¡Hola! No esperaba hacer una capitulo más de este fic pero la inspiración llegó de repente y decidí convertilo en una serie.

¡Espero que les guste!


ADVERTENCIA: Esta historia contendrá LEMMON.


La señorita estaba deseosa y vaya que lo sabía. Se lo decían las suaves manos que le sostenían el rostro mientras ella le comía la boca, los latidos acelerados que podía sentir en el pecho presionado contra el suyo, el calor que emanaba de en medio de las piernas que se colocaban a cada lado de las suyas.

Pero todo lo que podía hacer era quedarse allí, estático, con el rostro ardiéndole en vergüenza mientras se preguntaba qué tan lejos podrían llevar su pasión en ese momento. Y es que Minerva siempre había sido atrevida, pero tomarlo por sorpresa en medio del pasillo y arrastrarlo al baño del gremio, donde cualquiera podría entrar y verlos, era otro nivel. ¡Incluso podía escuchar las voces y pasos de sus compañeros afuera!

Sin embargo, ella no parecía querer detenerse e incluso podría apostar que sonreía en medio del beso que le estaba dando, como burlándose de sus reacciones en ese momento. Fue cuando ella apretó más las piernas a su alrededor que no pudo evitar soltar un gemido, no cuando ella había rozado su entrepierna apropósito con ese movimiento.

—Pareces un gatito asustado — Le susurro ella en el oído, mientras agarraba con las manos ahora en el cuello de su camisa.

Minerva continuó con un camino de besos por el sector, mordiendo, saboreando y haciendo movimientos con su lengua que enviaban escalofríos deliciosos a su columna. Y aun así… él no podía deja de mirar la puerta.

Tragó con fuerza cuando una de las manos de ella descendió peligrosamente cerca de su cadera.

—La puerta… tiene seguro… ¿verdad? — Intento hablar con normalidad, pero obviamente no podía, no cuando su propio cuerpo le rogaba entregarse a las caricias de la señorita, mientras que su cordura le impedía pensar en otra cosa que no fuera en el peligro de alguien cruzando por esa puerta.

—Si alguien entra, puedes decir que yo te seduje — Le respondió casi leyendo sus pensamientos.

—¿Cómo podría hacer eso? — Se preguntó para ambos. Pero también, ¿cómo podría negarlo? No podía más que admitir que todo de esa mujer encima de él lo seducía. Sus ojos, su boca, su pasión… No habría manera en el pudiera resistirse a todo lo que ella era. Sí, seductora es una definición correcta, mas no quería que nadie, jamás, supiera lo bien que ella podía portar ese título. Él quería ser el único testigo de esa parte de ella.

La señorita supo aprovechar muy bien su momento de distracción, porque cuando volvió de regreso desde sus pensamientos hasta aquella habitación, su miembro se encontraba aprisionado por la palma de ella.

—Curioso. Siempre acierto con los gustos de este dragón — Lo acaricio de arriba abajo por encima de los pantalones —¿Así de buena soy? —

—Buena, muy buena— Respondió casi embelesado con los ojos cerrados, incapaz de ignorar todo ese placer. Ella se inclinó sobre él uniendo sus labios de nuevo, haciendo pausas entre tanto y tanto, solo para disfrutar esa expresión de lujuria del dragón.

—Hay muchas cosas… que podría hacer con esta boca— Oh, sí que podía, pensó Rogue sin poder evitar que la imagen de ella de rodillas sobre él lo invadiera y haciendo, sin saber, que Minerva sonriera con prepotencia.

—Me gustaría saber… de que serían estos labios capaces — Dijo mordiendo la boca de su amante.

—Oh, Minerva. ¿Qué no haría por ti? — Enredó la mano entre las hebras del cabello de ella, separando sus labios y obligándola a juntar sus frentes. Esta vez fue el turno de Minerva de quedarse estática.

Él permaneció con los ojos cerrados, escuchando tan solo la respiración agitada de ella. La señorita, por su parte, no podía pensar más que en esas palabras. Todo en su mente había desaparecido e incluso sus movimientos se habían paralizado. Y entonces él depósito de nuevo besos en su boca.

—Dije exactamente lo que quise decir, Minerva— Y ella medio sonrió en respuesta, sin abandonar sus labios.

—Vamos a tener que poner esas teorías aprueba, entonces— Lo presiono de nuevo con su mano, mientras que la cabeza de Rogue se perdía entre su escote. Él agradeció mentalmente al cielo por poder disfrutar de los atributos de la señorita, con los que había soñado desde que era un adolescente.

Buscó con una mano la abertura entre sus piernas mientras que con la otra la sostenía de la cintura. Ambos se acariciaban mutuamente soltando quejidos, ella restregándose atrevidamente sobre sus dedos y él entregándose completamente al placer que le otorgaba ella.

Minerva se apartó de pronto, poniéndose de pie frente a él. Una sonrisa arrogante invadió su rostro y soltando un suspiro bastante fingido, dejo caer su ropa interior al piso.

—Una dama no debería verse en la necesidad desvestirse sola—

Ella no lo dejó responder antes de volver a colocarse a horcadas sobre sus piernas. Con una mano halo de la cinturilla de su pantalón hacia abajo, dejando su miembro afuera. Los dientes de ella atraparon su oreja mientras ejercía fricción sobre sus partes con un lento vaivén de caderas

—Y tú que te resistías tan…—No pudo terminar de murmurar en su oído antes de que él la tomara de la cintura y se adentrara por completo en ella.

