"Señorita Dupain-Cheng, sentimos que no haya encontrado lo que buscaba"

"Estará en otra parte. Gracias por su ayuda"

Ese era el último lugar. Desde aquella discusión desagradable donde no le gritó a Adrien todo lo que sabía, la casa se había vuelto aun más fría, igual que su animo. No estaba dispuesta a aguantar más estupideces, solo buscaba una joya mientras él visitaba a un preso. Tenía la fe en que todo cambiaría en cuanto encontrase aquella joya, a pesar de que no le quedasen más sitios que visitar. Tuvo paciencia e intentó acordarse de los documentos: de explicación sencilla, las últimas pistas... realmente no revelaban gran cosa. Ni quien había sido su dueña anterior. Decidió usar la foto para ir visitando algunas joyerías que pudieran dar alguna pista de donde podría estar lo que buscaba.

"Lo sentimos señorita, nuestros modelos no son como estos" fue lo que cada joyería pudo decirle.

Todos eran modelos diferentes, despampanantes y terriblemente mal ornamentado con las demás joyas, haciendo una búsqueda sencilla en difícil y adictivo. Debía encontrar la pieza no solo por Damocles, también por ella y ese orgullo que podría demostrar a Adrien que no había cambiado y no cambiaría esa emoción por ser diseñadora.

"Señorita, venga a la exposición" le tendió una papeleta una chica de improvisto, antes de ir a cenar a cualquier lugar. En vez de tirarlo, decidió leerlo con sumo cuidado. Era una exposición gratuita de fotos de antiguas modelos. Con tal de atrasar su llegada a la casa, decidió ir a verlo. No era en una solo que hubiera apuntado donde buscar la pieza de jade, pero igualmente quería probar a ver si había algo que la ayudase.

Algunas fotos se le hacían recientes, otras estaban en blanco y negro. Algunas mostraban una belleza natural, otras se notaba el exceso de maquillaje y en algunas mujeres notaba el grotesco horror de la anorexia. Todas ellas enseñaban algo, pero Marinette podía ver que era puro humo: anuncios que intentaban vender algo que la gente realmente no necesitaba. La venta gratuita de belleza. Una de aquellas fotos le llamó la atención: la mujer que se encontraba en un parque, agachada ajustando sus zapatos mientras más adelante (y perdido en el difuminado fondo) un hombre le esperaba. Se dejaban ver las piernas blancas desnudas hasta el principio del corto qipao blanco con unos detalles verdes formando hojas verde esmeralda, centelleando en el momento de la foto. En su mano se podía ver la pulsera y anillo que se promocionaban, finos y elegantes a la vez de un tanto discretos. En su pelo, enredado, se podía ver también el pendiente. No destacar era la mejor forma de destacar. En su pelo, enredado, se podía ver el principio del palo verde jade que entraba en la combinación. Se acercó para ver que ese principio era idéntico al que buscaba. Solo necesitó acercarse un poco más para ver que la persona que estaba en aquella foto era una de las personas que más quería. Sacó una foto y siguió adelante, para ver que no era la única foto que promocionaba aquellas finas joyas, de otra persona, con otro traje diferente pero igual de fino y sencillo, luciendo la misma joya.

Esas coincidencias no eran casualidades, había algo más, algo que el propio Damocles sabía y no le iba a decir. Un contexto que no conocía y parecía necesitar conocer.

Terminó rápida la visita para poder ir corriendo a su vieja casa. El matrimonio Dupain-Cheng seguía en la misma esquina, con su misma panadería. Aun si haber cruzado la calle, pasando delate de su antiguo colegio (que miró con un poco de nostalgia pero no se detuvo, pues el asunto que quería tratar en cuestión era mucho más importante) se podía oler el pan recién hecho. Aun seguía entrando y saliendo gente y en los escaparates se colocaban desde tiernos panes a hojaldrados con chocolate, donuts o pequeños manjares celestiales. Un poco de morriña se metió en sus ojos.

"¡Marinette!" exclamo su madre, Sabine Cheng, recibiéndola un poco sorprendida pero con un gran abrazo. "si hubieras avisado, hubiera preparado algo... ¿donde esta Adrien?"

"...Tenemos que hablar, mama" dijo un poco cabizbaja.

Cambió la placa de cerrado y la llevó al interior. Marinette sonrió, con esa nostalgia congestionada en sus parpados, que no dejaban de moverse para evitar sacar alguna lágrima. No podía negar que echaba de menos la vida en familia. Ese calor en el hogar, la confianza, no necesitar de terceras personas para poder llevar la vida compleja por lo sano. Aun podía acordarse de esos años viviendo sola. Eran sencillos pero dejados, y realmente no terminaba de encajar esa soledad si lo estresante que podía ser llegar a tocar lo policial.

Su madre sacó un juego de tazas y puso el té a calentar. Podía escuchar como sacaba del tarro artesano aquellas galletas con relleno que de joven tanto le gustaban. Solo deseaba que su hijo o hija pudiera disfrutar de ellas sin problemas familiares.

"¿Qué te pasa, hija? Normalmente no vendrías así..."

"...Estoy embarazada, mama"

"¡Oh! Enhorabuena, hija mía, serás una madre estupenda" sonrió su madre "y Adrien..."

"No lo sabe todavía" cortó su frase "Aun no se lo quiero decir por... unas cosas"

No quería decirle que aun visitaba a su padre en la cárcel o que estaba metida en un favor personal al jefe Damocles. Conocía a su madre a la perfección, no lo vería con buenos ojos. Pero, a todas, ella pudo notar que estaban en una crisis normal de cada etapa de pareja.

"Todas las parejas han tenido un momento de crisis, Marinette, podréis superarlo"

"Mama, ¿puedes explicarme qué es esto?" sacó su teléfono con una foto, del que ella se sonrojó violentamente

"un trabajo que hice para poder ayudar a tu padre a pagar material" aquella respuesta la descolocó completamente. Parecía demasiado simple y del que no tenía razón para sentir vergüenza teniendo a su hija trabajando en la industria de la moda. "¿dónde has visto esta foto?" preguntó antes de darle un sorbo al té

"una exposición gratuita" respondió tranquila "dime...¿para que campaña era esta foto?"

"Una joyería y la nueva linea de ropa del señor Agreste. Su mujer lucía hermosa con las mismas prendas y joyas, pero querían un toque auténtico a todo aquello y me propusieron una buena cantidad de dinero por hacer esa y algunas escenas más"

"¿Te regalaron las joyas y la ropa?"

"Comprenderás que pedí que las cambiaran por dinero"

Agradeció el té y hablaron un poco más. Marinette no quería manifestar que solo quería preguntar aquello. Le quedaron grandes dudas enquistadas, notaba que algo no encajaba en la búsqueda de la pieza, que había una incógnita muy grande en todo aquello. Se sintió tentada a llamar a Damocles, a pedirle la verdadera razón por la que le pedía buscar un trozo de jade. Una sub historia del que Marinette se veía obligada a enterarse. Solo entonces se acordó de las palabras de su madre. Debía buscar en la casa y hablar con el señor Agreste sobre aquello. Debía aparecer en alguna parte.

"Señorita, ahora está reunido con su hijo" le dijo uno de los guardias. Marinette no supo porque se había sorprendido, si aquello ya era de dominio público. "Si quiere..."

"No" le cortó de inmediato "y no le diga ni a su hijo ni al preso que he estado aquí"

Aquello le servía para buscar por toda la casa aquel objeto de la discordia, maldiciendo entre dientes aquella "crisis" que estaban pasando.