Capitulo 12 Diario de Molly y la cena con Harry.

Metió la caja en el apartamento y sonó el teléfono.

Ginny sé que estás furiosa conmigo por esa carta dijo su hermana, pero solo quería impulsar un poco la relación.

¿Un poco? Ginny se dejó caer en el sofá. La próxima vez que pienses enviarle algo a Harry, será mejor que lo comentes antes conmigo, ¿Vale?

Siento haberte molestado dijo su hermana, preocupada - ¿Y bien? Añadió ¿Harry se muestra interesado?

Me ha invitado a cenar mañana por la noche.

Estupendo sabía que te lo ganarías.

El beso de Harry atormentaba a Ginny Molly tengo que decirte…

¿Has leído mi diario? La interrumpió la otra.

Todavía no – sacó el diario verde de la caja ¿Es para todo público? Preguntó con ligereza.

No te preocupes, Ginny. Nunca llegamos hasta el final. Harry es un encanto como yo estaba en el instituto no quiso.

Su respeto por Molly hizo que Ginny se sintiera más cerca de él. ¿Qué más as metido en esa caja? Preguntó.

Ya lo verás.

Ginny sacó unas medias de seda y vio ropa interior con encaje y vestidos escotados. Molly yo no puedo llevar esto. Gritó. No es mi estilo.

Exacto insistió su hermana. Si sales con él ataviada con tus pantalones de algodón y tus vestidos amplios, jamás lo convencerás. Es un hombre muy sexy y le gusta estar con una mujer a la que no le da miedo mostrar su lado sensual.

Ginny deseaba gritar que ella no tenía un lado sensual, pero, le avergonzaba demasiado admitirlo. Esos vestidos son demasiado cortos – protestó – tendré que bajar los dobladillos.

Ni se te ocurra – insistió Molly. No tardaré en llegar a Londres. ¿Puedes aguantar hasta entonces?

¿Aguantar? Deseaba poder disponer de una eternidad para estar con Harry –pensaba.

Todo irá bien –dijo. Cuando colgó el teléfono, sintió un nudo en el estomago. Deseaba que su hermana viviera con ella en Londres, pero, también deseaba a Harry. Abrió el diario de Molly y comenzó a leerlo. Su hermana describía como se había enamorado de Harry en la fiesta de su dieciséis cumpleaños, hablaba de su primer beso y de la rosa amarilla que él le colocó en el cabello su primer Día de San Valentín juntos. A medida que aprendía a conocerlo a través de los ojos de Molly, se sentía más cerca de él. Empezó a leer algo sobre una doble cita con otra pareja, pero partes de las páginas estaban manchadas con un líquido que había borrado las palabras. Volvió su atención a las últimas páginas, donde hablaba de la noche de su graduación, en la que Harry le ofreció el anillo en la parte trasera de la limusina que había alquilado. Se mordió el labio inferior al leer como Molly, le devolvía el anillo y como él guardaba silencio y miraba por la ventanilla el resto del viaje. Comprendió lo mucho que debió sufrir y se le partió el corazón. Colocó el diario sobre la mesilla y deseó no haberlo leído. Porque cuanto más conocía a Harry más se enamoraba de él.

En el restaurante japonés del centro de Londres. Harry miró su reloj por enésima vez.

Ginny llevaba ya 5 minutos de retraso. Sabía que debería haber ido a buscarla a su casa, pero ella insistió en que se verían allí y no podía evitar preguntarse si había cambiado de idea. Se había quitado los zapatos y estaba sentado al estilo japonés delante de una mesita baja. Recordaba que la comida japonesa era la favorita de Ginny y siempre había soñado con visitar Japón. Había elegido una mesa situada en un rincón íntimo del restaurante. Al fin la vio entrar. Se puso de pie de inmediato. Llevaba el cabello recogido en un moño alto y un vestido color lavanda realzaba sus piernas. Se quitó los zapatos y siguió al anfitrión japonés hasta la mesa.

