¡Hi~!
Vengo a dejar esto rápido xD ¡Gracias por sus comentarios!
Los personajes de Pokémon no me pertenecen le pertenecen a Satoshi Tajiri y Pokémon Company en general.
"Por y para siempre"
"Existe una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: La voluntad — Albert Einstein"
Capítulo VI: "Tacto"
«Clemont se encontraba revisando su Clembot, debía de hacerle su revisión mensual y además de eso, tenía que cuidar a Grace. Serena se lo había encargado y debía de cumplir con lo prometido, siendo que la pequeña obedecía órdenes no se le hizo complicado.
Desde donde estaba podía observarla con suma calma. Suspiró un poco del exhausto mental que traía, después se preguntó cuánto más tardaría Bonnie en traer el almuerzo, quizá debió de haberlo preparado él. Movió su cabeza y volvió a mirar a la niña, seguía igual de tranquila jugando con sus peluches. Sonrió por aquella linda imagen y regresó a su robot.
Pasaron unos cinco minutos y escuchó unos pequeños pasos acercándose a él, por instinto levantó la mirada, descubriendo a Grace parada frente a él.
―¿Pasa algo? ―preguntó calmado. La pequeña sólo lo miró.
―Me gustaría jugar a las escondidas ―pidió, sonriente.
El rubio hubiera querido decir que sí rápido, pero debía de terminar su revisión, y el lugar donde estaban era un poco peligroso para jugar a eso. Se quedó meditando si llevarla al parque y jugar, o esperar a almorzar y ver si quería jugar a otra cosa.
―No creo que sea un buen momento para jugar ―habló firme, causando la decepción de la pequeña―. Tal vez dentro de un rato, cuando Bonnie regrese.
Grace frunció el ceño, parecía disgustada con su respuesta.
―¿Por qué no jugamos ahora? ―preguntó molesta.
―Estoy ocupado ―contestó Clemont tratando de no ceder. Primero porque quería ejercer autoridad, y segundo, para evitar una rabieta de parte de la niña. No es que la hija de Serena fuese caprichosa, pero a veces se salía un poco de control―. Puedes esperar a que ella vuelva ―aclaró refiriéndose a su hermana.
Entonces ocurrió algo que el inventor no imaginó. La niña se congeló al instante, dejó de mirarlo para observar el suelo y luego posar una de sus manos en su cabeza. Después, gimió del dolor, asustando de inmediato al adulto, quién sin pensarlo se acercó a ella con rapidez.
―Grace, ¿qué es lo que te duele? ―cuestionó, intentando sonar tranquilo y evitar poner nerviosa a la niña.
La más pequeña lo apartó con sus manos, luego se arrodilló mientras seguía observando hacia abajo. Ella comenzaba a temblar, y eso sólo ocasionó más confusión en su niñero. El rubio, intentando hacer algo, se acercó otra vez y notó que estaba llorando.
―¿Dónde está mi mamá? ―preguntó la niña entre sollozos―. ¡Mamá! ―gritó fuerte a la vez en que levantaba la cara para ver al líder de gimnasio.
―No llores, te voy a llevar con tu madre, pero tranquilízate ―intentó consolarla, estando aún confundido por ese ataque repentino de ansiedad de la pequeña.
―¿Y mi papá?
Clemont se sorprendió demasiado por la pregunta. Ella había preguntado por alguien a quien, era seguro y por lo que sabía, nunca había visto. Extrañado por eso, se quedó sin poder contestarle.
―Dímelo ―insistió, preocupada.
―No… lo sé ―respondió con honestidad. Al instante, sintió como la niña le lanzaba una mirada de terror. Sin poder detenerla, observó cómo salió corriendo.
Sin dudarlo salió detrás de ella para agarrarla. No entendió nada e instintivamente olvido su mala condición física, sólo quería alcanzar a la pequeña y tratar de calmarla. El aire se le iba, además de comenzar a tener un intenso dolor en el pecho. Llevaban corriendo un buen rato, hasta que un grupo de personas apareció en medio impidiéndole el paso, perdiendo por completo la vista en la pequeña.»
Ash había decidido esperar a que Serena entrara a la habitación. Estaba demasiado sorprendido para analizar la situación. Bueno, la niña no se parecía mucho a su amiga, eso ya lo había notado, pero era demasiado confuso. ¿De dónde había salido entonces? ¿La adoptó? Sintiéndose mal por no haber estado ahí para ayudarla, se apartó de la puerta. Calculó que pasaron cerca de quince minutos donde sólo miró a Grace, sin pensar algo más.
