Este es en resumen de la flor dorada, si usted, querido lector ya ha leído ese fic pues es libre de saltarse el capítulo. Sin embargo el capitulo me parece explica mejor la mente retorcida de Korovin.
Muchas gracias por todos los comentarios y el apoyo que me han dado hasta ahora. Estos dos capítulos son algo más largo que el resto pero espero lo disfruten.
Capítulo 20
De Adentro hacia Afuera
Así que, todo empezaba con Kir Ivanovich Korovin, nacido en moscú en el año de 1820 de Iván Vladovich Korovin. Su madre, Irina, murió cuando tenía la edad de los tres años dejando el único recuerdo de un regazo perfumado a lirios y rosas, sus flores favoritas. El mismo año conoció a una niña…no, un niño con cara graciosa llamado Chen Jing que se convertiría en mejor amigo y compañeros de juegos a pesar de que su primer encuentro terminó en peleas.
Jugaban con barcos de papel cometas, robaban dulces y caminaban por la montaña. Kir sin entender demasiado lo que sucedía siempre disfrutó la compañía de Chen y contaba los días para viajar de Rusia a China. Iván siempre tuvo un cierto arraigo con el país asiático por lo que, su hijo visitó mucho el lugar, disfrutando de una infancia feliz con su amigo y aprendió el idioma sin problema a pesar de las negativas de su abuelo, Vlad Korovin.
Vlad era un hombre sombrío y codicioso de poder casado por compromiso y enviudó a los quince años de casado, su enorme astucia le convirtió en uno de los hombres más ricos de Rusia pero de más estaba decir que era también muy odiado, no le importaba. Para su abuelo Kir siempre resultó ser "una inversión" y todos los demás eran solo moscas en el camino.
A la edad de los seis años una especie de obsesión surgió en la mente de Iván y comenzó en la búsqueda de una nueva madre para Kir, sus memorias al respecto resultaban borrosas pero siempre estaban las conversaciones de "una cualquiera robará nuestro dinero" por parte de Vlad y los "¡no dejaré que influyas sobre él, padre!" por parte de Iván. Con esa edad por supuesto que Kir no comprendía lo que sucedía hasta que una noche de invierno su vida cambió por completo:
Su padre había entrado a la habitación y proferido un beso en la frente con –"regresaré más tarde a buscarte y tendrás una nueva madre…"- pero su padre no regresó en lugar de ello su abuelo se abalanzó contra su cama y tomó su muñeca ordenando –"¡vístete!"- el pequeño, tembloroso, obedeció y fue arrastrado por las calles nevadas de Moscú hasta un hostal cerca de la estación de trenes.
El pequeño Korovin estaba asustado y el olor le mareaba pero el miedo que profería su abuelo siempre fue aún mayor. Una puerta se abrió frente a él y un cuarto ensangrentado se reveló ante sus ojos, cuarto donde su padre Iván yacía muerto con el rostro desfigurado. Sin comprender lo que pasaba Kir corrió hasta él y abrazó el cadáver llorando, creyendo que quizás despertaría pero no fue así y lo único que consiguió fue que su abuelo le halará de cuenta nueva, sosteniendo su rostro con fuerza.
-"¿quieres saber porqué tu padre murió?"- gritó sobre su rostro –"¡murió porque se enamoró! ¡Porque era débil!"- le sostuvo del cabello –"¡y si tu repites sus errores terminarás exactamente como él!"
Kir desvió la vista pero le obligaron a encararle de nuevo –"¡míralo! ¡Recuerda esto Kir!"- le gritó –"¡el amor es para débiles! ¡Si no quieres ser como el debes destruir las cosas que te hagan débiles!"
No hacía falta dar la orden de que lo recordara, esa imagen y esas palabras jamás desaparecerían del pequeño. A partir de ese momento fue guiado metódicamente por su abuelo para convertirse en un hombre de negocios: aprendió francés, inglés y japonés. Estudió derecho y política y todos los juguetes que alguna vez tuvo fueron quemados en una hoguera así como sus recuerdos de infancia.
Pero los viajes a china continuaron puesto que su familia tenía negocios en ese país y la alegría que alguna vez tuvo por ver a Jing fue desapareciendo gradualmente, pues él no tenía tiempo que perder con juegos. La amistad fue quebrándose, el se volvía frío y distante y Jing, incomprensible. Le rechazó constantemente sus juegos y sin embargo el chino permanecía inmutable a su lado, siempre sonriendo, siempre dulce y amable. En algún momento en lugar de sentirse conmovido se sentía asqueado y asustado. Jing conseguía que su corazón se acelerara y sus manos sudaran demasiado debajo de sus guantes.
