¡Hi~!
Vengo a dejarles esto, espero que les guste, gracias por su paciencia.
El nombre Tyler se lee Tayler xD (Lo explico porque a mí sí me pasa que se me olvida como se leen los nombres xD)
¡NOTAS IMPORTANTES, LEER POR FAVOR!
1# Actualicé hace semanas 'Diferente Punto de Vista' (el capítulo 10/X). Si no lo han leído porque no sabían que actualice, espero que puedan pasarse y leerse el capítulo. Si me dejaron un comentario allá se los agradezco mucho.
2# La memoria de mi teléfono se arruinó. Es decir, escribo en una computadora vieja donde no se puede escuchar música mientras Word está abierto, así que escuchaba música con mi teléfono, y como la memoria se arruinó ya no tengo donde reproducirla. Así que, pues les cuento eso por si no lo sabían xD
3# Un escritor de fanfics y lector de mis historias (RedDelphox), dice que una canción que va con el capítulo es You're beautiful de James Blunt. También la sugiero, es una de las canciones que más me gustan, y la letra le queda al capítulo.
4# ¡Muchas gracias por leer! Espero que les guste el rumbo que está tomando la historia. Disculpen las faltas ortográficas, oraciones raras o la gramática.
¡Disfruten la lectura~!
Por lo demás, espero que se les aclaren la mayoría de las dudas.
"Por y para siempre"
"Amar es encontrar en la felicidad del otro tu propia felicidad —Gottfried Wilhelm Leibniz"
Capítulo VIII: "Tyler"
Cuando era niño, siempre creyó que su vida sería diferente, aunque nunca fue alguien de muchas aspiraciones. Solía ser bastante conformista, que en cierta medida no era tan malo, detestaba la vagancia, así que con frecuencia observaba todo a su alrededor. Conforme fue creciendo se dio cuenta que no todo era como lo había imaginado.
Su familia estaba compuesta por su hermana mayor, una muchacha amante de la fotografía; su madre, alguien demasiado sobre protectora; su padre, un ser muy exigente y hábil en los negocios; su hermano menor, un chico que seguro sería un empresario. Luego estaba él, un muchacho que solía observar cosas y seres. Así que a sus quince años había viajado bastante por Kalos, acompañado de su hermana mayor.
No le gustaba llegar a casa, era como hundirse en su propia tristeza. Era el del en medio, quien no se había decidido por algo, teniendo como única aspiración apuntar datos y fechas. Su hermana mayor siempre lo había apoyado, aun cuando eso implicara llevarle la contraria a sus padres.
Su vida en sí fue demasiado tranquila, había vivido con sentimientos pacíficos y normales, exceptuando lo que sentía cuando iba a casa. Pasaron los años, convirtiéndose en un adulto joven.
Comenzó a vivir solo, ganando algo de dinero trabajando como mesero o ayudando a su hermana mayor en sus negocios fotográficos. Tuvo un par de relaciones con chicas que le gustaban, pero jamás se había enamorado.
Era un muchacho muy normal. Ser un viajero derrochando pasión no iba con él, sus sueños no iban más allá de lo racional y sólo observaba pokémon y cosas. Sus padres siempre lo verían así, con aire desterrado y alejado del vínculo. Justo por eso, nunca sería capaz de decirles sus pequeños éxitos, ni tampoco sobre su profesión como investigador. Ellos jamás lo iban a ver, ¿por qué debería contárselos?
La única que siempre vio por él, a pesar de todo, era su hermana mayor. Era hasta divertido mirarla, de forma inconsciente, como una madre.
Un día, cuando se despertó en su pequeño cuarto, el sol le dio en la cara y le iluminó las ideas. Su vida era cíclica, con amigos muy parecidos a él en cuanto a normalidad. La mayoría de su existencia había sido así y, una pequeña parte de su ser, deseaba cambiarlo. La racionalidad le llegó al segundo, recriminándose por pensar tales cosas.
