¡Hi~!
Aquí les dejo el capítulo, no tiene tanta palabras como los anteriores (creo), pero de todas formas avanza con la trama y otros detalles.
En fin, ¡notas!
1# En mi cuenta de Wattpad subí este fanfic. Lo hice para evitar malos entendidos y eso xD En todo caso, lo estoy revisando de nuevo y he actualizado los primeros cinco capítulos de esta historia, para que se puedan leer con mejor cohesión, ortografía y gramática.
2# Aviso antes de que lean, esto es importante. Da la apariencia que escribiré una batalla, pero no lo haré. ¿Por qué? Porque, seré sincera, soy una novata en eso y me pareció que vendría falta que la describiera y se viera que estaba de más. Pero menciono la batalla para no olvidar que esto es pokémon, y que de eso va todo esto xD Todavía están los pokémon ahí, y Korrina sale en este capítulo así que…
3# Chicos, tengo varios "bocetos" por decirlo así, de cosas que voy escribir. Como no quiero subirles cosas aquí que todavía no tengo del todo listas, pueden visitar un foro llamado animeforos(punto)club solo reemplacen (punto) por un punto de verdad y ya xD Ahí estaré subiendo mis "adelantos" por decirlo así y, en ese foro también pueden discutir o debatir sobre el anime de pokémon u otras cosas que encuentre allí. ¡Sería un gusto que se pasen por allá!
4# Como notarán, no me tardé tanto esta vez. He decidido que en un promedio de dos semanas subiré el capítulo. No es del todo seguro, pero por ahora vamos bien.
5# ¡Muchísimas gracias a Virginia Vir, Checo olvera, Drax 21, Torterrax-99, gonzalo . flako, Rubi-Cross, AshxSerena09, BGBFAN-FICS por sus comentarios! ¡Y, de verdad, GRACIAS por leer! También sus Fav (Favoritos) y Follow (Alerta) me animan un montón!
6# He visto un poco Sol y Luna (el anime), en general está bien. Digo, la cosa es que no disfruto ese tipo de humor. Al menos no del todo, me rio con algunas cosas, nada más. Con el resto, pues no tengo problemas.
7# ¡Pregunta rápida! ¿Les gustaría que hiciera fanfics de Ash y Serena, pero puestos en un universo semi-escolar? No como Sol y Luna, sino escolar de otra forma. ¡Ah! Existirían los pokémon, pero la cosa es que quería saber si a ustedes les gusta la idea.
8# ¡Felices fiestas! (Por si acaso). ¡Otra cosa! Lo de Greninja ya lo tenía pensando antes de que en el anime él se quedara en Kalos, por eso está con Ash. No sé si me entienden, ah, no importa xD
¡Bueno! Revisé el capítulo, ¡espero que les guste!
Los personajes de Pokémon no me pertenecen le pertenecen a Satoshi Tajiri y Pokémon Company en general.
Por y para siempre
"La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón — George Sand"
Capítulo XI: "Espiral"
Ash notó que Serena no estaba dormida, así que la fue a buscar afuera. Cuando la vio sentada en un escalón se acercó, dándose cuenta que ella estaba pensando. ¿Estaría deprimida?
Sintió una pequeña preocupación.
Decidió hablarle, ella le contestó que todo estaba bien y que solo pensaba. Sonrió, imaginándose de qué se trataba.
—¿Estás pensando en tu próximo espectáculo? —preguntó, animado.
—Sí, algo así —respondió, sonriendo.
—Te entiendo. Cuando pierdo, pienso cómo batallar para ganar la próxima —dijo con efusividad—. ¡Eso me emociona!
—Siempre eres positivo —susurró Serena.
Él la volteó a ver, asombrado. Solía no preocuparse por lo que los demás pensarán de su persona. Quizá había intuido esos pensamientos por parte de la castaña, pero jamás les dio tanta importancia.
Entonces, ella le habló sobre que él no dudaba.
Rio con eso. Era un ser humano después de todo, claro que dudaba. Lo que pasaba, es que se desperdiciaba mucho tiempo pensando, y Ash había crecido aprendiendo que el tiempo valía mucho. Así que la acción era lo primordial, sin embargo sólo se le ocurría aplicarlo en las batallas pokémon.
Había bajado los escalones en algún punto de la conversación. La volteó a ver, fijándose en el brillo de sus ojos.
Ella siempre estaba para él.
¿Estaría él para ella siempre?
Ash abrió los ojos, se despertó sonriendo y con el corazón latiéndole lento. Suspiró recordando su sueño, o más bien su recuerdo. Desde hacía poco que su mente solía llevarlo a cuando ambos eran jóvenes. Y no pudo evitarse sentirse culpable y torpe. Para empezar, cuando llegó a Kalos, había pasado mucho tiempo sin hacer algún movimiento con Serena, cuando su plan era ir y hablar con ella.
Pero, las cosas ya no eran como antes. Ya no era un niño, y ella tampoco. Si hubiese ido y preguntado todo de sopetón, seguro que Serena le hubiese odiado. ¡O quién sabe! Las mujeres eran complicadas, ya lo había comprobado.
Se sentó en la cama, miró a su lado y se sintió un poco incómodo. Él era de adaptarse rápido a las cosas, y dormir junto a Serena, había sido algo a lo que se acomodó muy bien. Miró hacia el final de la cama, esperando encontrarse con Pikachu y así fue.
