Capitulo 14 La cita de Harry
Ginny contuvo el aliento, al sentir que Harry le desbrochaba el sujetador. Sabía que debía detenerlo, que iba demasiado lejos, pero el deseo debilitaba su voluntad.
Cuando sintió las manos viriles de él sobre sus pechos, un gemido escapó de sus labios, un gemido placentero, desconocido para ella. Quería que la tocara donde ningún hombre la había tocado jamás. Metió impulsivamente las manos bajo la camisa de él y acarició los músculos fuertes de su torso. Recibió los latidos de su corazón contra las palmas, como si su roce hubiera encendido todo su ser. Apretó sus pezones y él lanzó un gemido, un sonido de placer que inundó de placer el cuerpo de ella.
Ginny – susurró, bajando la mano hasta la seda de sus braguitas. Quiero estar cerca de ti. Apretó sus nalgas y ella contuvo el aliento y dejó estrechar contra el vientre de él.
De repente volvió la luz al dormitorio. Ginny se ruborizó intensamente, se apartó de sus brazos y evitó su mirada. Buscó su vestido roto para cubrirse. Harry, estar temprano en el salón de belleza.
Sí, claro – repuso él. Dejaremos la hamburguesa para otro día. Harry salió del apartamento con tal ansiedad que apenas consiguió abrir la puerta de la furgoneta. Lanzó su chaqueta sobre el asiento, frustrado y enfadado consigo mismo. Puso el motor en marcha y se dijo que, si seguía así acabaría por espantar a Ginny de nuevo. Había pensado volver a invitarla a su tienda, pero, no había tenido ocasión y todo por que había sido incapaz de controlar su deseo por ella. Salió de la calle Marylebone preguntándose si querría volver a verlo. Ese era el verdadero problema, que nunca sabía sí metía la pata con ella o no un momento antes se sentía poseído por el deseo y creía que era mutuo. Pero tal vez se equivocaba, tal vez estaba atrapado en sus necesidades que no sabía ver que ella no sentía lo mismo por él como una pareja y se dijo que debía dejar de asumir que ella lo deseaba tanto como él a ella de una cosa estaba seguro: era preciso que controlara su pasión. Porque sí no lo hacía podía espantarla para siempre.
Ginny en el dormitorio, levantó el auricular para marcar el número de Molly. Pero no llegó a hacerlo. Seguía sin aliento debido a las caricias de Harry ¿Debería contarle a su hermana cómo la afectaba él? ¿Podía confesarle que sólo pensaba en hacer el amor con él? Colgó el teléfono sin marcar. No podía hablar con Molly cuando todo su ser sentía que Harry Potter era el hombre al que quería desesperadamente en su vida. Su hermana adivinaría la verdad de inmediato por mucho que intentara ocultárselo. Entró en el cuarto de baño y vio sus pechos desnudos en el espejo. Sus mejillas enrojecieron de vergüenza. Abrió el grifo de agua fría y la invadió una tristeza profunda. Sabía que Harry no había entrado nunca en su dormitorio de no ser por lo que sentía por su hermana. Se lavó la cara tratando de lavar sus sentimientos hacia él, intentando imaginar como iba a hacer comprender a su hermana que no había sido su intención acabar en brazos de Harry.
El sábado por la tarde mientras Harry encendía la barbacoa en el patio de la casa de Ronald, no dejaba de pensar en Ginny. Había tenido que reprimir varias veces ese impulso de llamarla. Quería decirle que no iba a presionarla como había hecho siete años atrás. Qué le daría todo el tiempo que necesitara. Pero supuso que llamarla para contarle eso era, en sí mismo una forma de presión, observó las llamas de la barbacoa prender en el carbón y pensó en los ojos de color miel de Ginny, en su cabello pelirrojo, su aroma a rosas y la firmeza de sus nalgas.
¿Estas deseando conocer a la amiga de Hermione? Le preguntó – su hermano, colocando los utensilios de la barbacoa a un lado.
Claro que sí, repuso – Harry, trató de olvidarse de Ginny y se quemó un dedo en la barbacoa - ¡Ay!
Ron le tendió un cubito de hielo ¿Sigues pensando en tu antiguo amor?
Estoy confuso- repuso Harry, acercando el hielo al dedo – siempre que creo que Ginny siente lo mismo que yo, aprieta los frenos.
Te esfuerzas demasiado. Relájate un poco.
¿Cómo? Cuando estoy con ella, tiene mi corazón en sus manos. No puedo evitarlo.
Tío Harry, ha llegado la amiga de mamá- Rose se acercó a ellos con un plato de hamburguesas y perritos calientes.
