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¡Hola, bebés! Me da alegría actualizar. Gracias por todo el apoyo y amor que me enviaron a través de reviews y mensajes privados. Significa tanto, en verdad; y es por eso que me hice más huequitos para seguir escribiendo. He tenido un 2016…extraño y, de pronto, recibir sus mensajes me animaba de una forma que no tienen idea.
Las tengo en mi corazón ;)
diminuta, ItsMetalItsOurBand, Luky01, Magdas, , Konna y Delfii.
Y bueno, entonces comencemos ;)
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Fracturas
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A través de la puerta de vidrio de su oficina, Musa vio pasar a su jefa saludándola con un ademán. Respondió amablemente, pero al verla alejarse por el pasillo, se hundió en la silla. Su jefa lucía bastante alegre y paciente, pero ella sabía que debía estar esperando una respuesta.
Hacía unos días le había ofrecido un ascenso en la disquera, pero no en la de Magix; sino, en la de Solaria. Un puesto importante, un mejor sueldo, un lugar nuevo lleno de talento joven y mundialmente reconocido. Había agradecido la oportunidad y prometido que le daría una pronta respuesta; sin embargo llevaba días sin poder definirla.
El día anterior, al salir del trabajo, había manejado un par de horas, para visitar a su padre en el pequeño pueblo donde ella había nacido, pero a Hoboe no le había hecho gracia la idea.
— ¿Solaria?—había exclamado con un tono bastante despectivo— ¿Tú sola? ¿Sabes lo enorme que es la ciudad? Además hay tanta gente rara ahí, Musa. No creo que estés preparada para ese nivel de independencia.
— ¿Ese nivel? Papá, llevo años viendo sola en Magix.
—Con tus amigas ¿Qué te hace pensar que llegar a un sitio nuevo, sola será lo mismo? ¿Y si enfermas o necesitas ayuda?
En su oficina, Musa se llevó a manos al rostro, frustrada de tan solo recordarlo. Sabía qué esperar, cuando había ido a visitar su padre, así que no se sentía tan dolida por su postura sobreprotectora. Así había sido siempre…bueno, desde la muerte de su madre.
Necesitaba apoyo. Sólo un poco de fe en ella, para sentir que podía tomar una decisión sin que nadie la juzgara. Temía aceptar el trabajo, decepcionarse de él y sentir que no podía regresar porque sería patética, al igual que temía quedarse y por ende decepcionar a ese algo que se suponía ella debía ser como mujer soltera, independiente y joven: exitosa, nombrada y reconocida.
Además, con los preparativos para la boda de Stella, las únicas ocasiones en que había visto a sus amigas no le parecían apropiadas para hablarles de la cuestión. No cuando Stella tenía la prueba de vestido de novia o visitaban a la diseñadora que confeccionaría los atuendos de todas ellas, como damas de honor.
Rodó los ojos al pensar en Riven. Él siempre la animaba, pero a veces era tan pesimista y se parecía tanto a Hoboe. Tamborileó los dedos por su escritorio. Ese día en especial estaba muy aburrida y desocupada. ¡Qué va! Le preguntaría.
Entonces, cuando marcó su número desde el celular, Riven contestó rápidamente con voz agitada.
— ¿Quién es?
—Musa…
Riven suspiró de alivio.
— ¿Te he dicho que te amo?
Ella contrajo el rostro, confundida.
— ¿Qué?
—Justo te necesito. No puedo creer que me marcaras en este instante.
— ¿Qué?—repitió, totalmente extrañada.
Riven comenzó a hablar precipitadamente.
— ¡La pantalla de mi celular está en negro, no puedo hacer llamadas, solo recibirlas y llevo horas en esta jodida carretera!
— ¡Hey, hey! Tranquilo. Con calma ¿Qué necesitas?
Escuchó a Riven respirar profundamente y exhalar.
—Hace media hora recibí una llamada del kínder. Hannah hizo una estupidez…, una pirueta sobre una silla, al borde de la escalera ¡no sé!–Nuevamente escuchó a Riven respirar muy lentamente y lo imaginó con los dedos presionando el tabique de su nariz—. Sólo sé que la llevaron al hospital, pero estoy en la carretera. Hubo un deslave y apenas están quitando los escombros del camino.