Con pereza se levantó, fue al baño, se arregló y empezó su día. Junto a su Pikachu, salieron del hotel donde se habían quedado. Observó su alrededor, notando que el día sería templado. Estiró sus brazos y sonrió.
Habían pasado tres semanas desde su partida a Kanto. Cada día había sido como antes de haberse ido a Kalos. Aunque, por supuesto, tenía un poco más de cargas por haberse ido por bastante tiempo. Un recordatorio borró su reciente felicidad, algo que hubiese preferido evitar y que aún no le había dicho a Serena.
Estaba tambaleándose por tomar una decisión sensata. En un momento como ese, comenzaba a preguntarse cómo serían las cosas si él la hubiese buscado antes. Inhaló y exhaló, caminando entre las personas hasta que llegó a un centro pokémon. Estaría a punto de decirle a la castaña que…
Agitó su cabeza, miró a su Pikachu y éste le soltó su típica frase. Entraron al lugar, encontrándose con poca gente. Se posicionó frente a la pantalla del vídeo-teléfono y esperó a Serena. Divagó unos minutos, volteó a ver hacia sus costados y notó a unos muchachos murmurando cosas.
Un sonidito lo desconcentró, miró la pantalla y observó a Grace.
"¿Cómo se los digo?", pensó por última vez.
—¡Papá! —gritó la pequeña.
La vio con sus cabellos ondulados y revueltos. Otra vez, el Pangoro de Serena la estaba cargando. Su Pikachu saludó a la pequeña, ésta sonrió en grande, y a él se le encogió el corazón. Bien, jamás había sido muy prudente con los niños, pero se motivó a sí mismo para ser delicado.
Aunque, primero, lo primero.
—¿Cómo estás, Grace?
—¡Muy bien! —exclamó, subiendo sus brazos—. ¡Pronto será mi cumpleaños!
Ash sacó a relucir una media sonrisa. La niña siempre lo ponía de buen humor.
—Ah, ¿y cuánto falta para eso?
La rubia le guiñó un ojo, para después decir:
—¡Adivina!
Ash, de inmediato, colocó una pose pensativa. Pasaron unos segundos, y se escuchó una voz, pero no de él, ni de la niña.
—Hija, Ash no tiene mucho tiempo.
—No te preocupes —habló él, no pudo evitar sentirse feliz de verla—. Tengo tiempo libre.
—Pero —susurró Serena, renuente. Se vieron a los ojos unos segundos, teniendo una pequeña batalla para ver quién cedía—, bien —accedió, sacándole una sonrisa a los demás.
—Entonces —empezó Ash de nuevo—. Creo que tu cumpleaños es dentro de dos meses, ¿no?
Grace negó con la cabeza.
—Es unos días después de Navidad —aclaró con un brillo especial en los ojos—. Estarás aquí conmigo, ¿verdad?
Ash se tensó al instante con eso, pasó su mano por detrás de su cuello, y el silencio se armó. Pudo ver la expresión de sorpresa de Serena, ella parecía estar entendiendo su silencio.
En ese momento, pudo comprender que decepcionar a la niña le podía costar caro, pero tenía que ser sincero.
—Bueno, puede que no vaya a regresar dentro de una semana.
El silencio se volvió a presentar, observó a la castaña unos segundos y luego a Grace. Serena, quien lo estaba viendo, apartó la vista de él, posando su mirada en la más pequeña.
—Grace, ¿por qué no vas a jugar con Delphox? —preguntó rápido.
La pequeña le miró confundida.
—Quiero hablar con papá —dijo firme.
La dama empezó a morderse el labio inferior, suspiró y miró a Ash. Estaba indeciso en cómo decirles aquello, así que sólo pudo soltar un suspiro, frustrado.
—Lo siento —susurró, mirándolas a los ojos—. Voy a quedarme un mes más.
Todos callaron, tensando el ambiente. Grace perdió su sonrisa y parecía triste, preocupándolo. Observó a Serena fijando la vista en la niña, con el rostro llenó de empatía.
Serena hubiera preferido darle ella la noticia, porque sabía la forma en que la niña reaccionaba. Siempre trataba de suavizar las decepciones. La castaña estaba más concentrada en cómo se sentía la pequeña, que en sus sentimientos, así que se movió cerca de la niña y la cargó en sus brazos. La niña terminó pegando su rostro en el pecho de su madre.
Y Ash no pudo sentirse peor, resopló y desvió su mirada a Pikachu.
El pequeño pokémon no quería quedarse callado, así que no dudó en expresarse:
—¡Pika, pikapi! —Movió sus pequeñas patas, intentando llamar la atención de Grace, lo cual funcionó—. ¡Pikachu!
Ash también recuperó un poco la compostura con eso, sacudió su cabeza y carraspeó.
—Sé que les prometí regresar durante esta semana. —Calló por unos segundos, después prosiguió—. Pero todavía tengo pendientes que solucionar, sino tendré muchos problemas.
La niña no miraba a Ash, tan sólo tenía la mirada baja. Él no sabía muy bien qué hacer, no era de los que lidiaban con ese tipo de cosas, aunque jugar con niños se le daba bien. Buscó en su cabeza alguna cosa, otra promesa, algo que pudiera tranquilizar a la pequeña.
Observó a Serena, y esta intentaba sonreírle, aunque sabía que estaba tal vez algo molesta.
—Pika —murmuró su pokémon, señalando sus pokébolas.