Su vida trivial terminó cuando su hermana se comprometió. El novio, su cuñado, era agradable, un tipo bonachón y súper simpático. Pero el problema no era él, sino a quien conoció cuando fue a la boutique, donde su hermana encargó el vestido.
Aquel negocio, dedicado a vender ropa, era elegante, llamativo y fresco. Entró sin mayores expectativas, sólo fijándose en los detalles de la decoración y la ropa. Entonces, llegó hasta el mostrador y vio la ángel más hermoso del mundo, sino es que del universo entero. ¡Era tan hermosa! Poseía los ojos más hipnóticos que conocía, esa sonrisa que iluminaba y el cabello tan elegante como en la existencia se podía.
Los nervios lo atraparon, hasta ni su nombre logró decir bien. El corazón por poco le estallaba y sentía las piernas flojas. Fue al instante, como un día lluvioso en verano. Amor a primera vista. Jamás en su vida algo le había cautivado tanto, ni si quiera algún pokémon. Logró, sin mayores preámbulos, darse cuenta que estaba flechado por su encantadora forma de ser.
Para cuando su hermana se dio cuenta de lo bruto que estaba, supuso que se había enamorado. Le preguntó, sacándolo de su abstraída mente, quién era la desafortunada, él sonriente le dijo: "¡La chica más linda que cualquiera puede conocer!"
Su hermana creyó que se había vuelto loco. No era para menos, parecía embrujado. Como buena hermana que era, lo orilló a volverla a ver, arrastrándolo a la boutique para que le hablara. Costó como nunca al principio, pero las cosas fueron cediendo.
Él, con el tiempo, dándole sus detalles, intentado comprenderla y sonriéndole amigable, consiguió ganarse su amistad. Dos años y algo más, eso le llevó que ella aceptara salir como algo más. Tuvieron un noviazgo de dos años más o menos.
Pero no todo fue como esperó. Existía algo que no dejaba que su relación funcionara, o más bien era alguien. Era como un fantasma, aparecía sólo para asustarlo y para ponerla ansiosa a ella.
Un ser que sólo estaba para molestarlo. No lo conocía y no iba a tener el honor de conocerlo. Él nunca estaría allí para ella, jamás volvería, eso fue lo que siempre creyó. Pero seguía rondándolos, a ambos por igual.
Ese había sido un obstáculo que no pudo superar. Jamás lo haría, la perspectiva que su novia tenía de él iba mucho más allá de lo que imaginó.
Entonces, un día en que no aguantó nada más, su esfuerzo y dedicación puesto en años se derrumbó pro completo.
Serena había terminado con él, le rompió el corazón y con justa razón. Se equivocó, había cometido un grave error, y por supuesto que no lo perdonaría fácil.
Él no era Ash, así que no tenía oportunidad con ella.
Solo era Tyler, el ex novio de Serena.
La mañana tranquila, con el cielo despejado y el sol resplandeciendo con suavidad contrastaba con su situación. La mirada que tenía Ash sobre él, no tenía comparación. Se apareció la incomodidad por una ajena razón que no comprendió, sintiendo unos segundos después la sensación de que, en cualquier momento, el tipo le metería un puñetazo.
Una de las principales cosas que no entendía era qué hacía él ahí, tan temprano, en el departamento de su ex. Sacudió su cabeza un poco, recordando que eso ya no le concernía, pero le dolió como nunca. No le dificultaba reconocerlo, estaba celoso y no podía reclamar nada.
Exhaló frustrado e intentó ser amable.
—Soy un conocido de Serena —explicó sin mucho ánimo—. Quisiera —pausó, intentando concentrar sus emociones—, hablar con ella si no es mucha molestia.
Ash parecía estarse mordiendo el labio inferior, un signo claro que el rubio marcó como intento de mantener el control.
Si él era el nuevo novio de su ex, era demasiado posesivo.
—Está durmiendo —contestó tosco, después intentó relajar su mirada y falló—. ¿De dónde la conoces?
Tyler no quería contestar esa pregunta, pero tenía que contestar.
—Eh, por mi hermana, en la boutique —contestó cauteloso. No era una mentira después de todo.
