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Me da mucha emoción subir este capítulo.
Prácticamente es el inicio cronológico de todo
Casual, así que espero que lo disfruten.

Sin spoilers ni nada, les dejo el capítulo:

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Noche de invierno

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Riven no reprimió una sonrisa, cuando pudo confirmar que Musa realmente no estaba interesada en Jared. No pudo evitar esa especie de felicidad egoísta. Sentía que las cosas estarían bien y que lo acontecido en el baile de invierno había sido un trago amargo; pero un par de meses después, cuando Darcy se apareció en su hogar para avisarle que estaba embarazada, comprendió que ese falso y malinterpretado rumor en el que Musa estaba con Jared y la serie de eventos y decisiones que había tomado en base a eso, habían dado a su vida un giro de 360 grados.

La culpabilidad lo asaltó de distintas formas, durante años. Algunas veces— sobre todo cuando su mente le decía que jamás podría tener algo con Musa— se arrepentía de haber salido de ese baile tomado de la mano de Darcy, pero pronto lo asaltaba la culpabilidad de sus deseos: esa noche había traído a su vida a Hannah. Entonces, prefería dejar de darle vuelta al asunto y se conformaba con su vida tal como se encontraba.

Era irónico, la mañana que correspondía precisamente a esa noche de invierno, cuando asistía a su último año de universidad, Musa y él habían salido del campus con las manos entrelazadas por los dedos.

Ambos tenían la costumbre de, al llegar a la salida, tomar rutas diferentes para regresar caminando a sus respectivos hogares; sin embargo, ese día Riven continuó a lado de Musa. Ninguno lo hizo notar. Se concentraron en terminar la charla que habían dejado a la mitad la noche anterior, en una de sus tantas reuniones nocturnas con los amigos que tenían en común

Caminaron por las calles sin tomarle importancia a nada más y sólo paraban para mirar cuándo podían hacer el cruce de una calle.

Justo cuando comenzó a nevar, llegaron al edificio donde Musa rentaba un departamento junto a sus cinco amigas: Layla, Tecna, Bloom, Stella y Flora. Esta última la novia de Helio, el mejor amigo de Riven desde la infancia.

—Gracias por hacerme compañía. —dijo Musa soltando la mano de su amigo para hurgar dentro de su mochila, en busca de las llaves.

—Claro—respondió él, distraído. Esperó en silencio a su lado, hasta que ella abrió la puerta. Cuando Musa giró para despedirse, Riven se llevó una mano a la nuca, nervioso. — ¿Nos veremos en el baile?

Musa no necesitó más explicaciones. Riven se refería al evento que la escuela impartía antes de vacaciones de invierno y eso que acababa de preguntar era una especie de invitación implícita para ir con él.

—Te sacaré a bailar—amenazó la chica, como respuesta, sonriendo resplandecientemente.

—Por supuesto. — bufó Riven en un gesto sarcástico. Por dentro se sintió feliz.

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Al caer la tarde, Riven llegó al departamento de Musa. Estacionó su motocicleta y bajó. Se tomó la molestia de sacudir sus pantalones, especiales para aquella noche, y luego admiró el vehículo que su padre le había obsequiado para su cumpleaños y que Riven se había tomado la tarde para lavar y pulir. Esa combinación, con la sorpresa para Musa de pasar por ella para el baile, lo hizo enorgullecerse.

Llamó a la puerta del apartamento de la planta baja. Mientras esperaba una respuesta, miró el cielo. El sol invernal comenzaba a ocultarse por el horizonte y, aunque era un poco temprano, Riven había preferido adelantarse a Musa con la sorpresa, aunque debiera esperarla para partir al baile.

La puerta se abrió y cuando volvió la cabeza hacia esta, la decepción lo alcanzó en un segundo. No era Musa, si no Layla, que lo miraba confundida y tenía el aspecto de haber estado dormida.

— ¿Qué hay? ¿Sucede algo?

—Hola—dijo Riven, nervioso— Vine a ver a Musa.

