¡Hi!

¡Vengo a dejarles este capítulo! Largo, espero que no se desvelen o pasen mucho tiempo leyendo, lo siento xD

Cualquier falta lo siento, espero que disfruten el capítulo.

¡Pero antes, mis acostumbradas notas!

1# Tengo una cuenta en Wattpad. Puede sonar a publicidad xD Pero, en realidad tengo un Blog AmourShipping donde describo las personalidades de Ash y Serena, y lo siguiente que escribiré es sobre ambos como pareja. Búsquenme (si gustan) como (arroba)xAngyLopez.

2# Todas las frases que coloco por capítulo (o en otros fanfics) no son mías. Si algún día olvido colocar de quién era, lo siento.

3# ¡Discúlpenme, en serio por tardarme tanto con el capítulo! No pienso dejar de escribir, y espero que ustedes no dejen de leerme. Sigamos con el AmourShipping hasta el final, y no importa la siguiente temporada ni nada. Ellos son tal para cual, para mí, no importa lo que pase.

4# ¡Muchas gracias por sus Reviews! Ustedes me escriben tantas cosas bonitas. Me hacen sonreír mucho, aw :'D Son geniales.

5# ¡Feliz cumpleaños a Checo! Hubiera subido el capítulo antes, pero no pude, tenía un examen. Y revisarlo me iba a tomar tiempo, espero que hayas pasado un buen día.

6# El usuario BGBFAN-FICS, sugirió unas canciones. Y citaré exactamente lo que escribió (por cierto, muchísimas gracias por tu comentario. Me hiciste el día con eso =D): "Con recomendación mía, lee este fic con las canciones; Beatiful lie (Hans Zimmer), álbum entero de Interestelar e ingresar a Deezer y buscar el album, Classical sleep, esa música te adentra a ésta historia de lo mejor, y con esta mezcla, te podrías llevar una lágrima como yo 70% calidad amiga, termina lo pronto y te daré mi calificación final :3 Saludos y bendiciones"

7# Virginia me sugirió describir más los besos. ¿Saben? Me alegra que me den consejos. Estoy contenta con que me dijeras eso, así que empecé a investigar (sí, porque nunca soy de narrar muchos besos xD) como es que debía de describirlos. Y bueno, lo intenté. ¡Espero que les guste! (Y que a ti te guste). Lo que sí es que el fanfic nunca pasará a algo para mayores (eso lo quería aclarar ahora), el fanfic siempre será para "todo público" con respecto ese tipo de contactos. Así para que todos estemos cómodos =D

Los personajes de Pokémon no me pertenecen le pertenecen a Satoshi Tajiri y Pokémon Company en general.


Por y para siempre

"El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inexplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo— Gustavo Adolfo Bécquer"


Capítulo IX: "Amor"

En realidad, debía ser honesta consigo misma. Toda esa revolución de momentos y emociones la dejaron cansada, por más que lo negara, debía de aceptarlo de una vez por todas. Estaba inconforme, despertando justo esa mañana con un mal presentimiento. Había algo extraño que estaba pasando, como que no encajaba con lo que ocurría.

¿En serio todo eso estaba pasando? ¿Ash sí estaba con ella? Sonaba demasiado bien, incluso si sólo se enfocaba en las últimas semanas. Aunque claro, tenía que exceptuar la parte en donde volvió a ver a Tyler, ya de ahí, lo demás era muy grato. Y no es que su ex le hiciera pasar un mal rato, de hecho, al fin terminaron en buenos términos, pero eso había sido agotador. En especial por la parte en la que su 'novio' actuó de forma "posesiva".

Algo en su corazón le indicaba algo malo, un presentimiento que oprimía su pecho, revolviendo sus emociones en un sinfín de malestares. Era obvio que no era un buen presentimiento. La sensación se corría de su estómago, pasando por su garganta y robándole un poco el descanso. Tenía sus sentidos un poco más despiertos, así que pudo escuchar el ruido de afuera, de la gente que estaba yendo al trabajo. Exhaló y abrió los ojos, decidida a comenzar un nuevo día. Movió sus manos hacia su rostro y observó a su novio. Serena tenía que admitirlo, aún con todo el malestar, el verlo así todo dormido, con la expresión relajada y con la boca abierta; era bastante lindo.

Suspiró. No dejaba de mirarlo, fijándose en las facciones varoniles del caballero. Otra vez él había dormido con ella. No había pasado nada más, como de costumbre. Ambos habían quedado bastante cansados luego de tantas confesiones, más cuando él asintió sin callarla, dejándola expresarse por horas. Ella dio una parte de sí misma que muchos desconocían, y Ash, quien escuchó en absoluto todo lo que decía, la vio con demasiada atención. Algo ciertamente dulce de su parte.

Un pensamiento le cayó como agua fría. Si todo iba demasiado bien, algo trágico tenía que pasar; porque todo lo que en su vida parecía que iba por buen rumbo, terminaba yéndose en picada. Hizo una mueca y sus ojos se entristecieron. No le gustaba ser pesimista, pero sumado a su mal presentimiento, tenía razón en su sentir. Nada en su vida duraba para siempre.

Y él, la persona de la que había estado enamorada casi toda su vida, era una de esas cosas que se iban cuando menos quería. Se mordió el labio inferior, mientras suprimía todo lo triste. Tenía que sonreír, porque a pesar de todo, todavía tenía a alguien por quién ponerse de pie: su pequeña hija.

Iba a levantarse de la cama, pero de repente sintió un peso extra en su cuerpo. Se sorprendió al notar que su novio había puesto un brazo encima de su cintura, llenándola de un pequeño calor en las mejillas, atorándole las palabras en la garganta y suprimiéndole su línea de pensamientos. Podía asegurar sin muchas vueltas como el tiempo se detuvo, parecido a la sensación fantasiosa que tuvo muchas veces en su juventud. Se quedó quieta, disfrutando del toque y de la pequeña sonrisa que se asomaba por su rostro. Fijó su vista en el reloj que reposaba en la mesita de noche y, un poco nerviosa, se dio cuenta de la hora que era.

—Ah, A-Ash —tartamudeó, intentando moverlo sin éxito alguno.

—Hum —masculló entre sueños. Serena observó cómo él sonrió con una satisfacción que encontró extraña, tocó su rostro con el dedo índice y éste gruñó en respuesta—. ¿Qué? —preguntó un poco molesto, abrió los ojos y, como si nada, retiró su brazo de ella—. ¿Qué hora es?

Ella observó su cambio de actitud, ahora parecía tan jovial como siempre.

—Pues, como las siete y media —respondió, sentándose en la cama—. Ash, creo que tenemos que hablar.

Una parte del cerebro de su compañero se sintió confundido por eso último. Para él no sonaba como algo bueno, ¿o sí?

—¿Sobre qué? —preguntó con tranquilidad.

—Bueno —comenzó nerviosa, clavando su vista en el lugar contrario a donde estaba Ash—, es sobre nosotros.

—¿Ajá?

La vio ponerse más roja de lo que estaba y le dio risa. Era agradaba, para él, encontrarse con esa imagen en la mañana. Evitó reírse y puso su mejor expresión seria, fingida por supuesto. Ash intentó concentrarse en no pensar en otra cosa, pero ella no hablaba y su mente divagaba porque todavía estaba medio dormido. Observó la ventana de la habitación, ¡bastante grande, por cierto! Era un día soleado, con señales para no ser tan caluroso. Y si lo pensaba bien, haría un buen clima más tarde, como para tener una batalla pokémon.

"Concéntrate", se regañó mentalmente. Agitó su cabeza y la miró fijo. Ella, con una mueca, tomó aire y lo soltó:

—Creo que no deberías pasar las noches aquí —habló fuerte y claro.

Ash no entendió muy bien por qué no podría hacerlo, no habían hecho nada malo después de todo. Algo cruzó en su cabeza, ¿le había hecho algo a ella mientras dormía? Iba a protestar, pero se vio interrumpido por alguien que abrió la puerta de golpe. Volteó a ver junto a Serena de quién se trataba.

Era Grace junto a Pikachu, ambos parecían tener mucha energía. La pequeña traía una pijama de color turquesa, de pantalón largo y la blusa de mangas cortas, tenía estampado un montón de pokémon tipo agua hechos de manera chistosa. Ash supo de inmediato que Serena se lo había cosido.

Al mirar de nuevo a su compañera, notó que estaba más pálida de lo normal.

—¡Mamá! —exclamó la menor con suma alegría. Pasó menos de un seguro para que se diera cuenta de su presencia, lo que ocasionó que ella abriera su boca más de lo normal, con la emoción asomándose en su amplia sonrisa—. ¡Oh, Ash estuvo aquí toda la noche! —Comenzó a dar saltitos por toda la habitación—. ¡Sí, son novios!

Ash al fin comprendió la expresión de la castaña, ¡ella no quería que la pequeña los descubriera así! Tragó saliva e intentó inventar una excusa, algo bastante malo porque él no era muy bueno mintiendo, mucho menos a una niña. Bueno, la pequeña rubia a lo mucho pensaría que durmieron en la misma cama, así que no habría de qué preocuparse. Se levantó de la cama y se acercó a la menor.

