Capitulo 19 Ginny conoce a la familia de Harry
A la hora de comer fue con Lavender a un café de Charing Cross Rood Londres, pero se hallaba demasiado nerviosa para probar su sándwich de pavo.
Lavender cuando conociste a tu familia política ¿Le caíste bien de inmediato?
A mi suegra le parecí demasiado delgada – repuso su amiga -, mi suegro dijo que era más callada que una hormiga. Aparte de eso, me acogieron como a uno de ellos y no me han soltado desde entonces – sonrió -, ¿Por qué? ¿Te ha invitado Harry a conocer su familia?
La joven asintió. Estoy muy nerviosa.
Te brillan los ojos como a una mujer que acaba de comprometerse.
¿En serio? Le gustaba aquella idea. Sabía que ya empezaba a soñar de nuevo, pero no podía evitarlo.
Lavender, ¿Puedes darme algún consejo? ¿Qué debo decirles?
Sé tu misma – repuso su amiga –si finges ser algo que no eres, lo captaran enseguida y te tomaran por embustera.
De inmediato comenzó a dolerle el estómago. ¿Cómo podía ser ella misma si se suponía que era su hermana gemela?
¿Y si no le caigo bien? Preguntó con ansiedad.
No te preocupes - la alentó su amiga – te adorarán Harry y tu hacéis una pareja perfecta, así que no tienen otro remedio.
Ginny mordisqueó su sándwich, pero no consiguió saborearlo. No podía contarle a Lavender la verdadera razón por la que estaba nerviosa. Tenía miedo de conocer a la familia de Harry la uniera todavía más a él.
Harry aparcó la furgoneta delante de la casa de su hermano. Estaba preocupado por la reacción de Ron y Hermione, pero trató de disimularlo.
¡Tío Harry! – oyó gritar a Rose.
Salió del coche con Ginny y vio acercarse a su sobrina. Esta abrió mucho los ojos y miró muy curiosa a la joven.
Rose, quiero presentarte a Ginny Weasley – dijo el hombre con orgullo.
Ginny estrechó la mano de la niña. Es un placer conocerte Rose.
La pequeña echó la cabeza hacia atrás y la observó con atención. Creo que puedes ser la novia de mi tío, pero antes tengo que hacerte una pregunta.
Dispara.
Sí mi tío quemara tu hamburguesa de queso y te llenara la blusa de mostaza, ¿Te seguiría gustando?
Harry levantó los ojos al cielo.
La verdad es queme gusta más el pollo, Rose – repuso Ginny ¿Te importa?
En absoluto – repuso la niña – creo que puedes ser la mujer indicada para él.
Mientras la seguían hasta la casa, la joven miró a su acompañante.
Me parece que ya me gusta tu familia.
El hombre sonrió. Cuando vio a su hermano y su cuñada en la sala de estar, renació su inseguridad. Ambos miraban a Ginny; en realidad, Hermione la analizaba abiertamente.
Ginny estrechó la mano de Ronald. Harry y tú os parecéis mucho – dijo.
El otro fingió una expresión de disgusto. Ginny ¿Era necesario que me estropearas el día?
Mi hermano no te perdonará nunca – musitó Harry.
Estaba aliviado porque sabía que a Ron le había caído bien; de no ser así no habría bromeado con ella.
Hermione le tendió la mano. Es un placer conocerte – dijo - ¿Qué te perece si te enseño la casa?
Harry se la imaginó interrogando a Ginny y se puso tenso.
Mamá, ¿Puedo enseñarle antes mi cuarto? – intervino Rose.
Buena idea – se apresuró a decir su tío. Hermione asintió y la niña subió las escaleras con Ginny.
Su cuñada se volvió hacia él.
Querías que Rose me la robara, ¿Verdad?
Sí.
Pienso hablar con ella, Harry.
Hermione, prométeme que no vas a presionarla. No quiero que crea que mi familia es una mezcla del FBI y la CIA.