Llegó entonces lo esperado, a la edad de dieciocho años el chino profesó su amor por el ruso y este, aunque por dentro su corazón latía con fuerza, pisó cualquier muestra de afecto pues para él, el amor jamás existiría. De hecho, le odiaba un poco por hacerle ver que el dichoso amor estaba rondando como una bestia que amenazaba con destruirle.
No supo porqué a pesar de haber estado ofendido, Jing continuó hablándole, ofreciéndole té amablemente junto a una leyenda que este contenía "si bebes este té un sueño te revelara tus deseos", como un hechizo a partir de esa noche comenzó a soñar con el chino, donde le hacía el amor apasionadamente. Era perfecto pues en los sueños estaba a salvo, nada malo tendría porque sucederle y, sin darse cuenta se volvió adicto al té, al té de la flor dorada.
Pero los sueños no existen y tras una semana maravillosa se reveló que el té solo era droga afrodisiaca que le forzó a desear a Jing. Se sentía asqueado, pues por muy femenino que fuese ese rostro, Jing era un chico y lo había disfrutado ¡tenía que hacerle pagar por aquella insolencia! ¡por engañarle haciéndole creer que era un sueño! Y más importante por hacerle sentir de esa forma. Por hacerle sentir enamorado en sueños.
Olvidando las noches de amor apasionado esa vez solo fue violación y el rostro de su "amigo" jamás dejó de llorar y gritar, pero no le importó. Quería tenerlo y no amarle en el proceso, aquello era perfecto. Tenía que enseñarle a jamás jugar con un Korovin, era su culpa por haberle engañado y más importante, por haberle quitado su sueño.
Podría decirse que eso fue un error de una noche pero Kir sentía que enloquecería si le dejaba pues había encontrado la forma de tenerle sin problema, sin morir como un idiota en el proceso.
Las guerras del Opio entre china e Inglaterra cayeron como anillo al dedo para él, los impuestos consumirían a la nación asiática pero no a Rusia y solo bastó con proponer protección a la familia Chen a cambio…
De que Jing fuese su esclavo para siempre.
Aceptó, como esperaba, Jing siempre fue demasiado condescendiente y débil con su familia. Podía hacerle lo que quisiera y él seguiría allí, mostrando su efímera figura de porcelana ¿por qué no era una chica? Si lo fuese incluso hasta hubiese podido casarse con el…
El tiempo pasaba y vivir con Chen no era difícil, era intuitivo e inteligente y tomaba importancia de las cosas pequeñas pero, más que una virtud aquello empezó a desesperarle puesto que sus gestos arrancaban sonrisas en su rostro y le hacían arder como si tomase vino; Jing era una droga en todos los sentidos.
La sociedad comenzó a cuestionar entonces: ¿cómo dos hombres vivían solos? No lo entendían, Jing era su sirviente aunque le hiciese sonreír ¡no tenía nada que ver una cosa con la otra! Aquella presión y estrés desataron el primero de muchos golpes al rostro del chino cuando intentaba conversar algo con Kir, llevando al silencio por parte de esos rosados labios y a ojos dorados que le miraban asustados con cada oportunidad.
Nadie entendía, ni siquiera Jing, quien comenzó a buscar conversación los sirvientes ¡así que lo más lógico era pedirle a esos inútiles que dejaran de hablarle! ¡Jing no tenía porque aceptar nada de ellos! Solo debía estar allí para él pero no quería que le hiciese sentir débil con sus pláticas ¡era tan simple!
Finalmente, ya había llegado la edad de casarse y a pesar de que Jing siempre permaneciese a su sombra, sumiso y silencioso, los rumores no cesaban, por lo que fue momento para él de buscar una esposa, una rica e importante que le ayudaría a extender sus negocios.
Pidió listas de cada una y revisó con cuidado hasta dar con Ekaterina Primakov, hija de un banquero, rubia y con ojos azules. Físicamente la encontraba desagradable, voluptuosa y de caderas anchas pero era la más adecuada y considerando su nivel de cultura, riqueza y elegancia, no fue difícil conquistarla.
Jing intentó preguntar si al estar casado dejaría de ser su esclavo pero por supuesto aquello solo le hizo ganar una tortura por su insolencia ¡cómo se atrevía a sugerir que podía irse! ¡Él le pertenecía!
No volvió a escuchar su voz en un buen tiempo y su sonrisa solo aparecía cuando le observaba a lo lejos mientras cuidaba el jardín de su residencia, al parecer el único placer que tenía el chino viviendo en ese lugar.
