De amor y locura.

La casa de campo era verdaderamente tranquila, no había absolutamente nadie que pudiera molestar a nuestro alrededor, todo lo que se podía respirar era una inmensa paz interrumpida solo por el cantar de los pájaros y el gemir lujurioso de las mujeres a mis pies.

Al final de lo que parecía ser un laberinto de arbustos y rosales se encontraba una mansión hecha casi completamente de mármol blanco, dándole una apariencia delicada, ostentosa y muy elegante. Un gusto que de seguro fue hecho hace algunos años para complacer los caprichos de mi madrastra, reformando la casa casi completamente para borrar los recuerdos del amorío de mi padre; o al menos borrar lo que podía ser borrado.

A diferencia del castillo en el que habitaba en Venomania, la mansión no era muy grande pero si era significativamente más llamativa que cualquiera de las cabañas que había visualizado en el camino, a los pies de la colina donde los campesinos más humildes, forasteros y gitanos (como mi madre) solían residir. La "casa" de campo quedaba en lo más alto haciendo que incluso desde la planta baja se pudiera ver un espléndido paisaje de las montañas y valles cercanos pero eso no era lo que me tenía deleitado esa tarde mientras me encontraba sentado en el escalón más alto de las escaleras de la entrada.

¿Por qué me importaría un montón de pasto y gente pobre cuando tenía las pieles desnudas de 5 de mis chicas rozándose entre sí ante mí?

Sonreí colando mi mano dentro de mi pantalón y acaricie mi miembro medianamente erecto al compás de los dulces gemidos y quejidos que llegaban a mis oídos. Frente a mí, mis muñecas se daban un banquete con la reina Rin, la cual estaba completamente desnuda, con las piernas abiertas y con sus pequeños y rosados senos al aire; todo a disposición para que sus compañeras pudieran jugar con ella a su gusto.

El eco de placer era exquisito. Los labios húmedos de Gumi se juntaban en sus pezones para chuparlos lentamente, Miku tomaba a la rubia del cuello y le dejaba leves marcas en su piel antes ahogar su placer al juntar sus lenguas en un degradante beso, pero lo mejor de todo era ver a como mi fiel Luka se acomodaba entre sus frágiles piernas como un animal salvaje a punto de atacar a su presa para que, luego de insaciables y desesperados segundos, colocara su boca en la parte más íntima de su compañera, utilizando su lengua para llegar hasta lo inexplorable; provocando que Rin diera un grito de placer que pareció cantar a mis oídos.

-Hasta una reina puede ser humillada a este nivel ¡Qué maravilla!- Me dije contemplando la escena y las expresiones tortuosas que la reina hacia ante el trato de mis esclavas.

Ya había escuchado de ellas con anterioridad y de cómo su codicia la y envidia la habían llevado a su propia sentencia de muerte, aunque a juzgar por lo que veían mis ojos podía suponer que alguien más había tomado su lugar en la guillotina para que ella pudiera escapar, dejándola sola en un mundo hostil que ella no conocía y terminara pagando sus pecados en el infierno que yo llamaba cielo.

-Ahh- Sus gemidos me estremecían. Apreté aún más mi mano en mi miembro, resistiéndome a la tentación de tomar el cuerpo de alguna de ellas para destruirlo sin piedad por los instintos más carnales que gobernaban mi alma, pero para esta ocasión prefería ser simplemente parte de la audiencia.

-Así es mis niñas, denle el mejor espectáculo a su amo- Susurré para mí mismo, disfrutando de un placer del que ya se me hacía conocido pero del cual me volvía adicto cada vez más.

-"la decadencia es una de las mejores facetas que tiene el ser humano"-

De nuevo esa voz surgió en mi cabeza como si de mis propios pensamientos se tratara y tras la sorpresa de escucharla, me levanté del escalón y miré hacia todas partes sin encontrar nada en particular que me diera una pista de donde estaba el dueño de aquella espectral voz. Lo único que capto mi atención fue que puerta de la mansión, en la que yo aún no terminaba de instalarme, se encontraba entre abierta.

-"Estas muy cómodo con tus dones ¿No es así? Gakupo"- Era obvio que el demonio no se podía ver a simple vista, estaba jugando conmigo de nuevo. Me compuse y sonreí de lado a modo de suficiencia. No dejaría que ni siquiera los seres de otro mundo vieran la más mínima debilidad en mí.

