Para los que preguntaban ¿dónde está Jing? Es decir, El rei de la flor dorada ¡aquí ta!.
He de aclarar, originalmente ESTA era la flor dorada original. Pero si ya de por sí ese fic era enfermo, imagínense si lo dejaba con eso: ya leerán porqué. La historia cambió, por supuesto y no tiene nada que ver con estas escenas. (muchas de las partes no tienen que ver con sus originales :P)
Muchas gracias por los review ¡oww! ¡cómo los quiero! En realidad me sorprende mucho que la historia esté gustando (creía en realidad que nadie querría que la escribiera por ser tan complicada) nvn por favor, dejen review que me motivan a seguir escribiendo
¡los quiero! Gracias a todos: A noda, por hacer y concebir a Kir (y a todos los demás Kais). Y a black wolf-kot, Amu Uchiha Tsukiyomi, bermellón y tsubasa por los comentarios.
Capítulo 6.
Creo que será mejor que te vayas
Para cuando regresó en sí se encontraba en una habitación un tanto oscura, pero increíblemente lujosa con un aire victoriano que le hacía creer que había despertado en un museo. Un pequeño candelabro descansaba a un lado de una cama con doseles desde donde se proyectaba una delgada silueta que emitía una respiración pesada y llorosa.
Dio pasos en la oscuridad y notó entonces que en sus manos descansaba un fuste, no entendiendo porqué. Prefirió dejar el objeto sobre un escritorio y retomó su idea de acercarse al lecho, había una persona allí pero estaba oculta por las cortinas de seda.
Asomó su rostro en la cama y sus manos temblaron al tiempo que sus ojos querían salir de sus cuencas: sí, había alguien pero sus muñecas estaban atadas con cadenas a la cabecera de la cama y su espalda no tenía un centímetro de piel que no estuviese sangrante y ardiendo. El rostro de esta permanecía oculto bajo sus cabellos, pero Kai retrocedió porque, estaba totalmente convencido de que se trataba del mismo chico de siempre.
-"por favor…no más"
Escuchó su voz en un susurro y no pudo evitar exaltarse, sus ojos nerviosos fueron hasta el fuste sobre la mesa y entendió que había sido él quién le había lastimado ¡pero el nunca le haría daño a alguien de esa forma!.
-"¿no más?"- su mente confundida intentó hablar pero su tono de voz fue totalmente diferente a lo esperado: había sonado sarcástico –"¿estás suplicándome?"- dio otro paso atrás porque en primera él nunca quiso pronunciar esas palabras, cómo la última vez, nuevamente no tenía mucho control sobre sus acciones.
Escuchó un balbuceo inentendible, el muchacho intentaba hablar pero las palabras morían en sus labios. Su cabeza se movió levemente y allí pudo denotar su perfil demacrado pero aún con la sangre pudo denotar dos lunares en su rostro, uno en la mejilla y otro cerca del labio.
Tragó saliva conscientemente pero fuera de sí, se acercó a la cama y llevó sus dedos a las hebras infinitamente largas (más que otras ocasiones) y que emitían un aroma embriagante y dulce: como un jardín de ensueño.
-"¿dijiste algo?"- preguntó Hiwatari, si es que podía llamarse a si mismo de esa forma en ese momento –"no logre escuchar…"- de sus cabellos fue a la espalda lacerada, donde sus dedos delinearon los moretones consiguiendo que el frágil cuerpo se retorciera. Aquello resultaba sumamente hipnótico.
El rostro del asiático se alzó levemente y le miró: esta vez tenía ojos dorados como oro líquido que le miraban llorosos –"por favor…"- musitó –"duele…"
Su mano se detuvo, gracias al cielo –"¿por qué me suplicas?"- pero hizo presión con un dedo sobre su espalda y le miró gemir adolorido, sin inmutarse
-"no lo haré de nuevo…"- lloró –"por favor…"- continuó, tragando saliva con dificultad –"lo siento…lo siento"
Lo que fuese que hubiese hecho, a Hiwatari le interesaba poco y sabía que no podría ser tan malo como para recibir un castigo de esta forma pero sus manos no se detenían y lentamente una rabia desmedida comenzaba a crecer en él –"¿qué se supone que no harás de nuevo?"- intentó preguntar pero su tono volvía a ser diferente a como quería, estaba enojado y no podía detener sus movimientos.
-"¡no le hablaré nunca más!"- gimió temblando –"yo…"- tragó saliva e intentó regular su respiración para continuar –"yo solo quería…"- lágrimas se escaparon por los ojos dorados-"lo siento…"
-"Disculparse no arregla nada…"- tomó su mentón y levanto su rostro para encararle directamente: seguía siendo hermoso a pesar de estar tan magullado –"¿querías qué?"- preguntó brusco
Sus labios temblaron –"quería que…alguien fuese amable…"- dijo nervioso intentando no mirarle directamente –"Einfield…es…amable…"- cerró sus ojos y apretó levemente sus labios porque sabía lo que esa confesión traería.
La rabia que en algún momento Hiwatari sentía como débil, creció abruptamente con tan solo la mención de ese nombre. Su cuerpo se abalanzó sobre el escritorio donde había dejado el fuste y lo tomó con ambas manos –"¡¿y yo no lo soy?"- preguntó colérico –"¡¿acaso no lo he sido antes?"- le miró con rabia
El chico miró el fuste y luego a él, en silencio. Sus ojos eran demasiado sinceros como para mentir: no, el nunca había sido amable.
-"Me arrepiento…"- susurró mirándole lloroso –"me arrepiento de haberte dicho que me gustabas…"- tomo aire –"lamento haberte drogado…"- las lágrimas no le dejaban pronunciar palabra –"pero por favor…déjame ir…"-negó con la cabeza –"solo quería que me amaras…"- bajó entonces su rostro
-"¡¿dejarte ir?"- preguntó aún más histérico –"¡¿para qué? ¿Para que vayas a los brazos de Einfield?"- no entendía porque estaba tan cegado por la rabia, por la diea de que esa persona amara otra persona: que con solo ver la situación era más que razonable que lo hiciera. -"¡eres mío!"- sentenció alzando el fuste en su mano y golpeándole
-"¡mío!" –le golpeó de cuenta nueva –"¡no vas a irte con el…"- otro golpe, la sangre salpicó un poco y mancho sus ropas –"¡ni con nadie!"
De haber estado consiente jamás hubiese lastimado de tal forma a ese chico, pero realmente su rabia y su cuerpo actuaban por si solos, acompañados de un miedo desmedido. Con cada golpe profería las mismas palabras como si su violencia sellaría aquello y lo haría cierto, el cuerpo frente a él cayó desmayado al poco tiempo y con ello Hiwatari retomó el control de sus emociones.
Paulatinamente se detuvo y su respiración se reguló. Su primer acto consiente fue soltar el fuste de golpe y llevar sus manos a sus labios al darse cuenta de lo que acaba de hacer. Giró su rostro al chico y buscó acercarse para revisar su presión, gracias al cielo seguía con vida –"oye…"- intentó que despertara, pero desistió de la idea a los pocos segundos.
Su cuerpo temblaba como si estuviese desnudo en una tormenta y sus ojos apenas y conseguían enfocar la habitación para buscar una salida como si su vida dependiese de ello. Notó entonces una puerta igual a las de antes y que nada tenía que ver con el ambiente victoriano, con la salvedad de que esta era azul.
Azul, verde, púrpura, poco le valía, corrió hasta esta y la abrió de golpe para salir de allí.