En ocasiones pensaba en darle regalos, flores creadas con rubíes y cristales que adornaran el delgado cuello o sus dedos, tan suaves y largos, las colocaba con cuidado y admiraba lo hermoso que resultaba su "sirviente", hasta caer en cuenta de la ridiculez que suponía colocarle joyas a un hombre ¿qué pensarían? Al final todas las joyas compradas con la intención de embellecer a Chen terminaban en las manos de Primakov, quien agradecía por tener un esposo tan dedicado.
Aunque no quería darle regalos y acostarse con ella suponía vacío y nada incitante, la mujer no tardó en quedar embarazada, cesando finalmente los rumores y dándole un tanto de paz, que no duró demasiado…
Durante una de las reuniones con todos los grandes comerciantes de Europa en su residencia, conoció a "Brandon Einfield" uno de los representantes de la "British east Indian Company" los causantes de la guerra del opio en China. Como persona le encontraba como un verdadero imbécil pero fue cuando este posó sus ojos que Jing que comenzó a odiarle.
-"no sabía que tenía un sirviente tan …exótico"- sonrió el inglés extendiendo su mano y besando la del chino, quien miraba a Einfield con rostro coloreado y a Kir con genuino temor. Apenas y dejo que se hablaran pues ordenó al chino a retirarse.
El inglés se disculpó al entender el gesto y se escudó bajo la excusa de que Chen era tan hermoso que le confundió con una dama, no era descabellado: realmente Jing Chen poseía una belleza excepcional aunque Kir no terminaba de tragárselo.
A las semanas de haber conocido a ese hombre tan desagradable ordenó a Chen a entregar algo en su residencia, no era que quisiera pero debido a sus negocios estaba demasiado ocupado y consideraba a los sirvientes demasiado inútiles para una tarea de esa magnitud. Por sobre todo, quería comprobar una cosa…
Dejó a Chen entregar el paquete, pero apenas terminó con su trabajo se dirigió a la misma residencia, comprobando una teoría que le hizo hervir la sangre: Jing Chen y Brandon Einfield estaban juntos, no en un acto sexual al menos, pero lo suficientemente cariñosos para que sus celos bulleran sin medida. Haló al asiático lejos de ese lugar y se encargó de darle un escarmiento tan severo que por un momento creyó haberle matado.
Esa fue la escena que Hiwatari revivió y que casi le hizo enloquecer.
Días después de dicho incidente Einfield propuso comprar a Chen por el precio que el eligiese, no importaba cual: le quería a su lado. Por supuesto que Korovin no accedería a semejante oferta pero aquello solo trajo consigo la primera amenaza de Einfield.
"¿qué pensaría tu esposa?"
La verdad, es que ella estaba indiferente en su mundo de joyas, lujos y trivialidades y se fingía desvalida ahora que esperaba un hijo pero había una verdad en todo el asunto y es que Primakov siempre detestó a Chen. Sea porque era increíble pensar que un hombre tenía mejor rostro que ella o porque Kir siempre daba a entender que era algo "especial"
Kir ignoró aquella amenaza y su ignorancia se extendió hasta el hecho de saber que su esposa había hablado secretamente con Einfield quien dio una serie de pasos que la rubia debía seguir a medianoche para encontrar a su esposo copulando con el ásiatico, como era de esperarse.
El escándalo que se formó cuando Primakov encontró a ambos hombres juntos fue insoportable y por un momento Kir quiso matarla por hacerlo todo más difícil y complicado de lo que ya era. Por fortuna el incidente no podía pasar a mayores porque si la sociedad lo sabría sería insoportable para ambos.
Pero Primakov se unió a la misma causa: "tienes que vender a Chen" o tirarlo, o arrojarlo de un puente, que más le daba ¡ese asiático asqueroso no estaría en la misma casa que ella!
Kir jamás cedió en su posición a pesar de la insistencia de Einfield, vino la segunda amenaza.
"si no puedo tenerlo, nadie lo hará"
Korovin siempre estuvo demasiado seguro de su posición y no creyó en ningún momento que el corriese peligro y, si Einfield quería a Chen tanto como él tampoco le haría daño. Ese fue su error.
Nuevamente Einfield concretó una reunión secreta con Primakov y entregó en las manos de la rubia un veneno que una vez administrado mataría a Chen a los días, en una dolorosa y lenta muerte. La esposa de Korovin estaba encantada pero intentó, como buena arpía darle una última oportunidad.
