Olvidado por Dios

Su cuerpo era una delicia, su piel era suave como la seda y sus cabellos eran un festival de color verde que se esparcía por toda la almohada. Sus ojos caramelos me miraban perdidos en un manto de ilusión más por debajo podía notar como el placer la encendía por completo, dejándola arder como una llama fugaz con cada embestida que le daba.

De sus labios salían conocidas y a la vez tan encantadoras melodías de placer. Ella estaba disfrutándolo tanto como yo, Gumi deseaba hacer el amor conmigo tanto como yo lo deseaba con ella; o eso quería pensar. Mi cuerpo se apegaba al suyo bajo cubiertas de sudor que empapaban nuestras pieles desnudas. Sus piernas estaban alrededor de mi cintura y mis manos apoyadas en la cama, a los costados de su cabeza, acorralándola en mi desespero casi salvaje por hacerla mía.

Desde el carruaje los besos fueron calentando nuestros cuerpos, desaliñando nuestra ropa, desenterrando mis sentimientos. Al llegar me tomo un infierno poder despegarme de mi amada solo para bajarnos y adentrarnos a mis aposentos donde todo lo que nos cubría acabo en el suelo, empezando así una de las más frenéticas escenas de sexo que he vivido.

Podrían haber pasado mil horas y aun mi sed por ella no se saciaba, no importaba cuantas veces sus uñas se enterraran en mí, cuantas veces probara sus labios, senos o sexo; nunca era suficiente. La dejaba jugar conmigo haciendo que obedeciera mi deseo intenso de que me quisiera de verdad. Varias veces su boca traviesa jugaba con mi miembro, comiéndolo con la misma desesperación que yo le reflejaba.

-Oh mi hermosa, eres solo mía, por siempre- Susurre con una sonrisa ladeada, llena de diabólico erotismo antes de embestirla nuevamente, ahogándole sin piedad. Ella gimió y sus ojos se volvieron cristalinos, los mismo que no paraban de mirarme pidiéndome más. Sonreí pues sabía que pronto llegaría al límite. Me levante soltando su agarre, levantarla y tomarla fuerte de la cintura, para embestirle con fuerza, tiñendo su piel rojiza al tiempo que el choque de nuestras pieles resonaban por toda la habitación.

-Di mi nombre mientras te corres ¡Dilo!- Gruñí mirándola fijo, estaba exquisita -¡Grita mi nombre!-

-hmmm Gaku… ¡OH!- Antes de terminar de pronunciarlo sentí su estallido. Sus paredes me apretaron mientras que todo su cuerpo se retorcía en gritos de placer y esa vista, aquella con la que tanto fantasee, fue todo lo que necesitaba para dejarme dentro de ella, gruñendo su nombre hasta calmarme.

-Princesa, mire lo que ha hecho, ya no es una dama- Comente con un orgullo travieso al salir de ella, notando como los fluidos de ambos dejaban su cuerpo empañando las sabanas. Esa era una imagen para mostrar al mundo, Gumi era solo mía ahora, solamente mía y ya la había marcado como su señor en ella y ningún estúpido, por más títulos que tuviera, iba a cambiar ese hecho. –Buena chica.- Me acerque a sus labios y la bese con delicadeza. Luego, me acosté a su lado mirando como sus ojos se cerraban en un profundo sueño hasta que, sin darme cuenta, los míos la imitaron.

-¡Gakupo! ¿A dónde vas?-

-Si tu padre me ve aquí me matará- Mi voz era inocente, juvenil pero llena de terror al mismo tiempo; El tic toc del reloj estaba detrás de mí y necesitaba ganarle ventaja.

-No puedes irte, yo hablare con él- Había una Gumi muy joven delante de mí, con las trenzas de su cabello desordenadas y su elegante vestido completamente lleno de tierra del jardín, el mismo en el que habíamos jugado solo momentos atrás. Esa era la época en la que ella sentía algo por mí.