No tendría sus respuestas en lo que restaba de la noche.
La castaña ingresó a la habitación, observó a su amigo unos segundos, después miró a su hija y la fue a revisar. Él escuchó como ella se preocupaba por las raspaduras de la niña, luego pareció mover su vista hacía donde estaba él.
―¿Tienes hambre? ―preguntó calmada―. No te preocupes por Grace, cuando despierte me encargaré de ella ―su tono de voz era apagado.
―Bueno yo ―dudó de su respuesta, si era sincero no tenía mucho apetito. Estaba más sumergido en un mar de preguntas que de hambre―, sólo si quieres… podemos cenar juntos ―soltó sin pensarlo, esas palabras habían salido solas.
Sintió un calor posarse en sus mejillas, ¿estaba sonrojado? Movió su cabeza de un lado para otro, intentando quitarse esa sensación. Cuando miró a Serena, intentó sonreír.
Ella se rio con disimulo de sus movimientos y le regaló una de sus sonrisas. ¡Oh! Como las que le daba antes, se sintió emocionado por eso, y esperó a que Serena se levantara para seguirla.
La vio entrar a la cocina a preparar algo rápido, su Pikachu estuvo acompañándolo mientras esperaba la comida. Cuando estuvo lista, no hubo mucho cruce de palabras con su compañera, pero al menos ya no parecía querer evitarle.
¿Había cambiado algo? Extrañado por eso, prefirió no hacer comentarios respecto a la niña. Ese sería uno de los temas a no tocar. A lo mejor, debería de ganarse (otra vez) la confianza de la castaña para saber toda la historia.
Incomodarla o desesperarla era lo que menos quería, así que sólo le agradeció por la comida. Se despidieron y él regresó a su departamento.
Al día siguiente del imprevisto, habló con su mejor amigo sobre lo ocurrido. Clemont le contó lo que pasó con la niña. No le habló al rubio sobre la verdad oculta tras la hija de Serena, eso no le correspondía a él. Así que se limitó a escuchar su versión de la historia acerca de la desaparición de la niña.
Luego de eso, fue a ver cómo estaba la niña y se encontró lo que ya esperaba, Grace parecía no recordar lo que pasó. Su amiga usó el pretexto de que seguro por el susto lo había olvidado. Ya había decidido no presionarla así que estaba bien.
Siguieron pasando los días, estaba inseguro y pensando en alguna especie de teoría de cómo pasaron las cosas.
Exhaló mientras intentaba organizar su casa, la hija de Serena se había quedado con él por ese día. Había empezado por su habitación, para entonces comenzó a darse cuenta que sería un largo día.
Miró a su Pikachu, el cual ya estaba empezando a levantar cosas tiradas por ahí. Caminó hasta quedar enfrente de su cama, notando que estaba hecha un desastre. Sin dudarlo, empezó a arreglarla. En lo que terminaba de hacerlo una pequeña niña entró a la habitación.
—Ash ―llamó tímida mientras lo miraba arreglar.
―¿Sí? ―preguntó amistoso.
―¿Puedo ayudar?
Le sonrió, era muy dulce de su parte querer hacer algo. Asintió y la niña se emocionó. La vio caminando alrededor de la habitación recogiendo cosas.
Cada quién siguió con lo suyo, un rato más tarde fueron a arreglar la sala, sacaron la basura, limpiaron la cocina, organizaron sus papeles y todas aquellas fotos que él traía regadas en su mochila. Hacía mucho tiempo que cargaba eso, ya que nunca le dio por organizarlo en algún álbum, o algo parecido. La niña parecía emocionada con cada fotografía que miraba y preguntaba solo por las que miraba interesantes.
Siguió así hasta llegar a una que Ash conocía muy bien.
―¡Oh, pero si ahí está Korrina! ―exclamó la rubia.
―Sí, creo que tu madre te ha contado de eso.
La niña le miró y le sonrió.
―Ella nunca me muestra las fotos de sus viajes ―confesó la menor.
Ash se sorprendió por lo dicho, era raro que Serena hiciera algo como eso. No sabía que decirle a la niña, así que decidió desviarse un poquito del tema.