Lo vio relajar su mirada con rapidez. Parecía satisfecho con su respuesta.
—¿Podrías venir más tarde?
—En realidad, vine a esta hora porque en la tarde me iré de la ciudad —insistió, tratando de no sonar desesperado—, no tengo mucho tiempo, y es una emergencia.
El nuevo novio de Serena le lanzó una mirada de confusión. A ninguno se le ocurrió otra cosa que decir, incluso Tyler pensó que lo más prudente era retirarse, hasta que por la sala del departamento vio una figura que conocía muy bien.
—¿S-Serena? —tartamudeó, sintiendo el corazón disparársele.
La aludida estaba despeinada, desarreglada y con los parpados algo hinchados. Era signos muy claros de haberse despertado hace poco. Aunque, cuando lo escuchó, ella abrió más los ojos y volteó a su dirección. La expresión de la mujer delataba el susto y algo de ansiedad.
—¿Tyler?
—Eh, ¡sí! —respondió como un soldado, sintiéndose al instante como un tonto—. ¿Có-Cómo estás?
La castaña suspiró e hizo un ademán para que pasara. Ash estaba hundiéndose en un sentimiento de molestia pura, mientras que Tyler estaba celoso, porque él no era quien compartía algo especial con la mujer que amaba.
—¿Por qué —pausó unos segundos, frunciendo un poco el ceño—, estás aquí?
—Yo, creí que debía de hacerlo, no terminados en muy buenos términos que digamos.
—¿Quién eres? —cuestionó Ash, sonando como si estuviera tragándose algo.
—S-soy —se le trabaron las palabras, cerró los ojos y lo terminó—, el ex novio de Serena.
Serena y Tyler vieron como la cara de él se convirtió en ira, sorprendiéndolos. Un miedo entrañable le recorrió la espalda al rubio.
—¿Tú, qué haces aquí? —preguntó Ash, sonando más duro de lo normal.
—¡Ash! —llamó la atención la señorita, acercándose a él. Colocó sus manos en sus hombros, mirándolo con preocupación—. No tienes por qué molestarte, en serio.
Tyler los miró tan juntos, demostrando la extensa confianza entre ambos. Observó con atención al hombre allí. La revelación entró por su cabeza, afirmando la sospecha de su sexto sentido.
Ese que estaba ahí, tan cercano a su ex y amor de su vida, era Ash. El ser que había asechado su relación como nadie en el mundo. ¿Cuándo había regresado?
Sus hombros cayeron, entrándole unas tremendas ganas de salir de ahí. Tuvo suficiente por un día.
¿Por qué tuvo que equivocarse tanto?
—Creo que no es un buen momento —atinó a decir, intentó avanzar para la salida, pero fue detenido por la castaña.
—Necesitamos hablar.
¿Para qué ella quería hablarle? Sintió como agua fría cayéndole encima. Ash, en cambio, regresó a su posición autodefensiva. Serena se dio cuenta de eso y se volteó hacia su novio.
Él la tomó de las manos y la observó con detenimiento.
—¿Me contarás todo? —preguntó Ash, actuando de forma impulsiva. Ella abrió los ojos en sorpresa, sintiéndose descubierta.
—¿D-De qué-?
—De todo —respondió seguro, soltó a la castaña y salió por la puerta del departamento, deteniéndose en el marco para voltearlos a ver—. Los dejo solos.
Y así, el fantasma, salió por la puerta.
El cielo nocturno despejado, azul y oscuro, iluminándose por la luz lunar era la oportunidad perfecta para una cita. La azotea del edificio de departamentos, donde Tyler vivía, había sido una buena opción para pasar un rato. El viento apenas si se sentía, siendo una noche fresca y perfecta para sentarse en el suelo y observar.
Ambos permanecían parados, mirando hacia arriba, admirando las estrellas.
—Si tuvieses un deseo, ¿qué pedirías? —preguntó Tyler.
—Hum —masculló pensativa, mientras se sentaba en la manta que su novio había colocado en el suelo—, no estoy segura. Es muy difícil.