Ash entendió la indirecta y le agradeció a su pokémon por ello.
—Grace —llamó cauto, la niña medio asintió en respuesta—. ¿Recuerdas que te hablé de mi equipo de Kalos?
—Sí —susurró, sin mirarle todavía.
—Bueno, prometo, en serio —dijo decidido—, que cuando regrese te presentaré a mi equipo completo.
La niña levantó un poco su mirada, tan sólo lo veía de soslayo.
—Incluso, podemos visitar a Goodra en su pantano —ofreció, sonriendo.
—¿Sí? —preguntó la menor, ya mirándolo—. ¿Podré ver a Greninja?
El mayor asintió despacio. Serena miraba la escena con interés.
—Promesa de meñique, Grace —finalizó, levantando el dedo mencionado. La niña también lo elevó y sellaron la promesa.
—¡Mamá, podremos ir todos juntos a ver a Goodra!
—Por supuesto, hija —dijo mirándola sonriente—. Pero por ahora, despídete de Ash porque tengo que hablar a solas con él.
La niña asintió sin problemas y volteó a ver al mencionado.
—¡Adiós, papá! —Hizo el ademán con su manita, cerró los ojos y sonrió—. ¡Recuerda nuestra promesa!
"Jamás lo olvidaría", pensó Ash.
La niña se bajó de los brazos de su madre y caminó junto a Pangoro, lejos de ahí. La castaña cambió su expresión a una seria y lo miró, confundida.
—¿Un mes más? —cuestionó, cortante.
—Suena como mucho tiempo —aceptó derrotado—. Y sé que no es lo que te prometí, pero eso no significa que no vaya a volver jamás.
Serena hizo una mueca, sabía que Ash no era mentiroso, pero su inseguridad intentaba salir a flote. Sacudió su cabeza un poco, suspiró y volvió su mirada a los ojos de él.
—Hay muchas cosas que pueden salir mal —explicó, vacilante—. No sería tan complicado si Grace no estuviera en el asunto, Ash.
—Sí, lo sé —respondió rápido—. No quiero lastimarte. —Pasó una mano por su cabello, desviando su vista lejos de ella—. A ninguna de las dos.
La dama volteó a ver a su pequeña, ésta estaba sonriente, correteando de un lado a otro. La sola idea de verla triste o lastimada hacía sentir miserable a Serena. Y lo que menos deseaba era que todo se complicara con Ash.
"Vamos, nada se tiene que complicar", analizó en su cabeza. "Sólo será un mes más"
—¿Estás bien? —preguntó su pareja.
—Yo, no lo sé —respondió con honestidad.
Él sacudió su cabeza con lentitud, se mordió un poco el labio inferior y pasó una de sus manos, por detrás de su cabeza.
—Las extraño.
La castaña se sonrojó. La forma tan directa de decírselo, la chocó un poco. Más porque ella, en ese momento, estaba pensando en cómo manejar esa situación, en cómo controlar sus inseguridades y como no salir lastimada si pasaba algo. Pero ahí estaba él, haciendo eso, diciéndole ese tipo de cosas que la hacían olvidarse de sus cuestiones. Movía sus pensamientos de lugar, anulaba sus otras opciones y la hacían tomar un solo rumbo: el que más deseaba.
Ella deseaba creer en él y no dudar jamás. Su corazón latió lento y pudo notar ese brillo en la mirada de Ash.
—También los extraño.
El campeón soltó una pequeña risa, contagiándola a ella también.
—¿Puedo pedirte algo? —preguntó la castaña.
—Sí.
—Si encontramos a los padres de Grace… —Se sobaba el brazo izquierdo, hablaba despacio, escogiendo bien sus palabras—, ¿seguiremos juntos?
Como si nunca hubiese pasado algo, como si el tiempo jamás hubiese sido un obstáculo, ambos pudieron encontrarse con sus versiones más jóvenes. Tenían la ilusión de estarse viendo de frente, cara a cara, en el mismo lugar y espacio. Y él sabía que eso significaba mucho, e intuía que esa pregunta iba más allá de lo que podía conocer, así que asintió diciendo:
—¡Eso no se pregunta!
Ambos volvieron a sonreírse, teniendo una especie de déjà vu.
Kurt intentó acomodarse en su silla. Solía quería quedarse dormido por lo poco que dormía, y si era sincero, hacía muchos años que eso le dejó de importar. Miró a su alrededor, observando las siempre paredes blancas que lo ponían de los nervios. Lo único aliviador era tener a su esposa cerca.
Después de tantas complicaciones, diagnósticos y falsas alarmas, al fin se encontraba junto a Amy. Aun no podía creer que la estaba viendo, allí acostada en esa cama. Sabía que no todo era perfecto, ni si quiera estaban cerca del "todo está bien", pero habían avanzado.
Suprimió los malos recuerdos, no quería rememorar como su esposa no recordaba quién era al inicio. Le dolía tener en cuenta que ella tenía espacios en blanco en sus memorias, y era por eso que no podía recodar su matrimonio o a su hija. No obstante, habían progresado, al menos ella solía tratarlo casi con la misma cercanía de su relación.
Paseó sus manos por su rostro, miró el reloj en su muñeca y vio que eran cerca de las diez de la mañana. Dentro de unos minutos iniciaba la terapia de su esposa.
Se levantó de su silla, estiró sus brazos y bostezó.
—Siempre tan perezoso —comentó una voz femenina.