—Hey, ¿no quieres ir a comer cereal? —preguntó el adulto, sonriente.

—¡Sí, sí, sí! —respondió feliz. Tomó la mano de él y se fueron a la cocina, acompañados del pequeño pokémon eléctrico.

Serena se quedó sin moverse. Ahí, sentada en la cama, sin creerse lo que pasó. Un minuto después, suspiró e intentó pensar positivo.

"En algún momento debía darse cuenta", pensó mientras se ponía sus pantuflas. "Pero, si Ash se va", negó, sacudiendo un poco su cabeza. "¡Piensa positivo!"

Salió de la habitación, con la idea de ser lo más entusiasta posible. Al llegar a la sala, observó a sus dos personas favoritas preparando algo tan simple. Se reían mientras lo hacían, buscando la leche y el tazón, creándose un ambiente cálido, mientras cierto pokémon hacia lo posible por evitar ensuciar mucho. Serena sonrió y se acercó a paso lento, uniéndose a la misión de hacer el desayuno.

Y por un instante, en medio de todo su mal presentimiento, sintió que todo había valido la pena. Una sensación grata la llenó. Su familia estaba ahí, convirtiendo lo cotidiano en algo precioso, transformando la mañana de malos presentimientos en un viaje más placentero. Estaban ahí, y eran lo más especial que tenía en su vida, porque ellos la inspiraban. Existía un lazo entre todos, tan fuerte, sin excluir si quiera a Pikachu.

Sonrió como nunca y preparó la comida, como si fuera la última que compartirían en mucho tiempo. Se reían y hablaban como lo que alguna vez sabía que había soñado.

Ash estaba con ella, y su corazón sintió que su promesa no era falsa.


La pequeña Grace miraba con atención al mayor a su lado. Después de la placentera mañana, Ash le había dicho que tenían que ir a ver a Clemont y Bonnie, emocionándola mucho. Adoraba a sus ¿tíos postizos? Nunca tuvo el valor de llamarlos así, pero en su corazón los quería como si fueran de su familia.

Mientras caminaba, dando saltitos, observaba su alrededor. Iban por las calles de la ciudad, en medio de la acera gris y junto a las tiendas con vitrinas relucientes. Había colores vivos por todos lados, árboles con hojas frescas y un clima agradable para pasear. La hacía reír el tener a Pikachu rodeándola, justo como si estuvieran jugando. Ese pokémon era muy lindo, le gustaba, casi tanto como los Skiddo. ¡Oh! Como adoraba las carreras Rhyhorn; se emocionó al recordar cómo veía los torneos en la televisión. Recordaba como hacía un par de años Bonnie le había enseñado un poco cómo montar un Skiddo, desde entonces, había decidido que participaría en las carreras. También sabía que su mamá y Ash tenían cierto talento para ello, así que, ¿por qué no intentarlo?

Además, encontró entre las cosas de su madre un viejo periódico con una noticia, donde Ash había participado en un torneo. ¡Eso habría querido verlo! Miró otra vez al adulto, se preguntó si todavía se recordaría cómo montar a uno de esos grandes pokémon. A lo mejor sí, porque sabía que era alguien impresionante y seguro podría con eso. Desvió su mirada al cielo y sonrió.

Amaba mucho a los pokémon, en especial los de su mamá, aunque Delphox siempre estuviese en la boutique ayudando a su madre o descansando en su pokébola. Grace recordó que hace dos años ese pokémon solía estar bastante con ella, hasta que su madre tuvo mucha presión en su trabajo, requiriendo de ayuda y de su pokémon. Así que la veía pocas veces ahora, quedándose con los otros pokémon de su madre y, si era honesta, disfrutaba los momentos donde podía jugar con todos ellos. ¡Y adoraba a Pikachu! Eso le recordó a cierta persona muy unida a su madre.

¿Cuándo se casarían? Fantaseó con la idea de tener un papá, porque si era sincera, una pequeña partecita de su corazón deseaba uno. La mayoría de los de su edad lo tenían y ella adoraba a su madre, pero un padre era un padre, y le hacía falta uno. No debería sentirse así, pensó en su mamá que siempre se preocupaba mucho por ella y no dudó en sentirse algo culpable. Sin embargo, había algo extraño que le pasaba siempre, bueno, no tan seguido, pero sí con algo de recurrencia.

Había ciertas partes de su vida que no recordaba muy bien, detalles que se nublaban y se perdían en el fondo de su memoria. Frunció el ceño, analizando de forma infantil el asunto, ¿los otros niños se sentirían igual? De alguna manera sentía que había algo que no andaba del todo bien con ella. En especial porque las personas alrededor la miraban raro, aunque también a su madre.

No había comprendido las razones, siempre que sentía que alguien posaba su vista en ella, asumía que era porque estaba manchada, o su ropa no se miraba bien. Aun así, nunca olvidaba los murmullos que escuchó alguna vez, cuando había ido por primera vez a la boutique de su madre. Ellas decían cosas feas de su mamá, cosas que la molestaron en un grado que no conocía, era gente que le desagradó al instante. ¡¿Cómo eran capaces de decir eso?! Por supuesto, tuvo que quedarse callada, pero eso no evitó que ella les lanzara malas miradas. Debieron sentirse mal con eso, ¿no?

Otra cosa que observaba: los demás niños, al saber de no tenía un padre, se veían renuentes a jugar con ella. Bien, su mamá no había querido que estudiara en una escuela, nunca comprendió por qué, pero eso no explicaba lo que pasaba con los que se le acercaban. Cuando iba al parque y los veía por primera vez todo iba bien, parecían felices de jugar con ella, hasta que observaba como sus madres les decían algo, y luego ya no querían ni verla a la cara. ¿Era porque no tenía un padre?

Eso la hizo sentir muy mal, obligándola a llorar a escondidas. Su mamá nunca se enteró, por eso es que prefería jugar con Clemont, Bonnie, Shauna, Tierno o Trevor, porque ellos no la miraban feo, ni dejaban de hablarle por algo como eso. Ella no tenía la culpa. Jamás había conocido a su padre, pero por la expresión que ponía su mamá cuando se lo preguntaba, sabía que él no era una buena persona. Así que, unas semanas antes de que Ash apareciera, había decidido adoptar a un papá. Porque sabía, informándose por la televisión, que había adultos que podían adoptar niños, ¡pues bien! Ella adoptaría un papá, uno que fuese valiente y quisiera mucho a su madre, sin embargo, un tiempo después sus deseos se cumplieron. De repente él apareció, con una sonrisa y un montón de historias nuevas, ofreciéndose para jugar con ella, haciéndola reír siempre.

Ash se había convertido en su papá, desde el instante en que notó que su mamá estaba enamorada de él. Sí, su mamá sentía algo por su nuevo padre, ¡se había dado cuenta porque se puso roja cuando él la vio, como en las caricaturas! Así que ambos serían sus padres, se quedarían juntos como en los cuentos, y vivirían felices para siempre, jugando con ella y viviendo nuevas aventuras.

Nada podría ser mejor.


Cuando llegó, Bonnie le ofreció una bebida, la cual aceptó sin chistar. No intercambió más palabras con su amiga, ya que ésta se retiró junto a la niña para jugar, mientras él se encargaba de dirigirse hacia su compañero. Tardándose menos de lo esperado, Ash le dio un sorbo a su limonada, mirando cómo Clemont se las ingeniaba para arreglar una cosa extraña. El gimnasio seguía siendo un lugar muy tecnológico, adaptado a las nuevas tendencias que el rubio creaba, junto algunas pequeñas modificaciones, incluso en la entrada del lugar. Quizá hasta eso que estaba arreglando sería parte del sitio, no entendía ni qué era, pero eso no era importante.

Observó que el rubio se secó la frente con la manga de su traje, suspiró con cansancio y lo observó un poco sorprendido.

—¡Oh, estás aquí! —exclamó, emocionado—. ¡Tengo muchas cosas que preguntarte!

Sabía a qué se refería, pero eso no evitó que sintiera un poco de culpa. Había una cosa que no logró contarle a Serena, y sabía por lo de ayer que ellos tampoco se lo dijeron. Sonrió de forma amigable, recordando el día anterior, mientras relajaba sus hombros, estirándose.


Cuando salió del departamento de Serena, estaba descompuesto. No entendió nada, ni si quiera imaginó alguna vez esa reacción de ella, porque actuó diferente a lo que creía. Incluso encontró que no había algo malo con él, quién sabe por qué razón. Las dudas lo asaltaron entonces, ¿qué fue lo que ocurrió realmente?

Caminó a paso lento, como si estuviera contando cada pisada. Su alrededor no era importante, ni si quiera porque hubiera agitación por ser una mañana ocupada para quienes trabajaban. Las calles se llenaban de gente que iba y venía, causando ruido que él ignoraba por estar adentrado en sus propios asuntos.

Una parte de su cabeza supuso que la castaña había sido amable y nada rencorosa, pero eso cambiaría las cosas, aún más si "ese" querría llevarse a la niña. ¿Y si no la sabía cuidar? ¿Grace sufriría? No quería que ninguna de las dos pasara un mal momento. Bajó su vista a su Pikachu y notó que estaba igual de frustrado. Apretó sus puños, la confusión comenzaba a fundirse con su molestia.