―Bueno, yo siempre las traigo porque viajo seguido ―habló con su tono jovial―. Tal vez tu madre las tiene guardas en algún lugar y no se acuerda ―eso seguro no era verdad, pero no encontraba otra razón, porque si le daba más vueltas al asunto sólo se enredaría.
―Sí, le pediré que me las enseñe ―dijo emocionada, le brillaban los ojos y Ash se sintió feliz.
Pasaron el resto de la tarde jugando por todo el departamento, almorzaron y vieron la televisión, hasta que oscureció. La niña se durmió en el sofá, mientras Ash iba a dejar los platos sucios al lavadero.
Pikachu escuchó que alguien tocaba la puerta, fue hasta donde estaba su entrenador y le avisó. Él ya sabía de quién se trataba, así que con mucho ánimo se dirigió hasta la puerta y la abrió.
Serena estaba ahí y se miraba radiante.
―Hola ―saludó apartando la mirada―, gracias por cuidarla.
Él pretendió no notar su sonrojo.
―No es nada, me encanta pasar tiempo con ella. ―La miró directo al rostro, ella al sentirse observada volteó a ver a otro lado, sonrojándose más―. ¿Quieres pasar?
―N-No quiero molestar ―tartamudeó avergonzada.
―Para nada, pasa ―ánimo, abriéndole por completo la puerta. Serena entró sin poder rechazarlo.
Ella miró hacia el sofá donde estaba su hija, su expresión cambiando a una de ternura completa, provocándole un sentimiento cálido. ¿Ella siempre le causaba eso? Intentó recordar alguna emoción parecida, pero en una situación diferente. No encontró lo que buscaba, había parecidos y ninguno igual.
Frunció un poco el ceño, se acercó a ella y la notó estremecerse con su cercanía Podía jurar que ella tenía un sexto sentido para percibirlo, aun cuando parecía concentrada en otra cosa. Pretendió no sentir esa tensión, dejando que una extraña sensación invadiera el lugar.
Se movió un poco, alejándose de ella. Serena también caminó hacia su hija, ambos quedando frente a Grace.
La oyó respirar, el silencio en ese instante era tan diferente a otros, sin embargo no era molesto. Iba a hablar y sólo se detuvo al observar como ella se agachaba, para quedar cerca de la cara de la niña. La notó pasar su mano por el cabello de la menor y luego por las mejillas. Ella siempre era tan delicada, incluso para ese tipo de cosas era tan elegante. Ni si quiera parpadeó, metiéndose en el momento.
Entonces se preguntó si aquel novio de Serena tenía que ver con la niña. Una idea se tejió en su cabeza, quizá el chico que salió con ella…
¿La había engañado?
Sacudió su cabeza tratando de sacar esa idea de su cabeza.
No funcionó.
Tal vez, ¿la niña era del ex novio de Serena?
Su mente no obedeció, siguió formulando hipótesis y lo peor, es que no le estaba gustando nada.
¿Y si él había sido capaz de abandonar a su hija, para dejársela a su amiga?
Sintió la impotencia llenarlo otra vez, ¡era sólo una posibilidad! Pero el imaginársela sola, con la niña por mucho tiempo, le causaba una sensación molesta en la garganta.
A lo mejor sólo estaba imaginando cosas, pero eso explicaría como Serena conoció a la niña. A lo mejor se encariño con Grace conforme buscaba a su ex novio para regresarla con su papá, y a la verdadera madre.
Pero, en serio, ¿habría alguien capaz de abandonar a su hija, dejársela a su 'novia' para irse con la verdadera madre de la niña? No parecía muy lógico, aun así la niña decía sí conocer a su padre. ¿Acaso él todavía vino a ver la niña en algún momento? ¿No habría sido capaz de engañar a su amiga para dejarla con una responsabilidad que no le correspondía? Quizá Grace sufrió mucho con la partida de su padre, a lo mejor por eso perdió la memoria. Había escuchado que eventos traumáticos o depresivos podrían ser fatales para los menores de edad.
Eso explicaría porque el novio de la castaña no aparecía por ningún lado. Inclusive que jamás lo mencionara, también el por qué tanto misterio con respecto a la niña. Bonnie no conocía la causa por la Serena que terminó con él, ese tipo que era la pieza que le faltaba para resolver el asunto, porque Ash estaba seguro que ese conocía la historia completa.
