¡Hi~!

Primero, me disculpo por no subirlo antes. La cosa es que tuve un problema con la PC en la que estaba (ajá, otro problema) y casi pierdo el cómo subirles el capítulo. Al final, pues henos aquí de nuevo, con el capítulo que han estado esperando.

¡GRACIAS, en serio, muchísimas gracias por sus comentarios! Son mi impulso para seguirlo, en serio. Leerlos cuando estoy muy sin inspiración me hace querer avanzar con más ganas, aunque no tenga todo el tiempo para escribir.

Lo otro, ¿saben una cosa? Es lindo que además de sus comentarios, la cantidad de Fav (favoritos) y Follow (alertas) estén a la par. ¡Es tan wow! Me han dejado impactada, como siempre.

Dejaré mis notas, como es la costumbre:

1# No tengo una fecha específica para subir. Pero, estamos a finales de año, y si tenemos suerte podría poder ya subir de forma semanal. No prometo nada, pero ustedes no se preocupen. ¿Dejar de escribir? No, para nada. Seguiremos aquí, ustedes y yo con este fanfic (y los otros).

2# ¿Vi el final de XY&Z? Sí, ¡y sí amo la escena del beso! Creo que la vi más de veinte veces. Fue hermoso, no sólo eso, sino el capítulo. De principio a fin, fue la muestra de que estos tres años valieron la pena (¡y no me arrepiento de nada!). Obviando un asunto, es claro que este fanfic ya no puede seguir el canon xD Igual, espero que sigan gustando de la historia.

3# He vuelto a pensar en cuántos capítulos tendrá el fanfic. Tendrá cerca de 20 (casi igual a Diferente Punto de Vista).

4# Estoy escribiendo el siguiente capítulo de Diferente Punto de Vista (DPV) y un One-shot. El nuevo One-shot consiste en algo que me pidieron (lo que pedí en el fic de DPV) y que no he terminado. No sigue el canon porque la idea se me ocurrió antes del final de la temporada. Así que será diferente.

5# De nuevo (poco a poco) estoy revisando los capítulos. No he editado todos, pero los primeros tres ya están revisados de nuevo xD

6# ¡Muchas gracias a los que me siguieron en Wattpad! Es lindo leer sus comentarios allá :D

7# Kurt se lee como se escribe (creo) y Amy se lee Eimi (según sé, pues xD).

Y lo que sea xD Espero que les guste, ¡disfruten la lectura!


Por y para siempre

"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades ―Miguel de Cervantes Saavedra"


Capítulo X: "Lo siento"

Kurt era un muchacho de cabellos rubios cenizo, de ojos color café claro y de baja estatura para su edad. No era nada popular en su ciudad, pero eso no lo desmotivaba. De pequeño le encanta imaginarse siendo alguien alto y exitoso. Sus padres le decían que era demasiado ambicioso, aunque en realidad sólo tenía grandes sueños.

¿A quién admiraba? ¡A su papá! Era su figura a seguir, porque era alguien que imponía respeto y mostraba su inteligente. Podía sacar conclusiones en un santiamén y, era por eso que sabía que era un tipo implacable tanto en su trabajo como en las batallas pokémon. Lo único malo era que no parecía sentirse a gusto con lo que tenía, cosa que no logró entender sino hasta que creció.

Su padre era un inconformista, todo lo contrario a su madre. Su figura materna era la más correcta en muchos sentidos, su forma de ver las cosas eran basadas en lo que se tenía. Ella no miraba más allá, no tenía muchas ilusiones y mucho menos era alguien subjetiva. Por eso creció pensando que no podría cumplir sus sueños por completo.

Pero aun así, aquellas historias que le contaban en la escuela o los vecinos eran asombrosas. ¿Por qué no llegar así de lejos? Por mucho tiempo, llegó a casa intentando convencer a sus padres de lo contrario, de que podía y sería ese alguien que soñaba. Su padre no se quejaba, sólo le decía que si quería hacer algo, que nunca dudara en detenerse. Su madre, por otra parte, le bajaba los humos; ella podía ser bastante fría para ser su madre.

Y cuando recibió a su primer pokémon, no percibió nada en ella ni en su padre. Jamás dudó de que ambos lo amaran, sin embargo el que nunca se emocionaran con algo relacionado a él; lo dejaba vacío. Su madre tenía su propio negocio, un restaurante que esperaba, él atendiera cuando creciera. Su papá administraba el lugar y aparte tenía otros negocios sobre cosas que no comprendía.

El día en el que se fue de casa para comenzar su aventura pokémon se sintió abandonado. Nunca se había fijado en lo fríos que podrían ser. Y en medio de su tristeza, la criatura que estaba a su lado se lanzó a sus brazos en un intento de consuelo.

Había escogido a Chespin como primer pokémon y, si era sincero, no tenía ni idea de qué haría. Viajó por un rato, se adentró en el bosque y sintió la soledad llenarlo. Pocas veces se sintió así, porque siempre salía a jugar con sus vecinos y solía estar acompañado, aun cuando sus padres no estuviesen con él.

Un par de semanas después, acostado en medio de la fría noche, pensó que nada más podría desmotivarle.

Entonces, cuando menos lo esperó, su pokébola se abrió sola. Otra vez, su Chespin se lanzó a sus brazos. Y por más que le cuestionara por qué lo hacía, no fue hasta que le miró a los ojos que comprendió la razón.

Él también se sentía solo.

Ambos estaban solos.

¿Por qué no hacerse compañía?

El muchacho, Kurt, no era el mayor genio de todos, la única razón por la que no seguía sus sueños era por culpa de sus padres. Ellos no creían en él, por eso no podía creer en sí mismo; así que echó a un lado la oportunidad de convertirse en lo que soñó ser. Después de vagar medio año, creyó que lo más prudente sería regresar a casa y en su camino, su relación con Jez —su Chespin— se volvió demasiado fuerte. Obtuvo otros pokémon, algunos de tipo agua y otro de tipo planta y por azares del destino, le regalaron un Gogoat.