—¿Sabes qué pediría yo?
—¿Descubrir un nuevo pokémon?
—No —contradijo mirándola a los ojos—, desearía que siempre estuviésemos juntos.
La castaña se sonrojó un poco, quitó la vista de él y colocó sus manos en su regazo.
—Tyler —regañó nerviosa. Él sabía que ese tipo de comentarios no le agradaban del todo.
—Oh, lo siento, en serio —comentó entre risas—, soy sincero.
—Sí, sí, eres un buen chico —susurró ya más tranquila.
—Ah, así que, ¿un año de relación y nada más soy un buen chico? —preguntó en broma, aunque, en cierta medida, sí le había dolido.
—Sabes no quise decir eso —habló la castaña, mirándolo seria.
—Lo sé, lo sé, pero sabes que no pude evitar el comentario —justificó, sonriéndole como siempre—, pero lo que dije es cierto. Aunque no seamos pareja para siempre, me gustaría que, aunque sea, fuéramos amigos.
Serena cambió su expresión a una de ternura. Tyler le caía bien, era un chico tierno y lindo. Fue un agradable cambio en su vida, aunque sus sentimientos por él no eran tan fuertes. No se sentía enamorada y eso la hacía sentir un poco mal. Ese lugar, aunque ella se mintiera una y mil veces, ya lo tenía alguien (y nadie más podría ocuparlo).
Quizá, algún día, podría corresponderle al chico que tenía en frente, de la misma manera, con esa intensidad con la que él la miraba siempre. Porque Ash jamás regresaría, ya lo había aceptado.
Se sentaron en el sofá corinto, rodeados de las paredes color crema. El sol seguía colándose por la ventaja del balcón y las cortinas se elevaban un poco por el viento. Existía, todavía, la tensión guardada desde que Ash se fue.
—Felicidades —halagó el rubio con sinceridad—, Ash regresó. —Sus ojos cayeron al suelo, con suma tristeza y resignación—. Supongo que eres muy feliz.
—Tyler, yo no sé qué decirte —admitió avergonzada.
—No digas nada, solo déjame explicarte las cosas —comenzó a hablar mientras se acerca a ella—, cuando salimos por última vez de la ciudad juntos, creí que todo iría bien, regresaríamos y seguiríamos como siempre, pero…
»Cuando nos separamos, yo tomé mi camino para realizar mi investigación. Tú tenías que realizar tus pendientes en otra ciudad así que nos separamos, ¿recuerdas? Quedamos de reunirnos en una ciudad en la que coincidiríamos. Ese día, te veías tan radiante, como todos los días.
»Terminé mi trabajo y fui a donde quedamos. No te vi por ningún lado, te busqué por casi todas partes. Pase bastante tiempo preocupado y, poco después, te hallé en una ciudad que estaba por los alrededores.
»Ese día no pudiste hablarme porque estabas muy cansada. Me estaba empezando a molestar, porque creí que estabas ignorándome apropósito. Entonces, me contaste de la niña, que deseabas ayudarla y cuidarla hasta encontrar a sus padres
Cada palabra, al principio, parecía contar una historia casual. Pequeñas partes las decía con más intensidad o confusión, pero casi al final se fue derrumbando. Tyler se veía preso de la dificultad cuando se quedó callado. La última parte, era la clave, la más difícil de toda la explicación.
No tenía mucho tiempo, así que habló:
—Me asusté por completo. No era por el compromiso, ni por la responsabilidad, sino porque, Serena, yo tengo fobia a los niños pequeños.
La habitación se quedó en silencio. Serena intentaba comprender a su compañero. ¿Había dicho eso en serio? ¿Acaso, en realidad, existía tal cosa?
Dudó, porque él la había dejado alguna vez, dudó porque su madre y su ex no la apoyaron, dudó porque ellos desconfiaron de ella y sus decisiones. Dudó, sobre todo, porque de ser verdad, entonces habría cometido un error al terminar con Tyler de la forma en que lo hizo.
—¿Qué?