— ¿Qué? Riven…—Musa intentó tragar saliva y ordenar la situación— ¿Y tú estás bien? ¿Cómo que un deslave?
— ¡Sí, yo estoy bien! Pero no sé qué pasa con Hannah. Necesito que vayas al Hospital de Magix.
Un ruido de interferencia opacó la llamada y Musa tuvo que preguntar tres veces seguidas:
— ¿Quieres que hable con Helio?
—Está en Linphea con Flora y el niño. Vengo de ahí. Yo mismo los llevé en la mañana, y venía de regreso, cuando todo se colapsó.
—No puedo creerlo—murmuró abrumada. Volvió a haber interferencia y esperó a que terminara el ruido— .Le hablaré a Helio, y él puede hablar con sus colegas quizá…no sé. Iré al hospital ahora mismo.
Riven suspiró.
—Tranquilo—repitió Musa—Estaré ahí con ella.
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Aun cuando no había tenido ningún problema en salir del trabajo y al contactar a Helio, este había dicho que vería la forma de regresar inmediatamente a Magix, la suerte no pareció seguir a Musa. Al llegar al hospital, se había acercado a la recepcionista, preguntando por Hannah, pero apenas había pronunciado su nombre, una mujer se había levantado de los asientos y colocado a su lado.
—Soy Darlenna, la maestra de Hannah. ¿Quién eres tú?
—Soy…Mi nombre es Musa, soy la mejor amiga del padre de Hannah y él me pidió que viniera a preguntar. Él está fuera de la ciudad.
Darlenna la analizó de arriba abajo y luego se dirigió a la enfermera.
—Por seguridad no puede dar información sobre Hannah.
Musa frunció el ceño y miró a la enfermera, esperando apoyo.
—Lo lamento—le confirmó la recepcionista, sin parecer lamentarlo—. Sólo familiares directos.
—Puedo llamar a Riven para que…
—Dije que sólo familiares directos—recalcó la recepcionista con un tono serio—. Puede esperar aquí a que llegue la familia de la paciente.
— ¡Yo soy su familia!—exclamó Musa, una octava más alta de lo que le habría convenido.
Darlenna la miró despectivamente, alzando una ceja.
—Estoy …Yo…soy no-novia…¡soy pareja de Riven!—mintió Musa, incapaz de percatarse de lo poco convincente que había sonado su tartamudeo.
—Solo familiares directos—recalcó la recepcionista.
— ¡Que vivamos en concubinato no me quita derechos legales sobre Hannah!—apuntó Musa, molesta, adoptando el mismo tono prepotente y seguro de sí mismo que Stella usaba para evitar multas de tránsito.
Darlenna bufó, rodando los ojos — ¡Por favor!
Musa tensó todo el cuerpo y abrió la boca para contraatacar, pero la recepcionista la detuvo:
—Si insiste, me temo que tendré que llamar a seguridad, señorita.
Musa miró a Darlenna.
—Riven me envió. ¿Cuándo menos podrías decirme cómo se encuentra Hannah o qué fue lo que sucedió exactamente?
Sin embargo, la maestra volvió a analizarla despectivamente.
—Tengo estrictas órdenes de no dar información a terceros. Con permiso —murmuró agriamente, dándose la vuelta para sentarse en una de las sillas de la recepción.
Musa se sitió pequeña y herida, como si Darlenna se hubiera dirigido a alguien tóxico y peligroso, como Darcy, porque obviamente ella tenía que ver en todo esto. Si Riven no se hubiera encontrado con ella, no habría tenido su crisis de pánico y no estaría ahí siendo una completa extraña ante la maestra de Hannah. Ni quiera conocía a Darlenna, porque nunca había ido al Kínder.
Siempre estoy en el trabajo.
Molesta, se desplomó sobre una de las sillas más alejadas y esperó durante mucho tiempo. Una hora. Dos horas. La recepcionista iba al baño, pero Darlenna la miraba fijamente, dispuesta taclearla si Musa se levantaba a husmear los papeles del escritorio.