Entonces, yendo de regreso a su hogar decidió intentar algo que no tenía pensado: Montar a su Gogoat.

Para entonces sus pensamientos estaban regados y tenía la boca seca.

—Muy bien, Gogoat —empezó a hablar, intentado sonar firme—. ¿Recuerdas que te dije algún día te montaré? —No esperó respuesta, su pokémon le miró raro—. Lo sé, no estoy hecho para esto –soltó desmotivado, estaba nervioso y miró al suelo.

Su Chespin le animó a hacerlo.

—Tienes razón —aceptó, se acercó otra vez al pokémon e intentó subirse.

Luego de dos intentos lo logró, estaba encima. Mentiría si dijera que estaba tranquilo, tomó una gran bocanada de aire y colocó sus manos en los cuernos de su compañero. Éste respondió mal porque estaba nervioso. ¿Cómo pudo olvidar que el pokémon con el que menos se había relacionado era su Gogoat? Bueno, en ese instante lo recordó, pero antes de reaccionar terminó en el suelo con un tremendo dolor en la espalda.

—Pudiste ser menos brusco —reprochó Kurt a su Gogoat.

El aludido parecía más tranquilo sin tener a alguien encima, le volteó el hocico a otro lado y lo ignoró. Kurt empezó a levantarse, escuchó una risilla entre los arbustos y movió sus ojos a todos lados. Terminó en ponerse de pie, tomó una pose defensiva y sus pokémon se acercaron a él.

El rubio era algo paranoico y según su estado de ánimo, eso podría ser crítico o ligero. En ese instante, estaba en un punto medio. Otra risa se escuchó, después oyó unos pasos y, entre los arbustos, salió una chica de su misma estatura.

La observó de reojo: cabello largo y con rulos rubios claros, ojos de color gris y piel un poco morena. Su mente disparó una idea: "Seguro es una chica superficial y torpe"

A Kurt nunca le enseñaron como tratar a una dama y sólo sabía lo básico. "No seas grosero", eso pensó.

Lo que no sabía, era que las chicas eran y sería un misterio para los chicos.

—¿Te estás riendo de mí? —preguntó, molesto.

Ella le sonrió con sorna.

—No —respondió, sarcástica.

Hubo un silencio incómodo, Jez caminó hasta la chica y miró al pokémon junto a ella: era un Froakie. Ambos niños observaron como las dos criaturas parecían indecisos a hacer algo, la rubia se agachó a la altura de los pokémon y sonrió.

―Hola, soy Amy ―saludó, alegre.

Kurt también se acercó a ellos, miró con el ceño fruncido a la niña y resopló. Ella subió su vista hacía él, e hicieron contacto visual.

―¿En serio, estás molesto? ―preguntó ella sin dejar de verlo.

El rubio hizo una mueca, disgustado.

―Sí ―respondió, cerrando los ojos.

Amy lo miró y no sabría decir qué sintió. Por lo general no le agradaban los niños, porque eran molestos y bruscos; prefería viajar sola a estar mal acompañada. Se levantó y se paró en frente de él.

El rubio al tener los ojos cerrados ni había notado su presencia; para cuando él abrió los ojos ya la tenía en frente, observándolo con una mirada retadora.

―Fue gracioso ―confesó la entrenadora pokémon.

―Ajá, como sea tengo que irme ―habló rápido, alejándose de la niña.

Tomó a su Chespin del suelo, se acercó a su Gogoat y antes de poder regresarlo a su pokébola, sintió una mano posarse en su hombro.

―Si quieres montar a tu pokémon sólo tienes que relajarte ―aconsejó, sonriéndole.

Él iba a protestar, pero se calló. Frunció de nuevo el ceño y exhaló, contando hasta diez en su mente. Al terminar, la miró de nuevo.

―¿Por qué no lo intentas? ―retó Kurt, cediéndole el paso a la extraña niña.

Ella le miró son suficiencia, se acercó al pokémon e intentó subirse. El Gogoat de él se rehusó al principio. Después de unos tres minutos logró subirse, volvió a mirar a Kurt y le sacó la lengua. Ella puso sus manos en los cuernos del pokémon y tan sólo unos segundos después, la criatura se agitó y ella intentó sostenerse. El rubio se alarmó e intentó calmar la situación. Amy terminó siendo aventada justo encima de donde estaba Kurt.

Acabó cayendo encima de él.

Ambos se quejaron, él la apartó con cuidado y respiró agitado.

―¿Estás bien? ―preguntó Amy, volteó a verlo y éste tenía los ojos cerrados, parecía adolorido.

―No ―contestó, en un susurro.

Ella se aproximó, hasta quedar tan sólo unos centímetros cerca de Kurt. Acercó sus manos a las de él para hacerlo reaccionar, el niño sólo abrió los ojos y se volvieron a ver.

―Lo siento ―masculló la rubia, avergonzada.

Kurt suspiró, con su mano se tapó los ojos y dirigió su cara al cielo. Si bien no sabía cómo tratar a las chicas, decidió que lo prudente era no molestarse. Además mientras más rápido se fuera de ahí, menos tiempo pasaría con ella.

―Sí, está bien ―dijo empezando a levantarse, se sacudió la ropa y observó a la niña.

Ella estaba intentando ponerse de pie, pero por alguna extraña razón estaba costándole. Iba a ignorarlo hasta que Jez le insinuó que la ayudara, él aceptó sin protestar y le ofreció su mano.

―Puedo hacerlo…

―¿Sola? ―preguntó, divertido―. Mejor acepta mi ayuda.

Amy hizo un puchero, pero no dijo nada, tan sólo estiró sus dos manos. Kurt las tomó y la jaló con cuidado, ella se volvió a quejar y por lo que notó, no podría estar de pie.

―¿No puedes caminar? ―cuestionó él, estaba empezando a preocuparse.