—Eso, Serena —contestó, cerrando los ojos y abriéndolos segundos después—, no sabía que lo tenía. De hecho, me enteré cuando visité, hace años, a un psicólogo.
—Pe-pero. —Se le mezclaban las palabras en la cabeza junto al desconcierto—. Nunca me di cuenta.
—Porque yo lo evitaba, es decir, era extraño cuando en tu grupo de amigos había niños alrededor. Jamás estaba tan cerca, al menos sabía controlar mi ansiedad por corto tiempo. Tampoco es que fuese totalmente necesario, nunca estuve tan cerca de algún niño.
Se abrió mucho más la tensión. Tyler se sentía incómodo y Serena muy confundida.
—No entiendo, ¿por qué?
La pregunta provocó un suspiro en el rubio. Evitó mirarla, enfocándose al frente de la sala.
—Cuando tenía nueve años —empezó, borrando su mueca tensada, reemplazándola con la melancolía—, mi hermana estaba a punto de ir a su primer viaje. Mis padres la despedían afuera y yo me quedé adentro con mi hermano menor.
»Solo estaba jugando, le hablaba a mi hermano. Él era un bebé entonces, así que era bastante fácil impresionarlo.
Serena se acercó un poco más, debido a lo bajo que estaba hablando. El tema le era un poco difícil de recordar, pero tenía ciertas cosas superadas. Sus sentimientos recaían en a quien se lo estaba contando.
—Escuché que algo se cayó atrás del sofá y cuando lo fui a buscar vi que era el peluche de mi hermano. Fui a recogerlo, estiré mi mano y mi pie se enredó por error con los alambres de enchufe. Intenté moverme, pero sentí la mesita que estaba ahí también se movió.
»Tiré un vaso con agua que estaba ahí, se cayó en la conexión y se inició un incendio. Todo se llenó de humo, me desmayé y cuando me desperté, estaba afuera. Mis padres me regañaron tanto, que sentí que nunca acabarían.
La vio abrir la boca para decir algo, pero él negó con la cabeza. Suspiró, cerrando los ojos.
—Dijeron que era un peligro para mi hermano menor, que casi lo mato. —Abrió los ojos de nuevo—. Empacaron mis cosas y me fui con mi hermana mayor. Crecí creyendo que podía hacerle daño a los más pequeños. No pude con eso y mi hermana se dio cuenta. —La volteó a ver, con una expresión más relajada que antes—. Es una fobia rara y extraña, por eso fue difícil reconocer que la tenía.
Ella tenía los ojos cristalinos, como si estuviese a punto de llorar. Sabía, porque le había contado un poco, de la falta de cariño que tuvo en su infancia. Sabía, eso quedó claro, de sus padres ausentes y poco cuidadosos con él. La única cosa que no sabía era esa parte.
Serena lucía más descompuesta que antes. Se notaba la culpa que estaba sintiendo, seguro que estaría pensando en disculparse.
—Debía de haberte dicho algo —siguió sin mucho ánimo—. Como que tenía miedo. Y, pues, no debí de insinuarte que no podías con la niña. Eso era tonto e inmaduro, tampoco debí reclamarte por Ash. —Sacudió su cabeza e intentó sonreír—. Es obvio que yo jamás seré él.
—No, Tyler-
—Desde hace un año que estoy yendo a terapia. Si hubiese actuado de forma valiente, estaría contigo en este mismo instante —explicó, expresando el arrepentimiento en sus palabras—. Lo siento, debí de haberte apoyado, más cuando tu madre no lo hizo.
—¿Cómo te enteraste de eso? —preguntó ella, la sorpresa e incomodad se presentó en su voz.
—Fui a ver a tu madre hace unas semanas, pensé que vivías con ella o algo —comentó con un tono normal. Serena lo vio, extrañada—, creí que te había apoyado con lo de la niña.
—Eso ya quedó atrás —dijo, esquivando el asunto. Lo miró con detenimiento y suspiró—. Eres una muy buena persona, encontrarás a alguien que te ame.
¿Amar a alguien más? No. Eso era imposible, él la amaba demasiado. Decidió desviar la atención a otra cosa.