Se quedó parado, sin notar como las personas pasaban a su alrededor. De pronto, no sintió a nada ni nadie, a excepción de su Pikachu. Estaba sumergido en la nada, con el aire rozándole la cara, las emociones volándole alrededor, como una tentación para descontrolarse. Cerró los ojos, intentando canalizar su malestar.

Algo que había aprendido era a calmarse, y la única razón por la que no lo hizo cuando estaba con "ese", era porque no lo soportó. Era curioso, no pensó que existiera un ser sobre la tierra que lo hiciera perder la cabeza, aun cuando ni si quiera lo conocía bien. De tan sólo recordarlo el calor en el estómago y la espalda le resurgían con más fuerzas. Su fiel compañero le jaló la ropa, su paz se acabó, y todo regresó a la realidad.

Ya no estaba en medio de la calle, ni tampoco había gente alrededor. Estaba a pocos metros del gimnasio del científico. Notó también que Clemont estaba en frente de él, con una expresión de total confusión y angustia.

—¿Qué pasa?

—Es —hizo una pausa, intentando expresar las palabras correctas—, el ex novio de Serena —susurró el inventor, agachando la mirada junto a un suspiro—, no sé por qué, pero siempre creímos que él tenía que ver con la niña. Cuando Bonnie lo vio, lo saludó e intentó reclamarle algo. Yo lo impedí y él parecía confundido. Más que nosotros. —Una mueca agria y la culpa salieron a flote—. ¿Estabas con Serena?

—Sí, y él está ahí, con ella —contestó molesto, sin pensar primero en qué diría—. Clemont-

—¿Grace no es hija de Serena? —preguntó su mejor amigo, con una sonrisa triste—. No tienes que contestar, creo que con lo que escuchamos de él es suficiente para pensar que es obvio que no. ¿Tú lo sabías?

Ash asintió.

—No te lo dije porque no creí prudente hacerlo, son cosas de ella —respondió de forma torpe.

—¿Serena te lo dijo?

Él negó con la cabeza.

—En realidad, yo escuché algo que no debí oír.

Un silencio se presentó, dando el espacio para sumergirse cada uno en sus propios pensamientos.

El rubio se sentía mal, porque creía que nunca había sido un verdadero amigo. No pudo apoyar a la castaña en algo que, suponía, era importante para ella. Seguro que no estuvo presente cuando debía estarlo, no sabía su historia ni qué era lo que sentía. En su interior se consideraba el peor amigo existente en toda la historia. Estaba frustrado, quizá igual o más que Bonnie, ¿por qué ella les había ocultado algo como eso? Su única respuesta es que no los creía de confianza, y en vez de molestarse con la castaña, se sentía molesto consigo mismo, porque había fallado en algo que le importaba; en eso tan especial que los unió como grupo en más de una ocasión.

Suspiró fastidiado y cansado de pensar. Nada tenía sentido. Escuchó el ruido de algo moviéndose, dándose cuenta que Ash había comenzado a caminar.

—No es tu culpa —señaló su compañero, mirando el cielo—. Ella ya no confió en nadie —explicó sin mucho ánimo—, y es mi culpa.

—Pero-

—Tú sabes —lo interrumpió a propósito, insistiendo en su postura—, jamás vine de visita antes. Seguro que mi regreso hubiera sido menos chocante, pero no lo consideré, ella sí. Y es por eso que las cosas terminaron así.

Era una mañana con el clima voluble, no se sabía si llovería o habría sol. Así que ambos estaban con un ambiente medio nublado, parecido a la situación en la que estaban. Teniendo situaciones a medias y nada en concreto.

—¿Sabías que ella estuvo enamorada de ti? —preguntó Clemont, con real curiosidad.

—Sí —respondió, sonriendo por primera vez—, pero no durante nuestro viaje, lo supe mucho tiempo después. —Dejó de ver el cielo y bajó su vista a sus zapatos—. No me di cuenta, dicen que era demasiado obvio. Al menos, yo no lo vi.

Clemont soltó una pequeña risa.

—Somos dos —resaltó más aliviado, comenzando a sentirse mejor. Ash le dio un codazo en son de amistad.

—Perfecto, comenzaba a sentirme tonto —bromeó él, surgiéndole una risa más fuerte—. Creo que sólo las chicas se dieron cuenta.

—Oh sí —meditó pensativo, recordando algo—, pero creo que Korrina no lo notó.

—¡Ah! Pero eso es porque ella es, no sé —comenzó su oración y se detuvo al notar la expresión confusa de su compañero, así que suprimió sus palabras y las cambió—, a lo mejor es porque ambas no eran tan unidas.

—Supongo —susurró más animado.

Ash sintió ganas de salir corriendo, pero terminó suspirando, en un intento por calmar las furiosas emociones que lo llenaban. Entonces, su mente recordó lo que más le animaba. Una batalla pokémon, ¡pero antes!, tenía que preguntar algo, con suma urgencia.

—Oye, ¿por qué Korrina viene tan seguido?

El rubio se sonrojó demasiado, sin embargo él lo ignoró como si nada.

—Porque somos…

"¿Amigos?", terminó Ash en su propio hilo de pensamientos.

—Pareja —concluyó el líder de gimnasio.

Hubo un silencio entre los dos, que no duró mucho porque Ash soltó un pequeño grito, dejando en evidencia lo impactado y curioso que estaba. Clemont tuvo que explicarle cómo se dieron las cosas, en una forma resumida y algo apresurada. Ash no pudo creerlo mucho al principio, más aún si tenía en cuenta que esto ocurrió cuando no estaba. Pero todavía con eso, llegó a la conclusión que si se relajaba, el día pasaría sin si quiera notarlo.

Un par de minutos después tuvo una batalla pokémon con Clemont. Había mucha intensidad en el encuentro, se colaba la familiaridad y el efecto que abstraía a Ash por completo cuando se concentraba. Era una lástima que no pudiera terminarla, porque Korrina llegó junto a Grace, aunque aprovechando su presencia, intentó también pedirle una batalla. No sabía por qué, pero la veía diferente, en el buen sentido. Observó la claridad en el brillo de sus ojos cuando apareció, e incluso cuando miró a Clemont. A lo mejor sí, el que Korrina y Clemont estuvieran juntos no era tan descabellado.

Un rato después, Bonnie llegó corriendo, contándole que Tyler estaba a punto de irse. Al parecer lo había visto en dirección a la estación. Por supuesto, esta información no llegó a la niña, así que sin más, tanto Pikachu como Ash partieron en dirección a Tyler, corriendo como si no existiera un mañana.


—Créeme, Clemont, es una larga historia —habló, terminando su relajación—. Bueno, ya sabes lo importante —susurró, refiriéndose a lo de Tyler, y el rubio asintió sin más—, pues, en realidad, ¿debería contártelo?

—Ash —regañó el científico, por haberlo dejado en suspenso—. ¿Serena sabe sobre esto?

—Pues no, pero —respondió pensativo—, no sé si debería contártelo—susurró, apenado.

Era una decisión que no le correspondía, porque ella confío en él, y sin importar su cercanía, no tenía el derecho de contarlo. Sin embargo, no pudo evitar sentirse culpable por no hablar al respecto, y a lo mejor no sería tan malo si lo decía. Clemont y Bonnie vieron crecer a la niña también, dándole más amor a la pequeña, además, la visita del ex de Serena reveló una parte del secreto. Mentir o esconder la verdad no ayudaría.

En medio del embrollo en su cabeza, escuchó el ruido de pasos apresurados. Tan pronto como volteó a ver, se dio cuenta que Grace y Bonnie se acercaban. La pequeña sostenía a Pikachu, ambas tan relucientes y felices, en especial la mayor que, por alguna razón, no daba buena espina, provocándole un presentimiento a Ash.

—¡Clemont! —saludó la pequeñita, acercándose al aludido, dando saltos—. ¡Mi mamá y Ash durmieron juntos!

Ash se sonrojó, abriendo un poco más los ojos y la boca, sin poder hacer ningún ruido. No por el doble sentido del asunto, sino porque él todavía no le había dicho a nadie sobre su relación. Genial, ahora tendría que dar muchas explicaciones. Siguió callado, observando la expresión de sorpresa pura de su amigo, y esa típica sonrisa pícara junto a un particular brillo en los ojos de Bonnie. Al final, comprendió que eso significaba que ella había entendido mal, no sabía muy bien qué era lo que había entendido mal, pero, ¡qué más daba!

Por una parte, podrían pensar que ellos pues…

"¡Di algo!", sus pensamientos lo regañaron. Al intentar hablar casi se muerde la lengua, guardó silencio por otros segundos y suspiró.

—Grace —llamó el líder de gimnasio—. Mira, allá en las bancas está mi Luxray, ¿por qué no vas a jugar con él?

—¿En serio? —preguntó con ilusión, distrayéndose del asunto. El adulto asintió y ella salió corriendo—. ¡Gracias!

Y así, quedaron nada más los mayores.

—Cuéntame, ¿desde cuándo? —preguntó la rubia, en un tono regañón—. No es posible que no me enterara de nada, no debo volver a irme de aquí.

Clemont miró con reproche a su hermana menor.