Ella parecía no querer hablar, asintió con lentitud y el rubio se tensó. ¿Qué haría ahora? Un par de ideas cruzaron por su cabeza, pero todas incluían llevársela con él. Miró al Froakie de su 'compañera' intentando consolarla, luego desvió la vista a su Chespin y después a su Gogoat. Se mordió el labio inferior y se resignó.

Tendría que llevársela. Y él no era nada fuerte, así que cargarla no era una opción, hacerla caminar mucho menos. Su última opción era que ambos se subieran a su Gogoat, aunque tendría que armarse de valor para montarlo.

―Escucha ―empezó a hablar, tendría que sonar seguro―. No puedo cargarte, así que ambos nos subiremos a mi pokémon.

La niña le miró asustada, al parecer la idea no le gustó.

―No tienes de qué preocuparte ―aseguró viéndola, desvió su vista hacia su lado derecho―. Gogoat, necesito que me ayudes con esto, ¿sí? ―pidió con suavidad.

Por primera vez desde que le habían regalado el pokémon, éste asintió sin protestar o hacerle algún gesto despectivo. Entonces, comenzó su plan. Froakie y Chespin regresaron a sus pokébolas; con mucho esfuerzo logró subirla a ella, después se subió él. Posó sus manos en los cuernos de su amigo y éste empezó a andar con tranquilidad. Kurt sintió la mayor satisfacción del mundo, sonrió y hasta le dieron ganas de gritar de la felicidad.

Siempre había deseado ser corredor Rhyhorn y, aunque eso fuera todo lo contrario a lo que sus padres esperaban de él, siempre soñó con ello. No lo había intentado, más porque su madre solía decir que sería una pérdida de tiempo y que mejor aprendiera a cocinar; su padre prefería decirle que hiciese lo que le pareciera, así que no parecía recibir mucho apoyo de ambos. Comenzó a reír; olvidándose por un instante de Amy. La recordó cuando ella colocó sus brazos alrededor de su cintura.

―No quiero caerme de nuevo ―justificó, nerviosa.

Kurt no supo por qué una sensación extraña, que recorría su estómago, lo hizo sentir bien. Agitó su cabeza y siguieron su camino hasta un centro pokémon.

Ninguno de los dos esperó llevarse bien. Para cuando Amy se sintió mejor, le sugirió con sutilizas a él que si podían ser compañeros, el rubio no contestó al instante porque prefería tantear las posibilidades; en especial cuando no podría imaginarse viajando con una chica. ¡Una niña! La sola idea de tenerla alrededor lo ponía tenso, y no entendía ni por qué, así que sumió que le molestaba.

Ella era irritante, aunque oliera a rosas y su sonriera fuera de comercial. Iba a protestar, pero Jez y Gogoat parecían querer que la rubia los acompañara, no tuvo el valor de negarse y tan aceptó mascullando.

Amy estaba agradecida con él, la había ayudado a pesar de que se había reído de su intento de montar. Aunque, por otra parte, Kurt no parecía contento con que viajaran juntos; sin embargo no pudo evitar restarle importancia eso. Y así ambos se hicieron compañía por un buen tiempo. Amy nunca entendió porque de la nada, él cambió la ruta de su viaje.

El tiempo que pasaron juntos había sido grandioso. Ella era espontanea, honesta, imprudente y algo ruda, Kurt prefería ser tranquilo, cuidadoso y sólo un poco presumido, pero cuando estaba con ella se ponía a la defensiva. Y él había llegado a la conclusión de que era porque Amy era una chica. Es decir, solía vestir con pantalón y blusas flojas, haciéndola parecer no muy femenina (aunque todavía parecía una niña), pero su incomodidad cuando ella estaba cerca era demasiada. No le molestaba el género femenino, pero el que lograra ponerlo nervioso no ayudaba.

Mientras crecían se compartieron más cosas, de repente su presencia ya no fue tan irritante para él. Ahora, prefería tenerla cerca porque se preocupaba si no la tenía alrededor. Conforme la fue conociendo se enteró que Amy deseaba ser profesora, ella quería tener su propia escuela y deseaba enseñarles a los niños cosas nuevas. Supo que venía de pueblo Camphrier, un lugar que no quedaba tan lejos de su ciudad natal (Ciudad Cyllage).

Ella lo apoyó con su sueño de ser corredor, si había un torneo lo alentaba a entrar. Podría hasta avergonzarse de cómo es que ella, desde las bancas, gritaba su nombre para animarlo.

Cuando ambos decidían darse un tiempo para regresar a casa, él la acompañaba a ella a la suya o viceversa.

Lo bueno: Kurt se llevó bien con el padre de Amy, al parecer era huérfana de madre. Le fue fácil relacionarse con un buen hombre, trabajador y sincero.

Lo malo: Amy se llevó mal con sus padres, en especial porque ella no parecía de "confianza". También, porque prefería ser profesora a repostera, algo que según su madre sería más acertado, porque por lo que decía su progenitora, ella bien podría llegar lejos cocinando postres (era el segundo pasatiempo favorito de la rubia). La muchacha no aceptó las críticas, se molestó bastante y más porque ellos, la culparon de hacer que Kurt decidiera seguir su meta de ser el mejor corredor Rhyhorn.

Aun con todas esas dificultades decidieron seguir juntos. Cuando Kurt cumplió los diecisiete se dio cuenta de algo importante: Amy se volvió muy cercana. Ya siendo mayor, entendió lo que le sucedía desde pequeño. Ella le gustaba y con el tiempo, se terminó enamorando de ella.

Lo que no sabía era que la aspirante a maestra, también tenía sentimientos por él, mucho más fuerte de lo que imaginó.


Ash empezó a reflexionar durante su viaje en el avión, su Pikachu se acomodó en su regazo y él planeaba en su mente qué haría al llegar. Mientras iba de regreso a Kanto, recordó el día en el que decidió comprar un boleto y abordar el primer avión de la mañana hacia Kalos. Una pequeña risa salió de su boca.

