"Vale... no ha sido nada, efecto del embarazo, pero la próxima vez, ve más tranquila. Relájate y ni se te ocurra volver a exponerte a emociones fuertes"
Marinette asintió y se levantó, tranquila.
"Podrías pedirle al padre que te consienta un poco ahora que estás en estado"
Sonrió con ironía antes de marcharse. Había inventado mentiras en su casa para justificar que no fuera a dormir, como si fuera algo obligatorio. Todavía no podía decirle a Adrien que estaba embarazada, quería terminar el caso antes de hacer nada, y ver esas facetas de su marido realmente la molestaba. Nada más salir por la puerta principal, vio a un chico de pelo rojo mirándola fijamente. Se acercó a él.
"Perdona... ¿Cuál es tu nombre?" aquella pregunta la sorprendió un tanto "Perdona, es que soy la persona que te socorrió. Soy Nathanaël"
"Em... gracias" se sonrojó, un poco avergonzada "Soy Marinette"
"Como para no saberlo. Eres una persona importante en la moda, con el señor Agreste" aun no se terminaba de acostumbrar a aquello "Bueno, por lo menos déjame llevarte a tu casa. Es que..."
Si bien sentía que ese chico era un poco atrevido a pesar de su sonrojo, realmente no sabía como decirle que no. Pero en vez de llevarlo a su casa, le pidió que la llevara a la comisaria explicando que debía poner una denuncia. En el camino, tuvieron una conversación suave de arte y moda, en el que Marintte se dio cuenta que realmente hablar de todo ello la dejaba un tanto agotada, pero igualmente la animo ver todos los dibujos que tenía el chico. Unas sensaciones contradictorias que no había vuelto a experimentar después de sus primeros diseños (vuelta a aquel mundo que dejó por la policía) que no dejaban ese momento un indiferente.
Salió de forma rápida, no sin antes guardarse el teléfono del chico al que llamaba de forma amistosa "Nath". Entró de forma precipitada y al inspector de la entrada (antiguo gran compañero suyo) le preguntó si estaba Damocles. Él, de forma un tanto extraña, le dijo que en todo el día no iba a estar, creando en Marinette un estado de alerta. Salió del recinto para llamar, pero saltaba la voz anunciando que el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura. Intentó relajarse para no tener otra crisis y pidió un taxi para ir a su casa. Si es que a aquello le podía llamar casa.
"¡Señora Agreste!" llamó su atención nada más verla Natalie "El señor estaba preocupado por usted..."
"Ahora no, Natalie, quiero... trabajar"
"El señor esta en el comedor, esperando por usted"
Desconfiada, deseando que no hubiera encontrado los papeles o supiera de su hospitalización, entro con paso decidido. Él estaba serio, con un café aun humeante. No quería discutir, pero el ambiente tan opresivo decía todo lo contrario.
"Marinette, tenemos que hablar"
"Adrien, no me asustes..."
"Tu sabes que confió en ti, ¿no?" ella asintió "¿Tu confías en mi?"
"...No me has dado motivos para no hacerlo"
"Tu y yo sabemos que no es así" sonrió de una forma que sabía que no traía nada nuevo, casi ironía acompañada de un silencio en el que él se ponía de pie "He visitado todos los días a mi padre, no he sido capaz de cumplir mi promesa"
"Adrien, dime la verdad. Si ya sabías que lo adiviné, ¿Por qué no me lo dijiste?"
"...No se. Pero, le busqué un buen abogado y..."
"...No" ella ya adivinó por donde iban los tiros. Realmente se sentía asustada, como si lo que tenía delante no era más que la sombra del chico que se había enamorado algún día. "Esto es una broma y no está pasando. No está pasando"
"Escucha, Marinette, cariño..."
"Me marcho" fue lo primero que se le escapó de los labios. Se dio la vuelta, y con lo poco puesto que tenía, salió corriendo a la calle. Podía escuchar en la lejanía los gritos de Adrien pidiendo que parara, podía notar sus zarpazos para alcanzarla, podía notar la mirada de Natalie, pero ellos no podían sentir toda la nausea que sentía, un asco tremendo, casi sentía que iba a vomitar en aquel mismo momento. Más que insultos o gritos de réplica, solo salían arcadas amenazando con devolver lo poco que tenía en el estómago. Si esa era una pesadilla, estaba bien lograda.
Se sintió tremendamente sola y desamparada después de tanto tiempo. Sin un lugar a donde ir, plantada en medio de un parque que no volvía desde joven para jugar a los detectives, sabiendo que Adrien y la ayuda que hubiera pedido la estarían buscando sin éxito. Retazos de felicidad que sentía más lejanos que nunca.