-"toma el té conmigo…Chen"
Jing inexpresivo tomó asiento frente a ella.
-"escucha, sé que hemos tenido nuestros…inconvenientes"- comenzó hipócrita –"pero, estoy totalmente convencida de que podríamos llegar a un acuerdo"- miró al chino quien seguía sin cambiar su semblante de muñeco –"verás… estoy por tener un maravilloso bebé y deseo criarlo en el mejor ambiente y tu…"- hizo una pausa a ver si le seguía, Jing no se movió –"supones una mancha para ello…"- sonrió levemente y extendió un boleto de tren –"mi querido Kir estará afuera todo el día…puedes irte, nadie tiene porqué saberlo…"
Ya que esta escena, así como las demás relacionadas con Primakov y Einfield realmente nunca fueron observadas por Kir sino más bien contadas por sirvientes tras la muerte de Chen, los gestos del asiático permanecerán como un misterio pero lo que es seguro es que rechazó la oferta y el acto seguido de ella fue ofrecer una taza humeante al asiático, servida por ella misma.
También, se llegó a saber que Jing jamás despegó sus ojos de ella mientras bebía la taza que le ofreció, como si supiese que sería su última taza de té.
No pasó más de medio día después de eso para que Jing vaciara todo su estomago hasta desmayarse.
Kir al escuchar que el asiático enfermó se precipitó como una bestia hasta la habitación de este, considerándolo imposible pues con los conocimientos médicos de los que el chino se jactaba jamás había enfermado de gravedad. Vio a sirvientes intentando limpiarle, vómito y sangre y su espina dorsal sudó frío. Con pasos lentos se colocó a su lado y miró el rostro febril enfermo que exhibía un hilillo de sangre en sus labios hasta su barbilla.
Uno de lo sirvientes habló en susurros a su jefe explicándole que no le quedaban más de unas horas de vida, dicho por el mismo médico que habían llamado inmediatamente tras desmayarse Chen.
Las manos de Kir temblaron un poco y una mueca cruzó su rostro, ordenó que les dejaran solos y acercó una banca para sentarse al lado de Chen en la cama, apenas y pudiendo mirar al rostro mortalmente pálido y sudoroso ¿realmente Jing moriría? ¡no lo permitiría! ¡algo debía hacerse! Sostuvo su rostro quitando el hilillo de sangre sus labios con un dedo –"…te…prohíbo que mueras, Chen…"- dijo con el ceño fruncido aunque ojos llorosos sin darse cuenta, sus manos temblaban aún más mientras le sostenía –"¿me oyes? Mañana mejorarás y… seguirás…"
Jing tomó su mano y negó levemente con la cabeza –"voy a morir…"- pensaba que proferir esas palabras sería sencillo para el asiático teniendo a la persona que le torturó durante toda su vida, pero él también se contagió un poco y sus ojos estaban vidriosos
-"no vas a morir…"- seguía negándose –"serías…el mayor de los estúpidos si lo hicieras…"-tomo aire –"solo es una indigestión…"- dijo sin mirarle pero con la cantidad de vómito y liquido corporal que había perdido sabía que no era así
Jing acarició su rostro un poco –"…en otra vida…"-sonrió amargo con debilidad –"seré…menos desagradable…"
-"¡tu eres perfecto como estás!"- chilló el ruso mirándole desesperado –"¡no seas estúpido! ¡No existen otras vidas! ¡No hay cielo! ¡te mueres y ya! ¡Deja las ridiculeces! ¡Tú no puedes morir!"- extendió sus brazos abrazándole –"¡te prohíbo! ¡tu vida es mía! ¡solo yo puedo decirte cuando puedes irte!"
