Capítulo 7 En casa de la señora Macmillan

En el salón de belleza Tony & Guy ubicado en Oxford Street de Westminster Londres, Ginny guardó en su bolsa el secador, la laca, el gel y las tijeras. Ya llegaba 5 minutos tarde a su cita en casa de la Sra. Macmillan a la que le gustaba que la peinaran en privado. A la joven no le importaba ir a las mayoría de sus clientas eran mujeres ricas de clase alta que tenían una agenda muy ocupada. Mientras preparaba la bolsa se cercioró de llevarse el bañ Sra. Macmillan siempre insistía en que nadara en su piscina, pero, cuando se enteró de su miedo al agua, se preocupó que se relajara en su jacuzzi después de peinarla. Ginny no podía rehusar porque sabía que la otra era una viuda que disfrutaba compartiendo los lujos de la casa en la que vivía sola.

Miró con nerviosismo el reloj de la pared. Le costaba trabajo mantener la calma sabiendo que vería a Harry pocas horas después. Antes tenia que acudir a su reunión con Luna sobre el empleo de su hermana. Todavía no había hablado con Molly. Su hermana le había dejado un mensaje en el contestador en el que le decía que tenía muchísimo trabajo y no podía llamar hasta tarde. Sin embargo, le había dicho que le enviaría por mensajero su diario especial y encontraría otros modos de ayudarle a superar su timidez con Harry.

Estaba tan nerviosa que tiró la bolsa sin querer, su blusa favorita de satén rosa cayó al suelo. Lavender se acercó a levantarla y sonrió.

¿Vas a salir con Harry Potter? Preguntó.

Sí, es decir no. Quiere enseñarme su tienda. Le hubiera gustado contarle, el plan de Molly, pero, no podía traicionar la confianza de su hermana.

¡Fantástico! Exclamó su amiga. Te está abriendo su vida. Eso significa que le importas.

¿De verdad lo crees así? Preguntó Ginny, olvidando por un momento que iba a salir con él sólo a causa de su hermana.

Desde luego cuando un hombre quiere mostrarte dónde trabaja, puedes estar segura de que se interesa de verdad por ti.

Ginny tomó la bolsa y salió al aparcamiento. Estaba tan nerviosa y se sentía tan insegura, que pensó incluso en llamarlo desde la casa de la señora Macmillan y posponer la cita hasta que hubiera recibido más consejos de Molly. Condujo despacio por el Boulevard Hyde Park en la calle Tottenhar Court Road, la cual estaba bordeada de palmeras. La verja de la propiedad de la señora Macmillan estaba abierta y vio al jardinero meter la cortacésped en su camioneta y disponerse a salir cuando aparcó el coche, salió con tanta prisa que apenas se fijó en una furgoneta aparcada en el lado más lejano del camino. Tomó la bolsa y corrió hacia la entrada lateral que conducía directamente al baño privado de la señora Macmillan.

Mientras Harry ajustaba los cables detrás de la pantalla de la señora Macmillan, no pudo evitar pensar que iba a ver a Ginny aquel día en su tienda. Estaba deseando mostrarle el negocio que había empezado. Quería que viera lo que hacia y conociera a Neville Longbottom, su técnico. Pensaba mostrarle los equipos de alta tecnología que vendía; pero sobre todo quería enseñarle los diseños de los sistemas en lo que había trabajado con la esperanza de encontrar clientes interesados cuando comenzó a controlar la imagen de la pantalla, los hombros y la espalda de repente a causa de la tensión. Sus dudas sobre la sabiduría de volver a entrar en la vida de Ginny resurgieron con fuerza ¿Y si volvía a quererla como antes y ella lo rechazaba de nuevo?

Harry ¿Puedes hacerme un favor? Preguntó la señora Macmillan a su espalda. Llevaba una ata de peluquería y rulos en el cabello.

¿Qué desea señora Macmillan? Preguntó guardando sus herramientas.

Había conocido a la mujer unos años atrás cuando trabajaba para otra tienda. Ella lo llamaba periódicamente para modernizar su equipo y que sus hijos y nietos pudieran disfrutar de él en sus visitas.

¿Puede revisar las televisores de los tres dormitorios de la casa de invitados? Preguntó – no funciona el control remoto de ninguno de ellos.

Claro, no hay problema –repuso él.

A propósito, cuando termine, puede nadar en la piscina antes de irse. Mi ama de llaves le dejará un bañador en la casa de invitados.

Harry pensó en declinar su oferta, ya que Neville lo estaría esperando en la tienda, pero no quería herir los sentimientos de la señora Macmillan. Además unos largos en la piscina le ayudaría a relajar la tensión de su cuerpo. Puede que acepte Sra. Macmillan repuso con una sonrisa.

¡Fantástico! Mi peluquera terminará de peinarme y luego tengo que salir, así que hasta la próxima vez.

Cuando Harry Salió hacia la casa de invitados, situada a poca distancia del edificio principal se fijó en el agua azul de la piscina y en la espuma del vista de ambas cosas bastó para que empezara a relajarse. Quería sentirse cómodo cuando estuviera con Ginny, quería demostrarle que ya no necesitaba su amor tan desesperadamente como cuando la conoció. Quería empezar una amistad gradual con ella. Nada demasiado intenso. Así no se expondría a sufrir de nuevo.