Recordar que desde hacía bastante tiempo, sabía de los sentimientos de Serena. ¿Y quién se lo había dicho? Pues nada más y nada menos que Miette.

La había encontrado en un restaurante, después de que él hubiese tenido una batalla pokémon. Ella había actuado como solía hacerlo, sonriéndole y diciéndole cosas que no comprendía del todo. Decidió que asentir y escucharla era lo mejor. Y no pudo evitar acordarse de Serena, porque ella se ponía extraña cuando Miette estaba alrededor, más cuando solía hablarle a él.

Sonrió nostálgico y la del cabello azul se dio cuenta de eso. Así que, sin previo aviso le dijo esas palabras que nunca imaginó:

―Tú ―soltó, divertida. Rio y lo señaló con su dedo índice―, le gustabas a Serena.

Decir que quedó mudo sería poco, pasaron dos minutos en los que su mente se quedó en blanco. Agitó su cabeza cuando sintió que se le había mojado la ropa, miró al causante y se dio cuenta que Pikachu había tirado por accidente el vaso con agua que estaba bebiendo. Miette intentó no reírse, pero al final lo hizo. Ash no sabía ni qué pensar así que decidió decirle a su amiga que tenía que irse, sin embargo ella le sorprendió contándole algo más:

―A ella le daría gusto verte ―susurró, bastante bajo.

Él no logró entender del todo que significaba, ignoró el hecho y terminó por regresar al hotel donde se estaba quedando. Tenía un evento importante en el que participaría al día siguiente y debía de estar fresco. Cuando llegó la hora de dormirse, pensó unos minutos en lo dicho por ella, le pareció una locura o lo siguiente a eso.

¿Por qué Serena sentiría algo por él? ¿Y por qué nunca se dio cuenta?

Esa noche el sueño lo venció, no tuvo tiempo para dedicarse a averiguar las respuestas a sus preguntas. Y luego aparecieron más cosas por hacer, más batallas, algunos papeleos, el entrenamiento, entre otras cosas. El tiempo siguió pasando y entonces, un día en el que vistió a su madre, un aroma familiar le hizo reaccionar.

A ella, Serena, solía impregnársele el olor a Poké Puff que cocinaba. Observó a su Pikachu y luego de estar un rato con su mamá, fue al laboratorio del profesor Oak. Miró a todos sus compañeros y al llegar a ver a su Greninja, el recuerdo de ella se hizo más fuerte. Entonces, practicó un poco y conversó con varios de sus pokémon. Casi al atardecer decidió decirle a su madre que se iría a Kalos por un tiempo. Ella le deseó la mejor suerte del mundo.

Su Pikachu estaba igual de emocionado por ir allá. Una sensación vibrante en su interior le decía que algo muy interesante pasaría. Así que cuando abordó el avión hacía allá sus emociones se desbordaron, el sentimiento de nostalgia se hizo más fuerte y su curiosidad todavía más.

¿Cómo, cuándo y por qué?

Tres preguntas que esperaba tuvieran respuesta. Y, ahora que iba de regreso a Kanto, Ash se dio cuenta de que ninguna de sus cuestiones fue respondida.


La castaña observaba a Grace dormir, no podía creer hasta donde habían llegado ahora. Recordó lo que había hecho en su día, en especial la parte en la que fueron al aeropuerto a despedirse de Ash. Sabía que él se mantendría en contacto, porque se lo había prometido esa mañana. Acarició el cabello de la niña y suspiró, su "hija" había llamado "papá" a Ash.

Decir que le preocupaba era poco, nunca esperó que su pequeña fuera a decirle eso a él, o al menos no tan rápido. No sabía si era correcto lo que sentía, ¿sería porque todavía dudaba? Bostezó sin hacer mucho ruido, cerró los ojos y terminó por dormirse.

A la mañana siguiente, despertó con muchas energías y Grace, parecía sentir lo mismo. Ambas abrieron la cortina y se dieron cuenta de que parecía que iba a ser un día lluvioso. La pequeña le pidió a su mamá poder ir con Clemont y Bonnie, ella aceptó sin dudarlo; en especial porque el día anterior les dijo que tenía que hablar con ellos sobre ese asunto.

Desayunaron sin mayores prisas, se vistieron con ropas de acuerdo al clima, llevaron una sombrilla y salieron hacia la casa de los hermanos rubios. Al llegar, el ambiente parecía algo tenso, la castaña lo notó al ser recibida por el papá de sus amigos. Éste saludó con entusiasmo a ambas y las dejó en la sala, mientras iba a buscar al líder de gimnasio.

―Mamá, ¿trajiste a tus pokémon? ―preguntó la pequeña.

―Sí ―respondió, sonriente―. ¿Quieres jugar con ellos?

La niña asintió varias veces, la castaña abrió una pokébola y de ella salió su Sylveon, después sacó a Delphox. A sus compañeras les encomendó el cuidado de Grace, luego de una corta conversación, la niña y los pokémon, se fueron a jugar a un rincón de la sala. Serena se relajó un instante observando a la rubia, sin embargo un portazo la sacó de sus pensamientos.

Miró hacia dónde provino el ruido, después escuchó a alguien hablar muy fuerte. Entonces, la castaña supo que pasaba. Lo más seguro era que, Clemont y Bonnie habían tenido una discusión, suspiró y volteó a ver a la entrada de la habitación.

El científico apareció, sorprendiéndose al verla. Él parecía nervioso ya que había pasado su mano por la parte posterior de su cabeza.

―Buenos días ―saludó, tenso.

―Hola, Clemont. ―Serena lo invitó a sentarse a su lado, éste obedeció y los dos se vieron un rato sin decirse algo, unos segundos después ella decidió hablar―. ¿Qué pasó?

El rubio exhaló con frustración.

―Tuve una pequeña discusión con Bonnie ―explicó, intentando no sonar molesto―. En realidad, ella me gritaba y yo intentaba tranquilizarme.

―¿Sobre qué discutían?