—Serena, hay otra cosa que no te he dicho —habló con seriedad—. Entre tantas cosas que pasaron, jamás te comenté que me ofrecieron un buen trabajo como investigador, pero fuera de la ciudad.
A la señorita le cambió la expresión, se veía un poco más contenta. Carraspeó con más ánimo, empezando a sonreír.
—Ya sabes, siempre solíamos viajar, sin embargo con este trabajo me iría mucho tiempo. —La miró a los ojos—. Quise rechazarlo y hablar contigo de eso. Pero nunca tuviste tiempo, supongo que eso también me llevó a no discutir sobre tu decisión de terminar.
—¿Entonces? —preguntó ella con curiosidad.
—Tomé el trabajo. Me dio tiempo para pensar y ahora que tengo unos días libres, vine a verte.
Se lo había dicho todo y ya no tenía qué más decirle. Se cortó la conversación y decidió dejarla así unos minutos. Estaba pensando en lo que pudo ser de haber tomado otras decisiones.
Serena, aún en su interior, no dejaba de sentirse mal. Estuvo muy inestable después de la discusión que tuvo con su madre. Ello la llevó a desconfiar, a actuar como terminó haciéndolo.
Tyler, en cambio, estaba más liberado. Se sentía celoso y con las desdichas encima, pero feliz de verla tan bien y notar que, a pesar de todo, estaba comenzando a ser más feliz junto a la persona que siempre amo. Necesitaba verla sonreír una vez, solo una vez más.
—¿Cómo es la niña?
—Ah, se llama Grace —comenzó a contar muy animada la señorita—. Es tan viva y le encanta dibujar.
Le contó con mucha ilusión sobre la pequeña. Lo notó, entonces, que Grace era un rayito de luz para su ex. Era la fuerza que la sacó adelante a pesar de todo.
Un rato más tarde, ella le mostró fotos de la niña.
—Se vez feliz —señaló, sosteniendo la foto.
—¿Sabes? Es rubia, como tú —comentó la castaña, riéndose un poco.
—Cierto, también tiene los ojos verdes, eh, cualquiera diría que es mi hija —bromeó sacándole una sonrisa a la castaña—, una lástima que no haya podido ayudarte. Hubiera sido divertido, supongo. —Se encogió de hombros.
—Las cosas pasan por algo —dijo Serena, retirando la vista de la foto.
—Te sugeriría que fuésemos amigos —comentó, levantándose del sofá—, pero tu novio es muy posesivo. —Dio una pausa dramática y se aguantó el mal recuerdo—. Casi me mata con la mirada si hubiera podido.
—No, como crees —contradijo la castaña apenada—, solo estaba… bueno, no lo sé.
—¿Sacando malas conclusiones? —preguntó Tyler, bromeando.
Al instante, se dio cuenta de lo que realmente dijo. Su mente analizó eso y recordó la reacción que tuvo Ash. Ahora parecía tener sentido.
Es decir, Serena tenía una hija rubia de ojos verdes. Él, el ex de ella, poseía características parecidas a la pequeña. Encajaba, muy bien, como el desgraciado abandona hogares. Soltó una pequeña risa, mientras le hacía una señal con la mano a la dama.
—Si quieres le explico qué pasó —sugirió el rubio. Ella negó con la cabeza—. Debo defender mi honor —bromeó en un supuesto tono varonil.
—Bueno, explícale que no eres el padre, quisiera contarle toda la verdad. —Suspiró—. Creo que ya es tiempo.
—Como gustes, Serena.
—Lo siento mucho —se disculpó sincera, con los ojos llenos de arrepentimiento. Eso fue suficiente para él.
—Ya no importa —susurró con suavidad—, creo que es hora de irme.
—Adiós, Tyler.
Él avanzó a la puerta, la abrió y salió. Sonrió triste y melancólico, parecía que todo había salido bien. Al menos uno de los dos era feliz.
"Adiós, ángel"
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Serena, llegando al límite de la paciencia.
