Capitulo 22 Acompañando a Harry a Shell Cottage.
El viernes por la tarde, cuando salió hacia Shell Cottage con Ginny a su lado, Harry se sentía jubiloso. Miró a la joven y se dijo que debía encontrar el momento perfecto para declararse.
Sintió la garganta seca. Las manos le sudaban en el volante. ¿Cuál sería el momento oportuno? ¿Debía esperar a que se hallaran en el hotel? ¿O quizá después de la cita con el señor Lestrange?
Apretó el volante con fuerza y procuró pensar en las palabras románticas que harían aceptar a Ginny. Rechazó mentalmente una frase tras otra hasta que ya no fue capaz de pensar más.
Harry, ¿Has dicho que nos quedaríamos en el hotel Hyde Park Court? – preguntó ella.
Sí.
Creo que acabamos de pasarlo
¿En serio?
Estaba tan absorto en sus preocupaciones, que no se había dado cuenta de que habían llegado a su destino.
Aparcó la furgoneta y salió a buscar las llaves de sus habitaciones. Ginny estaba tan nerviosa de que deseaba volver a Londres. Abrió la puerta del vehículo y salió al exterior; necesitaba andar para calmar su ansiedad.
El camino que salía del hotel conducía a una playa privada. Oía el chocar de las olas contra la orilla y veía su espuma blanca en la oscuridad.
Miró las estrellas que brillaban en el cielo aterciopelado. Una media luna resplandecía en la vasta extensión de cosmos.
Sabía que era una locura, pero, por un instante, casi tuvo la impresión de estar de luna de miel con Harry. Los dos solos; sola con el hombre al que adoraba.
Entonces lo oyó acercarse. La tomó por la cintura y miró también el cielo estrellado. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo? – preguntó.
Su voz sonaba muy cerca del oído de ella. Su aliento cálido rozaba la mejilla de a joven. Su cuerpo sólido se apretaba contra la espalda femenina. A Ginny le hubiera gustado poder quedarse así eternamente.
Me parece bien.
En el muelle de Shell Cottage, se apoyó contra el hombro de él. Había muchas cosas que deseaba decirle, pero, enterró sus palabras de amor en lo más profundo del corazón.
Me importas mucho, Ginny – susurró él – no puedo imaginar la vida sin ti.
La besó, primero con gentileza y luego con más pasión. La joven abrió los labios y recibió la lengua de él con la suya, queriendo mostrarle que a ella también le importaba mucho. Se apretó contra él.
Me siento muy afortunada de estar contigo, Harry.
Volvamos al hotel – susurró él, entre besos.
Apenas recordaba su regreso. Sólo era consciente del calor de los brazos de él, de la ternura de sus besos. Era lo único que quería saber.
Cuando entraron en el vestíbulo, oyó música suave de piano procedente del restaurante. Una voz masculina cantaba la letra de una melodía romántica.
Al llegar a su cuarto con Harry, le temblaban las piernas. El hombre abrió la puerta y dejó su equipaje en el interior. Ginny miró la enorme cama y luego a él. Sus ojos expresaban el mismo anhelo que sentía ella.
Sí me necesitas solo tienes que llamar en la puerta de conexión – susurró él. Salió de la estancia, manteniendo así su promesa de no presionarla.
Ginny miró la puerta que separaba su cuerpo de él. Lo único que tenía que hacer era llamar y se encontraría en sus brazos, en su cama, desnuda bajo las sábanas. Apartó aquellos pensamientos de su mente y salió a la pequeña terraza que daba a la playa. Una pared de madera separaba su terraza de la de Harry. En el cuarto de él había luz. Deseó llamarlo.
En lugar de ello, volvió a su habitación, se desnudó y se metió en la ducha. Justo cuando abría el grifo, oyó que Harry hacia lo mismo al otro lado. Se lo imaginó desnudo, con el agua cayendo por su cuerpo.
Se duchó con rapidez y se dijo una y otra vez que estaba allí para ayudar a solidificar la relación de Molly con él, nada más. Cuando se secó, buscó un camisón en la maleta y se dio cuenta de que solo había metido una bata de algodón. Se la puso sobre el cuerpo desnudo y sintió la brisa salada del mar entrando por la puerta abierta de la terraza. La cerró, por motivos de seguridad, y encendió el aparato de aire acondicionado, pero éste no funcionaba. Lo golpeó varias veces con el puño, con la esperanza de que se pusiera en marcha. Entonces oyó una llamada en la puerta de conexión. Contuvo el aliento y vio que se abría la puerta.
Apareció Harry, ataviado con pantalones cortos verdes y el pecho desnudo y bronceado. Su cabello seguía húmedo de la ducha. Te he oído dar golpes – dijo con voz ronca.
El aire acondicionado no funciona.
Le echaré un vistazo.
Se acercó a ella y quitó la tapa exterior del termostato. Caray, mira cuanto polvo – dijo – el termostato no puede registrar la temperatura del cuarto. Sopló el polvo, volvió a colocar la tapa y encendió el aparato, que se puso en marcha enseguida.
Ginny dio un salto. ¡Está congelado! – exclamó
Harry la rodeó con sus brazos. ¿Mejor?
La joven asintió y apoyó el rostro contra el pecho de él. Oía los latidos de su corazón.
Te necesito, Ginny – susurró el hombre -. Te necesito mucho.
Harry, abrázame fuerte – murmuró ella. Levantó el rostro hacia él y sus labios se encontraron.
El hombre la estrechó con fuerza y Ginny notó que se aflojaba el cinturón de su bata. Contuvo el aliento. Harry metió las manos bajo la prenda y le tocó los pechos.