El rostro de Layla parecía confundido.

—Vaya, no sabía… Musa salió hace veinte minutos.

—Puedo esperarla—respondió, optimista.

—Bueno, no creo que regrese. Llevaba puesto su vestido para el baile y Jared pasó por ella.

Riven no ocultó su desencanto.

— ¿Estas segura?

—Me temo que sí.

El joven asintió.

—Bien, nos vemos esta noche –murmuró sombríamente y dio media vuelta.

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Al principio, deseó sentirse molesto con Musa, pero comprendió que no podía realmente. Jamás habían acordado una hora y quizá ella no había entendido que él quería estar con ella en el baile. Quizá él no había sido lo suficientemente explícito.

Quizá.

Su mente estaba repleta de hipótesis, pero no había nada que lo calmara.

Todo el tiempo que esperó sentado en la mesa, tuvo la esperanza de que Musa llegaría tarde o temprano, con su mejor cara de vergüenza y una excusa; sin embargo, conforme los minutos pasaron y, al final, al reloj se sumaron el resto de los estudiantes en la fiesta, su esperanza decayó.

Para calmar su ansiedad, mató un poco el tiempo en conversaciones vanas con algunos chicos del equipo de futbol y sus novias, pero justo cuando había logrado distraerse un poco, un compañero le preguntó, insinuante, si esperaba a Musa.

—Obvio, no—interrumpió la novia de uno de los jóvenes —. Ella está saliendo con Jared.

— ¿Él no estaba saliendo con Sam, de psicología?—cuestionó otra.

La chica se encogió de hombros y respondió en tono malicioso.

—Pues si es así, yo vi a Musa y a Jared abrazados en el estacionamiento. No sé qué diría Sam de eso.

Ambas rieron a la par de algunos de sus compañeros. Riven desvió la mirada de ellas, demasiado incómodo para sonreír.

Muy a pesar de que ella nunca había mostrado interés amoroso en Jared, la imaginó besándolo. La veía con un vestido, sentada en el cofre del auto, aparcado justo en el estacionamiento donde todos sabían iban las parejas que buscaban un poco de intimidad.

Jared siempre había estado ahí para Musa. Eran mejores amigos, al igual que sus madres lo habían sido; ambos estaban interesados en la música y compartían la mayoría de los recuerdos de su infancia. No era como él, sino que era amable, simpático y dulce.

La imagen mental de Musa en brazos de Jared lo molestó, aunque lo hizo sentirse molesto con todos. Con las chicas desdeñosas, con Jared y con Musa, pero sobre todo, con él mismo. Muy dentro de él había tenido la creencia de que algo podía suceder esa noche, pero recordarlo lo hizo sentir aún más rechazado.

Cansado de fingir indiferencia, se levantó de la mesa y se recargó en una pared, oculto de las luces de fiesta. Comenzaba a sentirse no solo molesto, sino tonto, tan patético, esperando a que llegara alguien quien seguramente estaría disfrutando con otra persona, ajena a él.

Cómo un mal no deseado, alguien se puso a su lado. Ignoró su presencia. No tenía ganas de conversar o hacer amistades. Muy en el fondo deseaba que Musa apareciera, para sentirse a salvo y para después molestarse con ella.

— ¿Aburrido?

Riven se sobresaltó al escuchar esa voz. Al mirar a la persona que había estado a su lado, reconoció a Darcy, su exnovia de la preparatoria. La había visto de lejos en varias ocasiones mientras caminaba por el campus universitario, pero hacía años no cruzaban ni una sola palabra. Lucía mayor, sin rasgos aniñados en su cara y llevaba un vestido corto y botines, con abrigo y sin medias.

—Ha habido fiestas mejores—murmuró Riven, saliendo de su sorpresa.

—Bueno, cuando menos son mejores que la de preparatoria, ¿no crees?

—Siguen siendo igual de cursis. La única diferencia es que hay alcohol.