―Pues, ¿recuerdas que Korrina y yo…? ―empezó a preguntar, Serena asintió y él decidió ya no terminar con la pregunta―. Bueno, es que al principio ya sabes, mi hermana no parecía muy contenta con ello, en especial porque no se lo dije primero. ―Jugó con los dedos de sus manos, intentado no ver a Serena a los ojos―. Entonces, nunca terminamos de discutir sobre eso, creo que papá habló con ella y ya, intenté hablarlo para evitar confusiones, pero dejamos el tema ahí.

―Bueno, pero ¿eso no fue hace tiempo? ―preguntó la castaña, confundida.

―Sí, pero ya sabes: "las mujeres nunca olvidan".

Serena no pudo evitar reírse por el tono que estaba usando.

―Lo sé, aun así no entiendo qué fue lo que pasó.

―Bueno, cuando eso pasó Dick estaba aquí. ¿Lo recuerdas, cierto?

―¿Te refieres al muchacho que viajó con Bonnie?

Clemont frunció el ceño con eso.

―Sí, él ―expresó, algo molesto.

Había un par de cosas que la castaña logró entender a lo largo de los años. Una de esas eran las razones por las que Bonnie y Clemont solían discutir, y ésta no era la excepción. Ella suspiró y meditó en silencio qué le diría a su amigo, cuando eran más jóvenes prefería no meterse en sus mini peleas. En especial porque eran cosas de familia, pero ahora ellos eran como su segunda familia y sentía que debía hacer algo, al menos antes de que Bonnie decidiera hacer algo tonto sólo por molestar a Clemont.

Serena no sabía la historia completa, pero Dick era un chico simpático, distraído, prudente y algo torpe. Bonnie no le dio muchos detalles y por lo que sabía, ambos habían viajado juntos por mucho tiempo. Ella nunca le contó eso al líder de gimnasio, sólo lo sabían las chicas del grupo. Al menos así había sido, hasta que ese muchacho decidió acompañar a la rubia a su casa, entonces Clemont supo algo que no había querido ver.

Existían tres cosas importantes para él: su familia, sus pokémon y amigos. Él daría la vida por su pequeña hermana, en teoría él, junto a su padre, se habían ocupado de cuidarla, de asegurarse que estuviera bien. Y cuando viajó por primera vez, Clemont tuvo que aceptar que la rubia podía cuidarse sola.

Aun así se mantenían en contacto, él solía decirle que si necesitaba de alguna cosa, como hermano que era, estaría dispuesto a ayudarle. Al científico no le hubiese molestado que tuviese un compañero, sin embargo el que se lo hubiese escondido le molestó. Ahí se dio cuenta que ya no era su hermana pequeña, ya no le preguntaba cosas o le cuestionaba lo que estaba haciendo. Su pequeña hermanita ya no le hacía preguntas sobre si tenía pareja o no, ahora apenas si se lo comentaba y aunque solía hacer comentarios de ese tipo, ya no era lo mismo.

Las cosas no mejoraron cuando Bonnie se dio cuenta de que Korrina tenía sentimientos hacía Clemont. Ambos comenzaron una guerra fría en donde sus amigos apenas si participaban. Serena no estuvo muy presente entonces, Grace y la boutique consumían muchísimo tiempo. Los que sabían toda esa historia eran Korrina, Meyer (el padre de ambos) y Dick.

La castaña era consciente de la parte, en la que el nuevo amigo de Bonnie habló con Clemont, no sabía que se dijeron, pero eso ayudó a calmarlo. Entonces, la rubia decidió conversar con Korrina y las cosas se fueron calmando. Ahora, lo que Serena suponía que pasó, es que Dick tal vez estaba de regreso.

Y a lo mejor Clemont se enteró de eso.

―Tú ―llamó la castaña, con lentitud―, ¿te enteraste de alguna cosa?

El rubio le miró extrañado, después comprendió lo que le estaba diciendo.

―¿Lo sabías? ―preguntó el líder de gimnasio.

―¿Saber que tu hermana siente algo por su amigo, Dick? ―preguntó Serena molesta―. Sí, lo sabía. Clemont, ella ya no es una niña.

―Eso, ya lo sé ―explicó, frunciendo el ceño.

Ambos eran muy tranquilos y no solían contradecirse, pero en esta ocasión las cosas se estaban tensando.

―¿Entonces?

―Bien, ¿recuerdas cuando Korrina y yo "comenzamos a salir"?

Serena asintió sin darle mucha importancia.

―Bueno, Bonnie se enteró y ya sabes, se molestó, porque según ella yo no le dije nada. Y bueno, su amigo vino de visita y ella, hizo lo posible por lanzarme indirectas con que podía hacer lo que quisiera, en especial tener amigos si eso es lo que deseaba ―empezó a confesar cansado―. Después, se iba a no sé dónde con él. No importa, sólo quería provocarme.

Serena pasó una de sus manos por su cara. Bonnie no se comportaba como una persona madura, a pesar de que tendría qué. Podría llegar a tener sentimientos algo egoístas si estaba muy molesta y sobre todo, el hecho de que sintiera que alguien, fuera a desplazarla de su familia, la rondaba cuando Clemont tenía alguna pretendiente. En este caso, lo único que quería era que su hermano la viese como una mujer y no como una niña. No obstante, estaba tomando malas decisiones.

―Debería hablar con ella ―sugirió la castaña―. Pero primero, tú tienes que pensar que Bonnie sabe cuidarse.

Clemont estuvo a punto de protestar, sin embargo una señal de su amiga lo hizo callar.

―No es una niña, es una mujer.

―Una mujer imprudente e infantil ―reprochó con un deje de fastidio, hubo un par de segundos de silencio y él volvió a suspirar―. Le tengo confianza, Serena, pero ella hace que me moleste con facilidad. Hace este tipo de cosas cuando hay una chica alrededor de mí, no sé si es eso o que en serio, Dick le hizo algo o quién sabe ―hizo una pausa―, no tengo ni idea de qué le pasa porque ya no me dice nada sobre su vida.