Regresó a su realidad, donde la dama estaba observándolo con intensidad, él hizo lo mismo cuando el silencio lo invitó a hacerlo. Aprovechando eso también se agachó, hasta quedar frente a frente con ella. No le quitó la vista de encima por nada. Ella parecía sonrojarse, tal vez porque algunos sentimientos habían revivido.
Una especie de nostalgia invadió al del cabello negro-azulado. Recordó cuando la abrazó hacia unos días. Su tacto, en ese instante ella estaba tan fría y frágil, pero entonces recordó las miles de veces que sus manos tuvieron contacto durante sus viajes.
"¿Por qué estoy recordando eso?", se preguntó, comenzando a mover por instinto su mano. Serena parecía inmovilizada. Faltaba muy poco para tocarse.
―¿Puedo preguntarte algo? ―atinó a cuestionar la castaña.
Él reaccionó y apartó su mano.
―Sí ―respondió seguro.
―¿Tú-? ―empezó su pregunta, quitando su mirada de él. Dudó unos segundos, rio con suavidad y negó con la cabeza. Al final, se paró, dejándolo confundido―. Nada, nada.
―¿Nada? ―preguntó, curioso―. No seas tímida, vamos ―intentó convencerla.
―¡N-No! ―exclamó avergonzada, entonces se dio cuenta de su imprudencia al insistir―. Creo que ya es hora de irnos ―señaló a su hija.
―Oh, no tienes que cargarla, yo te acompaño a tu casa ―se ofreció con alegría, sin chistar tomó a la niña entre sus brazos.
―Gracias ―masculló la señorita.
―De nada ―comentó, sonriente.
Salieron del departamento, sin dirigirse la palabra. Sintieron que la caminata estaba durando demasiado, entonces de nuevo su conexión se desapareció, dejando un incómodo silencio de por medio. Sin preguntarse nada, ni comentar respecto a lo sucedido hace días o hace unos momentos en el departamento, llegaron a la vivienda de la castaña. Él, con amabilidad, la ayudó llevando a la niña a la habitación, Serena parecía hipnotizada viéndolo ser tan prudente con la pequeña.
Parecía mágico el cómo se comportaba, tan paternal que la hacía estremecerse. Después de eso, sólo cruzaron palabras para despedirse.
Pasó cerca de un mes, Serena comenzaba a cuestionarse su salud mental. ¡No puedo creer lo que estaba haciendo! Su última inspiración para sus diseños era él, y eso no había pasado desde hace mucho tiempo.
Ese día no pudo concentrase en otra cosa, seguía pensando en Ash, mientras mordía su lápiz de dibujo. Su humor no había sido el mejor por esa semana, en especial porque sus clientas más "especiales" habían llegado siendo más exigentes que nunca. Y no podía quejarse mucho, porque de eso vivía.
Miró otra vez su boceto, borró un par de accesorios que vio de más y suspiró.
Cuando iba por la mitad, escuchó que alguien entró, levantó la vista y sonrió.
―¡Hola, Serena! ―saludó Ash entrando junto a su Pikachu, ella regresó el saludo―. Vine a verte. No te preocupes, dejé a Grace con Clemont, Bonnie, Trevor y Tierno ―respondió antes de que ella se lo preguntara―, pensé en venir a pasar un rato contigo ―fue honesto.
Ella pareció titubear un poco, después accedió. Pasaron como quince minutos para que el entrenador pokémon dejara de observar alrededor, se asombraba de la variedad que había y los colores. Entonces, la vio a ella y lo que estaba haciendo.
―Se ve bien ―halagó estando muy cerca, Serena había estado tan concentrada que no lo había notado. En el momento que levantó la vista, se sonrojó al extremo.
Ash sólo se acercó un poco más, sus narices se rozaron, cosa que escandalizó a la castaña, a él sólo lo hizo sentir curioso, también le hizo gracia la reacción de su compañera. Lástima que sólo duró unos segundos.
―¿No quieres ir a almorzar? ―preguntó Ash intentando evitar un silencio de los que odiaba.
―S-Sí ―aceptó insegura, estaba demasiado inestable por la cercanía de él.
Serena estaba empezando a creer que se estaba convirtiendo en una adolescente. ¿Por qué tenía esas reacciones tan infantiles? No debería sentirse raro que se acerque tanto, se auto convenció a sí misma de que todo estaba normal.