Ambos sonrieron, irónicos al reconocer la naturaleza del comentario. Durante su noviazgo, nunca habían asistido ni a una sola fiesta de la escuela. Preferían colarse a las reuniones de la hermana mayor de Darcy, en la universidad, donde habían conocido entre varias cosas, lo que era una fiesta descontrolada y una resaca.

Conversaron y bebieron durante media hora. Nada profundo, pero tampoco nada donde tuviera que ocultar su estado de humor. Darcy había sido la clase de persona en su vida con la que podía mostrar la peor parte de sí mismo sin temor a ser juzgado. Después de todo, era sorprendente lo afines que podían ser en sus defectos, pero era una lástima que no en virtudes: uno de los factores que había malogrado su antigua relación.

En algún momento, un par de chicos pasaron junto Riven, golpeando accidentalmente su hombro. Molesto, se acercó un poco más a Darcy y comentó.

—Odio esta fiesta, aquí está lleno de niños.

Ella dio un pequeño paso para quedar más cerca de él y con las yemas de sus dedos acarició la mano de Riven, hasta tomarla por completo.

—Deberíamos ira otro lado. Siempre me gustó tu casa—murmuró mirándolo fijamente y después desviando la mirada, en un gesto sugerente. Él lo entendió al instante. Una sirena de alarma se encendió en su cabeza y miró hacia la pista de baile, pero comprendió que no tenía nada que perder más que el tiempo ahí, esperando a alguien que nunca llegaría y que, si lo hacía, no sería para estar con él.

Le devolvió la media sonrisa a Darcy y ambos salieron del baile tomados de la mano, rumbo al estacionamiento.

Riven se sorprendió al ver que ella tenía una lujosa motocicleta nueva. Antes de encaminarse por la suya, aparcada unos metros más adelante, se detuvo a admirar el vehículo de lujo, pero las piernas de Darcy, descubiertas al subirse, cambiaron su foco de atención. Desde que había terminado su relación con ella realmente no había estado con ninguna otra mujer y la idea de lo que podía suceder en su casa no hizo más que incitarlo a partir cuanto antes.

Ambos manejaron su propia motocicleta por las avenidas y calles, jugando a quien llegaría más rápido a la casa y quien esquivaba más autos. Al llegar, aparcaron los vehículos y bajaron rápidamente sin hablar. Nunca hablaban cuando lo hacían y Riven auguraba cada vez más que irían directo al grano en cuanto llegaran a su habitación, sin embargo sus premoniciones se fueron al traste cuando intentando abrir la puerta de entrada, Darcy se recargó en el marcó, junto a él y deslizó un dedo por pecho de Riven hasta llegar un poco más abajo del cinturón. Cuando sus miradas se cruzaron, ambos supieron exactamente lo que sucedería.

Apenas los dos pusieron un pie en el interior de la vivienda oscura y la puerta cerró, Darcy lanzó sus brazos alrededor del cuello de Riven, besándolo, mientras él la tomaba de la cintura para acercar sus cuerpos de manera urgente, buscando reconocerse después de tanto tiempo. Logrando deshacerse de los abrigos y habiéndolos arrojado al sillón, caminaron, deshaciéndose en besos húmedos y jaloneos de ropa, hasta el dormitorio.

Ni siquiera cerraron la puerta, pese a que sabían que el padre de Riven estaría durmiendo en aquellos momentos en la habitación de junto. Se deshicieron de la ropa del otro con deleite, notando lo mucho o poco que sus cuerpos habían cambiado en todos esos años. No era nostálgico, sino excitante. Todo era violento y pasional, lleno de adrenalina por el viaje en motocicleta y por el deseo creciente. Las caricias eran certeras y sin sentimentalismos, pues la urgencia y su relación no daban para más.

