Capitulo 16 Ayudando a Harry a cumplir su sueño

En el camino hacia su casa Ginny se sentía muy unida a él cuando la acariciaba, no le costaba imaginarse en el papel de su mujer, de su amor. Y eso le daba miedo una pregunta le quemaba el cerebro ¿Había besado a Harry para ayudar a su hermana? ¿O se había entregado a él sin resistencia debido a su deseo y su anhelo de sentirse cerca de él? Sacó la llave de su apartamento con manos temblorosas. Harry se hallaba tan cerca que sólo podía pensar en invitarlo a entrar, pero no se atrevía. Levantó la barbilla y lo miró a los ojos.

Ginny quiero que sepas una cosa. Esa cita a ciega que mi cuñada había preparado…

No, tienes porque contármelo Harry

Sabía que no tenía derecho a sentir celos del hombre al que amaba su hermana, pero, se le encogió el corazón al imaginarlo con la amiga de su cuñada.

Quiero que sepas lo que ha pasado – prosiguió él. Todo el rato que estaba con ella, no dejaba de pensar en ti.

¿En serio? Preguntó ella, incapaz de creerlo después del modo en que Deán había desplazado su afecto hacia su mejor amiga porque ella no le parecía lo bastante buena.

No dejaba de desear que estuvieras tú a mi lado – añadió él.

Ginny lo besó en los labios sin pensar. Harry me haces sentir muy especial.

Antes de que pudiera responder, se metió en el apartamento y se apoyó contra la puerta, embargada por una felicidad que no había conocido nunca. Harry había pensado en ella durante su cita; la hacía sentirse como algo importante. Era el hombre ideal para ella.

Durante la semana no pudo dejar de pensar en él. Pasó su tarjeta a todas sus clientes, alabó su trabajo y dijo que era diseñador de sistemas audiovisuales más apreciado en Londres. Sugirió que si alguien quería que le diseñara uno debía darse prisa o sería demasiado tarde.

Una mañana la Sra. Malfoy, una cliente muy rica, le dijo que su esposo podría interesarle el trabajo de Harry y quería llamarlo. Ginny le entregó su tarjeta con alegría.

El viernes por la tarde cuando terminó de trabajar, pensó que le daría una sorpresa a Harry en su tienda. Tenía que descubrir sí lo había llamado el marido de la Sra. Malfoy. Además se moría de ganas de volver a verlo.

Harry colgó el teléfono y se volvió a Neville con alegría. No te vas a creer esto – le dijo: Lucius Malfoy acaba de llamar y dice que quiere conocerme.

¿El Sr. Malfoy, el dueño de la cadena de comida sana? Preguntó el otro.

El mismo. Me ha invitado esta noche a una fiesta en su casa Malfoy Manor ubicada en Wiltshire Inglaterra. Quiere que hablemos de la posibilidad de diseñar un mini cine para su casa.

¡Fantástico! Exclamó Neville ¿Cómo has podido contactar con él?

A través de Ginny – repuso Harry que todavía no podía creerlo. Le contó como lo había recomendado a sus clientes.

Neville sonrió.

Parece que tu relación con Ginny avanza al fin como tú querías.

Eso espero- tenía miedo de mostrarse demasiado seguro sabía por experiencia lo fácilmente que podían cambiar los sentimientos de ella.

Neville ¿Por qué no te vas a casa y te acuestas temprano? Puedo quedarme solo hasta la hora de cerrar.

Buena suerte con el Sr. Malfoy – musitó su empleado y con Ginny – añadió antes de marcharse.

Harry recibió a una pareja de clientes que entraban en la tienda y sonrió en su interior. Ginny había cumplido su promesa. Estaba seguro que su entusiasmo por su negocio era una muestra de que quería formar parte de su vida.

Ginny aparcó su coche delante de la tienda y miró la señal de neón que anunciaba la tienda de Sistemas Potter. Se sentía muy orgullosa de él salió del coche y abrió la puerta de cristal. En el interior vio a un par de clientes con cascos en los oídos probaban una cadena musical. Las paredes estaban llenas de estantes repletas de cadenas, amplificadores, videos, y televisores de todos los tamaños vio a Harry en la parte de atrás mostraba un amplificador a un cliente. Estaba tan absorto en su demostración que no la vio. Ginny deseó acercarse a él, abrazarlo por la cintura, apoyar la cabeza en su hombro y escuchar sus palabras.

Notó que otro cliente esperaba en la caja registradora para comprar unos cables. Dejó su bolso y se acercó a atenderlo sabía utilizar la caja porque a veces tenía que hacerlo en el salón cuando la recepcionista había salido.

Miró a Harry, confiando en que no le importara que se entrometiera de aquel modo. El hombre levantó la vista en ese momento y sonrió ampliamente, como si fuera natural que ella estuviera allí a su lado, como si hubiera estado siempre en su vida Ginny atendió al cliente con energía.