Si Ginny te aprecia sinceramente, ¿Por qué van a importarle unas cuantas preguntas?
¿Qué clases de preguntas?
Hermione sonrió con malicia. Eso es cosa nuestra.
Desapareció en la cocina y Harry se volvió hacia su hermano.
Ronald ¿No puedes hablar con tu mujer?
Hermione ha tomado una decisión y no puedo hacer nada.
No quiero que espante a Ginny.
¿Qué es lo que te preocupa? Esa mujer esta loca por ti.
Lo dices por consolarme.
No. He visto como te mira.
¿Cómo?
Como si estuviera loca por ti.
Ronald no te burles.
Su hermano le dio una palmadita en la espalda. Vamos ¿Qué ha sido de tu asertividad?
Quiero que esta vez todo salga bien – repuso él. No quiero perderla. La quiero, Ronald.
Basta, basta me vas a conmover.
¡Rose, tu cuarto es fantástico! – exclamó Ginny. Se había quitado los zapatos y estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas. Apretó la nariz del león de peluche de la niña. Se sentía cómoda en la casa del hermano de Harry, como si hiciera siglos que conocía a su familia.
Rose buscaba algo en una caja de su armario. ¡Lo he encontrado! – exclamó. Le tendió una pequeña piedra de colores.
Ginny quiero regalarte este cuarzo de mi colección de rocas – le dijo – es mágico.
El cristal brilla en su palma. ¡Oh, no! No puedo aceptarlo
Quédatelo, por favor – insistió la niña – te traerá suerte con el tío Harry.
Ginny tomó la piedra.
¿En serio? – preguntó
Rose se acercó a la puerta, se aseguró de que no había nadie cerca y la cerró.
Sí te cuento un secreto, ¿prometes no decírselo a mi tío?
Ginny sonrió. Lo prometo.
Le oí hablar de ti con mamá y papá. Creo que le gustas mucho.
La joven apoyó los codos en las rodillas. ¿De verdad?
Pero tiene miedo de estropearlo – añadió Rose – cree que puedes cambiar de idea y dejarlo.
Ginny tragó saliva. Tú tío significa mucho para mí.
Me alegro, porque a mi también me gustas.
La joven no pudo resistir la tentación de tocarle la nariz. Ahora veo porque te quiere tanto tu tío.
En ese momento llamaron a la puerta. Harry se asomó al interior.
Rose, ¿Os habéis hecho ya amigas? – preguntó.
Sí, tío. Y además tenemos un secreto.
¿En serio? ¿Puedo compartirlo yo?
Antes de que la niña pudiera responder, sonó la voz de Hermione.
Rose, ¿Puedes bajar a poner la mesa?
Sí, mamá – se volvió hacia Ginny -, recuerda – susurró -. La magia funciona.
No lo olvidaré – susurró la joven a su vez.
Guardó el cristal en su bolso y pensó que Rose era un encanto.
La niña salió del cuarto y Harry se sentó en la cama a su lado, la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí. ¿Cuál es ese secreto? – preguntó.
No puedo decírtelo – repuso la joven – es entre tu sobrina y yo.
¿Ah, sí? – enarcó las cejas -. ¿Qué otros secretos me ocultas?
Una sombra oscureció la felicidad de Ginny. Una mujer tiene muchos secretos – musitó, apartando la vista.
Dime uno.
¿Cómo iba a decirle que no era quien él creía que era?
Tal vez lo haga algún día – repuso.
¡Harry, Ginny, la cena está lista? – gritó Ronald desde abajo.
Ya vamos le contestó su hermano. Le puso los zapatos como el príncipe a cenicienta, la ayudó a levantarse y la estrechó en sus brazos. No me importan tus secretos. Soy feliz con tenerte a mi lado. La besó en los labios y Ginny un dolor agudo en el corazón.