-Para ser un beneficio extraído del infierno es realmente una divinidad-

-"¿No crees que te estas acostumbrando mucho a esta vida? Duque"- Sentí como el aire estaba cargado de sarcasmo y diversión tras la mención de la última palabra, del título que me había ganado a sangre fría. De repente vi reflejado en el ventanal más cercano a mí una sonrisa espectral como si esta se encontrara justo detrás de mi cuerpo, burlándose de mí. Fue entonces que mi rostro pasó de tener una sonrisa impresa a una cara sombría, llena de preguntas e ira contenida.

-¿Qué quieres decir con eso?- En el reflejo mis ojos llameaban aunque el resto de mi cuerpo ya hubiera adoptado la fachada calmada que tantas veces había practicado para no dejar que mis enemigos, o la sociedad en general, supieran que sus palabras me afectaban en lo absoluto.

-"Todo humano tiene un tiempo determinado en este mundo, tus poderes no te darán la inmortalidad".-

Volví a levantar la comisura de mi boca en un gesto de autosuficiencia. -¿Por qué debería preocuparme por la muerte? Si tengo tanto que disfrutar en vida-

-"Oh tu muerte te traerá hacia mí, devorare tu asquerosa y podrida alma hasta que de ti no quede no el polvo ni el recuerdo. Solo serás un postre más para mi cena…"-

Levanté la ceja de forma inquisitiva ¿de verdad esta creatura estaba intentado asustarme? ¿Había venido a interrumpir mi hermosa tarde para recordarme algo que ya sabía perfectamente? Mi muerte o lo que pasara luego de ella eran las cosas que menos se cruzaban por mi cabeza, no había necesidad de preocuparme por ello. En cambio, como me encargaría de traer la novena paila del infierno a la vida del maldito pueblo de Venomania eso si estaba entre mis prioridades.

Sin embargo antes de poder decir palabra alguna, el demonio continuo con la que hasta ese momento creía que era una innecesaria charla.

-"…Sin embargo, aquello que marcará el dolor en tu muerte no será tu llegada a mi mundo de oscuridad y almas perdidas, sino el inmenso sufrimiento que cubrirá tu alma justo antes de dejar la vida, un sufrimiento proporcionado por la persona a quien más amas en este mundo"-

¿Era una amenaza? No lo sé pero sentó como si este mismo ente tirara uno de los hilos que controlaba dentro de mi alma, llevándolo directamente a mi pecho, a mi corazón, al lado más vulnerable de mí y por extraño que parezca la imagen de Gumi nubló mi vista.

Esta no era la misma Gumi que se encontraba en un harem lésbico a mis espaldas, ni siquiera era la imagen de la muñeca que había creado para que me acompañara a todas partes y que hacia mía todas las noches. Esta era la imagen que más amaba de ella, aquella que me había hecho enamorarme perdidamente tantos años atrás y que aún hacían que mi corazón se acelerara a latidos incontrolables. Esta era la Gumi sonriente en cuyos ojos podía ver esperanza en el mundo; y amor hacia mí.

-¡No!- Grite sin darme cuenta siquiera de que mis labios se estaban moviendo y en ese momento mi recuerdo se rompió cual cristal.

Lo siguiente que escuché fueron las risas hilarantes de la creatura a la que le había vendido mi alma y los gritos orgásmicos de mis sirvientas al llegar a su clímax. Giré mi rostro para verlas, todas estaban desnudas, sudadas y jadeantes bajo el sol deslumbrante, pero aun así no sentí nada por ellas, ni la más mínima pizca del deseo que momentos atrás me embargaba.

-"Recuerda, todo tiene un precio"- La voz demoniaca sonaba distante y pocos segundos después supe que se había ido.

Mis ojos pasearon por los rostros de esclavas hasta llegar al de Gumi convertida en un simple títere carnal, degradada hasta lo más bajo de mis deseos y sin alguna razón lógica sentí asco; necesitaba salir de allí rápido.

-Vístanse- Dije en voz fría, me di la vuelta y caminé hasta los adentros de la mansión dejando que su oscuridad me cubriera.

.

No sé cuánto tiempo pasó pero ya estaba seguro de que la oscuridad que me estaba consumiendo ya había sido imitada por el cielo de verano. Durante varias horas escuchaba a mis chicas acercarse a mi habitación y alejarse repelidas por mis propios sentimientos encontrados. No quería ver a ninguna de ellas y mucho menos a que había sido la razón de mi amor y locura durante casi toda mi vida; no la vería como el ser a la que la había convertido ahora.