El rubio se dio la vuelta, observando a Amy con una sonrisa.
—Sí, no es nada cómodo dormir ahí —señaló con obviedad.
—Te he dicho que no durmieras aquí. Estoy bien.
—Sabes que no me iría —dijo con imprudencia, ella se sonrojó y él tosió—. Siempre estás alrededor de mí, la costumbre. Eso es todo.
La mujer lo miró con curiosidad.
Kurt siempre hacía lo mismo, decía ese tipo de cosas muy fuera de lugar, según Amy. Era extraño que estuviese tanto tiempo ahí, acompañándola, lo cual la llevaba a pensar que su amistad había ido más allá con el tiempo, pero eso no podía recordarlo. Ella no era capaz de recodar muchas cosas y no entendía qué hacía allí, o cómo había terminado accidentada.
Más de una vez le preguntó a su mejor amigo qué tipo de relación tenían, y él se negaba a decirle algo o vacilaba. Y Amy sabía que era porque, si habían tenido algo, él sentiría que estaría aprovechándose de ella, por su estado, por cómo estaba y por qué no podía recordar muchas cosas. Aunque, sabía que Kurt era un gran tipo, alguien en quien podría confiar. Él metería las manos al fuego sólo por su bienestar.
La cuestión era que, mientras las cosas no estuvieran del todo bien, su amigo no haría nada. Pero era ilógico no tomarle aprecio a él. Kurt veló todo el tiempo por ella, estuvo presente desde que se despertó e incluso, le había contado cómo se habían conocido, y sus pokémon lo reconocían. Desconfiar sería tonto.
—¿Me lo dirás? —preguntó la rubia, mirándolo desafiante.
Él la miró confundido.
—¿Qué cosa?
—Ya sabes.
—No, no lo sé, Amy —respondió, desviando su vista.
—Sí, sí sabes, Kort —dijo en broma.
—Kurt —corrigió, frunciéndole el ceño.
—Te diré Kort hasta que me digas —desafió, cruzándose de brazos.
—Pues, llámame Kort.
Ella le miró indignada, y él sonrió con suficiencia.
—¡Kurt!
El aludido le miró con inocencia.
—¿Sí?
Y él comenzó a reír contagiándola a ella. Al finalizar, Amy le vio con suavidad.
—Dime si éramos —susurró, cerrando los ojos—, pareja.
La mujer abrió los ojos y miró la chispa de tristeza en los ojos de su compañero. Hizo lo posible por entender la respuesta en su mirada, y aunque por dentro la sabía, no quería aceptarla.
—¿Eso haría alguna diferencia? —cuestionó frustrado.
—Me gustaría saber.
—Lo sé, pero ¿eso cambiaría las cosas?
La rubia estaba cansada de pedirle lo mismo. Jamás tenía una respuesta muy clara.
—Tengo derecho a saber.
Él sólo negó con la cabeza.
—No te hará bien, necesitas estar tranquila.
Ella apretó la sabana que estaba entre sus manos.
—¡Ya pasó más de un año! —gritó molesta—. Necesito saber —murmuró.
El silencio se prolongó por un rato más, Kurt ocultaba muchas cosas. Más porque, revivir el recuerdo de su hija, de quien no sabía si estaba viva, le dolía como si hubiera pasado ayer.
—Amy, por favor —suplicó serio—. No puedo.
—¿No puedes? —Su voz taladraba la mente del rubio—. Presiento que ese no es el problema, Kurt.
Ella no supo del instante en que él se levantó de la silla. Tan sólo se dio cuenta cuando lo tenía en frente, con esa mirada herida y destrozada. Sabía de más que era una imprudente, exigía sin medir las consecuencias y, aunque era consciente del peso de la situación, estaba siendo terca.
—Y tienes razón —soltó con molestia—. El problema es que creo que todo se va a arreglar.
Ella frunció el ceño.
—¿Y por qué nada se va a arreglar? ¿Crees que no seremos los mismos?
—Eso es lo secundario —respondió, haciendo una mueca, melancólico—. Jamás me vas a perdonar.
Amy no tenía todos sus recuerdos. Al principio por supuesto que no era capaz de saber ni quién era, pero con el tratamiento y el tiempo se fue recuperando. Ya sabía muchísimas cosas básicas de su vida, pero había otras, como lo que sucedió hace tres años, que no recordaba en absoluto.
—¿Perdonar? —Jaló a su compañero de la manga de su chaqueta. Ambos quedaron casi a la misma altura, siendo un milagro que él no hubiese perdido el equilibrio—. Si teníamos algo sólo dilo.
Kurt se estaba volviendo loco. Como si el que ella estuviese dormida por casi año y medio no hubiese bastado, tuvo que soportar otros dieciocho meses, donde su esposa no recordaba al principio ni quién era.
El médico le había dicho que era normal, que el cerebro había pasado mucho tiempo dormido, por lo que al despertar, era lógico que tuviera una pérdida de memoria temporal. El problema fue mayor cuando ella no fue capaz de recuperar todos su recuerdos, también cuando se dieron cuenta que Amy no podía caminar, teniendo que tomar terapias en un centro de daño cerebral.
Decirle a su esposa que la policía no pudo encontrar a Grace era demasiado.
Estaba dolido, molesto, irritado y cansado. Muchísimas veces tuvo ganas de decirle cuánto la quería. No existía peor sentimiento que haberla visto conectada a un montón de máquinas, luchando por sobrevivir.