En el comedor, Harry mantuvo la conversación alejada al tema del pasado con Ginny. Consiguió incluso relajarse un poco, en especial cuando Hermione llenó el plato de Ginny de rodajas de carne de cordero mientras su hermano le servía vino tinto en el vaso.
Le tomó la mano bajo la mesa y se la apretó en silencio. Hacia el final de la comida, se sintió aliviado por el bien que había ido todo.
Mientras termináis con esto, nosotras vamos a dar un paseo – Hermione cuando empezaban a quitar la mesa.
¿Quiénes? – preguntó Harry nervioso.
Ginny, Rose y yo – repuso su cuñada - ¿Te importa?
Sí le importaba, pero vio a Ginny charlando y riendo con Rose en la puerta y comprendió que no podía entrometerse.
Que disfrutéis del paseo – dijo con nerviosismo.
Cuando se cerró la puerta, la ensaladera de cristal de la bisabuela de Hermione se le cayó de las manos. El corazón se le detuvo del pecho, pero consiguió agarrarla unos milímetros antes de que llegara el suelo.
Su hermano levantó las manos en un gesto exasperado.
Ginny paseaba con Hermione por la avenida Ottery Catchpole Street bordeada de árboles mientras que Rose patinaba por la acera delante de ellas.
A la joven le sudaban las manos y sentía los dedos de los pies fríos a pesar del calor.
Desde que llegara a la casa, había percibido que Hermione estaba ansiosa por hablar con ella. Temía que pudiera preguntarle algo a lo que sólo pudiera responder su hermana, porque entonces se daría cuenta de que era una farsante.
Hermione le leyó el pensamiento. Apuesto a que esperas a que te bombardee a preguntas – dijo.
A decir verdad…
Vale, lo admito – prosiguió la otra -. Me siento muy protectora con Harry. Es el único hermano de mi esposo y ninguno de los dos quiere verlo sufrir como hace siete años.
Hermione, siento lo que ocurrió entonces. Si pudiera retroceder en el tiempo y ahorrarle ese sufrimiento…
La otra dejó de andar y la miró. Ginny, ¿Por qué has vuelto a salir con él?
Porque no puedo vivir sin él – confesó la joven. Estar con él lo es todo para mí. No deseo otra cosa. Le temblaban las manos. Todo lo que decía era cierto, y no lo decía por favorecer a su hermana, sino que las palabras le salían del corazón.
Hermione sonrió. Esperaba que dijeras eso.
Rose dio una vuelta completa con los patines y miró a Ginny en busca de aprobación.
¿Has visto ese giro?
Eres una profesional.
La niña sonrió con orgullo. Gracias. Se alejó patinando por la acera.
Mi hija ya te aprecia – dijo Hermione, ahora no puedes dejar a la familia Potter o tendrás que apechugar con las consecuencias.
El significado de sus palabras afectó mucho a Ginny. Apenas recordaba luego cómo habían vuelto a la casa. Se sentía poseída por una mezcla de alegría exuberante por la aceptación de la familia de Harry y una inmensa tristeza al saber que todo aquello era sólo temporal.
Encontró a Harry en la sala de estar. ¿Y bien? – Preguntó él - ¿Qué tal el interrogatorio?
Tranquilízate – repuso su cuñada – Ha pasado el test con sobresaliente.
Rose se acercó a ellos.
Ginny ¿Cuándo Volverás?
La verdad es que Ron y yo pensábamos pedirle a Harry que se quedará con Rose el próximo domingo por la tarde para ir nosotros a la fiesta de cumpleaños de un amigo. Estoy segura de que a mi hija le encantaría que vinieras tú también.
¿Vendrás, Ginny? – preguntó la niña.
La joven miró a Harry. Desde luego que sí – repuso.
Rose tiró de ella hacia abajo. No olvides llevar el cristal siempre contigo – le susurró al oído -. Funciona.
Te lo prometo – repuso Ginny, deseando que aquello fuera cierto.
