" Entonces… ¿has roto con Adrien? "
" Me he ido de casa y le pediré el divorcio, mama "
Las disculpas entre madre e hija sólo había durado 2 minutos un tanto tensos y la madre ya estaba preguntando por aquel chico extraño que estaba a su lado, con una sonrisa bastante contento por el cruasán gratis.
" ¿No eras feliz con él? "
" No se… creo que si, a pesar de saber que me estaba mintiendo, yo lo amaba, pero no se si éramos felices "
" Eso es que no lo eras. " llegó a la rápida conclusión su madre. Marinette se mordió el labio, intentando no pensar que aquello fuera verdad. No podía mentirse, no aceptaba y no podía vivir con una sonrisa sabiendo que ella si estaba dando su mayor esfuerzo por alguien que no tenía la intención de hacerlo. Su madre le cogió la mano, en un intento de mostrarle la empatía y comprensión de una madre. " Gracias, mama. " le dijo con una tímida y un tanto falsa sonrisa.
" ¿ahora que vas a hacer? " preguntó ella tras un breve silencio lleno de complejidad " ¿Vas a seguir buscando la joya de la señora Agreste? "
" Más que nunca, lo necesito encontrar y cuanto antes. ¿No tendrás alguna pista? "
" No estaba mucho con ella, solo trabajaba, pero te puedo asegurar que cuando le di la joya, ella lo guardó en un joyero muy bonito "
" Eso ya miré y nada "
" ¿No será que ella lo guardaría en una de esas cajas de seguridad? "
A la joven se le encendieron las bombillas al escuchar aquello. No quería decirle a su madre que sabía que Julette Agreste estaba viva, escondida en alguna parte y la única cosa para encontrarla era aquella joya. Se despidieron de sus padres y fueron directos a buscar una abogada para que llevara el caso de la forma más discreta posible. Quizás si hablaban en vez de agarrar y marcharse sin más, habría una ínfima posibilidad de poder salvar su relación, pero el maldito orgullo y el resentimiento la empujaban a hacer las cosas sin mirar atrás. Además, no era cualquier mentira: tenía a un asesino en su casa. Por mucho que intentara justificar con estupideces, no podía verlo como tal. Solo podía ver en Gabriel Agreste el posible asesino de sus padres, al despiadado Hawk Moth que se había hecho cabeza de Nooroo. No podría existir terapia para llevar aquello como era.
" Natalie, dile al señor Agreste que estoy aquí " Dijo con tono serio, teniendo al lado de Nathanaël un tanto nervioso. No quería estar en aquella batalla, pero Marinette había logrado convencerlo de que estuviera a su lado. " Y que salga cuanto antes, tengo cosas que hacer "
" Hasta que apareces, Marinette " dijo Adrien asomando por las escaleras con paso decidido. Aunque intentara mostrar seriedad y seguridad como lo hacía su padre, tal como copia, solo podía ver una copia defectuosa: sus ojos lo delataban. Ojos cansados y tristes que cambiaron a enfado cuando vieron al artista que acompañaba a su actual mujer. " ¿Y este chico? "
" Un amigo, Nathanaël " se presentó a sí mismo
" Amigo, seguro " dijo con una ironía que había dolido a Marinette
" Solo vengo a por mis cosas. Estoy buscando una abogada para nuestro divorcio " dijo con seguridad, sin titubear, haciendo con las manos además de sujetarse para ir a la habitación
" ¿Cómo? "
" Lo que escuchas. Y nada hará que cambie de opinión, señor Agreste "
" Desde ya te digo que no te lo voy a dar. Y menos para que te vayas con otro "
" Si tu ya te estas yendo con otro " le dijo ella cuando llegó a estar enfrente de él " No voy a convivir con un asesino "
Sin más intercambios entre los dos, ella pasó hasta su habitación. Intentó no flaquear. Aquello estaba pudiendo con ella, la carga emocional de cada esquina era demasiado fuerte. Intentó recoger cuanto antes lo tanto que podrían ellos dos. Dejaba un montón de cosas, pero ninguna de ellas tampoco valía tanto. ¿tanta ropa para qué? No lo iba a necesitar allá a donde tenía en mente. Buscó las pruebas médicas, pero no las encontró. Aquello le daba demasiada mala espina. Salió de la habitación con aquella maleta mal hecha. Nada más llegar a las escaleras, vio el rostro enfadado de su futuro ex marido.
" No te olvides de esto " En sus manos estaban las pruebas. Ya sabía de su embarazo " No me alejaras de mi hijo "
" Tampoco lo iba hacer. Ya lo estás haciendo tú " le respondió de manera fría.
Nada más llegar a la altura de su amigo, se quitó el anillo para dejarlo a los pies de la escalera. Sin mirar atrás, susurrando en su mente las verdaderas palabras que quería decirle, simplemente siguió hasta la puerta. Se sintió como una mala mujer. Realmente estaba huyendo de sus problemas, pero realmente no veía otra puerta. El frío de la calle le recordó que aquello iba a ser temporal, luego sería libre y podría seguir con aquello que tanto había pensado. Antes de abrir la puerta exterior, Natalie la paró para entregar un paquete. No lo iba a aceptar, pero al ver lo insistente que estaba llegando a ser, no le quedó otra que cogerlo.
" Vale, tu mandas. ¿Qué hacemos ahora? "
" La abogada y buscar una oficina " dijo ella mientras seguía con paso decidido a la casa de Nath para dejar la maleta y el paquete en cuestión. El pelirrojo se sorprendió y Marinette solo pudo sonreír " Los dos vamos a abrir una agencia con el dinero que me queda. Una agencia privada de detectives. "
Nathanaël solo sonrio, al ver que ella estaba totalmente decidida con aquella idea que tenía en mente. Solo vio un gran cambio cuando llegaron a su simple casa y se encerró en la habitación para acomodar las cosas. Lo hizo de una forma un tanto rápida solo para poder abrir el paquete de Natalie. No sabía si hacerse la sorprendida o interrogar a Natalia, porque lo que tenía entre sus manos era algo que la había descolocado completamente.
La joya de jade perdida.
Al lado un mensaje.
" Jamás me encontrarás, pequeña detective "
