Marinette lo había tomado como algo personal.
Ella podía aceptar que viera a su padre (algo que daba por hecho de que Adrien no sabía que ella ya se había percatado de aquello), pero, ¿él no podía aceptar que buscase una joya para Damocles como la vieja detective que era? ¿No podía tener un trabajo que la hiciera sentir lo mismo que antes por una semana o menos? ¿No podía respirar del mundo de la moda por un momento?
Con la frialdad que la había tratado a partir de ese momento en el que le dijo que no debía hacerlo no por ella, si no por todo el mundo del chismorreo, sintió algo arder dentro de ella. No era odio, amaba a su marido, pero odiaba como a había tratado. Ella no era una joven, había tocado y hecho sangre, no necesitaba de su ayuda para encontrar una joya de jade. Pero sentía frío cuando dormía sola en una habitación aparte. Era un choque demasiado fuerte.
"Dupain-Cheng... así que aceptas" fue lo primero que le dijo por teléfono el ex-jefe Damocles. No sabía si lo decía en tono burlón o serio "¿Has leído hasta el último punto?"
"Hasta la última coma" respondió seria mientras removía el café con la cucharilla de forma rápida "Solo me parece demasiado simple"
"A otra persona no se lo daría si no me respondiera eso"
Damocles debía recordar que tan eficiente y obsesiva podía llegar a ser cuando leía la nueva información del caso. Desde que era una joya realmente antigua, de origen chino y a que valor podían llegar joyas como esas, podía comprender mejor porque le había pedido a ella.
"Empieza por buscarla en auditorios y zonas generales de interés turístico de París. Marinette, cuento contigo. Y que nadie te pille"
Sabía que no decía aquello porque si. Era un principio básico: si la pillaban, podía parecer que estaba robando la pieza costosa en cuestión. De la misma forma, debía cuidar su apariencia, pues si alguien la descubría podría afectar a la marca de moda y otra mano de problemas que no le apetecía encarar. Solo por ello escogió cuidadosamente su disfraz. Dejó su teléfono y la identificación en la casa antes de marcharse sin explicar a Natalie ni dejar una nota para su marido.
El auditorio principal se notaba cambiado desde la última vez que fue, hacía ya algún tiempo. El vigilante la había dejado entrar con la excusa de que se había perdido uno de sus objetos más preciados y no estaba en objetos perdidos. Miró, buscó y no dejó trozo sin registrar. La pieza de jade no estaba. Tachó el auditorio de la lista de lugares por donde buscar y siguió buscando. Por un momento se sintió un poco tonta: claro que no iba a estar en ese lugar, si no, Damocles no hubiera pedido su ayuda. Pero le gustaba tachar los lugares obvios pues a veces eran donde estaban por algún motivo tan sencillo como el descuido.
"¿Dónde estas, Marinette?" preguntó Adrien por teléfono al medio día. Tomó su pequeña comida en una hamburguesería en un lugar un poco apartado antes de seguir con la búsqueda. Su breve silencio la delataba, pero le restó importancia. "Por un día que puedo comer contigo..."
"Que casualidad que sea justo el día después de discutir" el tono irónico revelaba esa molestia que tenía Marinette. A veces no le quedaba otra que hacer caso, pero en ese momento le pareció demasiado. "Nos vemos a la noche"
"Esto me parece exagerado"
No le dejó hablar más. Simplemente se encerró en sus palabras, en su resentimiento y ese algo que había reprimido con gran fuerza había apretado más fuerte de lo debido la pantalla para cortar la llamada. Era un lado negativo que odiaba de ella misma. Había intentado cambiarlo para que su relación y nueva familia fuera a mejor, pero vio que ante una crisis se estaba comportando de una forma un poco egoísta, como él había hecho.
Porque, para Marinette, que Adrien hubiera roto su promesa por su padre le parecía un acto igual o peor que egoísta por ocultárselo.
Ya estaba llegando el anochecer cuando Marinette revisó con rabia los lugares que aun le faltaban por visitar. Sus retrasos se habían dado por culpa de algunos shows ya programados, errores y algún que otro fanático, por no nombrar la poca cooperación de algunos acomodadores. Intentó relajarse. Era normal.
"Perdone, señorita. Tenga" una joven en mitad de la calle le había tendido un folleto publicitario de una joyería un poco cercana a la estación del metro al que debía ir.
"Gracias" pensó en tirarlo en la boca del metro, pero había una pieza de joyería que la había sorprendido. Por una parte, era desagradable ver que las mariposas estaban de moda: exuberantes piezas de broche hechas de ópalo, amatista y otra serie de joyas, anillos, colgantes, horquillas, pulseras, pendientes... ¿Qué pensarían los familiares de las victimas de las mariposas ante esa muestra de poca sensibilización? Pero, en la otra cara, estaban las piezas que tanto buscaba: largas piezas para el cabello, y uno de ellos era de jade. No tenía los mismos detalles que el que buscaba, y había una gran variedad desplegada al lado de las ofertas de colgantes de zafiros. Se aceró a la carretera y llamó la atención de un taxi vacío para llegar cuanto antes a la casa.
Nada más llegar, cayó a Natalie y cerró la puerta de su despacho con llave. Cogió su móvil y marcó el número de Damocles.
"Señor, ¿para qué quiere que le busque una pieza que aun esta en venta? Es sustituible"
"Por la historia que encierra. Marinette"
"Pero, señor Damocles, ¿qué historia?"
"Lo sabrás cuando la encuentres"
"¡Marinette!" escuchó gritar a Adrien detrás de la otra puerta. Colgó la llamada y abrió la puerta, mentalizandose en que ese momento iba a ser un tanto desagradable. "No me gusta nada lo que está pasando"
"Tu eres de las personas menos indicadas en hablar, Agreste"
"No me cambies de tema. Sabes que esto no es sano..."
"¿Y lo es que este encerrada como una esposa abnegada diseñando como una loca mientras tu estas a saber donde? ¡Solo estoy buscando una joya!"