—Bonnie —regañó, frunciendo un poco la boca, levantándose de su lugar—, recuerda que te quedaste por el torneo que hay por aquí cerca.

—Sí, sí —masculló sin darle importancia—, ¿en qué íbamos?

Los dos hermanos vieron a Ash sin ninguna pena, poniéndolo nervioso. Intentó que su boca lograra expresar las palabras correctas.

—Fue hace poco.

—¿Cuánto es hace poco? —volvió a cuestionar la más joven.

—Poco —recalcó conciso, recuperando su compostura—. Eso no es lo importante.

—¿Y ya duermen juntos?

—¡Bonnie! —regañaron ambos hombres. Clemont estaba avergonzado y Ash más que sorprendido.

—¿Qué? —preguntó, fingiendo inocencia.

Unos segundos de silencio se dieron. El que se volvió el centro de atención decidió aclararlo todo:

—La verdad, sí, hemos dormido juntos un par de veces —rebeló Ash, sin darle mucha importancia, pero la expresión sonrojada de Clemont y la sonrisa ampliada de Bonnie, le dieron una alerta roja a su sexto sentido—. ¡Es decir! Pues, sólo dormidos y ya —intentó arreglar, aunque desde cualquier perspectiva el asunto ya no tenía solución.

—¡Pero por qué te apenas! —soltó la muchacha, animada—. No hay problema, estamos entre amigos.

—Es más complicado —explicó, esforzándose por no confundir las cosas—, hay muchas cosas que no he solucionado todavía. —Miró a su Pikachu, el cual se subió de un salto a sus brazos—. Creo que ustedes se dieron cuenta, ella no parecía la misma, entonces fue más difícil acercarnos y ser amigos, aunque eso no fue problema después. Lo que pasó luego, es que, bueno, me enteré de muchas cosas, y —hizo una pausa, los dos hermanos estaban atentos a lo que iba a decir—, pues sólo se dieron las cosas.

—¿No nos vas a dar detalles? —Bonnie hizo un puchero infantil.

—Creo que debes dejarles su privacidad —defendió el inventor, poniendo sus brazos en su cintura.

—¿Cómo tú y Korrina? —cuestionó la rubia.

—Bonnie —masculló el líder de gimnasio.

—¿Por qué te molestas? De todas formas, ¿no le ibas a proponer matrimonio?

Ash, quién estaba tomando su limonada, se ahogó de la sorpresa. Tosió hasta que al fin se le pasó el malestar.

—¿Eso es cierto? —preguntó tocándose el pecho, y ellos asintieron—. ¿Por qué no me dijeron algo a mí o a Serena?

—Porque ustedes han estado muy extraños, y como dices, las cosas entre ustedes no estaban yendo del todo bien —explicó Clemont, mirándolo directo a los ojos—. Además, todavía no se lo he dicho a ella, ¡es un secreto! —soltó lo último con más entusiasmo.

Asintió, ignorando todas las dudas que azotaron su cabeza, ya había tenido suficiente por esas horas. Inhaló tocándose su gorra y exhaló relajando sus hombros, se encontró impresionado con las cosas que sucedían a su alrededor tan de repente. Movió su cabeza un poco y notó la cosa que Clemont había estado tocando hacia un rato. Si le preguntaran ahora, ya tendría una respuesta de qué se trataba ese nuevo "invento".

—¿Eso que tienes ahí es para eso?

Clemont sonrió al darse cuenta que Ash había dado en lo cierto, se rio y soltó un orgulloso "sí".

—Estoy trabajando en una forma única de pedírselo.

—Felicidades —apoyó su mejor amigo, con sinceridad.

Su alrededor se sintió más ligero, logrando sentir la armonía imponiéndose de nuevo en el gimnasio. Aquellos días, cuando volvió a la región, pensó en encontrarse las cosas como las recordaba, y aunque todo sucedió al revés, había un sentimiento satisfactorio en todo eso. No pudo evitar recordarse también de su Pikachu y de su madre.

Algo en su cabeza se activó. Tenía que irse de Kalos, al menos por unas semanas. Recordó que ya había pasado demasiado tiempo ahí, aunque le gustase estar con Serena y Grace, tenía que regresar a arreglar sus asuntos. Suspiró un poco preocupado, dándose cuenta que lo más difícil sería decírselo a la castaña. Aún sin contar cuánto tiempo llevaba ahí, sí que se había dejado llevar por todo.

"¡Vamos! Todo saldrá bien, recuerda que ya lo habías pensado"

Cierto, el día anterior, cuando se despidió de Tyler, creó un plan con respecto a eso. De hecho, tenía algo que usaría para ganarse la confianza de Serena, y que ésta no dudara de su decisión. Además, así podría evitar malas confusiones y demás, sólo tenía que pensar de qué forma se lo diría. No quería terminar echando todo a perder. La prudencia no era una de sus virtudes, sumado al hecho de no poder expresarse de la mejor manera.

Exhaló de nuevo, mirando a sus amigos, y conversó con ellos un rato. Les dijo la verdad oculta tras la niña, viendo sus expresiones llenas de empatía. No comentaron nada, no hicieron ninguna dura crítica ni reclamaron por ocultarles la verdad, sólo callaron. Bonnie, en especial, se notó un poco más tensa al escuchar todo, pero no habló nada. Al final, les pidió que no le dijeran nada a Serena, y sobre todo, se disculpó por no aparecer por tanto tiempo. Más tarde, se retiró junto a Grace, en dirección a la castaña, para pasar un rato juntos.


Ash caminaba junto a la menor por las calles de Luminalia. Seguía habiendo un buen clima, las nubes se movían con lentitud y el sol estaba alumbrando las hojas de los árboles. Era cerca de la hora de almorzar y ambos deseaban acompañar a Serena. La primera parte del camino apenas escuchó un par de ruidos provenientes de la niña, peor aún, ahora estaba callada y eso había empezado hacía un rato. Detectó que la pequeña tenía algo raro, aunque, ya estando cerca de la boutique, la niña le jaló el pantalón, deteniéndolo.

—¿Qué pasa?

—Bueno… —susurró tímida, tomando entre sus manitas el vuelo de su vestido rosa.

Él se arrodilló para quedar a su altura, posó su mano en el hombro de la menor, y le sonrió con ternura. Los rayitos de sol pasaban cuando no eran tapados por las nubes, iluminándolos por partes, se sintió aún más curioso, y la niña seguía sin verlo a los ojos. Pikachu se acercó a ambos y estaba tan interesado como su entrenador. El silencio siguió entre los tres, hasta que él le animó a continuar, sonriéndole con confianza, levantado su puño con gran ánimo, siendo acompañado en su acto por su pokémon, que lo hizo con igual entusiasmo. A la pequeña le brillaron los ojos, con ilusión y ternura.

Ella, con sus bracitos, rodeó el cuello de Ash, éste correspondió su abrazo y sintió ganas de no soltarla nunca. Grace se separó un poco de él y lo miró con felicidad.

—¿Puedo llamarte papá? —preguntó fantasiosa.

Nunca sintió algo como eso, era un sentimiento de lo más extraño, diferente a cuando estaba con Serena. Jamás experimentó una emoción como esa, una que lo hiciera sentir emocionado, ahogado entre algo que no alcanzaba a describir. Era un remolino de sentimientos, un todo y nada a la vez, una pequeña sensación que se mezclaba con otras, uniéndose en lo que significaba amor, pero en una forma distinta. Era manera de amar que no conoció hasta ese día, y quizá experimentó alguna parecida, pero no en esa extensa e interesante forma.

Por primera vez y sin si quiera darse cuenta, se sentía como un padre real. En su inconsciente quería proteger a la niña de todos y todo, porque ella se había convertido, junto a Pikachu, en el ser más pequeño al que podía darle el inmenso cariño que no esperó sentir jamás. La emoción le corrió por todo el cuerpo, la levantó entre sus brazos cargándola si dar ningún aviso, sonriendo con amplitud.

—Sí, puedes —aceptó gustoso.

La niña gritó de emoción y se rio. Pikachu saltó al hombro de su dueño, soltando un "pika", y él se unió a la pequeña en su risa, porque todo eso que sentía seguía en su corazón. Entonces, caminaron juntos en lo que restaba del camino a la boutique.

Mientras toda esa escena sucedía, una persona atrás de ellos lo vio todo.


Serena conversaba con una señorita, la cual estaba a punto de casarse. Se encontraban arreglando unos detalles del vestido que quería, expresándole hasta el más mínimo detalle. Ella asentía a cada cosa, sugiriendo otras nuevas ideas. Cuando terminaron, la acompañó hasta la salida de su negocio, hablando acerca de otras prendas del local. Le explicó acerca del último diseño que creó, abriendo la puerta. Se llevó una sorpresa al encontrarse con su hija, siendo cargada por Ash, mientras Pikachu reposaba en el hombro de su dueño. Se veían radiantes, sonriendo con alegría.

—Vinimos a buscarte para comer —explicó Grace, estirando sus brazos hacia su madre.

—Gracias —habló conmovida, tomando entre sus brazos a su hija. Posó su vista en él, y Ash le sonrió con ternura—. Nada más me despido de ella. —Volteó su vista hacia la muchacha—. No te preocupes, te gustará tu vestido y te verás hermosa.