-Sabes que no te escuchará, alguien como yo sería encarcelado si me ve contigo y tú serás castigada por tus fachas, mejor vete a cambiar ¡Rápido!- Me acerque a ella con la intensión de darle un beso en la frente antes de irme pero cuando estaba a tan solo unos cuantos centímetros de ella escuche la voz del señor (Estúpidamente le tenía respeto) Megpoid cerca de nosotros.

-Debo de irme- Quise correr pero la versión de once años de Gumi me tomó por el brazo para darme un fugaz beso en la mejilla.

-Cuídate, quiero verte pronto- Sus ojos reflejaban amor sincero y tristeza, verdadera tristeza de verme partir, esos ojos llenos inocencia que se preocupaban por mí, una mirada que no volveré a ver jamás…

Me levanté sudando, con el pecho agitado y la mirada enloquecida ¿Eso fue un recuerdo o tan solo una cruel pesadilla? Sinceramente, creo que ambos.

Giré el rostro para ver el cuerpo de la chica que me perseguía, completamente dormida pero sin transmitir ninguna emoción genuina ni siquiera en sus sueños más profundos. -"Es una muñeca"- Algo susurró en la parte trasera de mi cabeza y de inmediato un fuerte dolor en mi pecho corto mi respiración; afortunadamente solo duró unos segundos ante de que alguien llamara a la puerta, fueron dos golpes fuertes pero precisos, unos de los que ya me estaba acostumbrando.

-Adelante- Luka entró portando una bandeja entre sus manos llena de comida: Sopa caliente, carne fileteada y distintos tipos de queso. Por supuesto mi vino favorito también estaba presente.

Al ver la bandeja mi estómago gruño, hasta ese momento no me había dado cuenta que estaba hambriento y es que ya era mucho más allá del medio día y si contamos la larga sesión de sexo, de la cual recién despertaba, estaba falló de energía.

La pelirosa dejó la bandeja sobre la cama y antes de que se retirara la tomé de la mano atrayéndola hasta mis manos donde jugué con los contrarios hasta pintarlos de un rojo intenso. Eso era hambre, no solo de comida sino también del cuerpo de cada una de mis chicas, por mi cuerpo pasaba una ráfaga insaciable de deseo, era como una tormenta que arrasaba todo a su paso, quemándome por dentro.

Olvidándome de mi sueño agridulce podía decir que Gumi despertó en mí una sensación gigante donde el mundo era mío y todos debían arrodillarse ante mi presencia. Hombres clamando en agonía los nombres de sus esposas, hermanas e hijas mientras que estas mujeres me entregaban sus cuerpos en una noche que desafiaba a Dios. Nadie se reiría de mí de nuevo y si se atrevían a hacerlo pagarían un algo precio, uno que les costaría la vida.

Yo era su señor, el duque de Venomania.

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En mi vida anterior jamás había sentido algo parecido, aún me sorprendía entender que quien me tenía un mayor desprecio era yo mismo, tal y como los adultos me había enseñado. Ellos creían que era una frágil, estúpida y maldita escoria que llegó al mundo por infortunios de la suerte pero ahora eso cambiaría; si me creían una maldición pues les traería al diablo mismo.

Levante la mirada, encontrándome con mi reflejo. Podía ver en el espejo mis cabellos desordenados, la piel brillante a la luz de las velas gracias al sudor y como cada uno de los músculos de mis brazos estaban marcados por líneas rojizas, rasguños ardientes que se extendían hasta mi espalda, hechos por mis amantes al llegar al clímax. Lo único que me protegía de la desnudes total eran mis pantalones arrugados que me habían acompañado desde la reunión de esa mañana.

Respire hondo, satisfecho con el estado de mi cuerpo pero entonces miré fijo a mi rostro, era el mismo que había odiado toda mi vida pero al mismo era diferente, incluso se sentía como si fuera de alguien más. Mis labios formaban una mueca que, combinado con la locura en mis ojos, formaban una expresión digna de los cuentos de terror que te perseguían toda una noche antes de que por fin llegase el consuelo del dormir. De nuevo el dolor perforó mi pecho y me doblé como si mi torso hubiese dejado de funcionar ¿Qué era esto?