La castaña encontró el punto por el que ambos estaban hiriéndose: la falta de comunicación. Ella no dudaba de que Bonnie estuviera molesta por la misma razón, creyendo que su hermano se guardaba cosas para él, sin contárselas, como su noviazgo con Korrina u otras cosas. Y Clemont parecía frustrado por conocer menos la vida de su hermana menor.

―¿Crees que se inventó que siente algo por ese chico sólo por molestarte? ―preguntó Serena, sorprendida por el hilo de pensamientos de Clemont.

―Sí, eso hizo la vez pasada ―respondió con facilidad, Serena le miró con reproche y el rubio entendió―. Oh, ¿es en serio?

Serena asintió, divertida.

―Ustedes nunca han sido buenos para captar esas cosas ―comentó la castaña, con una sonrisa.

Clemont sabía que se refería a él y Ash.

―Ahora sí, dime, ¿cómo inició la pelea?

―Bueno, ella le estaba comentando a papá que Dick iba a venir hoy en la tarde. Yo le pregunté por qué no me había dicho, ella me miró feo y dijo que era porque se le 'olvido'. ―Él hizo un ademán con la última palabra―. Después, le dije que me gustaría hablar con él, ella pensó que estaba actuando como un hermano sobreprotector.

»Se quejó de eso y luego me reprochó que yo nunca le dije algo sobre Korrina y lo que sentía, siendo que ella podría ayudarme. Luego, le contesté que así no habían sido las cosas, terminamos diciéndonos otras cosas sobre lo que nunca hablamos. Después, ella me dijo que si yo no le había dicho nada sobre lo mío con Korrina, ella no me diría nada sobre lo suyo y Dick. Supuse que lo había dicho por molestarme; como siempre.

―Pero era en serio ―terminó por decir su compañera.

Él asintió, sin mucho ánimo.

―Iré a hablar con ella más tarde ―afirmó Serena.

Ambos escucharon unas risas, voltearon a ver y vieron a Grace jugando con los dos pokémon de la modista. Sonrieron por lo linda que era la escena, después se vieron otra vez y rieron.

Clemont le preguntó si quería un té y ella aceptó. Más tarde, cuando ya tenían sus bebidas ahí, conversaron sobre lo que hacía falta. Serena tuvo que contarle (con menos detalles) su pequeña historia sobre Grace. Por supuesto, antes de eso le pidieron al padre de Clemont si podía llevarse a la niña a tomar un helado.

En medio de su plática, su amistad se sintió como cuando ambos eran jóvenes. Se divirtieron comentando sobre los inventos estallados de él, también hablaron pequeños detalles de la relación entre ella y Ash.

Por la tarde, Serena se fue en busca de Bonnie para poder conversar. Cuando la encontró la vio sentada en la banca de un parque, hablando con un muchacho de cabellos negros, piel blanca y ojos color celeste. Al acercarse más, Serena supo que se trataba de Dick.

No pudo evitar sonreír cuando la vio sonrojada, conversando con seguridad y energía. Él la miraba con diversión, como si supiera que la rubia sentía algo por él, pero no se atrevía a hacer otra cosa. Serena pensó que hacían una adorable pareja. Así que decidió regresar a la casa de sus mejores amigos; esperando a la muchacha rubia.

Esperaba que ambos hermanos solucionaran sus problemas, tal vez lograría que se disculparan y así sanaran sus heridas.


Bonnie tenía muchas cosas en la cabeza, la primera era la discusión que había tenido con su hermano mayor. En realidad, se sentía mal por haberle gritado un montón de tonterías. No era que realmente pensara esas cosas, pero cuando empezó la discusión ya no pudo evitar decir cualquier babosada.

Al llegar a la puerta de su casa se topó con Serena, ella parecía estarla esperando.

La castaña le preguntó sobre lo que ocurrió, la rubia le contó su versión de los hechos y después, su amiga la aconsejó. La muchacha asentía a lo dicho por su amiga, luego se desahogó diciéndole a Serena como se sentía respecto a su hermano.

Ella apreciaba mucho a Clemont, era una muy buena figura a seguir y solía tener la razón. Era el más listo de la familia y había tenido éxito, mientras que ella seguía tambaleándose por sentirse a gusto consigo misma.

Había empezado su viaje como entrenadora pokémon y no sabía ni qué seguir. Un tiempo después, escogió las carreras Rhyhorn, porque alguna vez le habían dicho que era buena en ello.

Al montar, su mente se despejaba, ese sentimiento de libertad que amó desde el primer momento. Le gustaba, era como olvidarse de todo por un momento.

Conoció a Dick a los pocos meses de emprender sola su viaje, al principio le vio como alguien aburrido. Él era de ese tipo de chicos, como su hermano: demasiado listo y ordenado, aunque los diferenciaba el hecho de que él fuese más coqueto, menos ingenuo y además, muy bueno fingiendo (aunque detestaba las mentiras).

Sin darse cuenta ese chico se fue volviendo especial, un amigo verdadero y después, lo vio de forma diferente (una que no había imaginado cuando lo conoció).

La mayoría de cosas que se había guardado, se las contó a Serena. Su amiga le había hablado sobre que el científico había estado preocupado, más que todo porque ella no parecía estar bien. Se sintió algo aliviada con eso, creyó que su hermano estaría bastante molesto y, que tal vez ya no le quería cerca; sin embargo él todavía se angustiaba por su bien. No pudo evitar sonreír con eso.

Al terminar su plática con Serena, se despidieron con un abrazo. La castaña le dijo que iría a buscar a Grace, ya que al parecer estaba con Meyer.

Tuvo algo de miedo cuando recordó que tenía que entrar a su casa. No sabía si se sentía lista para entrar; vería a Clemont y eso implicaba muchas cosas. ¿Se mostraría molesto o preocupado? No tuvo tiempo para pensar otra cosa ya que, para cuando se dio cuenta, él ya estaba parado frente a ella.