Evitó sentirse nerviosa otra vez, se negó muchas veces a estar demasiado feliz o ansiosa por los detalles de su amigo.
Cuando viajaba junto a él siempre había malinterpretado todo, ahora sabía que esos acercamientos, roces, detalles, comentarios y sonrisas eran solo por amistad, porque Ash era así con todo mundo. No tenía nada diferente, era tan igual su trato, siempre lo sería porque él era amable con todos, y así lo quería.
Que equivocada estaba.
No podía ser más obvio, había estado tan cerca de la castaña, más que hacía unos meses. Acompañaba a la señorita cuando iba de camino hacía su boutique, cuidaba a Grace, y la mantenía en su departamento o en el de ella. Junto a la niña la iban a buscar para comer o sino para cuando ella venía de regreso durante la noche. Los fines de semana intentaba darle su espacio, pero la pequeña insistía en que estuviera con ellas, así que se la pasaba casi todo el tiempo con ambas.
Ningún tipo de información acerca del ex novio, sus conversaciones eran cortas, sobre el trabajo, lo último que hicieron, sobre la niña, sus amigos y el trabajo. Nada sobre relaciones. Incluso una vez que se habían reunido con Shauna, Trevor y Tierno, éstos intentaron insinuar alguna cosa, pero ella se vio renuente a algo. Hasta parecía molesta o frustrada por los comentarios.
Jamás se había sentido tan confundido, el día anterior cuando se despidió de ella, le había dicho que le encantaba pasar tiempo con ella y su hija. Serena le había dicho que él era un gran amigo. Por primera vez en toda su vida, esa palabra le pareció que estaba de más.
Contó, en su mente, cuantos meses tenía de vivir en Ciudad Luminalia. Habían pasado casi ocho meses. En algún momento debía partir, retomar sus viajes, y…
No quería eso, ya no sentía esa necesidad de irse a otro lugar. Estaba estancado, todas sus emociones se encontraban impregnadas ahí. Pocas veces había pensado en quedarse por mucho tiempo en un mismo lugar.
También tenía esa sensación cuando se quedaba solo con Pikachu en su departamento. La alegría y desorden tan natural que provocaba Grace le encantaba, más cuando aparecía Serena y les cocinaba o platicaban un rato. ¡Ah, era tan genial! Podía bromear, contar historias y cuando se trataba de jugar con la pequeña, la castaña se les unía feliz.
Suspiró exhausto, existía todavía ese tema que jamás tocaba con la castaña. Sabía que la niña no era suya, solo que no era capaz de preguntárselo. Era algo muy incómodo y además no quería obligarla a explicarle.
Lo malo es que al paso que iban, ella no se lo contaría nunca. ¿No confiaba en él? Bueno, era un tema difícil.
Se sintió tonto por lo último que pensó, claro que ella no debería contarle. Si no había dicho nada a Clemont ni a Bonnie (siendo sus mejores amigos) seguro era porque no quería dañar a Grace.
Sacudió su cabeza y miró hacia donde estaba la dama. La estaba esperando para irla a dejar a su casa.
Ella salió de la boutique. Ambos nada más se saludaron, sin incomodidad alguna.
Serena caminó hasta donde él estaba, pero tropezó e iba a caer de cara de no ser por Ash, quién la tomó entre sus brazos para evitar su caída.
Era una noche calurosa, así que ella traía un vestido sin mangas color celeste que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, no traía puesto ningún suéter o alguna cosa parecida, por lo que él la estaba tocando directo en los brazos.
Serena se sonrojó demasiado, mientras él estaba más preocupado porque ella estuviera bien, así que agachó la vista para mirarla.
―¿Todo bien?
―Ah… sí, sí ―respondió Serena con dificultad, se alejó de Ash en cuanto pudo equilibrarse―. Gracias.
―De nada ―sonrió, riéndose―. Antes de llevarte a tu casa, ¿podemos dar un paseo? ―pidió sin mirarla, observaba el cielo oscureciéndose.
―Claro ―accedió ya más tranquila.
Sin decir nada comenzaron a caminar. Serena no había quitado su vista de él, aprovechaba el hecho de que estuviera viendo el cielo y no a ella. Pensó en cómo lo había extrañado, en cuanto había anhelado algo así hace mucho tiempo.