Esperó el tiempo suficiente para que al atardecer hubiera un cambio de personal, y aunque la maestra se retiró y había llegado una nueva recepcionista, más amable y comprensiva, le negaron la información. Rendida, salió a dar un paseo. No dejaba de pensar de Hannah. ¿Estaría asustada? No había nadie conocido con ella y todo era tan injusto.
Su paseo no duró mucho, pero justo al regresar vio a Riven caminar presuroso hacia la puerta. Lo detuvo, llamándolo por su nombre y él la observó a la distancia, asustado y paralizado. Una vez lo tuvo de frente, notó su palidez. Él sólo atino a preguntar:
— ¿Y Hannah?
—No lo sé, es que…
El rostro de Riven cambió lentamente del miedo a la indignación.
—Ni siquiera pudiste venir a verla.
— ¿Qué? Por supuesto que sí. He estado aq….
— ¿Y por qué no me llamaste?—preguntó en un tono tosco— .Te dije que esperaba tu llamada.
— ¡Nunca dijiste eso! Además, no me dej….
— ¡Claro lo hice! –gritó Riven, deteniéndose al abrir la puerta de entrada— ¡Maldita sea! ¡Mi hija podría estar muerta y a ti no te importa!
— ¡No me hables así!—exclamó caminando tras él.
La recepcionista chistó para hacerlos guardar silencio. Riven sacó su cartera para mostrar su identificación.
—No fuiste de ayuda, créeme —murmuró con acritud, un momento antes de ir tras la enfermera por un pasillo. Musa lo miró alejarse, incrédula e impotente. Apretó los puños, molesta, enterrando sus uñas en las palmas.
Tomó varias bocanadas de aire. Exhalaba, molesta y herida. Cerró los ojos por un segundo y se destensó, deshaciéndose de las lágrimas el dorso de sus manos. Volvió a sentarse. Si Hannah estaba bien, iba a quedarse ahí hasta saberlo. Y si lo peor llegaba a suceder… La sola idea la hizo comenzar a llorar.
Era todo. Ira, tristeza, decepción, impotencia. Era Hannah, Riven, la maestra, las enfermeras, sus amigas. Era ella, sin saber qué hacer o a dónde ir.
Esperó a que Riven regresara, pero no fue así.
Porque es un imbécil, se repetía. Porque el que Riven fuera un imbécil era mucho mejor a imaginar que Hannah estaba en peligro. Las personas entraban y salían con calma de la recepción, pero no les prestaba atención, hasta que sintió una figura entrar a paso ligero. La recepcionista habló: "¡Doctor Helio, lo espera el doctor Caruso!".
Musa elevó la vista y casi al mismo tiempo Helio giró para verla un segundo por encima del hombro, sonriendo para infundirle ánimos. Después se alejó rápidamente.
— ¡Musa!—saludó Flora, entrando al hospital con su hijo en brazos. La aludida se levantó y apenas estuvieron frente a frente, Flora la rodeó con un brazo. El pequeño se removió inquieto y se separaron.
—Ni siquiera sé cómo está Hannah. Nadie quiso darme información, porque no soy familiar.
Flora negó, suspirando.
—Todo va a salir bien— animó, acariciando su brazo. Rápidamente meditó qué decir. Ella estaba con Helio, cuando él había hablado con un colega suyo, el doctor quien actualmente atendía a Hannah —. Hasta donde tengo entendido, se fracturó el brazo y posiblemente la nariz, pero también se abrió la barbilla al caer, así que, cómo podrás imaginar había demasiada sangre. Todos creyeron que se había fracturado el cráneo, pero sólo tiene una contusión.
Musa suspiró, sintiéndose más liviana. Le dolió pensar en la hermosa naricita de Hannah, pero cuando menos era menos doloroso al montón de cosas terribles que habían pasado por su cabeza. Aunque, para empezar, ni siquiera sabía exactamente qué había hecho para terminar en el hospital.
El bebé de Flora extendió sus brazos hacía Musa, sonriendo, y ella aceptó su gesto, tomando una de sus manos. Se sintió un poco más sosegada.
—Lamento tanto que no te dieran información.