—Que no puedes hacerte cargo de la niña —explicó exhausto—, es demasiado, incluso para ti. ¿Te has puesto a pensar en todo…?
Ella estaba furiosa con el mundo, molesta consigo misma y el destino, desconfiada de todos y de sí misma. Ir a ver a su madre había sido una equivocación. La había cuestionado, como si se hubiese equivocado un montón de veces.
Tyler decía casi las mismas palabras. La diferencia yacía en que su madre primero creyó que la niña era suya, creyendo que había estado embrazada. Esa fue la primera cosa que le hizo quebrantar el lazo de confianza. Serena no pensó que su madre tuviera pensamientos tan fuera de lugar.
Intentó razonar lo más que pudo, pero su mamá no cedía. Le explicó todo lo que quería hacer, pero eso llevó las cosas a pique. No le ofreció su ayuda, le advirtió que podría estar cometiendo un error. Ella no la entendió cuando habló de la conexión que sentía con la niña, mucho menos mostró algo de entusiasmo con sus ideas sobre buscar a sus padres.
Le negó la confianza y el apoyo. Así, con todo y la tensión, su paciencia se quebró y sus límites se rebasaron. Se sintió traicionada, siendo más doloroso viniendo de su madre, a quien amaba con todas sus fuerzas. Luego estaba Ash, quien nunca había aparecido.
Hasta había escuchado que se había casado, qué más daba todo lo demás. Protegería a esa niña tan frágil y pequeña. No dejaría que terminara en un orfanato, donde seguro la molestarían por lo "débil" que era. La defendería y encontraría a sus padres, ¿quién en su sano juicio abandonaría a una pequeña tan linda?
—No te estoy pidiendo que me ayudes, Tyler —habló tajante—, puedo sola.
Tyler, el que siempre había tenido una paciencia infinita para todo, se cegó. Ella jamás lo consultaba para cosas importantes, incluso para ésta, donde podría concernirle a los dos, tampoco lo tomaba en cuenta. Sus instintos lo llamaron a ponerse a la defensiva.
—Tampoco te la estaba ofreciendo.
—Bien, puedes regresar a Ciudad Luminalia.
—Como quieras, solo espero que estés pensado lo que estás haciendo.
—Lo estoy —desafió.
—Como digas.
Salió de la casa, sin voltear a verla. Fue demasiado, incluso para alguien que había soportado a un fantasma. Claro, si hubiese sido Ash, lo hubiese dejado pasar, ¿verdad? Bueno, jamás tendría la respuesta.
Caía la tarde, con lentitud y sin prisas. El sol seguía ahí, bajando con paciencia. Las nubes seguían siendo pocas, formadas en extrañas formas sin sentido. La gente caminaba disfrutando el clima y de la hora. Vestían con formalidad, se preparaban para el viaje y revisaban sus bolsos.
Tyler estaba a punto de tomar su tren. Había sido, en su mayoría, un día tan inestable para alguien tan pacifico. Aunque no fue tan malo como esperó. Por supuesto, no iba con intención de conquistar a Serena, pero ver a Ash con ella lo dejó descolocado.
Dio por hecho, desde hacía años, que él no volvería nunca.
Miró a su lado, notando a un Pikachu. Extrañado por eso volteó a su alrededor y vio a Ash, avanzando con cólera. Cuando lo tuvo en frente, frunció el ceño.
—Antes de que digas algo, Grace no es mi hija —cortó Tyler, mientras ignoraba la mirada del otro—, de hecho no es de Serena.
—Sí, lo sé.
Ahora el sorprendido era él.
—Entonces, ¿por qué creíste que la niña era mi hija?
—Porque no había otra explicación. Ella nunca quiere hablar de eso y creí que tú habías abandonado a tu hija, dejándola con Serena.
Tyler suspiró.
—Tampoco soy el imbécil que crees —soltó molesto—, lo mío con ella no funcionó por tu causa.
—Eh, ¿de qué hablas?