Harry tragó saliva. Tenía la impresión de estar traicionando a Ginny. Lo último que deseaba era conocer a otra mujer. Le quitó el plato a su sobrina y ésta le hizo inclinarse y le susurró al oído- la amiga de mamá es demasiado estirada para ti, tío.
Antes de que pudiera responder se acercó Hermione. Harry te presentó a Marietta Edgecombe
El hombre le tendió la mano. ¿Qué tal Marietta?
La sensación de la mano de ella le resultó incomoda; no era cálida como la de Ginny.
Es un placer conocerte Harry- lo saludó Marietta.
Tío Harry, me muero de hambre – anunció Rose. Tiró de él hacia la barbacoa tu haces mejor las hamburguesas que papá.
Ronald adoptó una expresión herida y la niña se acercó a consolarlo, Harry, entre tanto puso la carne en la parrilla.
Se dijo que debía relajarse, pero, seguía pensando en Ginny, deseando que estuviera allí con ellos.
Marietta se acercó con un vaso de té con hielo. Señaló la única hamburguesa con queso que había en la parrilla. La mía me gusta medio hecha.
Bien- repuso él.
Buscó algo que decir, pero la mente se le quedó en blanco. Cuando estaba con Ginny, deseaba compartir con ella todos sus pensamientos.
Harry, ¿Te ha contado Hermione que soy divorciada? Preguntó Marietta.
Sí, ¿Cuánto tiempo hace de eso? Preguntó él tratando de mostrarse cortés.
Seis meses- la mujer bajó la voz. Estuvimos casados 8 años. Todavía pienso en él a menudo. Lo echo mucho de menos.
Harry comprendía muy bien aquel sentimiento. ¿En serio? A mí me pasa lo mismo con mi antigua novia.
¿De verdad? Pareció aliviada y empezó a hablar de su ex marido, le contó que era el único hombre que siempre le había interesado.
Harry dio la vuelta a la hamburguesa de queso y pensó que Ginny era la única mujer en la que había pensado, la única con la que podía imaginarse viviendo. En aquel momento vio el humo negro que envolvía la hamburguesa de Marietta.
¡Valla! Tiró la carne a la basura. Lo siento ¿No prefieres un perrito caliente?
Le tendió uno sin esperar respuesta. Quería compensarla por el desastre de la hamburguesa, así que se dispuso a echarle mostaza en el perrito. De repente, la mostaza saltó del frasco y manchó la blusa inmaculada de la mujer. Marietta levantó las manos y soltó el vaso de té, cuyo contenido salpicó el rostro de Harry.
Rose se echó a reír mientras Hermione corría a la casa a buscar servilletas de papel y Ron la seguía para contestar una llamada imaginaria de teléfono.
Marietta, te pagaré la limpieza de la blusa- dijo Harry, secándose la cara, siento mucho todo esto.
Yo también- dijo ella, frotándose con papel las manchas de la blusa. Harry te llaman por teléfono – gritó Ron.
El hombre se disculpó y corrió al interior. Era Neville su técnico. Le había pedido que trabajara aquel día para poder asistir a la barbacoa de su hermano. A Neville no solía importarle hacer horas extras, ya que necesitaba el dinero para mantener a su familia.
Harry he llevado la cadena musical a la casa del señor Finnigan. Una tos fea cortó sus palabras, pero he tenido que venirme a casa antes de instalarlo. Creo que he pillado la gripe ¿Podrías acabar el trabajo?
Iré ahora mismo
El señor Finnigan ha dejado la llave donde siempre. Siento interrumpir la comida.
Acuéstate y ponte bien.
Cuando colgó el teléfono y salió al patio, Marietta se había marchado ya.
Hermione, no era mi intención montar ese número
No te preocupes, repuso su cuñada Marietta me ha dicho que tú la has ayudado a darse cuenta de que sigue queriendo a su ex – marido y no está preparada para salir con nadie todavía. Y por lo que me dijo Ron la otra noche, tú sigues pensando en tu amiga Ginny.
¿Te dijo eso? – lanzó una mirada de frialdad a su hermano.
Ron sonrió con aire afligido, se llevó un perrito caliente a la boca y no dijo nada.
Hermione miró a Harry con preocupación.
No quiero que vuelvas a sufrir Harry. Me gustaría que pudieras olvidarla y empezar de nuevo.
No se si es posible, Hermione.
Sabía que sólo quería protegerlo, pero en ese momento deseaba hablar con Ginny más que nada en el mundo.
Su sobrina lo acompañó hasta la puerta.
No te preocupes tío. Yo te ayudaré a encontrar a la mujer perfecta.
Harry la abrazó
No me casaré con nadie sin consultarlo contigo.
