Capítulo 13 ¿Podemos olvidar el pasado?
Una vez en el exterior del restaurante, le rodeó los hombros con un brazo y le tendió un ticket al mozo para que le trajera el coche.
Ginny comenzó a morderse el labio inferior.
No te preocupes- le susurró él al oído – te llevaré directamente a casa.
¿No se me ve nada? Murmuró ella. Harry bajó la vista para asegurarse estaban bien atadas y un golpe de viento levantó la prenda. Vio un instante sus nalgas semi desnudas, la parte superior de sus muslos y una braguitas rosas. Tiró con nerviosismo del cuello de su camisa. La piel le ardía. Estás bien tapada.
¿De verdad?
Sí,
La joven sonrió – gracias por cuidar de mi Harry
-Me gustaría poder hacerlo…
Antes de terminar la frase se acercó a ellos una mujer de pelo rizado acompañada de un hombre alto.
¿Harry? ¿Ginny? Preguntó la mujer, atónita no puedo creer que seáis vosotros ¿Volvéis a estar juntos?
Harry la reconoció de inmediato Susan Bones ¿Qué haces tú aquí en Londres? Notó que Ginny se ponía tensa y supuso que se debía a su vestido roto. Recordó en el acto la época en que Ginny y él salían con Susan y Terry en Escocia.
Ahora me llamo Susan Corner dijo la mujer y vivo en Picadelly Circus con Michael Corner; mi marido – se colgó con orgullo del brazo de él – Ginny me alegro mucho de verte.
La joven palideció.
Susan estás magnifica – musitó.
Ginny te acuerdas de la última vez que salimos con Harry y Terry en Escocia? Preguntó la otra. Nunca me contaste porque os marchasteis tan pronto aquella noche.
Ginny se asustó. Es increíble que te acuerdes de esas cosas.
Vamos Ginny dímelo - insistió Susan. Me muero de ganas de saber lo que hicisteis.
Probablemente no fue muy importante, porque ni siquiera me acuerdo. Notó que Harry se ponía tenso a su lado. Así es. Añadió él – una noche poco especial para el recuerdo sus ojos se encontraron y Ginny supo que había metido la pata.
En aquel momento llegó el mozo con la furgoneta y suspiró aliviada.
Susan tenemos que volver a salir juntos dijo Harry
Estamos en la guía telefónica com Corner – repuso la mujer.
Ginny le dio un abrazo, estrecho la mano de Harry y subió a la furgoneta. En cuanto se alejaron en cuanto se alejaron, se dio cuenta de que Harry permanecía muy callado. Mi apartamento está cerca de la autovía de Marylebone Street –dijo. Tratando de romper el hielo – a sólo seis manzanas de la estación de King`s Cross.
Harry la miró. Ginny como has podido olvidar lo que ocurrió cuando nos separamos aquella noche de Susan y Terry?
Hablaba en voz baja y decepcionada. Lo siento –dijo ella – supongo que el vestido roto me ha afectado el cerebro.
Harry se detuvo en un semáforo, mantuvo la vista al frente. Cuando al fin nos quedamos solos aquella noche, aparqué mi viejo chevy cerca del puente Victoria.
A Ginny le sudaban las manos. Sí, claro cerca del puente victoria.
Harry – vaciló. Fue la primera vez que te dije que te quería.
Sonó un claxon detrás de ellos y lanzó el coche hacia adelante. Ginny miró por la ventanilla. Le había herido y no era su intención. Quería decirle que ella no era Molly. Que ella jamás había olvidado la primera vez que le había dicho que la quería. Cuando pasaban cerca de la estación de trenes King`s Cross recordó que tenía que arreglar aquello, tanto por su hermana como por sí misma.
Harry ¿Podemos olvidar el pasado? Preguntó. Quiero disfrutar de estar a tu lado ahora, en este momento.
El rostro de él se relajó poco a poco. La miró sonriente. De acuerdo
Gracias.
El hombre aparcó delante del edificio del apartamento y salió a abrirle la puerta. Me muero de ganas de ver tu casa.
Ginny sintió una angustia repentina. Será mucho más rápido que entre a cambiarme y vuelva a salir. ¿Y si veía algo que no le parecía propio de Molly? Además nunca había estado un hombre en su apartamento con excepción de Deán.
Harry la miró ¿No confías en mí?
Bueno yo…
Prometo que no miraré como te desnudas.
Ginny metió la llave en la puerta con ansiedad. Entra, su apartamento estaba oscuro. Apretó el interruptor, pero la sala de estar siguió a oscuras tengo que revisar la instalación eléctrica –dijo. Debe haber algo mal y a veces las luces se apagan solas.
Harry encendió y apagó varias veces el interruptor ¿Tienes una linterna? Preguntó. Su pecho musculoso rozaba la espalda de ella. El calor de su cuerpo atravesó los músculos de ella como una cerilla que encendiera una vela. Supo al instante que había sido un error invitarlo a su casa.
Tengo una en la cocina
Vamos a buscarla
No puedo… vaciló, sintiéndose una tonta tengo miedo a la oscuridad.