―Bonnie ―llamó, en un tono "autoritario".

―Uh, Clemont ―contestó, sin mirarle.

El mayor suspiró, para después colocarse la mano en la cara.

―¿Podríamos hablar? ―preguntó, con suavidad.

La rubia asintió. Los dos fueron a sentarse al sofá que había en la sala.

―¿Fuiste a ver a Dick?

―Sí ―respondió rápido―. Y antes de que pienses otra cosa, él vino a despedirse de mí.

Clemont le miró, confundido. Su hermana menor se trababa un poco en cómo explicárselo.

―¿Despedirse de ti?

―Va a viajar a otra región ―expresó intentando sonar normal, su voz se mezclaba con tristeza. Ella estaba observando su regazo.

―¿Le dijiste ―empezó a preguntar con lentitud―, sobre eso?

La rubia negó con la cabeza.

―No, pero eso no importa. ―Agitó su cabeza al terminar su oración, volteó a mirar a su hermano y exhaló―. Lamento haberme comportado de forma egoísta.

Clemont se acercó a abrazarla, ella lo aceptó. El científico podía sentir que su hermana estaba frustrada, molesta y confundida.

―Perdóname por no comportarme mejor contigo ―susurró en un tono bajo, para que sólo ambos lo escucharan.

―Olvida eso ―soltó la menor molesta―. Eres un buen hermano, sólo no te molestes con Dick, ¿sí?

―¿Te rechazó? ―preguntó separándose un poco de su hermana para verla, ella negó con la cabeza―. ¿Entonces?

Bonnie se rio con tristeza.

―No sé, es sólo que pensé que te molestarías con él ―justificó sin darle mucha importancia―. Por cierto, ¿algún día me contarás cómo ocurrió lo tuyo con Korrina?

Él se sonrojó demasiado, apartó todavía más a su hermana y carraspeó.

―Ah, sí, pero eso será si prometes comportarte.

―Oye, ya no soy una niña ―reclamó, fingiendo estar molesta.

―Eso no hace que deje de preocuparme por lo que haces ―explicó regresando a su estado serio-normal―. Siempre lo estaré, es mejor a que pienses que ya no me importas, ¿no? ―preguntó, sonriente. Su hermana le sonrió también y ambos suspiraron.

―¿Sabes, Clemont? Estuve pensando que no hemos sido los más unidos últimamente, incluso cuando Ash estaba aquí. ―Bonnie miró hacía el techo, mientras se sentaba e intentaba calmarse―. Debemos ayudarlos.

―¿Hablas sobre el asunto de Grace?

―Exacto, tú eres inteligente, ¡puedes averiguar algo! ―animó la menor, parecía entusiasmada con la idea―. ¿Recuerdas cuando éramos un grupo? Tratábamos de apoyarnos en todo, no importaba si todo parecía perdido, siempre lográbamos encontrar un camino.

Clemont asintió, nostálgico.

―Estuve pensando en eso desde que Ash se fue ―admitió, conmovido―. Tengo un par de ideas, pero necesito ayuda y…

―Te ayudo ―se apresuró a decir la menor.

―Pero, ¿no tienes un torneo la próxima semana?

―Eso puede esperar ―respondió, relajada―. Me gustaría ser de ayuda.

La rubia le lanzó una mirada cómplice a su hermano, éste exhaló sonriendo todavía.

―Entonces, supongo que tendremos que empezar ya mismo ―se levantó de su lugar y se estiró―. Por cierto, todavía tenemos mucho de qué hablar.

Bonnie asintió.


Habían pasado dos semanas desde la partida de Ash. Serena se encontraba en un centro pokémon hablando con Aria, pocas veces podía verla porque, ella todavía tenía esa popularidad de ídolo que poseía desde hace tiempo, todavía realizaba presentaciones y era amada por muchas personas. Aún podía recordar como Grace se arrojó a abrazarla. Aria solía decirle a su hija que era una pequeña princesa, aunque a la niña no le interesara el mundo del performance.

―No puedo creer que estés con Ash ―comentó la de los lentes―. ¡Felicidades!

La castaña se sonrojó.

―Gracias ―masculló con una sonrisa.

―Así que, ¿hablaras con él hoy? ―preguntó, curiosa.

―Sí, dentro de unos minutos. Grace está muy emocionada. ―Señaló a la niña, la cual estaba junto a su Pangoro. La estaba cargando y ella le decía un par de cosas que no podía escuchar.

―Genial, entonces las esperaré ―avisó la mujer mientras le guiñaba el ojo―. Recuerda que tienes que hacerme ese vestido que te pedí.

Serena asintió entusiasmada. Aria solía invitarla a tomar o comer algo juntas cuando estaba desocupada y, si la niña estaba junto a ella, también la llevaba a comprarle algo que quisiera.

Si se ponía a pensar bien, Grace era amada por todos sus amigos y hasta solían darle muchos regalos o complacerla. En algún momento pensó que podrían estarla malcriando, pero ella acostumbraba a dejarle en claro a su pequeña, lo que estaba bien y lo que estaba mal.

Cinco minutos más tarde, ya estaba iniciando la videoconferencia. Sentía el estómago algo revuelto y la niña también estaba dando saltitos. Al encenderse la pantalla vio a Ash, éste parecía estar hablando con sus pokémon. Cuando estuvo a punto de decir algo escuchó la voz de Grace.

Volteó a verla y observó a su Pangoro cargándola otra vez.

―¡Papá! ―llamó, animada. Ash reaccionó al llamado y el rostro se le iluminó.

―Hey, ¿estás más alta? ―preguntó juguetón.

―¡Sí, crecí unos centímetros!

―Oh, Grace no te apresures por crecer ―comentó Serena.

―Pero mamá, así pronto podré viajar y tendré muchas aventuras, ¡como tú!