Por eso no podía decirle como se sentía. La estabilidad emocional y física de su esposa estaba frágil, decirle todo lo que habían vivido sería un shock total. Además, ¿volverían a tener algo? No quería aprovecharse de la soledad que Amy podría sentir. Así que esperaría hasta que ella estuviese lista, hasta que su relación-química estuviera donde se quedó o donde podría avanzar.
Pero no podía más. Tenerla tan cerca, mirarla a los ojos y no decirle lo que sentía era una locura. Y de nuevo por ella, hacía una estupidez desmedida.
—Más que eso —contestó, acercándose más a ella—. Te amo, Amy.
Cortó el espacio entre ambos, olvido que estaba en un hospital y posó sus labios en la frente de Amy.
Kurt estaba demasiado confundido como para hacer alguna otra cosa. Además, siempre que le decía que aquello, la besaba ahí y le sonreía. Amy solía jalarlo de su corbata vaquera y lo besaba con impulsividad.
Pero en ese instante, ella no hizo nada. Y eso le rompió de nuevo el corazón a Kurt.
Clemont miró con atención la pila de libros que tenía al lado. Estaba en su laboratorio revisando, por milésima vez, la información sobre el cerebro y su funcionamiento. Desde que Bonnie lo alentó a ayudar con el asunto de Grace, se había dedicado a estudiar todo sobre traumatismos, pérdida de memoria, frecuencias cerebrales y demás.
No había querido decirle algo a Serena, necesita estar muy bien informado. Así que, en aquella habitación mantenía siempre un pizarrón, donde apuntaba sus ideas, para averiguar sobre la pérdida de memoria de la niña. Había muchas cosas que le interesaban y que podía probar, aunque no se sentía muy seguro porque, no era ningún médico especializado, y eso no le daría seguridad a la castaña.
Suspiró, mirando de nuevo el libro que leía. Volteó a ver la pizarra e intentó recordar cada dato que Serena le había dicho con respecto a la pequeña. Tan concentrado estaba, que no se dio cuenta cuando una rubia alta entró.
Él estaba parado en frente de la pizarra, mordiendo el tapón del marcador. Ella decidió tocarle el hombro, y éste se dio a vuelta, asustado.
—¡Korrina!
—¡Hola, Clemont! —saludó, animosa.
El rubio sacudió su cabeza de un lado para otro, la miró unos segundos y sonrió.
—¿Íbamos a salir hoy? —preguntó, empezando a acercarse a ella—. Lamento si era así, he estado-
—Estudiando el asunto de Grace —terminó su novia por él—. Lo sé, no importa.
—Pero, Korrina.
—No íbamos a salir hoy —aclaró, tomándolo de la mano—. Pero veo que sí quieres, así que saldremos un rato.
Se dejó llevar por su compañera. Ella siempre hacía eso, cada vez que lo veía estresado, solía llevarlo a quién sabe dónde para hacer cosas en las que siempre salía perdiendo, pero se divertía a pesar de todo. Se sonrojó al recordar el día que comenzaron a salir.
Tenía que ser una locura. Clemont y Korrina juntos, él y ella como pareja. No era normal según su punto de vista, sin embargo al mirarla a los ojos eso no le importaba en lo más mínimo. Su miedo e inseguridad se iban, y esa acogedora sensación de estar donde debería lo llenaba. Sacudió su cabeza, regresando a la realidad, dándose cuenta que estaban afuera de su gimnasio.
—Ah, ¿adónde vamos? —preguntó el científico.
—¡Oh, tendremos una batalla!
Ella lo soltó y caminó lejos de él.
—¿P-Por qué? —cuestionó, confundido.
—¡Hace tiempo que no tenemos una! —contestó, gritando a lo lejos—. Siempre las teníamos cuando venía de visita, ¿recuerdas?
Él asintió, suspiró y empezó a pensar cuál pokémon iba a usar.
—¡Usa a tu Luxray!
Eso le provocó una pequeña risa. Hizo lo que Korrina le pidió y sacó a su pokémon, observó de nuevo a su pareja e hizo una mueca.
—Sin mega evoluciones, Korrina.
Ella hizo un ademán, restándole importancia.
—Puedes con eso, estoy segura.
—¡Korrina! —reclamó rápido. Sabía que si no se apresuraba, su novia iba a llevarle la contra, y aunque eso fuese lo normal, no pudo evitar llamarle la atención.
Y sin que tuviera oportunidad para decir algo más, vio como ella mega evolucionó a Lucario. Ya no protestó, más bien se acercó a su pokémon y le indicó que dieran más del cien por ciento para poder ganar. Pasada la transformación la vio de reojo, notando lo emocionada que estaba. Inhaló y exhaló, acomodando sus lentes, mirándola sonriente.
—Ganaste esta, pero la batalla todavía no.
—Ya veremos —contestó, mirándolo retadora.
La batalla comenzó y al principio la rubia llevaba la ventaja. Él no tardó mucho en equilibrar la balanza, conocía muy bien a su novia y sus estrategias.
Todavía podía rememorar como la rubia, hacía años, regresaba por una revancha. Y así hasta que empezaron a hacer más cosas juntos, llevándolos al acercamiento y atracción. No sabía si él había sido el primero en sentir algo, pero le alegraba saber que era correspondido cuando le pidió a ella salir en el sentido romántico.