—No tienes ni idea—respondió, ahuyentando mágicamente toda su tranquilidad. Inconscientemente soltó la manita—.Riven me pidió que viniera, pero la maestra de Hannah me miró como si yo fuera una especie de criminal y ordenó que no me dieran información. Las enfermeras no me decían absolutamente nada y—su voz de convirtió gradualmente en enojo— ¡Llegó Riven, histérico y comenzó a gritarme que no yo no había sido de ayuda! ¡Pero yo no podía hacer nada!
Entonces añadió con detalle la discusión entre los dos. Flora la escuchó en silencio mientras su hijo se acomodaba entre sus brazos para dormitar.
— ¿Cómo pudo decirme algo así?—concluyó Musa— ¿Sabes? Nunca he querido vanagloriarme de lo que he hecho por Hannah. Todo ha sido porque los quiero, pero no puedo creer que me haya dicho algo así.
Flora negó con la cabeza, mientras ambas se sentaban. Entendía a su amiga, pero se sentía incapaz de culpar a Riven. De tan solo ponerse en el lugar de ambos, le parecía injusto que hubieran tenido que pasar por esa incertidumbre. Sintió culpa. Quizá debían de haber llamado a Riven, pero ni Helio ni ella lo habían pensado. Simplemente habían realizado muchas llamadas a doctores y habían tomado un taxi a la estación de autobuses foráneos. Finalmente supo qué responder.
—Como padre, lo peor que te puede suceder es saber que tus hijos corren peligro. No justifico que Riven fuera hiriente, pero puedo imaginar cómo debió de sentirse todo el camino. Él no sabía a qué iba a enfrentarse al llegar.
Musa se sintió dolida. Hannah no era su hija, pero eso no quitaría el que fuera una de las personas más importantes en su vida. La amaba, y era eso mismo que, aunado a las palabras de Flora, había hecho adquirir forma al sentimiento oscuro que la había invadido durante toda la tarde. Era una especie de decepción al caer en cuenta que nunca iba a poder ser suficiente para Hannah y Riven.
Se sintió sola.
— Nunca podré ser para ellos lo que para mí significan —murmuró, cansada y rendida—. Simplemente no encajo en esa ecuación. Salí por aire fresco porque, Flora, en verdad no sabes lo doloroso que es querer a alguien como a una hija y amar a Riven, y saber que nunca serás correspondida. No puedo soportar esto.
Su amiga posó una de sus manos sobre la espalda de Musa
—Estoy segura que la vida de ellos sería completamente distinta sin ti. Te aman tanto.
—Eso no cambia las cosas—murmuro de forma agria.
—Yo creo que fue un verdadero golpe de suerte que marcaras a Riven en ese instante ¿no?
Musa bufó.
—En realidad, al final no sirvió de nada.
—Por supuesto que sí. Pudiste comunicarte con nosotros e hicimos todo lo posible para regresar. Sin ti, Helio no estaría supervisando a Hannah.
Guardaron silencio durante un largo tiempo, hasta que Musa se ofreció para ir por algo de beber. Cuando regresó con un café para cada una, volvió a sentarse junto a Flora y la miró, esperando armarse de valor para hablar.
— ¿Te puedo contar algo?—preguntó, finalmente —. No les había dicho porque…todo ha sido sobre la boda de Stella y eso…De hecho, era esto por lo que llamaba a Riven. Me ofrecieron un puesto para trabajar de manager en Solaria y pedí tiempo para pensar mi decisión.
— ¡Wow, Musa! ¡Felicidades! Me alegra tanto que vean todo tu talento y esfuerzo. ¿Qué has pensado al respecto?
—Debería irme y construirme una vida allá. No tengo mucho por hacer aquí.
Flora frunció el ceño, mientras bebía café.
— ¿Esto es por Hannah y Riven?
—No. Claro que lo de hoy me ayudó a darme cuenta de varias cosas, pero Hannah y Riven no tienen qué ver. Esto es por mí. Es lo que supone que debería hacer, ¿no? Buscar mi propia felicidad. No puedo quedarme aquí a llorar todo el tiempo.
Flora consideró que lo mejor que podía hacer, como amiga, era escucharla; sin embargo, por dentro de sintió culpable de no poder creer del todo las razones de Musa.