Los adultos soltaron una pequeña risa. Grace le contó a su 'padre' como la había pasado, lo que había aprendido y del tiempo que pasó haciendo dibujos de los pokémon que él le había dicho que tenía. Un rato más tarde, la castaña le pidió tiempo para hablar a solas y la niña no se opuso. Asumió que hablarían cosas de gente mayor.

―Y, ¿cómo has estado? ―preguntó él, con su típica sonrisa.

―Bien, ya sabes, hay mucho trabajo en la boutique.

―Oh, ¿te estoy robando tu tiempo?

La expresión en el rostro de su pareja era de culpa, Serena sonrió.

―No, para nada. Más bien, ¿has tenido muchos días agitados?

Ash movió su cabeza, en negación.

―Lo normal, batallas pokémon aquí y allá, un par de cosas formales. ―Hizo un ademán con lo último, como restándole interés―. Lo que sí, es que la comida…

―¿No has comido bien? ―lo interrumpió Serena.

―Sí ―respondió Ash―. Es decir, me refería a que no es lo mismo comer algo de aquí, cuando pase mucho tiempo allá.

Serena no parecía comprender el mensaje, Ash posó su mano detrás de su cabeza y se sonrojó un poco. Ella captó lo que él quería decir.

―¿Extrañas mi comida?

―Extraño muchas cosas ―soltó sin mayores intenciones, Serena se sonrojó bastante.

Luego de un silencio donde sólo se vieron, siguieron su conversación con normalidad. Hablaron por un largo rato, hasta que él tuvo que apresurarse por un asunto pendiente que tenía, tanto Grace como Serena, se despidieron de él. La castaña sintió que por el final de su charla, Ash actuó un poco extraño, y no sabía por qué, pero sentía que había algo que no le había dicho.

Quizá sólo estaba imaginando cosas.


En el pasillo de un hospital, un hombre de cabellos rubios cenizo se encontraba esperando angustioso el estado de su esposa. Estaba al borde de los nervios y tuvieron que darle algo para calmarlo. Había querido ser optimista por mucho tiempo y aunque lo intentó las horas seguían pasando sin detenerse. En un instante como ese, se dio cuenta que en su vida, sólo tenía a su esposa e hija, eran y serían la última pieza para ser su única familia.

Estaba a punto de perder a una de las dos y, no tenía ni idea de dónde estaba la otra. Controló las lágrimas, e hizo un esfuerzo por deshacerse del nudo formado en su garganta. Sólo deseaba que todo estuviera bien. Rogó más veces de las que recordaba y suspiró más de lo que podía llegar a contar en su vida. Echó un vistazo alrededor y se dio cuenta de que un doctor se dirigía a él.

¿Usted es el esposo de Amy? ―preguntó el médico, estaba revisando unos papeles.

Por alguna extraña razón, le dio miedo responder eso. Temía lo que fueran a decir, agitó su cabeza y asintió junto a un "sí". El doctor le observó y suspiró.

Necesito que se tranquilice y me escuche. ―Su voz parecía un taladro en la cabeza de Kurt, no tenía un solo pensamiento más que el solo hecho de que se avecinaba lo peor―. Intentamos hacer lo posible por evitar que su esposa llegara a una fase terminal. ―Hizo una pausa que le pareció eterna―. Su esposa está en coma y…

La voz del médico pareció desvanecerse conforme su mente se iba yendo. Si el doctor había dicho algo más, no lo escuchó. No fue capaz de darse cuenta de cuando él dejó de hablarle sobre su esposa, estaba ido y pudo sentir que perdía el equilibrio. Un par de enfermeras tuvieron que ayudarlo a sentarse, le ofrecieron agua o alguna otra cosa y él no contestó.

Amy, su esposa, estaba en coma. Ella, la mujer más activa y habladora que había conocido, estaba inmovilizada y sin habla. Como un cuerpo sin vida, el solo imaginársela así hizo que se le rompiera el corazón.

No tuvo idea de cuánto tiempo pasó. De repente las lágrimas que había estado tragando fueron saliendo sin control alguno. Cuando pudo se cubrió la cara con sus manos, colocó sus codos en sus piernas y sollozó. Él ya sabía que su esposa podría no despertar. Era consciente que si Amy no respondía dentro de unas semanas; lo más seguro es que ella estaba pérdida. Sintió todo tan irreal, hacía unos días estaba con su esposa e hija durmiendo en la misma cama.

Y ahora, estaba solo, completamente solo. Su hija había desaparecido durante la tormenta, y su esposa había sufrido un daño grave, llevándola al estado de coma.

Su mente sólo le expresaba una cosa: culpa. El culpable de todo era él y nadie más. El llanto no cesaba, las personas alrededor parecían respetar su desahogo y en medio de su abatimiento, unas cuantas palabras lograron salir de su boca.

Lo siento ―susurró entre cortado por las lágrimas―, lo siento tanto, Amy.

Su única esperanza era tener el milagro de volver a ver la sonrisa de las dos mujeres más especiales en su vida. Quizá, en un futuro podría escuchar la risa de su pequeña. A lo mejor podría escuchar a su Amy gritarle que dejase de consentir tanto a la niña. Tal vez y sólo tal vez podría volver a dormir junto a ellas.


Notas de la autora:

No hubo mucho AmourShipping, lo sé. Pero, había que explicar esto; y tampoco apareció Grace ―la madre de Serena―, es que no me alcanzaron las palabras xD

Siento mucho si la última escena les ha parecido algo fuerte, no sé. Pensé en esto, y supe que tenía que ser así, quería que el rumbo que tomara la historia fuese más o menos así. Ustedes ya estarán imaginándose qué sigue, y tendrán alguna idea de cómo sucederán las cosas.

¡Muchas gracias por leer! Y sus comentarios :D

Me hacen el día con eso ^^

Uh, ¿capítulo 10? Tendría que celebrarlo xD Espero que les haya gustado, en fin… ¡Gracias de nuevo por los Fav, Follow y Reviews!

¡Nos leemos, suerte!

¿Reviews?

Actualizado el: 17/11/2016