera enfadarme con él. Ni siquiera yo lo entiendo, o sea, ¡es tan insoportable! Ni lo aguanto, pero… cuando trato, yo… yo simplemente no puedo ―se sinceró con el ceño fruncido―. Me supera, de verdad… ¿tú entendí' cómo puede parecer tan inocente como un niño? ¡Se comporta como un adolescente, por la mierda! Si tan solo… si tan solo no tuviera esos condenados ojos yo… yo quizá podría odiarlo, pero ―inconscientemente se llevó una mano a los labios―… ¿cómo podría odiarlo más ahora? Si apenas sí pude resistirme de colgarme de él y no soltarlo más.

Sus mejillas estaban teñidas de un tierno rojo, y Arthur pensó que se veía adorable… y es que lo era.

― Creo que sé de lo que estás hablando ―murmuró entonces eliminando la distancia entre ellos para abrazarla tiernamente y darle un suave beso en la coronilla.

Necesitaba ese abrazo. Vaya que lo necesitaba.

Se dejó ser cargada hasta su cama como una niña pequeña, como cuando España la trataba como su princesa. Estaba tan cansada… ni siquiera se cambió, pues al tocar la almohada sus ojos se cerraron instantáneamente. El inglés la arropó y luego se marchó, no sin antes susurrarle al oído unas palabras que jamás olvidaría: solo a ti te lo confiaría.

¿Y qué mierda significaba eso?

No lo sabía, pero estaba demasiado cansada como para intentar averiguarlo.


[1] Ricardo Lagos, presidente de Chile desde el 2000 al 2006.

[2] George Bush, presidente de EEUU del 2001 al 2009.

[3] Richard Nixon, presidente de EEUU del 1969 al 1974.


¡Hola! ¿Les ha gustado? ¿Lo han odiado? Jejeje, ¡cualquier señal de vida se agradece! ¡Muchísimas gracias por leer!

¡Besos!