—Estoy segura, confío en ti —agradeció la clienta, sonando emocionada. Los miró a los cuatro y pareció compartir su momento—. Que linda familia, tienes mucha suerte. En fin, espero algún día tener una como la tuya, gracias por todo.

Y así, ella se fue, dejando a Serena pensativa. Ash observaba con cuidado las facciones en el rostro de ella, queriendo saber si se sintió a gusto con la comparación. Lo suyo llevaba muy poco, y aunque quisiera decirlo, no podía; todavía falta mucho por pasar.

La castaña volvió a ver a su novio, teniendo un encuentro con sus ojos, justo con la sinceridad chispeante entre sus miradas. Eso les bastó a ambos, así como siempre lo hizo cuando viajaban.

Tal vez las cosas podrían ir a mejor.


Shauna caminó hacia la boutique, sabía que por esa hora su amiga pasaba por ese lugar. Esperó unos cinco minutos mientras revisaba su cabello, escuchó unos pasos y, al verla, supo que era hora de hablar.

—¡Serena! —saludó emocionada. No le importó tener puestos unos tacones lila, pues corrió y le dio un corto abrazo.

—Qué bueno verte aquí, Shauna.

—Tenía que verte —aseguró, emprendiendo otra vez su caminata—. Sé que no vengo mucho, pero el trabajo que me da la otra tienda que arreglamos es mucho.

Ambas habían sido socias desde hacía un largo tiempo, aunque algunas veces dieran la imagen de trabajar de forma independiente. En cuanto a diseños, la morena le guardaba mucho respecto a lo hecho por Serena, pero Shauna también tenía sus propios secretos y bocetos. Llevaban una convivencia agradable, siendo sensatas en el camino a dónde llevar sus boutiques y cómo se las arreglarían cada vez que decaía, o llegaba una temporada saturada. Pero sin importar cuándo trabajo tuvieran, siempre se las apañaban para tener un tiempo libre y conversar. Hoy se dirigieron a una cafetería. Faltaba una hora para abrir la boutique, así que aprovecharían para ponerse al día en cuanto a noticias personales. No se habían hablado desde hacía rato.

Su conversación giró alrededor del trabajo, hasta que un comentario de la castaña encendió algo en la cabeza de su compañera.

—El trabajo es difícil a veces, pero ver que Grace esté feliz hace que valga la pena.

—Hablando de tu hija —susurró Shauna—, el otro día vi a alguien que conozco bien —masculló sospechosa—, ¿has visto a Tyler últimamente?

Serena se sorprendió, pero logró asentir sin decir algo, haciendo sonreír a su amiga.

—Entonces —dijo confundida—, bueno no importa, si no quieres no me lo cuentes. —Le restó importancia y trató de evitar el tema—. En todo caso, yo tengo que disculparme contigo.

La castaña no comprendió sobre qué, era extraño ver a su mejor amiga de esa manera, sintiéndose como culpable por algo.

—¿Sobre qué? —preguntó interesada.

—Es que —empezó, tomando entre sus manos una servilleta—, el otro día, escuché a unas fastidiosas hablando sobre ti. —Se detuvo unos segundos, como tragándose el enojo—. Decían que ya habías escogido a quién te cuidara a la niña, ¡¿puedes creerlo?! Estaban hablando de Ash, como si lo hubieses forzado a algo. —Shauna ignoró el rostro de Serena tan neutral sobre el asunto, la verdad es que desde que se hizo cargo de Grace, los comentarios acerca de ella y su falta de supuesta '"moral" nunca hicieron falta—. Y yo reaccioné y les contesté. —Eso sí provocó una reacción en la aludida—. ¡No te enojes! Les dije una pequeña mentira, pero es que no las soporté difamándote.

—¿Q-Qué —se atoró un momento—, les dijiste? —terminó, como tartamuda.

—Eh, bueno, les contesté que tú no habías obligado a nadie, menos a Ash —confesó, arrugando la servilleta entre sus manos—, y les dije que al menos tú tenías a alguien que te quisiera, y ese alguien es el campeón de Kanto, ¿qué mejor novio que ese?

Serena iba a decirle que no tenía por qué hacer eso, hasta que escuchó lo último. En los meses que Ash llevaba en Kalos, él había evitado un poco el tema de qué exactamente hacía. La impresión controló parte de sus pensamientos y de su cara, es decir, sabía que él llegaría tan lejos como quisiera, o más bien, que ahora hacía cosas importantes, pero esto era sorpresivo. Algo en su mente se activó, dándole espacio a nuevas conclusiones. ¿Él no debería haber vuelto ya? Se sintió culpable, porque tal vez le habían quitado su tiempo, sin embargo, se regañó al instante. Ella no lo había forzado a quedarse, siendo eso el principio de la discusión que tuvieron hacía tiempo.

Lo extraño es que jamás se lo había dicho, lo peor es que entonces él tendría que irse, y la cuestión es que ella no sabía si estaba preparada para su partida. Otra cosa, ¿por qué Shauna sabía eso?

—¿Cómo lo sabes?

—¿Qué cosa?

—Sobre Ash.

La morena puso su mejor expresión pensativa.

—En realidad, pensé que lo sabías.

—No —contestó, bajando los hombros—, él no mencionó algo de eso —susurró, mirando su taza de café.

—Bueno, creo que Clemont y Bonnie tampoco lo saben, ¿no? —intentó calmarla. Serena podía malentender el hecho de no decirle algo importante—. Además, no es que sea tan "importante".

—Sí, lo es —contradijo la castaña—. No sé, necesito hablar con él sobre esto.

Shauna hizo una mueca.

—Pensé que te molestarías porque dije que salían.

Serena se sonrojó e intentó no mirar a su amiga a la cara. Una clara señal de estar escondiendo un secreto.

—¡Oh, no puedo creerlo! ¿Ya son novios? —El silencio era toda una respuesta para ella—. ¡Lo sabía! Felicidades.

—Shauna, baja la voz —regañó, levantándose de su lugar para taparle la boca a su amiga.

—Bien —habló cuando su amiga retiró su mano de su boca.

Estuvieron calladas unos segundos, en los cuales Shauna hizo un esfuerzo por no mencionar nada fuera de lugar.

—Sobre Tyler —comenzó a hablar Serena—.Terminé en buenos términos con él, y le conté toda la verdad a Ash.

Entre todo el secreteo y alboroto por el secreto de Serena, sólo Shauna conocía la verdad, de pies a cabeza. No fue porque ambas hayan sido mejores amigas toda la vida, lo que pasó fue una coincidencia. Se trataba acerca de estar en el lugar y momento correcto, viendo a Serena en la peor forma posible, con el corazón destrozado y, sobre todo, traicionada. En aquel entonces, la consoló como pudo, apaciguando el mar de lágrimas y desahogos, hablando de lo que sucedió, entendiendo que el único consuelo de su amiga era la niña que acababa de rescatar.

Entonces, Shauna se hizo cargo de la boutique de Serena, mientras ella resolvía sus asuntos y se preparaba para regresar a ciudad Luminalia. Unos meses después logró volver, más restaurada y con aires de renovación. El tiempo voló, se hicieron socias y bastante cercanas. Conocía el porqué del cambio drástico de Serena, en especial el asunto con la madre de ésta.

Todo había sido bastante duro, pero al menos tuvo su apoyo incondicional. Así que, cuando Ash apareció, Shauna supo que sería el que rompería esa barrera de desconfianza que Serena había auto impuesto ante los demás. Sabía también, con seguridad, que lo lograría con rapidez, era fácil de sospechar viéndolo tan cariñoso con la niña.

Ella sólo deseaba que los problemas para su compañera se acabaran.

—Estoy feliz por ti —atinó a decir, feliz por ella y por todos.


Ash se encontraba en el departamento de Serena, durmiendo mientras la señorita lo observaba. Habían pasado cuatro días desde que lo de Tyler, y un día desde lo de Shauna. Ella se sentía curiosa por ese detalle que él no había sido capaz de decirle y, si quisiera, podía pedirle explicaciones, hacerle las preguntas que necesitaba, pero estaba ahí, mirándolo descasar con una expresión que encontraba adorable. Le gustaba observarlo mientras éste dormía, porque adoptaba una pose tan de él, moviéndose para cualquier lado, dejando sus brazos como cayesen

Y ahora, podía mirarlo sin reprocharse nada, disfrutando algo tan simple. No existía el "sólo somos amigos", ni la culpa sobre lo que pasaría, y tampoco sus dudas desconfiadas. En ese instante, no podía evitar sentirse a gusto con eso, con la sola idea de estar juntos. Él había sido tan lindo durante esos días, actuando tan paternal con Grace y tan agradable con ella. Estaba enamorada, y como jamás tuvo el lujo de tener una relación más o menos normal, ahora no podía evitar ilusionarse un poco.

Oh, ¿por qué no maduraba en ese sentido? Su mente estaba soltándose, pero todavía en el exterior se limitaba. Se acercó a su pareja, agachándose hasta terminar frente a frente con él. Se rio al mirarlo suspirar entre sueños.

"¿Qué estará soñando?", se preguntó mientras inclinaba un poco su cabeza.

Ash, sin previo aviso, se despertó.

—¿Hola? —saludó él, mientras le miraba, sonriendo.