Lo que ambos vivieron hacía sido tan personal, tan privado, solo sus pokémon habían visto sus acercamientos. Serena estaba muy ocupada con sus problemas, Bonnie viajaba mucho y él había estado solo, hasta que Korrina llegó con ese aire vibrante.
Y siempre que tenían una batalla, sentía que se conectaban de alguna forma. Como una especie de trato secreto entre los dos. Eran ambos y sus pokémon en un mismo instante, disfrutando del momento.
Lástima que ese día no pudieron terminar su batalla. Casi al finalizar (cuando Korrina parecía que iba a ganar, pero en realidad Clemont tenía un as bajo la manga), Grace llegó junto a Serena. La rubia dejó lo que hacía y junto a Lucario se acercaron a la niña, para abrazarla con enorme cariño.
El líder de gimnasio también se acercó y saludó a su amiga.
—Quería conversar contigo —dijo Serena—. Y Grace quería jugar con Luxray. Lamento si interrumpí algo.
—Oh, está bien —cedió Clemont—. Korrina y yo nos arreglaremos después.
—¡Por supuesto! —habló la rubia—. De todas formas me quedaría a dormir aquí. —Se encogió de hombros, ignorando el sonrojo en el rostro del rubio—. Iré a jugar con tu hija en lo que hablan.
Serena y Clemont asintieron, y tanto la niña como la líder de gimnasio caminaron lejos de ahí.
—¿Pasó algo?
La castaña hizo una mueca.
—Sí, Grace tiene pesadillas.
El rubio la miró, frunciendo el ceño.
—¿De qué tipo?
—No estoy muy segura —respondió, mirando al suelo—. Ella no suele recordarlas mucho, pero siempre menciona un bosque.
—¿Y ella grita o se siente asustada?
La modista susurró un "sí".
—Suele despertarse agitada —explicó, empezando a sonar más preocupada—. Al principio sólo iba a mi habitación y me pedía quedarse a dormir conmigo. No le vi lo malo, pero empezó a venir más seguido. Un día que me desperté en la madrugada, y la escuché quejándose entre sueños.
Clemont colocó una de sus manos en su mentó, empezando a reflexionar.
—¿Crees que esté empezando a recordar?
—Creo que sí —respondió la castaña—. Aunque, hace años cuando la llevé al hospital, le hicieron algunas resonancias magnéticas y demás pruebas. —Levantó la vista y suspiró—. Me dijeron que no había casi ninguna probabilidad de recuperar su memoria.
Estuvieron callados por unos segundos, hasta que él decidió hablar:
—Leí varios libros acerca de esto, creo que puedo ayudarte —explicó Clemont—. Pero es obvio que necesito la ayuda de algún especialista.
—¿Crees que —calló unos segundos, respirando hondo y soltándolo—, recuerde quienes son sus padres?
—No lo sé, pero es posible que recuerde el accidente. —Torció un poco el gesto, volteó a ver a Grace y regresó la vista a su amiga—. Ven mañana, pero necesito que pienses en cada detalle sobre el día que la encontraste, y me traigas alguna cosa que pudiste hallar ese día.
—¿Tienes algún invento que pueda ayudarnos? —preguntó, esperanzada.
—A lo mejor —respondió, sonriendo—. También podrías comunicarte con ese detective para averiguar qué ha logrado conseguir.
—Sí, intentaré que sea lo antes posible.
Estuvieron conversando otro rato acerca de Grace. Luego, Serena le preguntó a Clemont la fecha de su boda con Korrina. Resulta que tardaría un poco más de medio año si todo salía bien. Minutos más tarde, fueron hacía donde estaban las dos rubias y decidieron ir a almorzar algo.
Ash miró con atención al muchacho al que acababa de derrotar. El tener batallas le despejaba la cabeza y lo ponía de buen humor. Jamás le molestaba aceptar algún duelo, más si quienes lo retaban eran niños. Eso le traía demasiados recuerdos, pero ese no era el punto.
En ese preciso instante, iba de camino a casa. Tenía muchísimas cosas que contarle a su madre y necesitaba preguntare sobre algo en particular que no entendía. Después de eso, tal vez tendría suerte si se topaba con Gary o el profesor Oak. Su parada no duraría mucho, un par de días y retomaría su viaje.
Mientras camina en los alrededores de su pueblo natal, se preguntó cómo hubieran sido las cosas de haber ido a buscar a Serena antes. Suponía que todo sería menos complicado, porque toda esa desconfianza que tenía ella era por eso mismo, por el sentimiento de abandono impregnado. Sacudió un poco su cabeza, miró a su Pikachu, corriendo animado y miró al cielo.
Podría llevar a Grace a Kanto, presentarle a su madre, llevarla al boque un rato, acampar, presentarle a profesor Oak. Hasta podría mostrarle a todos sus pokémon.
El pensamiento le hizo sentirse feliz. No es que antes le hubiese hecho falta compañía, pero el tener a alguien esperándolo (una persona que no fuese su mamá), le hacía sentir algo que no entendía.
Era extraño, pensaba en esa niña y su corazón reaccionaba. Era distinto a pensar en Serena o en sus pokémon, o incluso sus amigos.
Como la extrañaba, Grace emitía una energía que lo alentaba a recorrer el mundo en una noche si ella se lo pedía. El sólo pensar que ella sufrió mucho con aquella tragedia, lo hacía sentir mal, e incluso analizaba el cómo se habrá sentido, al decirle que no llegaría en la primera fecha que había dicho. Quería lo mejor para esa niña, así que nada más llegando a Kalos, iría a buscar a los padres de la niña.