Sus ojos se encontraron.

Siento llegar tar…

Ginny, estas preciosa dijo él, embrujado por su belleza.

La joven se ruborizó – Tú también… quiero decir es un restaurante estupendo.

Los dedos de él rozaron con gentileza la piel cálida del brazo de ella. Sus ojos recorrieron el escote amplio del vestido y sintió el deseo repentino de apretar los labios contra el valle de sus pechos. Le tomó la mano y la guió hasta la mesa. ¿Quieres que pida sushi para los dos como hacíamos siempre?

Sí, desde luego; como siempre.

Le pediré al chef que prepare los rollitos de atún como a ti te gustan

Perfecto. Ginny lo observó alejarse hacia la barra y le entró un pánico repentino ¡Odiaba el atún! El mero hecho de pensar en comerlo crudo le producía naúseas. Pero no le quedaba más remedio sí quería hacerse pasar por su hermana. Se removió incomoda en el suelo. El vestido de Molly le estrangulaba los pechos, las caderas y las nalgas. El dobladillo sólo cubría la parte superior de sus muslos. Habría prescindido de las medias porque le gustaba sentir las piernas libres, pero en aquel momento deseó habérselas tapado. No tenía porque haberle hecho caso a Molly. Su ropa amplia era mucho mejor que morir de la vergüenza ataviada con un vestido mini. Comprobó que no miraba nadie y levantó el dobladillo. Le alivió ver que podía sacar 4 centímetros al vestido. También notó que las costuras podían dar más de sí. Empezó a tirar del hilo del dobladillo para alargar el vestido aunque eso implicara que quedara una arruga abajo.

Ginny, el sushi parece… Harry miró sus muslos desnudos. Estupendo- su mirada sensual le produjo un cosquilleo agradable entre las piernas. Se ruborizó y se bajó el vestido.

Me parecía que tenía una mancha –dijo.

¿Puedo ayudarte en algo? Preguntó él con voz ronca.

No, no. Ya está bien así.

Harry se sentó a su lado en el suelo; su hombro rozó el de ella y su muslo apretó la pierna de la joven.

El camarero llevó un plato con rollitos de atún crudo y arroz blanco envuelto en algas verdes.

Ginny tomó sus palillos con nerviosismo. Deseó que Molly hubiera mencionado en su diario que los rollitos de atún era su comida japonesa favorita para haberse anticipado a Harry y haber pedido otra cosa.

El hombre se acercó más a ella y colocó un rollito en su plato. Su rostro estaba tan cerca que Ginny podía oler su aliento mentolado. Eso casi consiguió que olvidara el rollito Harry esperó a que lo probara. La joven se metió un trocito en la boca de mala gana.

Hummm – dijo, deseando mostrarse agradable. Sin embargo en cuanto tragó el pescado crudo, tuvo la sensación de que volvía a subir por la garganta. Levantó el vaso de agua, a punto de vomitar.

Ginny ¿Te encuentras bien? Preguntó Harry, preocupado.

La joven quería asentir, pero casi sin darse cuenta, se encontró negando con la cabeza. Lo siento, comentó – no me gusta el atún

Pero yo creía…

Mis gustos por la comida han cambiado algo a lo largo de los años- se apresuró a añadir ella.

Harry le limpió unos granos de arroz de los labios.

Ginny tu has cambiado en muchos modos. Me gusta –le tomó la mano – ven vamos a tomar una hamburguesa.

La joven se levantó de golpe y oyó un ruido de tela rasgada. Las costuras del vestido se soltaron desde el dobladillo a las caderas. Sintió una ráfaga de aire sobre las piernas y nalgas.

¡Oh, no! Gritó. Sujetó los lados del vestido, tan avergonzada que quería que se la tragara la tierra.

Ginny toma mi chaqueta – dijo él. Se quitó la chaqueta deportiva gris y le ató las mangas en torno a la cintura. Luego dio unas propinas al camarero y la guió fuera del restaurante.