-"…Sin embargo, aquello que marcará el dolor en tu muerte no será tu llegada a mi mundo de oscuridad y almas perdidas, sino el inmenso sufrimiento que cubrirá tu alma justo antes de dejar la vida, un sufrimiento proporcionado por la persona a quien más amas en este mundo"-

Las palabras que hablaban de un mal presagio volvieron a invadir mi mente ¿A qué se referían? ¿Serian ciertas o solo palabras vacías para asustarme? Suspire hondo y miré por la ventana hacia la inmensa luna que se había posicionado en el cielo. Tal vez moriría pronto pero si tenía que escoger una manera para hacerlo, creo que morir en manos de Gumi, la verdadera, sería una buena manera de hacerlo.

De repente un leve movimiento detrás de mí reflejo capto mi atención. Giré de inmediato esperando encontrarme de nuevo con el demonio a quien le debía el alma pero fue algo mucho más sorprendente que eso.

Gumi estaba allí mismo, rodada de sombras pero sabía perfectamente que era ella, su silueta es reconocible para mí hasta en las más oscuras tinieblas y su presencia era tan poderosa que aunque me quitaran los ojos podría verla.

Lo que me sorprendía era que no recordaba haberle llamado hasta allí, tal vez el tanto soñar con ella había atraído inevitablemente su cuerpo hacia mí aunque a mi parecer había algo que no encajaba del todo bien, algo no era igual a los últimos días y por momentos creí que ella ya no era la manipulada Gumi sino la real, aquella que no necesitaba órdenes para hacer lo que quisiera.

-Gakupo…-

Mi cuerpo se tensó y mis ojos se abrieron como platos, le había escuchado llamar mi nombre, de eso estaba seguro. Tal vez el presagio se haría realidad allí mismo, tal vez con mi último pensamiento le había llamado a matarme, despertando así lo que estaba atrapado en su interior. Pero los segundos pasaron, ella no se movió y si había dicho alguna palabra antes ya no volvió a hacerlo.

Me acerque con cuidado hasta tocar su tersa mejilla pero de nuevo no hubo reacción alguna; ella seguía siendo la misma que sin pensarlo dos veces se dispuso a besar los senos de otra mujer para complacerme. Suspire por mi propia idiotez, cerré los ojos a punto de estallar y pedirle que se fuera a gritos pues no aun no digería verla de tal manera pero…

-Yo te amaba…-

Abrí los ojos y la miré, no podía captar su mirada entre las sombras aunque en sus labios no había indicio de que se hubieran movido.

-¿Por qué…?-

Su voz estaba en mi mente, lo comprendí de inmediato aunque aún no sabía cómo era posible. Lo más seguro era que todo fuese una jugarreta de mi mente, no obstante yo no escuchaba lógicas en ese momento y una conversación parecía ser lo más razonable.

-Tú me dejaste primero, no te importo nada de lo que habíamos vivido y me dejaste pudriéndome en vida-

-No…-

-¿Sabes? Aún recuerdo el día en que escogiste a mi hermano solo porque él tenía un trono y privilegios mientras que yo solo era el maldito hijo ilegitimo. ¿Acaso tú piensas en ese momento como yo?-

En ese momento volví a ese día cuando corrí a encontrarme con quien creía que era mi amiga luego de escaparme solo para poder verla un momento pero en cuanto logré verla en nuestro pasadizo secreto supe que algo había cambiado, su postura era rígida y en cuanto me vio su mirada ocultaba algo. Antes de que pudiera decir palabra ella se dio la vuelta para retirarse pero antes de desaparecer por el pasillo me dijo las palabras que helaron mi alma para siempre.

-Me comprometí con tu hermano, de ahora en más es mejor que no nos veamos-

En ese momento mi corazón se rompió en miles de pedazos y la única conexión que tenía con el mundo se desprendió

-¿Estás loca? Mujer- Alcance a decir en una voz muy baja que en un principio debió ser un grito, tal vez así ella entraría en razón. Gumi solo se quedó allí en un silencio que me pareció duro una eternidad solo para que luego ella comenzara a avanzar hacia su destino.

No sé en qué momento empecé a moverme pero en cuanto tome conciencia de ella ya estaba corriendo hacia ella, la alcance para tomarla del brazo y detenerla; no quería que se fuera.

-Él no te ama, no serás más que un teatro, otra mujer para su colección, él no sabe cuál es tu verdadero valor, quien realmente eres tú. Dime ¿acaso te casaras con alguien que no sabe que es lo que te hace reír o llorar, que no sabe tus locuras o si quiera que es lo que te gusta para desayunar? ¿Acaso él te adorará como yo lo hago? ¿Él te amará como yo lo hago?- Sabia que mi voz sonaba desesperada, pero lo estaba en realidad, quería que ella por todos los medios me dijera que solo me estaba gastando una estúpida broma pero no fue así; Gumi se tensó pero ni siquiera giro la cabeza para mirarme.