Sabía que era un paso duro, pero tenía que hacerlo. Ella crecería y sabría la verdad con el tiempo, y al mal paso mejor darle prisa.
—¡Ash, hijo!
Escuchar la voz de su madre lo hizo desconcentrarse. La vio corriendo hacia él, y sin más lo abrazó. Correspondió al abrazo, y su Pikachu también recibió uno.
—Mamá, que gusto verte.
—¡Ay, hijo, deberías venir más seguido! —regañó, todavía feliz.
—Sí, pero es que-
—¿Viste a Serena? —preguntó, interrumpiéndolo.
—Sí, pero no es lo que-
—¡Oh! ¿Cuándo se casan?
Ash no era de sonrojarse mucho, pero esa pregunta sí lo que lo avergonzó. No era muy evidente, pero aun así no pudo evitar sentirse un poco nervioso.
—Mamá, no nos vamos a casar —dijo apresurado.
—¿Entonces? —cuestionó, poniendo sus manos en sus caderas.
—Pasaron muchas cosas —respondió, rascándose la nuca.
—No me digas —habló la señora, cerrando los ojos—. Alguien más se casó con ella, ¿no?
—No, mamá.
—¡Pika! —gritó el pokémon, apoyando a su entrenador—. Pika, pikapi —explicó, haciendo varios ademanes.
—Nunca te entiendo, hijo.
Él pasó su mano por su rostro, suspiró e intentó sonar más tranquilo.
—Te lo explico en la casa, es una historia algo larga.
—Está bien, pero quiero detalles.
—Sí, te los daremos. —Sonrió, caminando junto a su madre y su pokémon.
Bonnie miró el restaurante con sorpresa. Ella había ido a inscribirse para una competencia que habría dentro de unas semanas, y no se esperaba con que sus amigos no la hubiesen invitado al almuerzo. Entró con rapidez, y sin que nadie de sus conocidos lo esperara, tomó una silla vacía y la llevó hasta su mesa.
—Chicos, ¡debieron avisarme! —reclamó un poco molesta—. Me hubiese venido más rápido.
Clemont se rio un poco.
—Pensé que volverías más tarde —respondió, comiendo un trozo de fruta de su ensalada—, eso me habías dicho.
—¡Sí, pero llegué temprano y me inscribí antes! —Volvió su vista hacía Korrina y le sonrió—. No importa, todavía puedo pasar el resto de la tarde con ustedes.
Serena, quién estaba hablando con su hija, miró a la rubia corredora.
—¿Cuándo es tu competencia?
—Dentro de dos semanas —contestó alegre—. ¡Ay! ¿Cómo está la futura mejor corredora? —preguntó, refiriéndose a Grace.
—¡Bien! —respondió igual de feliz—. Mi papá me presentará a su equipo de Kalos, y me llevará con Goodra cuando regrese el próximo mes.
Bonnie, al escuchar eso, frunció el ceño.
—¿Cómo? —Vio con intensidad a Serena, y ésta retiró la vista—. ¿Ash no volverá esta semana?
—Tiene mucho trabajo —respondió la castaña.
—La ensalada está deliciosa —comentó Korrina para evitar escandalizar a la niña.
—Sí, pero —susurró Bonnie, confundida. Giró a ver a su hermano, quién le hizo una señal para no hacer un drama frente a la menor—. ¿Por qué soy la que se entera de último todo?
—Lo siento mucho —dijo Serena.
Ella resopló y miró el menú que había en la mesa.
—¿No han ordenado el plato principal?
—No —respondió Korrina—. Todavía puedes pedir lo que quieras.
—Genial —masculló, concentrándose en los platillos escritos.
Pasados unos cinco minutos, Serena acompañó a su hija al baño mientras los tres rubios se quedaban en la mesa a hablar.
—Creo que tendré avances con respecto a Grace —anunció Clemont.
—¡Eso es muy bueno, Clemont! —habló Korrina, tomándolo de la mano por debajo de la mesa.
—¿En qué avanzaste? —preguntó su hermana.
—Grace tiene pesadillas, y me quedaré a observar de que se trata —contestó, resumiendo los hechos—. Lo otro es que necesito a algún médico especialista para eso.
—¿Un neurólogo? —preguntó Bonnie.
—Sí, será un poco complicado.
La más joven entre ellos se quedó pensando unos segundos, parecía concentrase en algo en particular.
—¿Sabes? Creo que Dick me dijo que su padre era médico —comentó vacilante—. No estoy muy segura.
Clemont se sorprendió demasiado con eso.
—Bonnie, podrías preguntarle sobre eso para confirmarlo —explicó el científico—. Podríamos obtener la ayuda que necesitamos si es así, no de él a lo mejor, pero puede conocer a algún neurólogo.
La rubia asintió con ánimo.
—Tan pronto como pueda le preguntaré. —Miró la ensalada de su hermano y sin preguntar agarró un pedazo de piña—. Por cierto, ¿me van a contar como empezaron a salir? —Metió en su boca la fruta, esperando la respuesta por parte de ambos.
—¿Quieres todos los detalles? —preguntó Korrina, sin preocupación.
—T-Te lo contaré más tarde —tartamudeó Clemont—. Nunca me dejas terminar de contarte todo.
La menor rodó los ojos.