Los últimos meses habían parecido una mezcla de pesadilla con sueño. Es decir, había sido tan difícil tratar de mantenerlo a distancia, y claro, sin éxito alguno. Estaba frustrada por volver a sentir todo eso por él, estaba feliz porque su hija lo era y estaba demasiado confundida.
Hacía unos días, habló con Shauna otra vez. Ella le dijo que Ash había hablado con los chicos y que éste no dijo anda de estar casado. Una pequeña felicidad le llegó, pero no había seguridad en eso. ¿Le tendría qué preguntar? Negó con su cabeza, el asunto no debería de importarle.
Pero claro, ahí estaba, pensando en eso. ¿Por qué su mente se salía con la suya? Bueno, se estaba quedando sin excusas para evitarle.
Y, de repente éste la volteó a ver. Serena se quedó paralizada al mirarlo directo a los ojos, poco a poco todo su cuerpo se puso rojo.
Bueno Ash lo notó al bajar un poco la vista, ¡y claro que sabía por qué estaba roja! Era el calor, ¿no?
Sí, eso era.
Antes de abrir la boca para decir eso, una idea saltó a su mente. ¿Estaba sonrojada por él? ¿Por qué se habían visto a los ojos?
Entonces él notó el silencio no incomodo entre ambos. Hacía mucho tiempo que no pasaba, regresó su vista a los ojos de su compañera. Ninguno de los dos se diría una sola palabra. Transportándolo a un rincón alejado de sus recuerdos. En frente tenía de nuevo a la muchacha de cabello corto, vestida con su ropa de colores rosas y el listón celeste adornando todo su atuendo.
Se acercó a ella, olvidándose de mantener una prudente distancia.
¿Qué haría? Se estaba moviendo solo, por instinto, como alguna vez lo hizo como inexperto en las batallas pokémon, sólo que ahora era para otra cosa. El aire le hacía falta en ese momento, ella no retrocedió para nada, y él nada más quería verla más de cerca.
Levantó su mano y antes de poder decir algo su amiga habló:
―N-No llevas un anillo ―susurró sorprendida, terminando por completo con la conexión recién surgida.
Él confundido miró su mano, no entendió a qué se refería.
―¿Anillo? ―cuestionó confundido―. No soy de llevar esos accesorios.
―Ya lo imaginaba ―comentó apartado la mirada―, es decir podrías perderlo por tus constantes viajes.
Ash seguía sin saber de qué hablaba.
―Pero es que yo nunca he traído puesto uno ―aclaró sin preocupación, vio como ella se sorprendía cada vez más―. ¿Por qué llevaría un anillo?
―E-Es que- ―tartamudeó, sonrojándose de nuevo―, ¿n-no es-estás…? ―No pudo ni terminar la pregunta, se quedó muda.
La castaña lo estaba confundiendo cada vez más. Revisó su mano intentado comprender. Así que entonces encontró sólo dos opciones. Él llevaría un anillo estando casado, o estando comprometido.
La idea le cayó de repente, ¡Ella creía que-!
―Serena ―llamó con seriedad―, no estoy casado.
Otro silencio apareció, pero al contrario del otro éste sí era incómodo.
―¿Por qué creíste que estaba casado?
―Y-Yo, lo escuché hace mucho tiempo.
―¿Un rumor?
―Creo que sí.
Ash comenzó a reír, quizá por eso lo estaba tratando diferente. No obstante, eso significaba que ella todavía sentía algo por él. Paró su risa y la miró toda avergonzada de nuevo, se acercó y la tomó por los hombros.
Aproximó su rostro al de ella, hasta quedar sólo a unos cortos centímetros separados.
―Entonces, tengo que preguntar. ―Pudo sentir como ella se estremecía. Él quería quedarse mirándola por mucho rato más, pero eso no podía ser―. ¿Por qué no lo mencionaste antes?
Era el acercamiento más extraño que habían tenido. Serena estaba que se desmayaba por tanta revolución de emociones.
―No quería incomodarte ―contestó con los ojos cerrados, era más fácil si no lo veía.
Él hizo una mueca, no le pareció su respuesta. Terminó soltándola sin decir nada más.
―Vámonos a tu casa, creo que ya es algo tarde ―terminó, sonriente.
La castaña exhaló aliviada.
Otro mes había pasado, Ash parecía haberse apartado y hasta parecía un poco deprimido. Grace le había preguntado qué le pasaba y él había dicho que estaba enfermándose. Serena, en vez de sentirse más libre o tranquila, estaba ansiosa.