Sentada en un banco, viendo a los niños felices y madres bien vestidas a diferencia de ella con una falda sencilla, unos zapatos que de todas las carreras ya le hacían daño, igual que sus muslos por las rozaduras y no hablar de las manchas de sudor en la camiseta que llevaba desde el día anterior. Empezaba a salir el frío de otoño, y ella vestida como si saliera de un catálogo de verano necesitando una ducha y una ropa más limpia. Se preguntó cuando se había perdido, porque esa Marinette realmente no era ella. Ella abandonó en sus locuras de juventud esa idea de ser modista atraída por el mundo de detectives y crimen, deseando ser parte de hacer de París un lugar mejor.
Y estaba casada con el idiota que iba a dejar en su casa a un criminal porque era su padre.
Muy bien, Marinette, muy bien.
"Te veo muy bien, Marinette" La voz de hombre entrado en años entró como una aguja, de forma dolorosa por un momento. Era el ex-jefe Damocles. "Espero que no te importe que me siente a tu lado"
"Señor Damocles..."
"Me da que no has encontrado el Jade" dijo él con un tono de lastima "te has centrado demasiado en el pasado. Pero...¿Qué haces aquí? Ya casi es de noche, Adrien debe de estar preocupado"
"tengo que separarme de él porque Adrien va a..."
"Ya lo se, he tramitado todo conmigo para buscar los mejores huecos de la acusación que dimos" Aquello hizo que ella saltara, asombrada "Bueno, su nuevo abogado ha encandilado al nuevo juez"
"Que suerte... Solo espero que comprenda que no me apetece compartir casa con el hombre que amenazó a mis padres de muerte"
"Marinette, ¿no es un poco extremista esa decisión?"
"Bueno, no le digo como se puso cuando le dije que iba a buscar su jade." se intentó calmar en un extraño silencio que se había formado de la nada "Damocles, por favor, cuénteme la historia para saber quien tiene realmente ese jade y para quien es. Usted tiene que decirme la verdad, he escuchado demasiadas mentiras"
"Una marca de joyas y la marca de ropa del señor Agreste se pusieron de acuerdo para hacer unas campañas al más puro estilo asiático en París. Era uno de los primeros proyectos y se intentaba cuidar hasta el mínimo detalle. Era justo en unos días donde yo me estaba estrenando como corta calles por primera vez, pues no querían que saliera otra marca. Pero había un fallo: necesitaban a una asiática de verdad, y no a la señora Agreste. Tu madre apareció como un ángel, buscando trabajo para ayudar a su marido... realmente era eficiente, intentaba hacerlo todo más llevadero, pero entonces paso algo que nadie se espero"
"El señor Agreste se enamoró de mi madre"
"Bueno... encaprichar, porque realmente amaba a la madre de Adrien."
"Ex-jefe, usted sabe que eso son gilipolleces. Nadie puede decir que se quiere a una y ama a la otra. El corazón no es de mil piezas"
"Tu padre se enteró y se encaró a él, pero nadie le creyó. ¿Quién iba a creer a un simple panadero? Solo entonces Sabine demostró que prefería a su marido a ese mundo de sombras y falsedades y dejó al equipo colgado en la última sesión. Le dieron un aumento solo para que fuera a terminar con ella pues con ella si se mostraba la verdadera belleza de las joyas y de la ropa. Fueron momentos muy tensos, pues querían seguir trabajando con ella pero Sabine ya lo tenía decidido: no quería nada que ver con los Agreste. Aunque quizás a cambiado de opinión después de que te cases con su hijo"
"Ahora entiendo esas fotos tan extrañas y porque a mi padre le molestaba que habláramos del tema hasta el punto de mentirme. ¿Ahí acabó todo?"
"No. Sabine pidió que cambiaran las joyas por dinero, pues no quería nada de gente tan falsa y desagradable. Igualmente, como último regalo y por ese "amor que no se dio", Gabriel el dio el jade para el pelo"
"Entonces lo tiene mi madre"
"No. Lo tiene la señora Agreste. Tu madre se lo regalo después de decirle que no quería ni merecía regalos de Gabriel"
"Estará en el deposito, perdido o..."
"No, lo tiene la señora Agreste"
"Es imposible, la señora Agreste está muerta" razonó ella al instante "Tiene que estar perdido en otra parte"
"No, Marinette, Juliette* Agreste sigue viva y tiene la joya. Tienes que encontrar el jade para encontrarla a ella"
*Juliette= Hasta donde yo se, la madre de Adrien todavía es una sin-nombre, así que me adelanto con un nombre típico como este para el fic. Desconozco si en otra historia se haya usado este. Hay que decir que creo que le pega, pero ya nos dira el señor Thomas a ver cual será.
Perdonad el paron, entre las clases y otra serie de cosas, ya ni sabía donde vivía.