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Riven llegó a casa de madrugada, cuando Helio le insistió que fuera a descansar. Le había asegurado que Hannah estaba perfectamente estable y que el calmante que le habían dado la haría dormir varias horas.
Encendió la televisión, a todo volumen, como Musa lo hacía y el en canal que Hannah vería; sin embargo, el vacío de la casa era inconsolable. En otro día no le habría molestado, como cuando Hannah se quedaba a dormir en casa de Helio y Flora o como cuando iba de compras con Musa y las demás chicas, pero la situación cambiaba todo.
Preparó una maleta con ropa limpia para Hannah y de entre todos los peluches que tenía su hija, se tardó un rato en escoger cuál podría alegrarla más, pues un hospital le parecía un lugar deprimente para un niño. Tras su prematuro nacimiento, Hannah había pasado mucho tiempo en una incubadora. Abandonada, porque Darcy había huido y él no quería verla. El recuerdo lo hizo sentir culpable. En esos momentos lo único que quería era que regresara pronto a casa.
Miró su reloj. Bueno, Hannah estaría dormida unas horas más y estaba vergonzosamente consciente de tener que hace una parada muy importante. Tomó una larga ducha y se afeitó, armando en su cabeza lo que le habría dicho Helio o, mejor aún, la forma amigable en la Nabu le habría señalado que haber malinterpretado los hechos en el hospital, no lo eximía de culpa.
Al amanecer preparó dos termos de café y condujo hasta del departamento de las chicas. Al llamar a la puerta, Tecna abrió en pijama.
—Riven, ¿todo en orden? Musa me contó lo de Hannah.
—Sí, ella está estable. Pero vine por otra razón —confesó avergonzado—. ¿Está despierta?
—Justamente hoy no pudo dormir. Sigue en su habitación tocando la guitarra.
Tecna le dio paso a Riven y él entró a la casa. De reojo vio que Timmy estaba sentado en el desayunador, vistiendo una camiseta se resaque y boxers. Sólo le hizo un gesto de saludo y continuó su camino. No tenía ánimos de dar explicaciones. Tocó un par de veces a la puerta de Musa y entró, viéndola sentada al filo de la cama en pijama con su guitarra acústica.
Ella le sostuvo la mirada, pasmada.
—Hannah está bien—aclaró, interpretando su expresión. Entonces Musa volvió su atención a las cuerdas.
Riven se sentó junto a ella y le entregó uno de los termos, pero ella estaba tan molesta que ni siquiera lo agradeció. No lo tomó a mal: Obtener su perdón era un ritual que habían perfeccionado con los años.
—Me dijo la maestra de Hannah que no te permitieron entrar.
—Bueno, no soy su madre—indicó Musa, abriendo el termo para beber— ¿Qué esperabas? Deberías alegrarte que nadie puede acercarse a tu hija. Lograste poner suficientes barreras para Darcy.
Riven rodó los ojos. Satisfacía saber que nadie podía acceder fácilmente a Hannah, pero era frustrante comprender el otro lado de la moneda. Observó a Musa tratando de equilibrar el termo en la cama, así que lo sostuvo por ella.
—Lamento todo lo que pasó en el hospital.
Los acordes siguieron saliendo de la guitarra y aunque Musa podía tocar si necesidad de verlas, no levantó la mirada a Riven.
— ¿Todo bien con Hannah?—cabio el tema la chica, visiblemente aun molesta.
—Dice Helio que la tendrá en observación un día más o dos, pero no irá a la escuela en un tiempo.
Se quedaron en silencio, intercalando acordes y café, hasta que los termos se vaciaron.
— Te debo demasiado por todo lo que hiciste ayer.
—Dijiste que no había hecho nada.
— ¡En verdad lo siento! ¿Qué puedo hacer para que me perdones? La maestra de Hannah me explicó que te negó la información y también las enfermeras; pero yo llegué y…lo primero que pensé al verte era que no me habías llamado, porque esperabas a decirme en persona algo demasiado malo.