Jing se quedo en silencio, sorprendido por el abrazo y llevó sus manos hasta el cabello negro del otro –"…Kir…"- susurró –"estaré bien…tu estarás bien"
-"¡no lo estaré Chen! ¡maldita sea!"-le abrazó con fuerza –"no puedes irte…"- susurró –"te odio…"
-"lo sé…"-Jing asintió con cuidado aun acariciando su espalda con la mano debilitada –"lamento mucho…haberte…drog—"
Kir le interrumpió y le miró colérico con ojos vidriosos –"¡te odio es por hacerme sentir de esta forma! ¡porque me haces sentir débil! Siempre tu…"- tomó el rostro pálido –"siempre me hacías sentir …mal…sin aire…"
Jing sonrió levemente –"el trato…"- susurró débil –"¿seguirás cuidando de mi familia? Ja…jamás huí…"
Kir tomó aire –"maldita sea, Jing…no hables de eso ahora…"-unas lágrimas resbalaron por su rostro y le odió más ¡los Korovin no lloraban! ¡mira lo que le hacía hacer! ¡estaba llorando por su culpa! ¡era débil por su culpa! –"no..hay nada que discutir sobre tu familia porque no puedes morir…"
Jing extendió sus manos y le acarició en silencio, no pudiendo creer lo que veía –"…Kir..."- el también lloró un poco –"estarás…b"- escucharle llorar contra su pecho le contagió de más lágrimas –"n…no hagas esto más difícil…"
-"no mueras y estaré bien…"- volvió a susurrar
-"…lo siento…"- susurró el chino –"…v-voy a morir más rápido… si sigo perdiendo líquido así…"- confesó llorando levemente y cerrando sus ojos
-"eres…mío…no…puedes morir…"-volvió a susurrar –"n..no…quiero…"-sus manos temblorosas le sostuvieron con fuerza como si eso fuese a evitar lo que sucedía, y la idea de que no le vería de nuevo y más aún la idea de que quizás pudo evitar esto de haber estado en casa, le enloquecía. Como un niño pequeño no dejaba de abrazarle y acunarse en su pecho
-"en otra vida…"-susurró débil pasando sus dedos por las hebras azabaches de Kir y ojos cerrados –"no habrán errores…"
A este punto solo había resignación y Kir asintió con cuidado y se incorporó sosteniendo su rostro, no había nadie y aunque le hubiese ¿de qué le valieron todos los preceptos de la sociedad? Unió sus labios con los del otro en un beso tierno aunque el sabor a sangre proveniente de los labios del chino no hizo más que destruir su alma.
-"…creo que…siempre te amé"
Pero Jing ya no podía contestarle.
Era increíble pensar que alguien se molestaría en hacer un mausoleo para un extranjero en tierras rusas y más aún, un mausoleo que era más bien un jardín lleno de flores; mayormente crisantemos dorados en tierras áridas y frías. No mucha gente asistió al funeral; salvo algunos sirvientes que ignoraron sus órdenes de no hablarle al asiático en vida y algunos de sus socios cercanos que conocieron al asiático durante sus charlas de negocios como el inglés de ojos azules Maximilian Benett y el japonés de ojos oscuros Takeo Otori.
Kai que estaba reviviendo todo encontró curioso que realmente, no solo estaba destinado a encontrarse con Kon, si no también con esos dos.
Hubo alguien en el funeral que, por supuesto consiguió una señal de desprecio por parte de Korovin: Einfield no solo había asistido si no que sonreía condescendiente con su dentadura torcida –"te dije que, si no podía tenerle nadie lo haría…"
Ignorándose el hecho de era un funeral y que el sacerdote seguía hablando, Korovin se le fue encima a Einfield y le golpeó en la nariz tantas veces que le sangraron los nudillos, hasta que la multitud intervino y les separó. Korovin jamás dejo de gritar –"'¡hiciste algo no es así! ¡tú lo envenenaste Einfield!"
El inglés nunca respondió pero la sonrisa imperceptible que solo Kir pudo notar respondía todo. Tenía el presentimiento de que esa persona le seguiría jodiendo la vida y las que seguían.
Un mes después de celebrado el funeral y aprovechando que venían fiestas decembrinas, Korovin se encontró solo en su residencia y entendió que era el momento propicio para hacer lo que tenía planeado. Con tan solo una semana sin Jing se dio cuenta que la fortuna, posición social, todo, no importaba si él no estaba allí y se arrepintió de todo lo que había hecho.
Kir tomó la soga y comenzó a hacer un nudo correspondiente, siempre le gustaron los barcos por lo que sabía de nudos, pero con dejar sus sueños lo había olvidado. Recordó entonces que en algún momento de niños había dicho a Jing que "recorrerían el mundo juntos en un barco" que idea tan ridícula y sin embargo preferiría estar en un sueño ridículo que en esa habitación, solo.
Colgó la soga del techo y cercioró que sostuviera su peso para luego buscar una silla y subir a esta y colocar la soga alrededor de su cuello. Optar por ahorcarse parecía razonable, era menos sucio que un cuchillo y mucho más rápido.
Lo sentía y sabía que con esto no arreglaría nada pero no podía evitar tener un dejo de esperanza y, como había declarado el chino "encontrarle en otra vida", aunque le daba igual si volvía a ser un chico. El jamás volvería a dejar que nadie se interpusiera entre la persona que amaba.
Dio un paso al frente