—Uh, yo —tartamudeó, un poco sonrojada.

—¿Querías dormir? —preguntó Ash, en broma.

Serena interpretó eso como una invitación a dormir, con él.

—N-No —respondió rápido, sonrojándose y evitando verlo a los ojos.

—Bueno, me tendré que levantar —avisó, sentándose en el sofá—. Ven —invitó, enseñándole el espacio vacío junto a él.

Ella, sin protestar, se sentó, dejando escapar un suspiro. Ash sabía que estaban solos, sin nadie más alrededor. Shauna había insistido en cuidar a Grace, así que después de pasar unos días de bastante familiaridad, ahora se encontraban en una situación más "íntima". Se notaba en el creciente silencio, llevándolos a observar la sala con más precisión. No era alguien con mucha experiencia en relaciones, y por lo que sabía, ella tampoco, así que decidió experimentar un poco y tantear el terreno.

—Oye —susurró, acercándose demasiado a ella, casi quedando su boca pegada al oído de su novia. Serena dio un respingo por el inesperado acercamiento—, uh, lo siento.

—¿Q-Qué pasa?

—Necesito que hablemos de algo —comenzó sin mucha preocupación—, hay muchas cosas que tenemos que hablar y quisiera terminar lo del otro día.

Serena solía malinterpretar lo que Ash en realidad quería decir, en especial cuando éste hablaba a medias. Así que ella asumió que él quería que se volvieran a besar, ya que hace dos días fueron interrumpidos por Grace, pero el campeón sólo quería hablar sobre su despojado derecho a no dormir juntos, de nuevo. Porque sí, ella no había dejado que éste volviera a quedarse a dormir otra noche ahí.

—¿A-Ahora? —preguntó extrañada, por una parte no sonaba a algo que él diría, aunque ella no conocía ese lado de Ash, siendo desconocido el ambiente.

—Pues sí, es importante —aseguró, actuando como si le urgiera—. ¿No quieres?

Era extraño que Serena quisiera evitar el tema, y según la mente de Ash, eso significaba que algo andaba mal.

—N-No quise decir eso.

—¿Entonces?

Ella nada más negó con su cabeza, acercando con suma rapidez sus labios a los de él. Ash se quedó estático, porque era la primera vez que la castaña lo besaba. En su poco tiempo de relación, lo normal era que él iniciara los acercamientos, debido a sus arranques e impulsiva actitud, pero ahora ella lo estaba guiando en el contacto. Dejó que la suavidad de Serena lo llevara a un ritmo calmo, uno que lo dejaba sin pensamientos de por medio, arrastrándolo a sólo ir por la corriente. Notó que estaba nerviosa, así que intentó seguir sin ningún tipo de torpeza.

Ninguno era un experto, por lo que el movimiento continuó lento, pero sincronizado. Para Ash era fácil olvidarse de todo si estaba en una batalla, casi ninguna cosa externa a eso causaba el mismo efecto, sin embargo acababa de descubrir que Serena logró causar eso mismo, en especial con el tacto de sus labios sobre los suyos. Si era honesto, este tipo de cosas lo hacían dudar de irse, pero tenía que hacerlo, y debía decírselo. Así que separó sus labios, acabando con el beso. Observó a Serena, sonrojada y un poco agitada, provocándole una sonrisa pequeña.

—Este, primero hablemos —susurró sonrojado—. Verás —dijo, dándole espacio a pensar en qué le diría primero—, le dije a Clemont y Bonnie la verdad.

La castaña suspiró.

—No se los hubiera dicho, pero vieron a Tyler el día que vino —explicó despacio, mirándola a los ojos

—Debí decírselos hace mucho tiempo —murmuró, sintiéndose culpable.

—Tranquila —apoyó, pasando su brazo alrededor de los hombros de ella—. Creo que no te sentías bien como para hacerlo.

Serena se quedó mirando al suelo, quitando su vista de los ojos de él.

—Le dije a Shauna sobre nosotros.

—Oh, yo le dije a Clemont y Bonnie —soltó divertido.

Ella sonrió, todavía sin verlo.

—¿En serio?

—Bueno, Grace se los dijo y yo se los expliqué. —Agitó un poco su mano derecha, como restándole importancia—. Más o menos.

La castaña soltó una pequeña risa, imaginándose lo que su niña había dicho. Ambas tuvieron una charla corta, pero no muy profunda. Ella tomó una nota mental, porque debía explicarle mejor las cosas a su hija, y con eso ya pensado, volvió a mirar a Ash, mientras éste sacaba algo de su bolsillo. Curiosa por eso, se acercó un poco más, olvidándose de su repentina timidez por tenerlo cerca. No esperó qué él justo volteara, rozando sus narices en el momento. Ash, siendo como es, sonrió.

—Hum, tengo algo que decirte. —Tomó el valor de hablar lo más serio que pudo—. ¿Sabes? En realidad no te he dicho que hice durante estos años, sólo cuento vagas historias sobre mis aventuras, pero yo —se detuvo un momento, mirando los ojos neutrales de la castaña—, soy el campeón de Kanto.

Silencio. Eso, y un "algo" que se ocultaba en la expresión de la dama.

—Sí, lo sé.

Ash se quedó mudo con eso. Había esperado darle una enorme sorpresa, e incluso estaba listo para algún tipo de reclamo.

—¿Ah, sí? —preguntó desconcertado, agitó su cabeza y recuperó la compostura—. Lamento no habértelo dicho antes, pero eso no es lo importante —aseguró firme, volviendo a verla—. Tengo que-

—Tienes que irte —terminó ella, lanzándole una mirada de comprensión.

—¿Cómo lo supiste?

Ash, para ese punto, estaba desconcertado.

La mirada de ella se oscureció, apareciendo una sonrisa triste en su rostro. Algo en su mente comparó la situación con la otra discusión que tuvieron. ¡Oh, no! Ahora sí estaba listo para evitarlo, porque no permitiría encontrarse con la perturbadora imagen de Serena destrozada, como si su alrededor estuviese cayendo a pedazos. Con rapidez tomó sus manos entre las suyas, observándola con cautela.

—Sólo me iré un mes. —Sus palabras eran cortas, pero su tono fue torpe.

Era su máximo intento de convencerla. Ella, al parecer, se alegró con su intento de evitar una catástrofe emocional.

—¿Un mes? —preguntó nerviosa.

—Un mes —reiteró con una sonrisa—. Y para que me creas, te doy esto. —Soltó la mano de Serena, dejándole un pequeño rollo de listón azul en su mano, idéntico al que le regaló hacía más de quince años.

—Ash-

—El día que pasó lo de Tyler, me fui a buscar esto —explicó, sonriéndole con suma sinceridad—, es una promesa. Regresaré en un mes, sólo mira. —Se sacó el guante, mostrándole que tenía un pedazo de listón alrededor de su dedo meñique.

Serena no sabía qué decir. No podía creerlo. El listón azul significa mucho, había sido un objeto predilecto en su juventud, había sido, por mucho, lo que la hacía sentir junto a él, sin importar la distancia. Significó un montón de cosas, hasta que llegó a la adultez, y el listón quedó guardado, con todas las demás cosas de su niñez. Pero Ash lo trajo de nuevo, en otra forma, con un nuevo significado y con más esperanza.

Las lágrimas casi se acumulaban, dispuestas a salir por su repentina felicidad, pero evitó el sentimiento. Sonrió, tocando el rollo entre sus dedos, recordando su corte de cabello y el listón azul. Recordó la brisa de la madrugada, la tijera y sus cabellos cayendo en el muelle. Podía sentir la promesa, podía sentirla tan real y cerca. Confío en él, su corazón lo deseaba, y terminó cediendo.

El muro de desconfianza, después de tanto, se derrumbó casi por completo. Se estaba yendo, con mucho esfuerzo, con la misma voluntad en que se inició su relación. No lo soportó y lo abrazó, sintiendo un ligero apretón de parte de él. Se quedaron abrazados, con ella compartiendo su calidez y él sonriendo.

Ash, entonces, supo que hizo bien, y estaba feliz por eso. Trataría de no hacerla llorar otra vez, así como lo impidió ese día. Estaba dispuesto a impedirlo una y otra vez si era necesario. Dejó llevar a su mente por el sonido de Serena, susurrando algo que creyó perdido, algo que sintió lejano hasta ese día, e incluso imposible.

—Confío en ti, Ash.

Con eso, se separó y la miró a los ojos, acercando su boca a la de ella. Unió sus labios, empezando con el ritmo lento que ya conocía, pero convirtiéndolo en algo más rápido mientras pasaban los segundos. Ella no dudaba en seguirlo, agitándole el corazón con cada tacto, aun cuando fuese el más mínimo. Reaccionó en medio del beso, reconociendo que no quería perder su confianza de nuevo. No mientras viviera, y tal vez, después de eso.


Serena caminaba por el bosque, siendo acompañada por su Delphox. Se había retrasado por la tormenta que azotó por los alrededores. Exhaló, observando el desastre causado, y sintió pena por los pokémon salvajes. El cielo estaba despejado ahora, como si no hubiera pasado nada, haciéndole preguntarse cómo pudo, hace apenas unas horas, haber una tormenta de gran intensidad.