-"Poco a poco te consumirás, cuando menos lo pienses tu alma dejará de ser humana, en cuanto pierdas el control serás mío"- Había una voz en mi mente pero no era yo, de nuevo el ente con quien hice el trato quería burlarse de mí. Podía, incluso, sentir su risa mientras su silueta oscura se dibujaba en una de las esquinas del espejo. –"Ahora tienes a quien siempre deseaste, la razón por la que empezaste todo esto ¿Qué harás ahora ?"-

Me quedé callado, no tenía miedo pero no deseaba conversar con esa cosa. Todo daba vueltas en mi mente como si poco a poco perdiera la noción de la realidad y entregara toda mi cordura para dejarme dominar por la voluntad de alguien (algo) más.

-"¿Quieres venganza contra todos en el pueblo? ¿Todos los que te usaron, dieron la espalda y te dejaron morir?"-

Mi reflejo cambió, ya no era el hombre con el brillo de la salvaje lujuria impregnada por todo su cuerpo, tampoco era la forma doliente y soñadora de hace unos segundos sino que era un niño pequeño con claros signos de desnutrición. Las marcas rojas en su piel ya no eran símbolo de placer sino de castigos injustos y un sufrimiento ardiente que se repetía día con día. En sus ojos no había una pizca de malicia, inocentes y solitarios, llenos de lágrimas; pidiendo ayuda aun sabiendo que nadie llegará.

-Por favor- Gimieron sus golpeados labios mientras levantaba una mano hacia mí. Yo le imite sin darme cuenta, queriendo tomarlo y sacarlo de donde estaba, de toda esa oscuridad. –No dejes que vuelvan a tocarme- La voz del niño se quebró al tiempo que el llanto empañaba sus mejillas sucias.

Estaba por tomar sus dedos temblorosos cuando la superficie fría del vidrio rompió toda ilusión, devolviéndome a la realidad. Ya no habían voces ni siluetas, solo mujeres desnudas por todo el suelo, durmiendo con el aire propio del sexo reflejado en sus rostros. El frío entraba a todos los rincones, la vela que impedía la oscuridad total flaqueaba y mi rostro estaba lleno de lágrimas que nunca supe cuando empezaron a caer.

-El dolor de mi pasado no volverá jamás, lo juro- me dije a mi mismo antes de levantarme y golpear el espejo, haciendo un desastre en el suelo a mi alrededor. De repente, unas manos suaves tomaron mi espalda, voltee a verla y su sola presencia me lleno de nostalgia.

-Gumi- Susurré mientras tomaba su rostro con mi mano herida. Su piel era suave. Si tan solo ella pudiera sonreírme sinceramente, a su voluntad, porque me quería de nuevo…

Callé mis pensamientos en sus labios, un beso que selló mi dolor. Para siempre, ahora la tenía para siempre.

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La mañana trajo consigo confusión y desastre en el pueblo. Lo que sucedió a la familia Megpoid (Quienes se ausentarían de la ciudad con la excusa de curar la extraña enfermedad que había contraído la señora) había sido esparcido como pólvora entre los pueblerinos y poco a poco ellos tomaban control sobre las autoridades, estos últimos eran acusados de incapaces gracias a que las mujeres seguían desaparecidas. Todas las mañanas, los jóvenes rebeldes les recordaban a la policía su ineptitud con explicitas amenazas en su puerta.

"Maldita policía ¿Dónde están nuestras mujeres?", "Si mi hermana no aparece pronto es porque ustedes junto a la realeza de este pueblo han planeado esto. ASESINOS"

Una mañana en particular decidí alejarme del pueblo, todo ese drama estúpido en el que querían involucrarme, además de tener que actuar como si me importaran realmente las vidas de esos malditos plebeyos era agotador para mi mente y sencillamente alguien como yo no podía seguir malgastando su preciada energía en cosas que no fueran de mi disfrute, como por ejemplo: las deliciosas orgias nocturnas que me ofrecían mis esclavas en la oscuridad de mi habitación.