Harry siguió hablando del amplificador mientras observaba a Ginny ocuparse de otro cliente en el mostrador. El corazón amenazó con salírsele del pecho. Por un momento, le pareció que era su esposa, la Sra. Ginny Potter. Le gustaba la combinación del nombre de pila de ella con el apellido de él, pero tampoco le importaría si ella quería conservar su apellido de soltera.

Siguió hablando con su cliente con una confianza cada vez mayor. La presencia de ella en su tienda significaba más para él de lo que Ginny sabía nunca.

Cuando los clientes se marcharon, Harry cerró la puerta con llave y se acercó a abrazarla. Ginny podría acostumbrarme a tenerte siempre aquí susurró.

Yo también – confesó ella

¿Cuándo puedes empezar? Se burló él; le mordisqueó el labio inferior.

Cuándo tú quieras – repuso ella, basándolo. Harry le acarició el cabello.

El cliente al que me recomendaste ha llamado hoy.

¿El Sr. Malfoy? Preguntó ella ¿Qué ha dicho?

Quiere oír mis ideas sobre un proyecto que tiene para su casa.

¡Harry, eso es fantástico! Lo abrazó con fuerza. No te preocupes.

Te conseguiré más clientes. Me aseguraré de que te bombardeen a llamadas. Serás el más…

La boca de él cubrió la suya, impidiéndole continuar. Se sentía unida a él de un modo que nunca había considerado posible.

El Sr. Malfoy me ha invitado esta noche a una fiesta para celebrar la inauguración de su nueva tienda ubicada en Hogsmeade Village (Escocia) le dijo entre besos ¿vendrás conmigo?

No me lo perdería por nada – sonrió ella.

Poco después corría a su apartamento a cambiarse para la fiesta. Se hallaba buscando algo en su armario cuando sonó el teléfono, Ginny voy para Londres –dijo la voz de su hermana.

¿Cuándo?

Ha llamado Luna, mi empleo está disponible cuando quiera. Tengo que terminar un proyecto muy importante en Escocia y luego me marcharé con mi hermana favorita.

Ginny pensó en Harry, el hombre al que quería y que pertenecía a su hermana.

Molly no puedo creer que al fin vayas a venir – exclamó con una mezcla de alegría y ansiedad. Hay muchas cosas que quiero compartir contigo en Londres prosiguió su hermana.

Yo también

Quería pasar mucho tiempo con ella, que ambas pudieran recuperar todos los años perdidos.

Tengo que dormir un poco –dijo Molly. Mañana he de entrevistar a los candidatos para mi trabajo de aquí. Te llamare después.

Ginny no supo como colgó el teléfono. Su mente estaba llena de pensamientos conflictivos. Deseaba estar con su hermana y deseaba también que no apareciera en Londres ¿Qué iba a hacer sobre su amor por Harry?

Entró en la sala de estar sin saber que hacer. Quitó la fotografía, de ambas de la pared para mirarla. Al fin su hermana gemela y ella serian una verdadera familia. Cuando intentó, colgarla de nuevo, no dio con el gancho y la foto se estrelló contra el suelo. Ginny miró horrorizada el cristal roto. Levantó la fotografía, aliviada de que estuviera intacta, y la apretó contra su pecho sintiéndose atrapada e incapaz de ver una salida.

Harry aparcó el coche delante del apartamento de Ginny, apagó el motor y trató de aplacar sus expectativas. No podía evitar pensar que quizá, sólo quizá, acabara casándose con Ginny.

Salió de la camioneta ataviado con un traje oscuro y una camisa blanca. Antes de cerrar la puerta; sacó una rosa amarilla que le había llevado para el pelo en recuerdo a la que le diera en su primer san Valentín juntos. Escondió la rosa a su espalda y llamó a la puerta. Cuando Ginny abrió su belleza le hizo retener el aliento. Llevaba el cabello suelto sobre los hombros. Un vestido dorado ceñía su pequeña cintura y sus amplias caderas.

Tragó saliva. Ginny estas preciosa

La joven se ruborizó ¿En serio?

Sí, desde luego. Tan abstraído estaba en su belleza, que casi olvidó la flor. Te he traído una rosa amarilla- dijo mostrándosela.

Por un momento vio un brillo de tristeza en los ojos de ella, pero, luego la joven sonrió.

Es preciosa –dijo. Se inclinó a olerla y al hacerlo, sus pechos de marfil asomaron por su vestido dorado. A Harry empezaron a sudarle las manos, ¿Puedo ponértela en el pelo? Preguntó.

Ginny asintió. Harry le separó el cabello sedoso. El cuerpo de ella estaba a pocos centímetros del suyo. La sangre le corría por las venas a tal velocidad que no supo cómo fue capaz de sujetar la flor.

Ginny espero que no volvamos a separarnos nunca. Susurró, incapaz de ocultar sus sentimientos por ella. Al ver que no respondía, la miró con nerviosismo. ¿Ocurre algo?

No, no –dijo ella. Todo es perfecto pero mientras lo acompañaba hasta su coche su mente se llenó de dudas ¿Estaba pensando en dejarlo o era su inseguridad lo que le hacía dudar de la solidez de su relación?