Desnudo, Riven se sentó en la cama y miró con lujuria el cuerpo desnudo de su exnovia. No podía sentirse más excitado. Ella acarició su miembro y recorrió la caricia hasta llegar al pecho y empujarlo. Se colocó encima de él, apoyándose en sus cuatro extremidades y niveló su rostro a la altura del de Riven. Mordiéndose los labios, vio reflejada su propia excitación en el instante en que lo miró a los ojos, y cerró los suyos con disfrute, cuando bajó la cadera para, sin fundirse, acariciar su sexo húmedo con la punta del él. Complacido, Riven la imitó suspirando. Enterró sus dedos en la cintura y deslizó el tacto hasta tomar a Darcy por la cadera para marcar el compás ansioso de aquella caricia.

Terminaron rodando en la cama, mordiéndose los hombros y lamiendo el cuello del otro, frotando el sexo del otro con el suyo y gimiendo por lo bajo. Impaciente, Riven recostó a Darcy en la cama y después estiró el cuerpo para alcanzar su pantalón. Habiendo encontrado su billetera, de esta sacó un pequeño sobre cuadrado y metálico. Jamás se detuvo a pensar cuánto tiempo llevaba ahí o se detuvo a mirar la fecha de caducidad. Simplemente lo abrió con urgencia y apenas terminó de colocarse en condón, sin miramientos ni palabras se acercó hasta las piernas de Darcy, abriéndolas sin pudor.

Se fundieron, con la corriente eléctrica de reconocer que hacía años que habían experimentado lo mismo. Exhalaron aire, complacidos, y comenzaron un vaivén de caderas chocando. Poco tiempo pasó hasta que ella lo empujó hasta quedar encima de él. Entre los dos siempre había existido una lucha de poder en la cama y, lejos de hacerlo menos excitante, era seguramente la base de sus jugueteos.

El tacto entre ellos constaba de caricias bruscas, mezcladas con erotismo. Riven apretaba la cintura de Darcy y enterraba los dedos en sus piernas, mientras ella arañaba los musculosos brazos de Riven con una mano y con la otra acariciaba sus pechos.

Cuando Darcy alcanzó el clímax, en silencio y tensando el cuerpo, estaba sentada en horcajadas sobre el miembro de Riven. Sólo después de eso, aun fundidos, rodaron en la cama, permitiendo a Riven colocarse encima de ella. La intensidad en sus movimientos le avisaron a Darcy que no tardaría mucho y él la igualo con satisfacción, pocos minutos después.

Antes de separarse, Riven disfrutó con los ojos cerrados, un segundo más de la sensación de sus músculos relajados. Después, uno al lado del otro, se quedaron extendidos en la cama, respirando profundo, disfrutando con deleite el resultado, sintiéndose soberbiamente orgullosos. No había sido ni su mejor ni su más extravagante sesión, pero había estado teñida de riesgos y emoción, si tomaban en cuenta el improviso, las motocicletas, la puerta abierta, el ruido de la cama y los gemidos esporádicos.

Aunque nunca habían tenido una buena comunicación, sexualmente coincidían con magnificencia, y ellos lo sabían. Por más egoísta que pudiera ser Darcy o por más tediado que Riven se sintiera, el ego de cada uno no le permitía dejar insatisfecho al otro, y eso había funcionado en la adolescencia, hasta el día en que él se había dado cuenta que no podía basar sus relaciones en sexo y ella se aburrió

Riven se levantó sin decir una palabra y tomó sus boxers para ir al baño. Cuando regresó, Darcy estaba fumando, recostada en la cama en ropa interior, con el largo cabello castaño cayendo por sus hombros y mirando al frente. De todas las ocasiones que la tuvo en su cama, Riven jamás olvidó esa escena, quizá porque demostraba todo su carácter. Invulnerable, rebelde, analítica y sensual.

Darcy le dio una calada al cigarrillo y tendió el brazo para ofrecérselo a su desliz. Él siempre fue atlético y deportista, pero en preparatoria, después de acostarse, habían tenido la costumbre de fumar una vez terminado. Riven aceptó el cigarro, una vez se acomodó bajo las sábanas y lo caló, cerrando los ojos. Sintió como Darcy se levantó de la cama y abrió un ojo para ver cómo ella se colocaba el vestido.