Musa asintió. Lo comprendía. Había pasado la noche pensando en que pudo haber actuado docenas de formas distintas, pero nunca se le había ocurrido, para empezar, llamar a Riven. Lo entendía, pero aún estaba dolida.
Riven se recostó, con las manos tras la cabeza.
— ¿Por qué habías marcado, por cierto?
Musa suspiró.
—Para darte una buena noticia, irónicamente. Me ofrecieron trabajo de manager en la disquera de Solaria.
— ¿Solaria?
Oh, por Dios, pensó Musa cerrando los ojos. Su padre había usado el mismo tono.
—Sí, debería vivir allá.
Riven sonrió apenas con la comisura de los labios. Había algo gracioso en esa idea.
— ¿Te imaginas? Apenas puedes evitar gastar la quincena en cosas, compartiendo departamento, y en Solaria todo es el triple de caro. Además la gente de ahí es tan extravagante.
Musa deslizó los dedos por un acorde tocándolo mal intencionalmente. Miró por encima de su hombro para fulminarlo con la mirada, pero él no lo notó.
—Gracias por tu apoyo. Lamento que te quedes sin niñera.
Su amigo se reincorporó.
— ¿Qué cosas dices? Además…no creí que lo aceptarías.
—El lunes le confirmaré a mi jefa sobre irme.
— ¿Lo ves como una forma de ya no trabajar con Jason?
— ¡Riven, eso fue hace seis meses! ¡Por supuesto que no!—chilló molesta—. Tiene que ver con mis sueños. Siempre dije que quería trabajar como manager en una gran disquera y esta es mi oportunidad. Quiero ir. ¿Sabes todo lo que podría lograr si soy manager, me incluyo en el medio y todos me conocen?
Riven estaba pasmado. En verdad no había pensado que Musa aceptaría. No porque en verdad creyera que no podría mantenerse o porque tuviera poca fe en su talento, sino porque no había pensado que ella quisiera marcharse.
— ¿Y qué dijo tu padre?
—Su "haz lo que creas conveniente" es una extraña forma de apoyo, pero quizá te alegre saber que hizo los mimos comentarios horribles que tú. Parece que ustedes dos nunca pueden apoyarme al cien por ciento en mis sueños.
—Sólo vemos las cosas de un modo objetivo. Solaria es una ciudad demasiado grande e irse a vivir solo no es fácil.
— ¿Puedes fingir que me apoyas, por una vez en la vida? —Cuestionó dejando la guitarra a un lado, para encararlo— ¿Quieres que te perdone las cosas horribles del hospital? ¡Bien! ¡Sólo apóyame! ¡Necesito saber que alguien me apoya, para no tener que soportar sola esa clase de comentarios; cuando se los diga a todos y Timmy haga una estadística sobre lo poco que debería gastar, si es que quiero jubilarme un día!
Riven desvió la mirada, sintiéndose hundido. Quiso asimilarlo, en verdad quería, pero aún no podía. Todo era tan surreal. Respiró profundo.
—Harás un gran trabajo—murmuró, desganado pero sincero. Observó el cuarto de Musa. Demasiado rosa, rojo y morado. Cálido. Conocía esa habitación desde hacía años y casi todo era idéntico a cuando ellos dos iban a la universidad. Muebles blancos, el estéreo en la esquina, las mismas velas que nunca había usado en el tocador, los instrumentos musicales en otra esquina. Él mismo había instalado las repisas donde Musa tenía su enorme colección de discos. "Ya nadie compra música en este formato", le decía. Pero ella insistía en que eran especiales y que estando nuevos tenían un olor a plástico que le gustaba.
Sintió algo parecido a la nostalgia o a la derrota. Estaba demasiado cansado para asimilar que ella quería irse a Solaria. ¿No era eso lo que siempre había pensado? ¿Que se alejaría, algún día, de alguna u otra forma?
— ¿Cuándo te irías?
—Dos meses, más o menos.
—Felicidades—volvió a repetir, intentando animarse a sí mismo— ¿Eso sonó mejor?
Musa le sonrió ligeramente, apreciando el gesto, y tomó su mano.
—Ayer te marqué porque quería tu consejo, pero tuve mucho tiempo para pensarlo en el hospital. Siempre dije que quería esto, ¿no? Me aterra, pero es la oportunidad más grande de mi vida.
