"llevas unos días en casa ya... ¿has dejado de buscar lo que Damocles te pidió?"
"Sabes que no... ¿y por qué has llegado tan tarde?"
"Trabajo"
Marinette no pudo aguantar una pequeña risa de ironía pura. No paso desapercibida, pero también le dio igual. Ya no quería fingir que todo iba bien en aquel matrimonio. Había una crisis de la que eran conscientes ambos y simplemente ninguno quería dar el primer paso para arreglar por su firme convicción de que lo suyo era lo realmente correcto y no lo otro. Marinette quería contar con su apoyo, ser ese equipo que podía con cualquier caso hasta que llegaron las mariposas, pero esa desconfianza, ese algo que ella no sabía decir que era, simplemente podía más que su amor (o sentimientos sinceros, ya solo sentía que no sabía distinguirlos). De la misma forma, aun no se había atrevido a contarle toda la verdad a Adrien, de que en el caso de esa pieza de jade estaban sus padres implicados o el mismo embarazo, eran un cóctel que creía poder manejar, pues visto lo visto no se sentía con ganas de dar un avance para que la familia que estaban formando se rompiera.
"¿Cenamos juntos o prefieres terminar lo que estés haciendo?"
"Hace tiempo que no cenamos juntos, ¿no?"
No le gustaba repetir tantos momentos tensos, pero tampoco quedarse callada. Un gran sentimiento de impotencia salía, nacía de forma súbita y oprimía salvajemente su pecho. ¿Cómo habían llegado hasta ese punto? Solo unos días, otro trabajo, algunas mentiras... ¿Eran suficientes para romper una relación sincera?
Si la respuesta era que si, sin duda alguna sentiría una injusticia e impotencia mayor por no haber hecho nada para intentar salvar algo. Y sabía que sería peor para la criatura que estaba dentro de ella.
No dijo nada e intentó llevar la fiesta en paz, dejando que, cuando estuviera sola, buscara algo que tuviera que ver con la pieza.
"Cuantas cosas..." susurró Marinette cuando visitó el depósito que había debajo de la casa. A pesar de ser un sitio espacioso y bien ordenado, con buena iluminación, ver tantas cosas desperdiciadas, la abrumaban un poco. Sus expediciones iban de poco a poco, escrutando cada centímetro, cada cajón y hueco existente. No quería dejar hueco sin mirar, pues al ser una pieza tan fácil de ocultar, sabía que podría estar en cualquier parte. Debía encontrarlo antes de que Natalie sospechara y dijera algo a Adrien. "...¿por qué no encontraré esta maldita joya?"
Si bien se sintió tentada a llamar a Damocles una vez más, decidió seguir buscando en la casa. Solo encontraba cosas dignas de pertenecer al basurero o a un museo de la moda, pero estaban ahí, ocultos a todo el mundo, cogiendo polvo como cualquier otro trasto. Decidió sentarse cuando notó una gran presión por el cansancio. Tendría que darse una ducha para que no viera en que había estado trabajando realmente. Se sentó en uno de los viejos sillones y estudió el sitio únicamente observando hasta donde alcanzaban los ojos. Aun le costaba hacerse a la idea que aquello era también suyo, cuando no lo veía como tal. Se fijo en unas viejas estanterías, había mirado antes y sabía que aquello eran viejos álbumes que no se había parado a mirar por el tiempo. Decidió hacer un pequeño esfuerzo para poder cogerlo y darle un breve vistazo.
"Que monos" se le escapó en voz alta al ver al principio unas fotos de Adrien de niño. Siguió mirando y vio algunos de la pareja, de la señora Agreste embarazada, el señor Agreste sonriendo... eran imágenes que no pensaba que vería aunque fuera en una foto. Una familia feliz que se vería manchada por la tragedia. "...me lo imaginaba" se escapó de sus labios al ver que si habían fotos de la madre, antes de quedarse embarazada de Adrien seguramente, con aquella joya en el pelo, destacando en un moño desenfadado rubio. Entendía porque habían buscado a su madre, encajaba más en el papel que la señora Agreste a pesar de ese encanto natural.
Revisó la hora que era y decidió coger una foto y dejar el álbum antes de ir a ducharse. Sin duda alguna todo era demasiado ligero y no terminaba de encajar algunas piezas de la historia. Aquello era lo que menos le preocupaba, lo que realmente ocupaba la cabeza de Marinette era encontrar toda la joya en si, terminar con todo para ver si podría dejar de estar tan defensiva en la misma casa.
Necesitaba hablar con el señor Agreste, con Damocles, con su familia y el espíritu de la fallecida señora Agreste solo para saber donde estaba el jade y cual era el trasfondo de todo.