Es cierto ya me acuerdo- repuso él – iré yo, pero antes déjame probar de nuevo. Siguió subiendo el interruptor. El apartamento se iluminó.
Ya está susurró él a su espalda.
Ginny quería volverse y echarse a sus brazos. En lugar de eso, cuando él no miraba, descolgó la foto enmarcada de Molly y ella y corrió hacia la cocina.
¿Quieres un refresco? Preguntó
Sí, gracias
Escondió la foto en un cajón y se volvió hacia él. Parecía encontrarse cómodo allí, Ginny tuvo la impresión de que había estado un millón de veces en su apartamento y no podía imaginar cómo era estar sin él.
Harry, de pie en la sala de estar, tenía la sensación de haber entrado en otra dimensión de la vida de Ginny. Recordaba lo desordenada que solía ser ella en el instituto. Su taquilla estaba siempre atestada de camisetas arrugadas, libros y restos de comida. Cuando entraba en su coche, lanzaba sus cuadernos y pañuelos de papel por cualquier parte. La transformación producida en ella era increíble. La sala estaba inmaculada. Tenía un sofá cómodo color burdeos con un par de cojines de ganchillo a cada lado, una mesita de café de nogal, con las revistas bien ordenadas encima y una alfombra blanca en el centro de la estancia.
Nunca me había imaginado tu apartamento así – le dijo al verle llegar.
Ginny colocó dos latas de refrescos en la mesita. ¿No te gusta?
Harry notó que esperaba su respuesta con ansiedad, como si su opinión importara mucho. Recordaba que Ginny siempre hacía lo que le apetecía sin preocuparse por lo que pensaran los demás él incluido. ¿Importa eso? Preguntó, algo sorprendido.
Ginny se ruborizó – me importa mucho, Harry.
El corazón le dio un brincó. Su dulzura hizo que le tomara las manos y la atrajera hacia sí. Me encanta tu casa Ginny. Le besó la frente y la punta de la nariz y estaba a punto de hacer lo mismo con su boca cuando sonó el teléfono.
Disculpa – dijo ella con rapidez contestaré en mi dormitorio mientras me cambio.
De acuerdo
Ginny entró en su cuarto y cerró la puerta.
Harry tenía la impresión de que no quería que supiera quien llamaba. El corazón le dio un vuelco. ¿Estaría saliendo con otro hombre? Se tomó la lata de un trago. No tenía derecho a preguntar quien la llamaba por teléfono. No estaba comprometida con él. Podía salir con quien quisiera. Tomo una revista y la hojeó con rapidez, sin poder dejar de pensar que todavía no se atrevía a confiar en sus sentimientos por ella.
Dejó la revista y se quitó los zapatos. Estaba a punto de tumbarse en el sofá con las manos detrás de la cabeza cuando algo se lo impidió. Se dio cuenta de que se estaba comportando como si estuviera en su casa y se incorporó con rapidez. Mientras volvía a ponerse los zapatos, fue muy consciente de la puerta cerrada del dormitorio y se dijo que no debía ir tan aprisa.
Ginny miró la puerta cerrada de su cuarto y se acercó el teléfono a sus labios. Molly no puedo hablar ahora contigo.
¿Está Harry ahí?- adivinó su hermana
En la sala de estar. Se desató la chaqueta con la mano libre, se quitó el vestido y se sentó en la cama con el juego de ropa interior de su hermana.
¡Fantástico! Exclamó Molly, excitada Ginny, ¿Qué llevas puesto?
Tu ropa interior. Se ha roto las costuras de tu vestido, así que me lo he quitado y…
¿Se han roto las costuras? Se rio su hermana – eso me gusta.
Hablo en serio – protestó Ginny - no hay nada entre nosotros.
Ginny me fio de ti. Quiero que Harry se sienta cerca de ti porque así se sentirá cerca de mí. Te quiero hermanita
Molly yo también te quiero. Deseaba decirle que Harry le gustaba; que le encantaba tenerlo en casa.
Será mejor que vuelvas con él te llamo luego.
Acababa de colgar cuando se apagó la luz del dormitorio y el cuarto quedó a oscuras. Oyó un crujido bajo la cama y le pareció ver una sombra que entraba en su cuarto por la ventana. Tanteó en busca del interruptor de la lámpara y ésta cayó al suelo ¿Ginny? –oyó grita a Harry detrás de la puerta. El corazón le latía a toda velocidad.
¡Tengo miedo! Exclamó Harry no esperó una invitación para entrar. Abrió la puerta y vio la silueta de ella en la cama. ¿Estás bien?
La joven corrió hacia él. Abrázame Harry.
Ginny - susurró él. Apretó el rostro contra el cabello de ella inhalando su aroma. Sintió que se relajaba en sus brazos, como si confiara plenamente en él. Acercó los labios a su rostro y la besó en la boca. Apretó su cuerpo con más fuerza y sintió la piel desnuda de su espalda. Un instante después, sus dedos rozaban el cierre del sujetador. Una oleada de deseo invadió su cuerpo. Se dio cuenta de que estaba medio desnuda en sus brazos. Olvidó que se había prometido ir más despacio olvidó todo lo que no fuera la necesidad que tenia de ella.
