"Señora Agreste, solo cinco minutos"
Si bien le había costado convencer al operario de que nadie interrumpiera y que si llegaba Adrien que lo distrajera, se sentía demasiado nerviosa. No tenía un guión, no sabía que decir, estaba ahí, queriendo hablar con el hombre que amenazó con matar a sus padres de una joya perdida. Tenía la foto en el bolso, entre las hojas de un cuaderno que pretendía usar para apuntar los datos que necesitaba nada más salir. Solo deseaba que fuera colaborativo, si no, tendría que pedir más de una explicación a Damocles y sentiría una pequeña decepción sobre si misma por no poder encontrar el objeto en cuestión y centrarse más de lo que debía en la historia que encerraba.
"cuanto tiempo, señor Agreste" saludó ella a través del teléfono. A pesar de tener en medio un cristal a prueba de balas y policías, sentía un miedo a lo inesperado totalmente irracional.
"Debí imaginarlo" sonrió el hombre con un toque que molestó demasiado a Marinette, pero hizo un esfuerzo para que no se notara. "¿Qué necesitas de mi, nuera?"
"Explicarme esta foto" en frente de la cristalera, a la altura de los ojos del preso, puso la pantalla de su móvil la foto que había sacado a su madre con aquella joya. Le quitó la imagen para ver que su rostro serio de siempre había cambiado a uno de asombro y casi enfado
"Trabaje con tu madre porque necesitaba dinero. ¿Qué más quieres saber?"
"La verdad, señor Agreste"
"Ahí tienes tu verdad: ella trabajo para mi en varias fotos porque mi mujer no encuadra con lo que la campaña quería. ¿Por qué no le preguntas más a tu madre?" el gesto nervioso de los dedos de Marinette la delató "... vaya con la familia, mentirosa como ella sola, ¿no crees?"
"¿Qué paso?"
"Nada"
"¿Qué fue de la joya?" preguntó de sopetón, harta de ese juego barato donde el preso podía decir cuanto viera y no soltar de lo que realmente buscaba. Sacaba de sus nervios aquella situación, realmente su aguante había mermado demasiado
"La tiene tu madre"
Sin despedirse, se levantó de su sitio y a paso ligero, ignorando a su espalda la risa burlona del señor Agreste y las amargas palabras que quería dejar en el viento en vez de su cabeza. Aquellas mismas que le recordaba como cada día le mentía para visitar a semejante psicópata. Gracias a él, las mariposas habían cobrado un nuevo sentido, un significado y estaba logrando hacerla dudar de su integridad y sinceridad.
Salió corriendo de la cárcel para llegar cuanto antes a la panadería. Deseo que Sabine Cheng no estuviera en el mostrador, con su sonrisa dando una barra de pan a la nueva clienta desesperada por saber que más cocinar para la familia o algún dulce para el adolescente que salió del colegio cercano, deseaba que nada más entrar por la puerta que hacía esquina y emitía un suave sonido de campana estuviera Tom Dupain con un delantal y una sonrisa regalando a escondidas algunos dulces, contando la verdad por esa incapacidad de mentir tan natural que tenía.
Abrió la puerta con mano temblorosa, pensando que estaba siendo un tanto impulsiva con todo aquello y la búsqueda de una joya. Deseaba no tener la razón y que todas las teorías que habían nacido fueran realmente falsas.
"Hija, ¿qué haces en casa?" preguntó su madre al otro lado, un tanto sorprendida mientras dejaba una tanda de donuts recién glaseados al lado de los chocolateados
"Necesito hablar con papa"
"Esta en la cocina..." se quedó sorprendida (aun más si cabía) al ver como entró atropelladamente a ver a su padre.
"Necesito hablar contigo" fue lo primero que le dijo nada más entrar y ver como estaba sacando los bizcochitos que iban a vender. "Es urgente"
Asintió con la cabeza, dejó la última bandeja de masa cruda en el horno a cocinar y se quitó el delantal para sentarse con ella. Le ofreció uno de los dulces recién hechos pero ella los negó de una forma un poco tosca. Respiró hondo antes de intentar hablar con él de aquel tema.
"No se si mama..."
"Lo de las joya de jade" adivinó el al instante, con un rostro serio nada habitual en él. "tu madre ya me dijo que hablasteis e ello... y me da que ya adivinaste de que te mintió"
"Por favor, dime la verdad... ¿esa joya aun la tiene mama?"