Riven respiró profundo.
—Sí, lo es.
Y siempre la había visto como el tipo de chica independiente. Sabía que podía lograr todo lo que quisiera, pero eso, muy en el fondo, lo asustaba.
—Stella es de ahí, ¿sabes?—añadió Musa, un poco más animada, soltando su mano—.Se emocionará, cuando le cuente y me podrá hablar más sobre la ciudad. Le pediré que me ayude a buscar un departamento.
Riven elevó las cejas, fingiendo interés. Sentía el cuerpo agitado producto de la cafeína, el cansancio y la noticia.
Un recuerdo cruzó su mente. El día que la entrevistaron para la disquera, Musa le había regalado una botella de vino, por su nueva casa; y en la noche, tras abrirla habían brindado. Le había deseado lo mejor para su carrera y aún era así, pero repentinamente no quería que ese buen deseo la alejara de su vida.
Siempre había creído que tendría tiempo para prepararse al distanciamiento de Musa. Tiempo. Meses. Años, si tenía suerte. Pero ese era el día.
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Helio llevaba a su hijo dormido en brazos, cuando llegó a la casa con Flora. Era de madrugada, así que lo dejaron en la cuna y fueron a su habitación.
Había sido un largo día, así que no hablaron mucho; se prepararon para ir a la cama y, una vez dentro, Helio apagó la luz del buró. Durante varios minutos, Flora intentó dormir, pero sin importar lo cansada que estuviera, algo inquietándola le impedía rendirse al sueño.
— ¿Helio?—murmuró finalmente, esperanzada de que él pudiera sosegarla— ¿Estás despierto?
Su esposo abrió los ojos inmediatamente, saliendo de un sueño ligero.
—Sí.
—No puedo dormir, necesito contarte algo.
Helio se incorporó y encendió la lámpara en su buró. Flora no esperaba tanta atención. Por un momento se arrepintió de haberlo llamado. Quizá no era prudente hablar de ello. No obstante, aunque estuviera cansado, Helio lo observaba pacientemente con genuino interés en sus preocupaciones.
Entonces, Flora finalmente escogió sus palabras.
—Me preocupa Musa.
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Si Helio se distinguía por algo entre sus amigos, era por su prudencia. Generalmente él—y en su momento también Nabu—, era el que solía escuchar de alguna u otra forma las inquietudes cotidianas de los demás. No es que los buscara, sino que los demás no tenían miedo de confesarles sus más recónditos pensamientos. Sospechaba que la razón se debía a que, pese a decirles algo que no quisieran escuchar o, en todo caso, no supiera la respuesta, siempre era prudente. En su círculo de amigos, ningún escándalo salía de él.
No obstante, era esa precisa habilidad lo que lo llevaba a una disyuntiva. Durante días, Helio trajo consigo el arrebato de molestia y frustración que Musa había sacado con Flora. Se alegraba por su decisión laboral, sin embargo, por más prudente que fuera, lo agobiaba conocer la versión de dos amigos que podrían solucionar todo siendo transparentes.
Dos semanas después del accidente de Hannah, durante una reunión en casa de Bloom, Riven había llamado la atención de sus amigos, para decirles que Musa necesitaba dar una noticia. Entonces los dos se habían sonreído con tanta complicidad que, mucho tiempo después Layla confesó haber creído que anunciarían un embarazo. Pero no había sido así. Musa se había revuelto, nerviosa, con su botella de cerveza en las manos y había exclamado:
— ¡Me ofrecieron el puesto de manager en Solaria!
Las reacciones habían sido variadas, pero el más feliz parecía ser su mejor amigo.
— ¿Lista para ser estúpidamente rica?—brindó Riven con Musa, mientras chocaban sus cervezas. Ella rio y ambos bebieron al mismo tiempo.
No obstante, la perspicacia de Helio, lo hizo sospechar duramente de aquella escena. Le preocupaba su amigo y deseaba hablar con él a solas, pero la paternidad y el trabajo fueron un contratiempo para ambos durante semanas, hasta que finalmente encontró la ocasión.