Agitó su cabeza y siguió su camino, deteniéndose al escuchar unos ruidos entre los arbustos. Curiosa por aquello, se acercó a ellos, pensando que habría un pokémon que podría atrapar. Sin embargo, su sorpresa fue hallar a una niña arrastrándose, tosiendo con fuerza. Su llama humanitaria se encendió, fijándose en las raspaduras, en la ropa sucia y gastada, y en el mal estado de salud de la menor.

Sin dudarlo se agachó, tomó a la niña en su regazo y la observó. La pequeña en vez de asustarse se dejó agarrar, encontrándose demasiado cansada para protestar. Serena estaba muy espantada, pero no se dejó llevar por un estado de shock. Tenía que actuar con suma velocidad, antes de que el estado de la niña empeorara, así que llamó a su pokémon, explicándole que cambiarían su ruta a la ciudad más cercana.

Revisó su mochila, recordando que tal vez tendría algo que ayudaría. Terminó encontrando un botiquín, logrando limpiar y atender un poco a la niña. Hecho eso, empezó a caminar por varias horas, con la desconocida entre sus brazos. Cuando llegó a un lugar decente, intentó pedir la ayuda que necesitaba, consiguiendo a varias personas que la ignoraron, haciéndola enfurecer. Pero no se detuvo, siguiendo hasta encontrar un centro médico, al que no dudó a entrar.

Allí consiguió que la atendieran rápido, llevándose a la niña para revisarla. Esperó horas por una respuesta, sentándose en una silla incómoda, rodeada de colores fríos y el olor a hospital que la alteraba un poco. Pasó un gran rato, pero la doctora llegó con una expresión tan seria que la asustó.

—¿Qué pasa con la niña? —preguntó rápido.

—Las heridas son lo menor —empezó con su explicación—, el problema es que tiene pulmonía, una bastante grave.

Serena sintió que el corazón se le encogió de imaginar el sufrimiento de la menor.

—¿Es su hija?

Ella negó con la cabeza.

—Bueno, ¿conoce a los padres?

—No, la encontré en el bosque.

La médica la observó, analizando si había una mentira de por medio.

—Bueno, llamaré a las autoridades para que se hagan cargo de ella. Puede retirarse si lo desea.

—Me quedaré —soltó firme—, y me haré cargo de ella.

Al ver la determinación en la muchacha, la doctora no dijo nada. Serena se dejó caer en su silla de nuevo, encontrándose con el sentimiento de incertidumbre que llenaba su corazón. No contó ni sintió las horas, dándose cuenta de lo tarde que era hasta que la oficial apareció. Estaba anocheciendo, pero poco le interesaba.

Permitió que le realizara un interrogatorio, al que contestó con honestidad. No pasó mucho para que ella también intentara averiguar junto a la oficial de dónde venía la niña. Revisó los objetos de la pequeña, sin encontrar alguna cosa que la ayudara. Entre las pertenecías sólo había una mochila sin nada rescatable adentro. Serena le preguntó a la oficial qué harían, si en dado caso los padres no aparecían.

La mayor le contestó que, si sobrevivía, la llevarían a un orfanato. Serena no podía soportarlo, tenía que intervenir.

—Yo sé que ella sobrevivirá —aseguró, poniendo esa mirada seria en sus ojos—. ¿Puedo pedirle algo, por favor?

—¿De qué se trata?

—Quiero quedarme con la niña —afirmó, apretando los puños—. Claro, si sus padres no aparecen.

—No puedes-

—Por favor, estoy segura que conmigo estará bien, se lo aseguro.

La oficial suspiró mientras la observaba de reojo, algo se le hizo familiar en ella.

—Tú —dijo con lentitud, como recordando—, ¿participaste para ser la Reina de Kalos hace mucho tiempo?

La castaña se desconcertó por la pregunta, pero sólo asintió.

—Sé que no eres una mala persona, pero no puedo saltarme las leyes, muchacha.

—Se lo pido, no quiero que sufra en un orfanato, los demás niños no siempre son buenos con los demás —comenzó a explicar desesperada. Ella siempre fue educada en su casa, pero sabía que algunos niños eran demasiado crueles, más cuando tenían de quién burlarse.

—Mira, cuando la niña esté bien, decidiremos, ¿de acuerdo?

Eso le dio una pequeña esperanza, una que se avivaría cada día, así que asintió y la oficial se fue.


El aeropuerto estaba lleno de gente, las personas se movían para todas partes, con maletas de diferentes colores y con boletos a distintos rumbos. Hacía un hermoso cielo azul, adornado con las pocas nubes blancas en él, acompañadas por el ligero viento. Todos yacían parados en frente de las escaleras eléctricas, viéndolo a él en frente, a punto de partir.

Era el último día de Ash en Kalos, así que un día antes le organizaron una pequeña fiesta. Grace estuvo bastante triste, pero aceptó el reto de tener que ser paciente para volver a verlo. Serena y él pasaron uno que otro momento juntos, y sobre todo, estaban muy bien.

Korrina, Clemont, Bonnie, Serena y Grace estaban ahí, sonriéndole mientras él se despedía de cada uno.

—¡No olvides regresar! —bromeó Korrina—. Si no, no te invitamos a la boda.

—Ah, así que ya se lo dijiste —comentó Ash, girando su vista hacia el rubio, quien asintió, sonrojado.

—Fue un desastre, pero bueno —susurró Bonnie.

—No fue tan malo —contradijo Clemont.

Serena se había enterado, por parte de Ash, de ese pequeño secreto que se traían los rubios. No pudo evitar sonreír por la situación.

—Bueno, chicos, nos vemos dentro de un mes. —Se alejó del grupo de rubios, acercándose a su "familia" para abrazarlos.

—¡Tráeme un recuerdo! —le pidió la pequeña.

—Cuídate —habló Serena.

—¡Pika!

—Estaré bien, y no lo voy a olvidar —le contestó a cada una, dejando de abrazarlas, y comenzó a alejarse.

Mientras se retiraba, pensando en cada una de las cosas que sucedieron los últimos meses, Grace le gritó un "¡adiós, papá!", y eso, lo hizo sentirse demasiado bien.


Los días fueron pasando, algunos más angustiosos que otros, hasta que escuchó buenas noticias. La pequeña se había despertado, y desde entonces, mejoró. Cuando le permitieron verla, le presentó a su Delphox, y la niña pareció amarla de inmediato. Lo único que parecía no mejorar era su memoria, pues no recordaba nada, ni su nombre, ni su familia. Eso fue el reporte que le dieron las enfermeras, dejándola con una punzada en el corazón. Eso reafirmó su decisión. No dejaría que se llevaran a la niña, estaba dispuesta a ir tan lejos como su corazón y su convicción le permitiera, sin importar cuánto tiempo se llevaría en ello. Mientras la niña no tuviera padres, ella la cuidaría.

Tras varios días de visita, se dedicó a actuar lo más natural con la menor. La policía seguía sin hallar información relevante y ella, revisando la ropa sucia de la niña, descubrió que su nombre era Grace. Ese día, escogió leerle un par de historias sobre pokémon salvajes y, entre una pausa, la niña le señaló un jugo de manzana que estaba en el libro. Serena le preguntó si eso deseaba, y ésta asintió con una sonrisa. Al salir de la habitación, calculó que la niña tendría apenas tres años, por lo cual hablaría poco o sin buena dicción. Sin pensar en más, consiguió lo pedido y caminó de vuelta.

Regresó a la habitación sin más. Al rato, Serena se levantó para ir a buscar una enfermera y preguntarle sobre la salud de la pequeña, pero al levantarse una pequeña manita se posó en su brazo.

—Ma… mamá —habló con su vocecita dulce.

Algo importante, algo diferente, algo verdadero sucedió. Una cosa se activó en el cerebro de Serena, un sentimiento que pudo captar como conmoción. Debía admitirlo, era la primera vez que escuchaba que la llamaran así, y se sentía tan extraño. El sentimiento le ahogó su garganta, la dejó quieta y no sabía qué responder. Pero, aun así, no pudo evitar sonreírle y preguntarle que quería.

¿Cuál había sido la respuesta de la menor? Pues, entre sus palabras entendibles, la muchacha pudo entender que no quería que se fuera. Y entonces, ella no quiso apartarse de la niña, y mucho menos dejar que le hicieran daño. Así que contra todo, convenció a la oficial de dejarla en sus manos, y luchó, siguiendo lo que su corazón le pedía. Pasó por mucho, pero consiguió el permiso para conservar a la pequeña.

Poco tiempo después salió del hospital, sintiéndose aliviada por la salud recuperada de la menor. La niña seguía cansada por el esfuerzo que hizo su pequeño cuerpo por luchar contra la enfermedad, pero se le veía mejor. Serena, agotada por lo último vívido, se dirigió al pueblo más cercano. Se dio cuenta que no había logrado hacer nada de lo que había tenido planeado, pero, al mirar a la niña caminar junto con su pokémon, supo que valió la pena.

Sin pensarlo mucho, decidió ir con su madre para contarle sobre lo que estaba haciendo, hacía rato que no la veía. Antes de llegar a su casa, escuchó los murmullos de unas chicas que iban caminando.