"Gracias a dios que no" dijo él con un soplo bastante pesado, un signo claro de que algo no pintaba demasiado bien, una historia tan pesada como el horno que se escuchaba calentando los bizcochos que saldrían a la venta. Con su mirada apremió a su padre a que le contara todo lo que había de trasfondo, pero Tom no parecía convencido de querer contar.
"Alguien necesita que encuentren esa joya... dime, por favor, quien la tiene"
"No lo entiendes Marinette... no busques esa joya y deja de buscarla. Dime, ¿tu marido esta de acuerdo con lo que estas haciendo?"
"Claro que no, pero ese no es el punto. ¡Eres el único que puede ayudarme con este caso, por favor, papa, dímelo!" apremió ella perdiendo totalmente los nervios, harta del secretismo barato que escondía una simple joya para el pelo
"Se la regalé a la señora Agreste" dijo su madre entrando por la puerta. "porque me lo regalo Gabriel al ver que me iba a marchar al obtener el dinero por esas fotos"
"¿Por qué me mentiste?" su pregunta fue bruta, sin anestesia y con ese tono de hija decepcionada
"Ese hombre es el padre de tu marido, ¿no? ¿cómo crees que lo tomaría él? Además, no es una historia muy agradable" Su tono serio iba acompañada de sus pequeños y sonoros pasos por los zapatos golpeando el mármol del suelo, acercándose sin mirar su pequeña familia para coger los bizcochitos "Tom, cuéntaselo tu que yo voy a ver que la gente no se lleve sin pagar las galletas"
"Tu madre y yo necesitábamos dinero, había que pagar muchas cosas, y queríamos tenerte ya en la casa" dijo con una sonrisa llena de nostalgia que no lograba tranquilizar a Marinette. "y bueno, salió ese trabajo pequeño que pagaban muy bien. Incluso le ofrecieron regalar más joyas a parte de ese palo para el pelo. Solo... las cosas se torcieron y Sabine ya no se sentía realmente cómoda trabajando ahí. Le costó admitirme que, bueno, me había salido contrincante"
Aquella indirecta explicaba un poco porque su madre no quería trabajar en aquello. Pero no terminaba de calmar las llamas de la ira que se habían encendido en Marinette, al ver que su madre no había sido sincera con ella en ese tema e hiciera que perdiera un tiempo precioso. A la vez, no explicaba porque no encontraba en la casa aquella joya, en el deposito lleno de objetos de la señora Agreste. De la misma forma, le dejaba con una mentira en los labios, dispuesta a salir si Adrien le preguntaba de la historia de esa joya, pues no quería destruir aun más la imagen de su padre asesino.
"Entonces... ¿Qué? No encontré esa joya en ninguna parte ni de la casa, el deposito y el mismo señor Agreste cree que lo tiene todavía... ¿Quién me miente?"
"Nadie. El señor Agreste lo cree. Porque Sabine, al dimitir dijo que cambiaran las joyas por dinero y ella recibió incluso por...lo que estas buscando. Pero Gabriel se lo dio" Aquellas últimas palabras los dijo de tal forma en la que se notaba que su padre no le había perdonado que estuviera detrás de su mujer en aquellos difíciles días "Así que habló con ella y se lo dio, argumentando que realmente se lo debió regalar a ella en vez de a una simple trabajadora que se marchaba por sentirse molesta por tantas muestras de cariño inmerecidas"
"Debió contármelo"
"¿Para qué, hija?"
"Estoy en busca de ese jade y simplemente no aparece. Alguien o lo robó o... Me tengo que ir."
"Espera" la paró en seco "¿Quién te pidió que la buscaras?"
"Da...Damocles" Se atrevió a decir su nombre, saltando ese principio ético de no revelar información
"Entonces ten cuidado"
Marinette salió corriendo, sin despedirse de su madre. Había tenido suficiente, y sabía que habían tantas incógnitas que no entendía. La historia era sencilla, un amor entre trabajador y jefe mal llevado con una respuesta de su madre que no se esperaba. No sabía siquiera si creer a su madre y padre. Ya no sabía siquiera en quien debía creer, incluso Damocles le parecía una persona lejana de lo que creía que era su jefe.
Todo se volvía negro, como la vista.
Ni se había dado cuenta de como caía desmayada, con el grito de sorpresa de algunas chicas que pasaron a su lado y un desconocido se acercó a ver si estaba bien.
