Capitulo 15 Las aspiraciones de Harry

Antes de ir a la casa del cliente, pasó por su apartamento y marcó el número de Ginny. Necesitaba saber sí seguía todavía en su vida.

¿Diga?

Harry oyó ruido de agua al fondo. Se la imaginó desnuda en la bañera y tragó saliva. Te echo de menos Ginny – musitó.

La línea permaneció largo rato en silencio y el corazón se le encogió. No debería haberla llamado; ya volvía a presionarla otra vez.

Ginny desnuda en la bañera, apretó el teléfono inalámbrico contra su oído. Le temblaban las manos. Harry yo también te echo de menos – susurró a su vez.

Ginny tenía que oír tu voz. La joven contuvo el aliento ¿Qué haces en este momento?

Tomar un baño

¿Estas desnuda? Preguntó él con voz ronca.

Del todo repuso ella, sorprendida de su atrevimiento. Estoy rodeada de burbujas.

¡Ojalá Pudiera estar a tu lado! Un espasmo, de placer recorrió los muslos de ella.

¿Cómo íbamos a arreglarnos? Preguntó – la bañera es muy pequeña.

Yo entraría primero y tú podrías sentarte en mi regazo.

Ginny sintió que se le erizaban los pezones. La zona de entre sus muslos palpitaba de deseo. Se tocó la parte interior del muslo, soñando con las manos de él. El teléfono resbaló y cayó al agua.

¡Oh no! – se lanzó a por el – Harry ¿Sigues allí? ¿Harry? No, oyó nada, así que dejó el teléfono a un lado y se hundió en el agua, preguntándose lo que debía hacer. No quería, que pensara que le había colgado deliberadamente, pero, tampoco se atrevía a llamarlo desde, otro teléfono porque el podía pensar que lo estaba alentando a hablar así, que era justamente lo que quería hacer. Su cuerpo seguía palpitando cuando oyó el timbre de la puerta, no sabía cuanto tiempo llevaba en la bañera pensando en él. Salió y se envolvió en una toalla. Corrió a la puerta y miró por la mirilla. Al ver a Harry de pie al otro lado, el corazón le latió con fuerza.

Su cabello rebelde parecía algo revuelto. Sus ojos verdes tenían una expresión preocupada. Se metió las manos en los bolsillos con nerviosismo, como si no estuviera seguro de que ella fuera a abrirle la puerta.

Ginny se olvidó que se encontraba semidesnuda y abrió la puerta sin pensarlo más. Harry no quería colgar – dijo.

El hombre la miró a los ojos. Creí que te habías enfadado conmigo por mi conversación.

No, nada de eso. Quería oír más – musitó ella, sin darse cuenta de lo que decía.

Notó la mirada de él sobre su cuerpo cubierto por la toalla y se ruborizó. Deseaba en secreto que Harry le arrancara la prenda y acariciara su piel, pero vio por el rabillo del ojo la foto de Molly y ella, que había vuelto a colocar en la pared.

Colocó la puerta de modo que él no pudiera verla y apretó la toalla con más fuerza en torno a su cuerpo.

Ginny no he venido a ponerte incómoda – dijo él con gentileza –mi técnico está enfermo y tengo que ir a instalarle un equipo a un cliente ¿Quieres acompañarme?

¿Ahora? Preguntó la joven contenta ¡de que quisiera estar con ella - ¿A tu cliente no le importará?

En absoluto. Ya he trabajado otras veces para él. Esta fuera de la ciudad le apartó un mechón mojado de la frente - ¿Vendrás?

-Me gustaría, pero, tengo un problema.

¿Cuál?

-No puedo ir con esta toalla.

Harry sonrió. ¿Qué te parece si te espero en el coche?

Saldré en un segundo.

En cuanto se quedó sola se quitó la toalla. Buscó en su armario algo que ponerse y vio el vestido de tirantes verde estampado que le había enviado Molly, con una nota en la que le indicaba que se lo pusiera sin sujetador. Después de la experiencia del restaurante, vaciló un momento. No, obstante, necesitaba que algo le recordara que estaba con Harry por su hermana y no debía dejarse atrapar por sus sentimientos hacia él. Se puso el vestido sin sujetador y se echó un chal sobre los hombros.