—Señorita, yo…—Intento decir con los dientes apretados, pero ella lo interrumpió tomando su rostro para plantarle un beso en los labios.

—No necesitas pedir permiso para tomarme. No tú, nunca—

Soltó un suspiro entre gemidos mientras apretaba los brazos alrededor de cuerpo para traerla más cerca. Ella se levantó un poco para empezar a moverse y cuando él estaba a punto de recibir la primera estocada de placer con los brazos abiertos, un golpe lo detuvo.

—¿Quién está ahí? ¡Necesito el baño! — Orga aporreo la puerta de nuevo y cuando Rogue vio la perilla girar en dirección contraria, perdió todo el color del rostro…

… Mas esta nunca cedió.

Minerva no pudo evitar soltar una carcajada ante la expresión de terror del dragón de las sombras. Rogue permaneció algunos segundos con los ojos abiertos como platos y fijos en la puerta, hasta que un movimiento de cadera por parte de ella lo sacó de su transe.

—Yo estoy aquí, Orga— La voz afuera se escuchó casparrear.

—Lo siento, señorita. Es solo que no había visto a alguien ingresar desde hace un rato que…—

—Bueno, ya sabes que te equivocaste. Si no te vas ahora, pensaré que estabas esperando verme desnuda— Rogue frunció el entrecejo ante sus palabras y Minerva le devolvió la mirada con una ceja enarcada.

—E-entendido, señorita. Lamento la molestia— Y luego de eso, ambos escucharon los pasos de Orga alejarse casi corriendo. Minerva era temible, por supuesto.

—Sigamos en lo que estábamos— Ella intento mover sus caderas, pero él se lo impidió sosteniéndola de la cintura.

—¿Cómo pudo dejarme creer que entraría? — Su cara tenía una expresión por completa indignada.

—Nunca dejaría que otro me viera— Se acercó a su boca sin despegar los ojos de los de él —Ahora, no te atreverás a dejar a tu señorita a medias, ¿verdad? — Se impulsó de nuevo sobre él, sin dejarlo salir de su interior por completo. Sus palabras contenían una amenaza y él lo sabía, así que por el bien de sus futuras generaciones -y las que secretamente también esperaba que fueran las de ella-, cedió a las necesidades de Minerva.

—Estoy para servirla— Y con eso, empezó el movimiento que tanto esperaban.

Ella le rodeo el cuello con los brazos, dejándose llevar por el placer mientras que él aumenta la velocidad de sus estocadas y la atraía más cerca de su cuerpo con cada una. Echó la cabeza hacia atrás disfrutando de esas increíbles sensaciones y cuando estuvo a punto de llegar e intentó separarse de ella, Minerva lo aferro por el cuello con una mirada feroz.

—No. Esta vez, es adentro— Y sin más, logró liberarse.

Ambos se quedaron quietos en los brazos del otro, aun sufriendo los espasmos del último acontecimiento. Ella respiraba agitada con la cabeza apoyada sobre su hombro y él se aferraba al vestido de ella con los puños. Finalmente, ella se separó de su regazo y como si nada arregló su vestimenta antes de darse una mirada de aprobación en el espejo.

—Nada mal para una vieja fantasía— Su cara se enrojeció al escucharla.

Por supuesto que ella sabía de sus fantasías de adolescente, no es como si nunca lo hubiera atrapado mirándole los pechos en aquella época. Además, el idiota de Sting sabía de algunos de sus "problemas nocturnos" que tenía en aquel tiempo y con los que lo molestaba hasta ahora. Increíblemente, a él no le importaba admitir los propios. Todo un idiota, pensó. El como la señorita había logrado sacarle esa información a su dragón gemelo, ya lo averiguaría, luego de darle una patada en el trasero, por supuesto.

—Me marcharé primero, tengo una misión— Se giró hacia la puerta, pero antes de girar la perilla notó algo en el piso. Con una sonrisa maliciosa levantó las bragas que había tirado al suelo y lo llamó.

—Oye— Él levantó la cabeza hacia su voz —Ten. Puedes conservarlas como recuerdo— Le lanzó la prenda haciéndola caer justo encima de su cabeza. Aún con esa sonrisa le dio la espalda, reprimiendo otra carcajada. Detrás de ella un dejó un Rogue con un tono rojo al máximo, hasta donde su rostro podía llegar.


NOTAS DE AUTOR: Que nadie nunca lee -.-

Solo quería aclarar un par de puntos:

1. El hilo conductor de la historia no tiene un orden cronologico. Este capítulo ocurrio antes de los eventos narrados en el primero.

2. La historia anterior se desarrolla después de la guerra de Alvarez. (Siento que no fui muy clara con esto xD)

3. Es posible que de todos los capitulos que vaya a subir solo UNO sea clasificación K, es decir, sin nada de sexo explicito. Y si, soy una pervertidaaaa.

En fin, muchisimas gracias por leer esta historia, espero que les guste y llene tanto sus expectativas como la primera.

Estoy en una etapa de depresión por mi tesis de grado, así ayudenme a sobrevivir con un comentario :( ¿sí?