Quería verlo entrar a su boutique con esa sonrisa tan risueña, deseaba mirarlo jugar con su hija y reír como nunca, anhelaba en su subconsciente otro de esos acercamientos. Y aún con todo eso, no tenía el valor de buscarlo. Si algo pasaba y terminaba mal, su pequeña se daría cuenta y le provocaría una decepción. Además, Ash se iría, porque no duraría para siempre su estadía. Todo eso dañaría a su hija y ambas quedarían mal.
Debía ser fuerte, no podía dejar que la niña pasara por una pérdida. Algún día Ash se iría, no regresaría hasta dentro de mucho tiempo, o tal vez nunca lo volvería a ver.
Miró sus manos mojadas, había estado lavando los platos por una hora. Hubiera terminado mucho antes si no fuera por estarse distrayendo pensando en él.
¿Qué estaría haciendo él ahora? Dejó de hacer lo que hacía, se fue a la habitación de su hija y la observó durmiendo pacífica. Sintió unas tremendas ganas de ir al departamento de Ash a ver como estaba, pero no podía dejar sola a su hija en el departamento.
"Vamos, Serena sé fuerte", se repitió eso en su cabeza el resto de la noche.
Pronto todo cambiaría.
Últimamente estaba con algo de gripe. El ambiente caluroso le estaba haciendo un poco mal y lo mareaba un poco. Era consciente que no había estado tan cerca de ellas, aun así no dejaba de pensar en cómo estaban.
Su fiel compañero pokémon lo hacía sentir acompañado. Ese día había logrado sentirse mejor y con ánimos más levantados. No fue a ver a Grace ya que deseaba darle una sorpresa, había reunido un álbum completo con fotos de sus meses viviendo en Kalos. Estaba seguro que a la pequeña le encantaría.
Miró la hora, salió de su vivienda para irse al departamento de la castaña. Pensó que ahora deberían estar cenando. Cuando llegó, tocó la puerta y fue atendido por la rubia. Lo invitó a cenar y aceptó gustoso, luego de la comida aprovechó para darle el regalo a Grace.
La emoción y alegría en los ojos de la menor lo hizo sentir cálido.
―¡Gracias! ―gritó para después abrazarlo―. ¡Te quiero! ―le soltó feliz, lo abrazó aún más fuerte y él correspondió.
―De nada, ahora creo que debes ir a dormir.
La pequeña asintió sin más, se despidió y Serena le deseó las buenas noches. Ésta vez la niña no le pidió alguna historia a su madre, su emoción por su regalo era tanta, que había dejado ese detalle de lado.
La castaña se quedó a solas con él. Se sentía aliviada y alegre por tenerlo a él otra vez ahí, tan sonriente.
Conversaron sobre la niña por un largo rato. Cuando ambos fueron a ver como se encontraba la rubia. La vieron dormida, abrazando su álbum de fotos, teniendo a Pikachu dormido en su regazo.
Salieron de la habitación sin hacer ruido y regresaron a la sala.
―¿Dónde están tus fotos? ―preguntó Ash para hacer conversación.
―Las tengo guardadas en una caja ―respondió siendo sincera.
―Ah, yo las tenía todas regadas, hasta que Grace me ayudó a organizarlas ―admitió con una pequeña risa.
No se dijeron nada por unos cinco minutos, hasta que ella decidió hablar.
―Gracias por todo.
―No tienes por qué agradecerme ―contestó, mirándola con intensidad.
―Sí, —dijo, evitando verlo a los ojos—, te has quedado acá más tiempo del que debes.
Ash frunció el ceño con eso, sonaba a que él había sido forzado a quedarse.
―Yo he querido quedarme, Serena. Me agradas ―admitió para después acercarse más, tomó rápido la mano de la castaña―, quisiera preguntarte tantas cosas ―susurró suave.
―También me agradas ―intentó zafar su mano del agarre, no pudo hacer nada―, es bueno que seamos amigos. Creo que dentro de poco te irás, ¿no?
Una frustración les llegó a ambos.
―No lo sé ―admitió sin ninguna pena―. Estoy pensando en prolongar mi estadía acá.
―¿Por qué? ―preguntó confundida, no la soltaba ni un segundo.
―Por ti y Grace ―confesó un poco sonrojado.