—Eso, ella siempre ha estado enamorada de ti, sólo que por alguna extraña razón, lo negó y creyó que eso era sólo sentimientos guardados y pasados. Por eso aceptó salir conmigo, quizá tal vez le agradé más como amigo, qué sé yo, pero nunca sintió eso que siente por ti —explicó, pasando una mano por su cara—. Deberías estar feliz, tienes que ser el hombre más afortunado sobre la existencia de la historia y del universo.
Ash estaba en shock, porque le había tomado unos segundos analizar la información. Sacudió su cabeza de un lado a otro, luciendo apenado.
—Yo lo siento, no debí de haberte molestado —se disculpó, demostrando su lado más maduro.
Tyler supo que era un buen tipo, más adecuado a lo que ella era.
—Olvídalo, solamente hazla feliz —cerró los ojos, dejándose llevar por el sonido del silencio.
—Lo haré —habló decidido—, gracias.
Y así, él se retiró, dejándolo solo. Se sentía aliviado, al menos la castaña tenía a alguien que la amaba de esa manera, capaz de defenderla sin dudarlo.
Decidió, aprovechando su tiempo, arreglar su hogar. Tomó varios minutos de meditación durante ese tiempo y se enfocó en reconocer que él actuó fuera de sí en la mañana.
Ash no apareció por ningún lado, provocándole angustia. Cerca de las tres de la tarde, su hija apareció junto a sus dos mejores amigos. Hizo el almuerzo, invitándolos a pasar. Y él seguía sin aparecer.
Cuando cayó la noche, las estrellas brillaban en el cielo y las nubes se paseaban con lentitud. La niña ya dormía en su habitación. Serena seguía pensando en él, pero al final decidió buscarlo al día siguiente. Logró arreglar lo último en su casa y caminó hacia su habitación.
La puerta sonó, se detuvo en su caminata y fue a abrirla. Se encontró, con un aspecto mucho mejor que en la mañana, a él. Su corazón se agitó, sus piernas se debilitaron y sonrió junto a él. Se veía tan jovial y como solo Ash podía ser, mirándola y regalándole una expresión tan llena de vida.
Se perdió tanto en observarlo, ni si quiera esperó su movimiento. Ash, con delicadeza, la jaló acercando sus rostros. Él juntó sus labios, ansioso, feliz y con un aire tan impulsivo. Intentó separarse para preguntarle por qué no había venido antes, por qué estaba sudado y, sobre todo, por qué no decía algo.
Cuando se separaron, se quedó sin palabras. Él la miró con una gran expresión de felicidad.
—Sé todo —susurró mientras se acercaba—, más o menos. Me falta tu versión de la historia.
Dio un respingo, reaccionando al sentir como él, con una de sus manos, tomó la suya para darle fuerzas.
—Está bien, pasa —aceptó derrotada.
Lo que restó de la noche, Ash escuchó a Serena en todas sus formas, feliz por haberse realizado como diseñadora y modista, triste por lo de su madre, frustrada por lo roto y alejado que terminó su relación en todo sentido con Tyler, y conmovida por la dulzura de la niña.
La abrazó en más de una ocasión, diciéndole que ahora él intentaría estar con ella, ayudándole en lo que pudiera.
Ahora, ambos podrían vivir sus vidas juntos sin problemas, ¿verdad?
Notas de la autora:
Sé que muchos estarán pensando que el capítulo tiene poco de Ash y Serena, pero creo que el que estén juntos es genial, ¿no?
No quise poner a Tyler como el típico ex, que va a buscar a su amor y quiere todo a toda costa. Pensé en él como lo presente, un chico con virtudes y defectos. Espero que hayan entendido su punto, y que no odien a este chico ni a Serena.
Algunos querrán saber qué pasó con Serena y su madre, en el próximo capítulo veremos más detalles, otras cosas sobre Grace y demás.
¡Gracias por leer! Se agradece su paciencia, cualquier falta la reviso luego ^^
¡Muchas gracias por sus Reviews/Comentarios, Fav/Favorito, Follow/Alerta!
Espero que les haya gustado,
¡Adiós, nos leemos!
Actualizado el: 01/07/2016
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