—Siempre pones detalles aburridos, o te quedas trabado en alguna parte —dijo, volviendo a tomar fruta del plato de su hermano—. Mejor que me la cuente Korrina.
—Seguro —respondió la aludida con una sonrisa.
El rubio miró a ambas mujeres y suspiró. Ellas siempre lo ponían de los nervios con mucha facilidad, aunque de diferentes maneras y por distintos motivos. Su novia soltó una pequeña risa por eso, y por debajo de la mesa apretó más el agarre de su mano.
Eso lo hizo voltearla a ver, ella le regaló un guiño y él sonrió, sonrojado.
—¿Están coqueteando en frente de mí? —preguntó Bonnie, un poco asqueada.
—No —respondió Korrina—. Eso no es coquetear —explicó como si nada.
—Como sea, no lo hagan —comentó, volviendo a tomar fruta de la ensalada de Clemont.
—Bonnie, no hagas eso.
—Pero no tengo ensalada —recalcó en un tono infantil.
—Pues pediremos una, pero deja la mía.
La joven cedió sin más. Unos pocos minutos después, Serena regresó junto a la niña.
Kurt se encontraba sentado en la banca del parque. El lugar quedaba cerca del centro de daño cerebral, así que no había caminado muy lejos luego de salir de ahí.
No tenía idea de qué le dolía más, si el rechazo de su esposa o el sentimiento de culpa por habérselo dicho. Se sentía estúpido, era como si todos sus sentimientos consumieran sus ganas de seguir adelante.
Ella nunca lo había rechazado, ni si quiera cuando le pidió salir como algo más. Siempre había sido algo mutuo y no entendía porque de repente, nada era como antes.
Escuchó el ruido de pasos y hojas moviéndose, retiró las manos de su rostro y miró a su Skiddo. Este se acercó e intentó animarlo, y aunque lo hizo sentir un poco mejor, el mal seguía existiendo en su interior. Fijó su vista en el pokémon, observando la mirada llena de melancolía en él.
—No es tu culpa —murmuró, acariciando su cabeza—. Hiciste lo que pudiste para acompañar a mi hija. Estoy seguro, que ella donde esté ahora, te sigue amando.
El pokémon volvió a acercarse más a él, y Kurt lo abrazo. Ese Skiddo era de Grace, o al menos lo iba a ser. Desde que la niña había nacido el pokémon siempre la acompañó, porque a él se le había ocurrido regalarle un pokémon cuando naciera. Y estaba de más decir que ambos habían sido más que unidos. Por eso, el día que su hija desapareció, creía que ese pokémon estaría con ella.
Pero cuando buscó en el bosque, y sólo encontró al Skiddo, supo que todo estaba más que mal. Y el pokémon no hizo nada más que sentirse frustrado y molesto consigo mismo. Los únicos que lo acompañaron a él en su dolor, fueron su padre (quién lo consoló en su peor momento), y los pokémon de él y su esposa.
Y ese Skiddo, era muy especial. Lo había ayudado, sin parar, a buscar (hasta donde pudiera) a su pequeña niña. No hubo mucho que hacer, jamás podía alejarse mucho debido al estado de su esposa.
Se levantó de su banca, se pasó su mano por todo el cabello e intentó sonreír.
—Tenemos que volver.
Ambos emprendieron camino de vuelta al centro. Cuando entraron una de las enfermeras le avisó que su esposa quería verlo. Caminó hasta la habitación y la vio, con el rostro más pálido que hacía unas horas, cuando la había dejado después de la terapia.
Miró confundido el reloj en la pared, a lo mucho se había ido unas tres horas. Sacudió su cabeza e intentó pensar si no era así, ya no sabía ni a qué hora se había ido.
Una pequeña sensación nefasta se instaló en su corazón, una parecida al día del accidente. No se quiso mover, pero el Skiddo pasó hasta quedar junto a la cama de su esposa. El ambiente se tensó, su boca se secó y Amy le miró, conmocionada.
—Lo recuerdo —susurró.
Sintió toda su espina dorsal hormiguearse al escuchar eso.
Notas de la autora:
Seis mil palabras cabales (exactas, lamento el modismo xD), algo así.
¡Y aquí lo dejo! No sabía cómo terminarlo, la verdad, eso último vino así como ustedes lo leyeron. Pero, aquí las dudas, ¿qué es lo que recuerda?
¿Qué piensan?
Agradezco tanto sus comentarios también el que me tengan tanta paciencia. No tengo ni cómo agradecérselos.
Oh, sí. ¡Gracias por leer!
Al fin, pude terminarlo xD Quería desde hace rato. Como verán, empieza el drama y el desenlace de la historia de Grace. Salen más personajes, y veremos cómo otros influyen y ayudan dentro de la historia.
Antes de que se enojen con Ash y le tiren piedras, entiéndanle un poco xD Serena y Grace ya son parte de su vida, pero él todavía es campeón de Kanto.
Como sea, intenté colocar más de Korrina/Clemont, y explicar lo que se viene. Lo que puse puede parecer un poco relleno, pero no lo es. Influye un poco en la historia y como se desenvuelve lo que viene.
Siento (independientemente de las faltas) que he mejorado un poco en mi narración o en como fluye la historia. No sé, así lo siento xD
Lamento mucho las faltas de coherencia, palabras cambiadas, y frases raras.
¡En fin!
Nos estaremos leyendo,
¡Suerte!
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Actualizado el: 08/12/2016