-Dime ¿Qué hago para que entiendas que estoy loco por ti? ¡Daria mi maldita alma por ti! ¿Quieres huir de este sitio? Podemos irnos lejos de todo esto y comenzar desde cero en otro lugar, solamente tú y yo-

El silencio volvió a reinar, me estaba frustrando y dispuesto a hacerla volver a mi lado pero las palabras que finalmente dijo me cortaron como un cuchillo.

-Eso jamás, Gakupo. Si quieres irte, vete tú solo, yo no iré a ningún lado contigo-

-¿Acaso lo amas a él?

De nuevo el maldito silencio

-¿¡Qué quieres que haga por ti!?- Le grité ya cansado de todo el dolor mareante que me embarcaba en ese momento- Dime ¿Qué quieres que te dé para que renuncies a esa maldita idea? ¡Dime! O ¿Qué es lo que tiene él para brindarte que yo no te dé con mil veces más fuerza…?

-Un título de la nobleza- Su voz me calló en seco y finalmente ella me dejó ver sus ojos, tan fríos como el hielo. –Él tiene un título de la nobleza, poder, dinero, todas esas cosas que un hijo bastardo jamás podrá darme- En seguida me miró de arriba abajo, estudiándome como todos en el pueblo lo hacían y desechándome cual basura al instante. –Nuestra fue pasajera, una tontería de niños y todos los sentimientos que hayan surgido de allí no son más que emociones infantiles así que te pido que me dejes en paz; ya no somos y nunca seremos del mismo nivel- Gumi me dio una última mirada cargada de algo que no pude identificar y acto seguido se fue del lugar, dejándome solo con el amargo sabor de la traición y la soledad en la garganta.

-Un título de la nobleza, dinero, poder- Repetí las palabras como si fueran veneno, volviendo a la realidad de mi habitación oscura -¿Me amarías ahora que tengo todo ello?-

-No eres tú, este no eres tú…-

-¿Eso crees? ¿Qué jamás llegaría al nivel que mi hermano tenía?- Sonreí irónicamente y me acerque a su cuerpo. De alguna manera sus manos encontraron mi pecho y eso hizo que mi corazón diera brincos de una emoción que ya no identificaba; Maldito estúpido Gakupo.

-Créeme, yo te amaba, tal y como eras, no cambiaría nada ¿Por qué te convertiste en esto?...-

-¿Qué más te queda cuando te traiciona la persona que más amas?-

-Tenía que protegerte…-

-Yo te amaba Gumi-

-Yo te amaba también Gakupo…-

-Aún te amo-

Las palabras en mi mente se fueron callando hasta que su voz no sonó de nuevo, no sabía que era real y que no pero aun así no estaba en condiciones para detener a mi cuerpo, por eso, muñeca o no, bese los labios de mi amaba con fiereza y pasión que para nada se acercaba a la lujuria sino al deseo de un amor prohibido.

Mis labios se movían arrastrando los contrarios, queriendo hacer que nuestros cuerpos se unieran para siempre y nadie nos separara. Podía besarla hasta sangrar, hasta que la fantasía se hiciera realidad incluso podía morir feliz en ese instante pero quería más y más de ella.

De un tirón quite su vestido, dejando que este resbalara hasta el suelo y la lleve hasta la cama. Allí la deje tumbada, admirando lo gloriosa de su piel blanca, sus cabellos verdes, sus pezones rosados y su feminidad invitándome a pasar. La miré por lo que me parecieron horas mientras yo me despojaba de mis propias prendas y entonces comprendí algo.

A pesar de que ya había hecho a Gumi mía varias veces durante el transcurso de los días esta vez iba a ser diferente, esta vez no había dejes de simple lujuria llevada a su máxima potencia, esta vez no sentía que era una venganza, esta vez la amaría como siempre quise amarla.

Esta vez le haría el amor.

Chan chan chaaan ¿les gustó? Perdón que deje mi seriedad pero hasta yo siento que fangirleo con este capítulo a pesar de que esta pareja no es una de mis principales.

Sentí que era correcto darle espacio a los sentimientos más profundos del duque especialmente aquellos por la chica que ha sido dueña de su corazón además de que muchas cosas que pasaron aquí dan entrada a otros eventos que tengo planeados.

Si tienen dudas, comentarios, sugerencias o solo quieren pasar a decir hola pueden hacerlo en la sección de reviews ya que eso me ayuda a seguir y mejorar con esta historia.

Espero que de verdad les haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo y espero que igual les guste lo que tengo planeado.

Sin más me despido~

Alice Yen