Fuera del apartamento, Harry sujetaba con impaciencia el volante. El ver a Ginny envuelta en aquella toalla y saber que estaba desnuda debajo lo había excitado de tal modo que tuvo que reprimirse para no quitarle la toalla. No recordaba que siete años atrás la hubiera deseado tanto como en ese momento.

Ginny entró en el coche con un vestido escotado y un ligero chal sobre los hombros. Espero no haber tardado mucho – musitó.

El aroma a rosas impregnó la furgoneta. Percibió las líneas de sus muslos bajo el vestido. Tragó saliva y sujetó con fuerza el volante en un esfuerzo por evitar que sus manos se lanzaran hacia el cuerpo de ella.

Una vez en casa de Seamus Finnigan, Ginny lo ayudó a llevar los cables hasta el 2 piso del moderno edificio de cristal. Lo ayudó también a colocar la cadena musical sobre un estante. Trató en no fijarse en el modo en que flexionaba los músculos del brazo al trabajar. Procuró ignorar el calor de su cuerpo próximo al de ella y su deseo de apretarse contra él.

-Estás muy callada – musitó Harry.

-Pensaba en ti. Es decir, en tu negocio.

El hombre la miró con ojos brillantes. ¿En serio? ¿Y por eso tienes las mejillas rojas?

Creo que hace calor aquí.

Harry dejó los cables y le tomó la mano. Yo te enfriaré – le dijo; la condujo hacia la terraza.

La brisa de la tarde le revolvió el cabello; Ginny miró las luces de Londres. Es precioso – susurró.

El hombre la miraba a ella. Sí muy hermoso. La tomó por la cintura y la atrojo hacía sí.

Ginny trató de concentrarse en la vista, pero la temperatura de su cuerpo se elevó de inmediato. Tienes un buen negocio dijo, deseando apartar la mente de sus manos, seguro que hay cientos de clientes que quieren que les diseñes sus sistemas.

Ese es mi mayor aspiración y mi sueño, Ginny algún día quiero abrir una tienda grande, pero, no me resulta fácil contactar con gente que pueda permitirse pagar diseños a medida. Su mano acariciaba lentamente la espalda de ella.

Tal vez, yo pueda ayudarte se ofreció la joven

¿Cómo?

Mis clientas del salón de belleza son mujeres de negocio de mucho éxito o mujeres casadas con hombres ricos. Les diré que diseñas sistemas audiovisuales a medida. Seguro que puedo conseguirte clientes nuevos.

Harry la miró sorprendido ¿Tu harías eso por mi?

Desde luego. Dame tarjetas tuyas y algún folleto de la tienda y…

El hombre le tomó el rostro entre las manos. Eres increíble, ¿Lo sabes?

Ginny le echó los brazos al cuello en un impulso. Tú también

Hablaba en serio, Harry la hacia sentirse imprescindible. Se dio cuenta que sus labios estaban muy cerca. Sintió las palmas de él en su espalda atrayéndola hacia sí un instante después se besaron.

El corazón de Harry rebosaba de amor por Ginny. No podía creer que compartiera su sueño de aquel modo. Cuando la miró a los ojos, ella le devolvió la mirada con una ternura que hizo que la deseara aún más. Le quitó el chal de los hombros y le besó la garganta. Apretó sus labios contra el escote de ella y mordisqueó la parte superior de sus pechos. Introdujo los dedos bajo los tirantes y se los bajó por los hombros. Sintió que la respiración de ella se aceleraba. Cuando sus pechos quedaron al descubierto. Apretó los senos firmes en sus manos.

Ginny, eres fantástica – gimió. Cubrió uno de los pezones con su boca. Bajó una mano hasta los muslos de ella y la sintió temblar. Rozó su pubis por encima de las braguitas de algodón y ella contuvo el aliento.

Oyó que un gemido salía de sus labios Harry, no estoy segura – susurró.

El hombre la soltó con suavidad y ella se apresuró a subirse el vestido. Lo que más deseaba Harry en el mundo era que no se alejara emocionalmente de él.

Ginny ¿Quieres que te lleve a casa? Preguntó.

Creo que sí repuso ella, vacilante.

Comenzó a guardar sus herramientas y ella se acercó a ayudarlo. Quería decirle que todos los besos y caricias que compartían la hacían sentirse más unido a ella. Sin embargo, ¿Sin admitir su interés en compartir el futuro con ella? Todavía no estaba seguro de los sentimientos de ella.