— ¿Ya te vas? — se extrañó el joven, que tras decir esas palabras se sintió estúpido. No era como si deseara quedarse toda la noche con ella.

—Sabes que soy la clase de chica que no se queda a acurrucarse, Riven— murmuró con una sonrisa seductora, mientras se sentaba en la cama para colocarse los botines.

El joven asintió, dándole la razón.

Cuando Darcy finalizó, le quitó el cigarrillo a Riven de los dedos antes de que él se diera cuenta. Se levantó, alisando la tela de su ropa y se viró hacia él cuando estuvo en el marco de la puerta.

—Siempre has sido un orgulloso. Imagino que querrás que te diga que me divertí y esa clase de tonterías.

Riven sonrió. El humor ácido de Darcy seguía intacto después de tantos años.

—Yo supongo que querrás que te diga que quiero verte de nuevo, pero lo cierto es que no.

Darcy le devolvió la sonrisa y salió por la habitación. Él escuchó cerrarse la puerta de entrada y sólo entonces, en el silencio más absoluto, la promesa rota de Musa se filtró en su mente, hiriendo su lado más sensible. Molesto, se dio la vuelta, cubriéndose con las sábanas.

Esa noche durmió plácidamente, sin embargo, al despertar reconoció esa vacía soledad que había experimentado sólo con Darcy, todas las mañanas posteriores a un encuentro íntimo. No es que fuera moralista, ni nada por el estilo o que su conciencia lo castigara por sus actos, pero había algo que lo hacía sentirse solo. Lo único que lo distrajo de esa sensación, fue un pinchazo de culpa por haber actuado de manera tan despechada. Realmente Darcy lo fastidiaba y sabía que había caído bajo al acceder a desahogar con ella la tristeza y molestia de la noche anterior.

La luz del sol iluminaba toda su habitación. Se estiró para verificar la hora en su celular, pero la pantalla lo recibió con dos mensajes de Musa sin abrir. Abrió el primero, al instante, ansioso por ver qué había escrito ella, pensando que sería una disculpa o alguna excusa, pero la pantalla lo recibió con un texto muy diferente a la expectativa:

Sam acaba de romper con Jared y estoy consolándolo. Quizá llegue un poco tarde, pero te veré en el baile.

Extrañado, Riven buscó la hora de envío del mensaje y la hora en que había llegado hasta él. Tenía siete horas de diferencia y Musa lo había enviado alrededor de las seis de la tarde. Media hora antes de que él pasara al departamento.

Impaciente abrió el otro mensaje.

Perdona la demora. Llegaré más tarde, pero te prometo que no te obligaré a bailar.

El resultado de hora de salida y llegada del mensaje era similar al anterior. No habían llegado a tiempo hasta él.

Suspiró, odiando esa extraña mezcolanza de bienestar y culpa.

Estiró sus brazos y los colocó detrás de su cabeza, recostándose en ellos. Entonces, después de analizar las coincidencias y sucesos, se permitió sonreír auténticamente. Sólo había sido un malentendido. No sucedería nada malo.

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Ay, estúpido Riven. Si supieras D:

Creo que moriré de felicidad. Ansiaba locamente subir este capítulo. Cómo les dije al principio, es el inicio cronológico de los problemas entre Riven y Musa. Hace muchos, muchos años, la idea original surgió porque quería hacer un lemmon de Riven y después de pensar en muchas cosas, esta fue la idea base para subir el primer capítulo de Casual. En fin. En la idea original me saltaba la escena de ellos en la puerta de la casa para ir en donde Darcy esta recostaba fumando, pero quería contrastar el carácter de su relación con Musa y con Darcy. Espero haya funcionado de alguna u otra forma.

Muchísimas gracias a todos, por sus ánimos. Me alegran y bien saben que todas las críticas, sugerencias, tomatazos y amor son bien recibidos.
Le quiero agradecer por sus favs, story alert y/o reviews a:
Luky01, yeselin, Magdas ym3l1z4

Y a todos los que amablemente leen y no se animan a escribir c:

¡Saludos!

Cereza Prohibida