Ella se levantó al instante, rompiendo el humor de Ash y el agarre de su mano. Sin decirle nada se fue hasta su habitación y él la siguió.
―No ―habló seria la señorita.
―¿No quieres que me quede? ―cuestionó, confundido―. ¿Te incomodo, no te agrado tanto?
Serena no le miraba, le daba la espalda. El giro que dio la conversación la hacía sentir mal, muy mal.
―Me agradas mucho ―tomó valor para decirlo―, siempre ha sido así. Hemos sido grandes amigos.
Otra vez había utilizado esa palabra, y él otra vez la sintió fuera de lugar. Se acercó a ella más, pero no la tocó.
―¿Sabes? En algún momento te irás ―siguió hablando la castaña, sonaba como si estuviera triste y molesta―. Grace te quiere demasiado, hemos estado demasiado cerca. ¿Sabes qué pasará cuando te vayas? Sufrirá mucho, preguntará por ti y no podré responderle.
Era la primera vez que la escuchaba hablar así, lo peor de todo era que estaba hablando como si hubiera pasado por eso. Quiso replicarle, contradecirla y hacerla sentir más segura con su decisión, sin embargo parecía herida.
―No me iré ―soltó seguro, con la garganta atorándosele un poco.
Escuchó una risa amarga de ella, no sonaba cínica ni con sorna, sólo triste.
―Lo harás, te irás y no regresarás como lo hiciste ahora. Vendrás hasta dentro de mucho tiempo. ―No levantó la voz, aunque eso no quitaba lo hiriente que sonaban sus palabras―. Tal vez no puedas volver.
Sin resistirlo la jaló de la mano haciéndola voltear. Estaba llorando, con las mejillas rojas y la expresión destrozada. Se asustó por encontrarse con esa imagen causada por él.
Con las palabras de ella había entendido lo que pasaba. Ella había sufrido cuando él se fue, quizá porque estaba enamorada, lo esperó y llegó quince años después. ¿Cómo no iba a sentirse así?
Que irresponsable fue, ¿por qué no llegó antes? Hubiera sido más fácil para los dos, no estarían teniendo esa conversación tan lúgubre.
Al verla así, tan triste, al tenerla de nuevo tan cerca, sintiendo su frustración, amargura y tristeza sintió deseos de estar con ella, para siempre. Su mente disparó la idea y lo que había estado buscando.
Su respuesta llegó y cayó bastante tarde. Deseaba quedarse con Serena y Grace, quería estar con ellas, pero ¿qué haría con sus responsabilidades?
La vio cerrando los ojos, tratando de no verlo.
No lo resistió más. La abrazó, sintió como ella lloraba sin hablar. Tenía que tomar una decisión ya mismo.
¿Su vida de "soltero" o ellas? Recordó los últimos ocho meses en Kalos, su Pikachu también era feliz con ambas, sus alegrías y momentos de calidez habían pasado ahí.
No lo dudó más. Suspiró y la apartó un poco solo para verla.
―Me quedaré con ustedes ―habló serio y seguro, como nunca en su vida había estado―. Lo prometo. ―La volvió a abrazar más fuerte.
Serena correspondió a su abrazo, ésta vez parecía tranquilizarse.
―Gracias ―habló la castaña.
―Gracias a ti ―regresó él―. Me agradas bastante ―confesó con convicción.
Ella no sabía bien a qué se refería, sólo se sonrojo en respuesta. Ash se dio cuenta de eso y quiso aclararlo, aunque sabía que no podría hacerlo muy bien.
―Quiero estar contigo.
Serena se sonrojó más, pero parecía sonreír. A lo mejor, los cuatro harían una bonita familia feliz.
Notas de la autora:
¡Y he aquí! Lo que sigue, se pondrá más interesante xD —al menos eso me han dicho— ¡espero que les haya gustado!
Agradezco mucho sus comentarios, me entusiasman Lamento las faltas, las edito luego ^^
¡Se agradecen mucho sus Fav, Follow (alerta) y reviews!
Los comentarios largos, se agradencen de corazón, nombraría todos los reviews que me han hecho el día, pero me tardaría más en subir esto xD ¡Gracias en serio! Si me han seguido de hace rato, creanme que les estaré eternamente agradecida c:
En fin, gracias por leer c:
Actualizado el: 16/05/2016.
¿Reviews?