Subí al carruaje con mis muñecas más preciadas. Gumi estaba a mi lado mientras que Miku y Luka se encontraban una muy cerca de la otra en los asientos frente al mío, si me aburría en el camino podría jugar con ellas o bueno, que ellas jugaran entre sí.

El lugar al que me dirigía se encontraba lo suficientemente lejos de Venomania como para olvidarme de sus inmundas calles mientras paseaba por los hermosos jardines de la cabaña que había pertenecido a mi padre, casualmente aquella donde mi vida empezó con aquel acto de lujuria momentánea que al mismo tiempo me condenó incluso antes de nacer.

Tenía la mirada puesta en unas montañas lejanas y sus picos helados, pensando en mi destino. Visitar el sitio de mi concepción me recordaba, extrañamente, a la muerte y lo que me esperaba luego de que ella llegara.

-Amo- Gumi susurró a mi lado, sacándome de mis sombríos pensamientos. En ese momento note que el vehículo estaba detenido y todas las chicas me miraban con sus ojos envueltos de una realidad falsa

–La chica- Esta vez fue Miku quien habló, señalando un tumulto de arropajos tirado en la tierra, bloqueando nuestro camino.

-Maldita sea ¿Acaso quieren sacarme de mis casillas? Luka, saca eso del camino. No me importa si es un cadáver o una puta mendiga ¡Muévela!- Tomé a Luka , prácticamente tirándole fuera a modo que cayó sobre su rodillas antes de erguirse como si nada pasara y se dirigió hacia la persona haraposa en medio del camino.

Yo observe todo desde la donde me encontraba, podía ver como Luka pateó el costado de la mendiga hasta obligarla a voltearse. La rubia, ahora lo podía notar, apenas si se movía pero aun así se notaba tensa, asustada por el destino evidente que se le había acercado.

Un destello se notó en la mano de mi sirvienta, el cuchillo que siempre llevaba bajo sus faldas con la intensión de utilizarlo en caso de que mi vida corriese peligro o, como eran esos momentos, en caso de que una molestia se apareciera para turbar mi paciencia.

-Pobre creatura, supongo que matarla es lo mejor que puedo hacer por…- Luka se movió ligeramente, lo suficiente como para dejarme ver mejor el rostro sucio de aquella mujer. No, no era una mujer, era más una joven de apenas edad cuya culpa y peso de lo que sea que le persiguiera de su pasado hacia que su cuerpo actuara más maduro de lo que en realidad era. Además, su ropa y piel sucia la hacían casi irreconocible.

-Luka, detente- Ordené mientras me bajaba del carruaje para ir hasta ellas. Mi sirvienta me miro y, sin ninguna expresión en particular, se hizo a un lado, permitiéndome confirmar lo que sospechaba.

Ya la conocía, como conocía a casi todos los miembros pertenecientes a la familia real de las tierras vecinas a Venomania; solo que pensé, como podría hacerlo cualquier otra persona, que ella estaba muerta.

-Reina Rin Kagamine –Murmuré con suavidad, tendiéndole la mano en señal de paz. En ese momento pude verlo, ella me reconoció, por segundos ella también supo quién era yo. Fue un instante halagador hasta que sus ojos se cubrieron de una tela hipnótica y hasta la reina se volvió mi sumisa

N/A: Hola, en medio de todas las cosas que ocupan mi tiempo ahora, conseguí el tiempo necesario para escribir esto y actualizar lo más pronto posible. Espero que les haya gustado y si es así por favor deja un comentario con críticas constructivas, sugerencias o simplemente lo que desees expresarme que pueda ayudar al seguimiento y mejora de la historia.

Tengo varias ideas ya preparadas para este punto de la historia y solo necesito moldearlas un poco ¿Qué les gustaría ver?

Como verán Gakupo es algo arrogante y controlador pero es un personaje que me gusta mucho y espero poder transmitir eso hacia ustedes.

Bueno, me despido y gracias por leer~