Celebraban el cumpleaños de Flora, en casa; así que cuando su pequeño hijo se había ensuciado, Helio lo tomó en brazos y subió a su habitación para cambiarlo. En la planta baja se escuchaba la conversación de sus amigos y la música, así que la silenciosa presencia de Riven lo tomó por sorpresa.
—Flora me mandó a decirte que será mejor que lo metas en la cuna de una vez.
Helio giró la cabeza para verlo parado en el marco de la puerta.
—Gracias—murmuró. Creyó que se iría, pero su amigo entró, echando un vistazo a una pintura colgada en la pared.
—El día más feliz de mi vida fue cuando Hannah dejó de usar pañales.
Helio sonrió imaginando ese día y su hijo le devolvió el gesto, mientras pataleaba suavemente. Entonces se llenó de valor, creyendo tomar la decisión correcta.
— Por cierto, ¿cómo está tomando Hannah lo de Musa?
—Hmm. Lloró un poco, pero creo que aún no comprende del todo la idea. Su única preocupación es que sus amigos en el kínder la olviden... así que imagino que lo asimilará, cuando ya no esté.
—Lo siento tanto, Riven. Es decir, todos vamos a echarla de menos, pero sé que tú y Hannah en especial, la extrañarán.
Riven continuó viendo el cuadro. ¿Qué se decía ante eso? Nada ingenioso venía a su mente.
— ¿Cómo te has sentido al respecto?—continuó su amigo.
—Bien—respondió finalmente, girándose hacia Helio con las manos ocultas en los bolsillos del pantalón—. Me siento feliz por ella; es lo que siempre ha soñado y ya está grande para cuidarse sola.
Consciente de que el silencio presionaba a otros a romperlo, Helio continuó cambiando a su hijo sin decir absolutamente nada.
—Le irá tan bien que no creo que vuelva —sinceró Riven—. Va a hacerse famosa y todos comprarán su música. Seguramente vendrá los primeros dos años en navidad y esas cosas, pero luego se olvidará de todos nosotros lentamente, porque su agenda la ahogará. Entonces sabremos de su boda con un músico famoso, gracias a la tele.
Helio frunció el ceño.
— ¿En verdad crees que ustedes dos se alejarán?
—Siempre supe que sucedería. Era cuestión de tiempo.
—Pues, en ese caso, ¿no crees que es el momento adecuado para hablarle sobre lo que ustedes dos han pasado?
— ¿A qué te refieres?
—Si crees que Musa se irá para siempre, lo mejor sería darle un cierre ¿no? Agradecer el tiempo que ella ha estado aquí. Que ella sepa lo mucho que ha significado para Hannah y, especialmente, para ti.
—Ella lo sabe.
—A veces las personas necesitan escuchar un agradecimiento, y sobre todo, uno mismo necesita hacerlo. Creo que mereces darle un cierre a esta situación, Riven. No guardarte todo—entonces, remató con sinceridad—...por tu propio bien.
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Añadiendo que he tardado meses en actualizar, creo que ahora les he dado alguna buena razón para odiarme.
Peeero, si necesitan alguna otra, les confieso que en realidad moría de ganas por hacer un lime en el capítulo anterior. De hecho, escribí la escena muy al estilo "tensión sexual no resuelta", pero ¡Dios!…tuve que contenerme, porque si lo pensaba en frío, Riven estaba muy dolido de ser un pañuelo de lágrimas...y hacerlos "hacer cosas" sólo habría empeorado su estado anímico y despecho. Habrían discutido, y no era la idea…así que bueno. Ese lime ahora sólo vive en mi memoria, jajajaja.
¡Oh, sí! Siempre me ha gustado la ilustración, así que hice una del capítulo 12 llamada "Riven wallet" pueden verla en mi devianart de Xali-b.
Por último. Esto es IMPORTANTE: probablemente mi próxima actualización serán DOS CAPÍTULOS al mismo tiempo, así que verifiquen los títulos antes de meterse a leer accidentalmente la segunda parte. (Porque, aunque no lo crean, me preocupa mucho)
¡Les envío besos, abrazos y les deseo un Feliz Año Nuevo!
Cereza Prohibida