—Entonces, ¿estás diciendo que ese increíble entrenador pokémon llamado Ash, está casado? —preguntó una chica rubia, impresionada.

—Sí, es una lástima —susurró la otra, apenada.

Serena había oído sin querer, sintiendo que algo se destrozaba en su corazón. Se mordió el labio inferior, reteniendo sus sentimientos escondidos.

"No, qué estoy pensando, seguro es otro Ash", pensó, haciendo su intento por ignorar lo dicho por las mujeres. Inhaló y exhaló, recuperando un poco su compostura. Su línea de pensamientos iba a continuar, pero entonces, oyó algo más.

—Si no lo estuviera, ahora mismo iría a —se detuvo unos segundos—, ¿cómo se llama el lugar donde vive?

—Creo que pueblo Paleta, algo así.

Ya no escuchó a nada ni a nadie, porque sus esperanzas se largaron. Su mente dio una vuelta, su corazón retrocedió y miles de explicaciones aparecieron. Por eso él no había regresado, por eso no la recordaba. Tenía a alguien más, y ella todavía lo esperaba en secreto, creyendo que quizá había un lugar en su corazón para su recuerdo. Tuvo ganas de llorar y, aún contra la voluntad de sus emociones, se las tragó. Entonces, miró a Grace, con esa iluminada sonrisa y juguetona mirada.

"Sé fuerte, tú puedes", se repitió hasta llegar a su casa. Tenía que admitir que había hecho un gran esfuerzo, quedándose de pie, intentando seguir adelante.

Justo antes de tocar la puerta de su casa, su madre la abrió y la abrazó. Le correspondió con fuerza y después, notó la mirada de su madre diferente, justo cuando ésta miró a la niña. La tensión se estaba empezando a formar, con cierta lentitud. Serena la vio crecer, hasta que se elevó cuando la niña, entre rebuscadas palabras, la llamó "mamá".

Su madre se alteró, jalándola hasta la cocina, donde pudo entender más sus reclamos.

—¡Serena! ¿Por qué no me dijiste que tuviste una hija? —preguntó asustada—. ¿Y fue con ese novio que tienes ahora? ¿Tyler?

—¿Qué? —atinó a cuestionar, asombrada por la velocidad que recorría la mente de su madre.

—Contéstame, hija, ¿estás aquí porque él te dejó?

Su mamá parecía estarla compadeciendo, y eso no le gustó nada.

—¡No! —gritó desesperada—. Mamá, la niña no es mía.

El rostro de la mayor se relajó.

—Pero, ¿por qué te dijo así?

—Porque —inició, agarrando paciencia desde el lado más racional de su ser—, la encontré abandonada en el bosque, herida y enferma. Me quise hacer cargo de ella, creo que —confesó, bajando el tono de voz—, no tuve corazón para dejarla en un orfanato, y siento que debo cuidarla, mamá.

Intentó sonar lo más convencida posible. Pero Grace no escuchó eso como algo bueno. Ella había cuidado a Serena con el amor más grande e infinito de toda su vida. La había consolado en sus miedos y curado sus heridas cuando se lastimaba. La apoyó, incluso cuando quiso ser reina de Kalos, aun cuando ella esperaba que siguiera con su legado. Compartió su malestar cuando Serena perdió contra Aria, pero nunca se atrevió a cuestionar los gustos de su pequeña.

No quería que se hiciera cargo de esa niña, porque sabía que le causaría muchos problemas a Serena. Era una responsabilidad enorme, y no se trataba acerca de qué tan independiente era. La gente crearía rumores, chismes, y difamarían a su hija, porque había personas que se dedicaban a arruinarle la vida a otros con sólo la lengua.

No concebía la idea de su hija, siendo el foco de atención de la ciudad. Su pequeña podría pasar penas, porque eso arruinaría su reputación. Estaba segura que Serena, siendo como era, haría pasar a la niña como suya, y estaba todavía más segura que Tyler no tomaría responsabilidad en el asunto (aunque poseía una pequeña esperanza).

La imaginó sola con la niña, pasando malos ratos, noches, y días. Aún peor, cuando encontraran a sus padres, a los verdaderos, su pequeña castaña sufriría mucho. Pero Grace no era suave con sus palabras. Esa era su debilidad, solía ser bastante estricta, siendo la principal causa de esa pequeña brecha que había entre las dos, y que ahora estaba por agrandarse.

—Serena, no debes hacer eso —habló autoritaria—, deja que las oficiales se hagan cargo de ella.

La muchacha no entendió a su mamá. Su corazón ya estaba mal, así que se cerró, no dejando entrar alguna posibilidad de relajarse y tomarse bien el asunto.

—Mamá, por favor. ¡Puedo hacerlo! Mírame, ya no soy una niña, puedo hacerlo, en serio.

Grace negó con la cabeza y un duro golpe de realidad le llegó. Sí, ella ya no era su niña, ya no era la pequeña que venía llorando para decirle que se lastimó. Serena ya no le llegaba a las rodillas y ni si quiera a los hombros. No era tan joven y risueña. Era una muchacha a punto de ser mujer. Pero eso no la dejó tranquila, no dejaría que tomara una decisión como esa. Grace había criado a Serena la mayor parte del tiempo sola, y sabía lo difícil que eso era. ¿Por qué desearle a su hija algo así? No, no la dejaría.

Así que ella insistió en que no debía, Serena creyó que no quería ayudarla, porque el tono que usaba su madre no era el mejor. Terminaron discutiendo, y al final, la joven se dio la vuelta, escuchando las últimas palabras de su madre.

—Estás comiendo un grave error —gritó su mamá, refiriéndose a su actitud ante su respuesta, y en parte, a su decisión con la niña.

Serena pensó que estaba refiriéndose a la niña. Y de ahí, salió corriendo con Grace, cargándola dormida entre sus brazos, abriéndose camino hacia la vida.

Luego de eso llegó a una ciudad, se encontró con Tyler y las cosas se fueron a peor. Tiempo después, volvió a ciudad Luminalia en un día lluvioso, con el cielo gris y las gotas de lluvia cayendo con prisa. Subió con parsimonia hasta la puerta de su departamento, topándose con la presencia de Shauna en frente de su hogar. Su amiga la saludó con alegría, pero al mirar a la niña temió lo peor.

Cuando entraron al departamento, Serena le enseñó su cuarto a su nueva hija, la depositó en su cama y la dejó ahí, durmiendo. Regresó con su amiga, y ésta le preguntó cómo estaba.

Las gotas de lluvia chochaban contra las ventanas, la luz de sus lámparas iluminaban como podían, el frío se colaba sin permiso por su casa, y Serena no lo soportó más. Se echó a llorar sin control enfrente de la morena y Delphox. Ella balbuceaba palabras como "mi madre" y "Tyler", y su amiga la abrazó mientras dejaba que toda su angustia saliera. El pokémon le dio apoyó también.

La muchacha había estado así por horas, hasta casi se quedar dormida. Después de eso, Shauna le prometió ayudarla en lo que podía, y ella tomó una decisión muy grande.

—¿Qué harás?

Serena miró a su pokémon, luego a la habitación donde estaba la niña. Regresó su vista a su amiga, con la mirada más repuesta que antes, y suspiró.

—Cuidaré de ella.


La pequeña Grace se asomó por el cuarto de su mamá, caminando despacio. Tenía puesto un pijama de color rosado con estampado de pokémon de tipo fuego. Miró a su madre cuando estuvo cerca y notó que estaba despierta.

—¿Puedo dormir contigo, mamá?

—Por supuesto.

La niña sonriente se subió a la cama, se acomodó cerca de la mayor y la abrazó. Se desearon la buenas noches, y la niña no sintió miedo ni nada parecido al estar con ella, porque se sentía protegida por la figura que representaba su madre.


Notas de la autora:

Es el capítulo más largo que les he dejado, ¡espero que estén contentos! Iba a subírselos antes, pero créanme, mis vecinos ruidosos y el mal clima no me dejaban dormir tranquila. Y tenía un examen importante, y revisar este capítulo me iba a tomar bastante tiempo. En fin, es un capítulo con muchas cosas.

He aquí, la mitad de la historia de Grace y Serena, y pronto, sabremos de sus padres y de dónde viene.

¡Espero que les haya gustado mucho! Me encanta leer sus comentarios.

Agradezco el que se pasen a leer. O que coloquen esta historia como Fav/Favorita o que le den Follow/Alerta.

¡Wow! 61 comentarios. ¡Muchas, muchas gracias!

En fin, hice a Ash campeón de Kanto porque no sabía de qué ponerlo xD Pero en fin, espero que ese detalle no les disguste. Shauna lo sabía todo y… no lo puse antes porque no podía ver donde, ¡hey! Clemont y Korrina se casan y eso… es un mensaje subliminal, ok no xD ¡LaserbladeShipping!

¡Una cosa importante: lean por favor!

Estuve pensando en escribir un fanfic del género de terror/horror que incluyera la pareja de Ash y Serena (nada de Serena yandere o loca, ni de Ash oscuro o algo así). ¿Qué piensan? ¿Sería interesante o algo así?

Por cierto, para algunos países, es día de la Independencia. ¡Felicidades!

En fin, suerte.

¡Nos leemos!

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Actualizado el: 15/09/2016.