Capítulo 17
no es lo que planee en lo absoluto

No había ni una sola puerta de color en ese lugar, dio pasos nerviosos a través del recinto y un silencio abrumador le molestaba demasiado, ni siquiera los ventiladores del techo proferían ruido alguno, se escuchó un golpe finalmente y el primer guardia apareció –"no deberías estar aquí…"

Hiwatari pensó; quería recordar que fue lo que pasó con Takao, es cierto pero más que eso quería ver a ese chico, a Rei Kon. El hecho de pensar que estuvieron juntos durante tantas vidas le intrigaba de sobremanera. Corrió pasillo abajo, adentrándose tras otras puertas grandes y blancas.

Pensaba en Kon, Quería hacerle las preguntas a él directamente y luego sacarle de este lugar tan absurdo.

-"¡eres un idiota!"

Escuchó una voz chillona llorando, retumbando en los pasillos, como de un niño –"¡un gran! ¡Gran idiota!"

Se detuvo en seco y escuchó nuevamente pero la voz se había detenido, dio otro paso y fue otra, mucho más grave y con acento marcado –"lo siento…"

No entendía por qué el solo escucharles anudaba su garganta como si lo viviera, como si el profiriera esas frases, escuchó otra menos grave–"te dije que no fueras conmigo…"- Continuó caminando a paso apresurado por el pasillo, más voces –"es mi culpa…"

Buscó con la mirada alguna puerta pero no había nada, solo voces masculinas llenas de arrepentimiento –"¡qué sentido tiene que me salvaras si no ibas a estar allí!"- chilló el niño nuevamente y tuvo que forzarse a llevar las manos a sus oídos puesto que la desesperación era demasiada, se dio la vuelta y corrió en otra dirección.

Nunca había tenido deseos de llorar pero en ese momento las ganas se acumulaban en su pecho como un bloque de piedra, notó extrañado que no habían centinelas por lo que se detuvo en seco de cuenta nueva ¿en donde se encontraba?

Finalmente notó algo, una ventana, para ser más especifico, y se vio a sí mismo en una habitación con un extraño trompo en la mano, parpadeó, no recordaba nada de esto y se le hacía más extraño verlo como espectador. Dentro del lugar, había tomado el filo del juguete y observado a la luz con cuidado y luego extendiendo su brazo.

Recordó entonces y sus ojos se abrieron como platos…

-"felicidades, sacaron a Kinomiya, realmente no mintieron cuando les recomendaron…"- habló Lee mientras tecleaba en su computador –"es una lástima que no hayan podido sacar a Kon…"

-"quizás si nos da una posibilidad mayor de analizar la situación…"- habló Spencer, intentando pensar en una forma de sacar al asiático en cuestión, no importaba lo que decía Kai no podía escucharle se sentía vacío, como flotando.

-"oye, Kai…"- habló Boris colocando una mano en su hombro –"¿estás bien?"

Kai asintió con pesadez y ausente, sin entender porque todo lo encontraba gris, como si acabara de perder lo más valioso de su vida, como agua que se escapa de sus dedos. Boris le ignoró y propuso a viva voz ir por Vodka pero a Hiwatari se le hizo imposible aceptar dicha invitación.

-"estas actuando raro…"- comentó Ivanov dentro del vehículo ahora todos de regreso a sus residencias, mientras Spencer conducía –"quita esa cara como si se hubiese muerto alguien…"

Kai asintió con lentitud, alguien importante había muerto ¿pero quién?

-"aunque he de decir, que la explosión en el estadio fue sumamente realista, nunca habíamos estado en una extracción tan vívida"- dijo Ian haciendo ademán con sus brazos causando una sonrisa en los otros rusos

-"es verdad…aunque algo asqueroso como le vuelan la cabeza al asiático en la pantalla…"- sonrió levemente mirando por la ventana –"mira que recrear terroristas en un sueño…"

-"¡fue como una película vieja!"- exclamó Boris dando una palmada y luego extendiendo su brazo hasta el pecho de Ivanov –"eso me recuerda, cariño, vamos al cine ya que no es noche de Vodka"

-"como me dices cariño de nuevo y te castro, Kuznetsov…"- dijo divertido quitando su mano pero recostándose en su hombro algo cariñoso aunque no lo parecía, miró de reojo a Hiwatari –"¿Kai?"

El ruso no entendía porque sus manos comenzaron a temblar desmedidamente apenas mencionaron –"le vuelan la cabeza…"- era una crisis de pánico incomprensible y sus ojos tenían lágrimas acumuladas, Spencer detuvo el vehículo y todos se giraron a verle.

-"Kai…"- Ivanov le sacudió –"¿estás bien?"

-"mejor, dejémosle en el hospital…"- agregó Ian igual de preocupado, mirando desde el asiento delantero hacia atrás y por su estatura parecía un niño pequeño

-"¡no!"- exclamó el ruso ante la idea y se acomodó en su asiento –"solo…estoy cansado, quiero volver a casa…allá tengo calmantes…"

Se miraron entre ellos y accedieron renuentes a su petición. Le dejaron en su bonito apartamento en la zona central de la ciudad y Hiwatari subió las escaleras como autómata hasta entrar en su departamento.

Miró el lugar con desinterés y las fotografías que tenía: todas eran con sus compañeros de equipo pero sentía algo faltaba ¿quién? ¿Qué?, se desesperó más y continuó revisando su casa como queriendo encontrar algo pero no sabía exactamente qué. Fue hasta la cocina con nerviosismo y notó una tetera, no supo porqué se vio forzado a tirarla lejos de su vista.

Sus manos temblaban y buscó los calmantes en la alacena y extendió su palma para tomar una de las pequeñas pastillas pero el movimiento le hizo sacar un puñal y por un microsegundo estuvo tentado a llevarlas todas a su boca. Tiró las pastillas en el fregadero luego de solo tomar una y se desplomó tembloroso sobre su sofá, encendió su reproductor pensando que quizás la música le relajaría pero solo consiguió llorar ¿por qué lloraba? ¡Que alguien le explicara porque escuchar música le hacía llorar!

Se estaba volviendo loco, eso era lo que sucedía, una desesperación inexplicable se había apoderado de él luego de esa extracción, luego de la muerte de dios sabría quien. Se giró en el mueble y notó frente a sí una figura de metal con un filo, que se supone era la abstracción de un avión.

Extendió su mano y la alzó a la luz, observándola con cuidado, luego extendió su brazo y clavó el filo a profundidad sobre sus venas. Vio la sangre correr sobre la alfombra blanca de su departamento y no se desesperó en lo mas mínimo, pues él, no tenía nada más porqué vivir.

Sonrió y miró al techo, en realidad se sentía extrañamente tranquilo de que encontraría lo que buscaba.