La joven sabía que debía detener aquello, pero quería entregarse a él. Quería entregarle su corazón, su alma y todo su cuerpo.
Harry le quitó la bata y miró su desnudez. Eres muy sexy – dijo con voz ronca. Le acarició los pezones con los pulgares sin dejar de mirarla a los ojos, como si quisiera penetrar en su alma con la vista. Bajó luego la mano hasta su vientre y acarició su centro hasta que ella cerró los ojos y gimió de placer.
Ginny, quiero hacer el amor contigo – susurró, como si quisiera asegurarse de que ella deseaba lo mismo.
La joven se rindió a la necesidad que no había dejado de acrecentarse desde el día en que lo conoció.
Te deseo mucho – murmuró a su vez.
Harry la condujo a la cama y se quitó el pantalón corto. Ginny miró temerosa su sexo excitado. Le temblaban los muslos y deseaba sentirlo en su interior.
El hombre se colocó encima de ella y la besó en la boca. La joven jadeaba y la piel le ardía con una pasión que no había experimentado jamás.
Lo único que deseaba era volverse una con él.
Acarició su sexo con los dedos. Harry gimió, le separó las piernas y la penetró.
¡Oh, Harry! – gritó ella, sintiendo una unidad exquisita con él.
El hombre comenzó a moverse sin dejar de mirarla a los ojos.
Te quiero – susurró -. Te quiero muchísimo.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas. Yo también te quiero – repuso.
Harry le apretó las nalgas y la empujó contra sí. Sus músculos se tensaron y su cuerpo tembló encima de ella.
Ginny, Ginny - gimió una y otra vez.
Entonces unos espasmos recorrieron el vientre de ella en respuesta a su clímax. En aquel momento se sintió fusionada con él.
Después, tumbada en sus brazos, la envolvió una oleada de paz, Harry le besó con ternura la frente y los ojos, la nariz y los labios.
Me siento muy cerca de ti – murmuró – muy cerca. Ginny se quedó dormida con él acariciando su espalda. Cuando abrió los ojos, el sol entraba ya por la ventana de la terraza. Tardó un instante en recordar dónde se hallaba.
Vio a Harry desnudo y dormido a su lado. Tenía su mano apoyada sobre su pecho desnudo de ella. Comprendió lo que había hecho y sintió miedo. Se levantó, procurando no despertarlo. Entró en el baño cerró la puerta. Le dolía la cabeza y sentía náuseas ¿Cómo podría confesarle a su hermana que había entregado a Harry no sólo su corazón y su alma, sino también su cuerpo?
Los remordimientos la asaltaron, no sólo por haber traspasado los límites con el hombre al que amaba su hermana, sino también porque, después de haberlo hecho, quería volver allí y repetirlo.
Harry abrió lentamente los ojos al sol de la mañana. Ginny – susurró. Tendió una mano hacia ella y, cuando notó la cama vacía, se fijó en que la puerta del baño estaba cerrada. Siguió tumbado, consciente de que seguía con él, casi seguro de que siempre estaría con él. Todavía podía oír los latidos del corazón de ella cuando sus cuerpos se unieron.
Cuando le confesó que la amaba, ella le respondió del mismo modo. Era la primera vez que Ginny pronunciaba aquellas palabras.
Entonces oyó el teléfono en su cuarto. Salió de la cama, se puso el pantalón corto y se fue a contestar.
Ginny oyó cerrarse la puerta de conexión y salió del baño para ponerse la bata. No sabía como iba afrontar a Harry con la culpabilidad que sentía por haber hecho el amor con él.
Sin embargo, en consideración a su hermana, debía actuar como si no ocurriera nada y ella lo amara. Y así era, Harry era el hombre de sus sueños. Había sabido sacar a la superficie una parte apasionada, sensual y desinhibida de ella que jamás había sabido que existiera. Y le había dicho que la quería.
Miró el teléfono del hotel. Sentía la necesidad urgente de llamar a Molly. Necesitaba confesarle que había cometido un terrible error y suplicarle que la perdonara.
Pero lo que más la torturaba era que nunca podría confesarle a su hermana lo que sentía en realidad por Harry. Nunca podría decirle que hacer el amor con él había sido la experiencia más sublime de su vida. Ese secreto debía permanecer encerrado en su corazón para siempre.
En su cuarto, Harry no podía creer lo que oía. ¿Está diciendo que me da el encargo? Preguntó.
Desde luego – repuso el señor Lestrange.
Harry se quedó tan atónito que apenas oyó las disculpas del otro por verse obligado a cancelar la cita debido a una emergencia de última hora. Estaba todavía en su casa de Londres, donde tenía que salir aquel día para Francia.
Pero, señor Lestrange – dijo -, todavía no le he mostrado los diseños para su casa.
Eso no me preocupa. Anoche mi esposa me convenció de que lo contratara sin falta. Parece que Ginny lo ha recomendado a tantas clientas que tiene miedo de que, si no lo hago ahora, tengamos que esperar cola por sus servicios.
Harry miró la puerta de conexión, Quería dar las gracias a la joven y decirle que ya pensaba en ella como su esposa.
Sr. Lestrange, le prometo que le crearé un sistema que corresponda a todas sus necesidades – dijo con asertividad.
Espero que pueda regresar a Shell Cottage la próxima semana con Ginny. Yo pagaré todos los gastos. Quisiera llamar a algunos fabricantes de video y audio que conozco y montar una demostración en mi estudio. Prepararemos lo último que se haya visto y podremos elegir los componentes que tendrá que instalar. También pienso invitar a varios asociados míos que pueden estar interesados por sus servicios.
Eso es fantástico. El próximo fin de semana está bien. Le ayudaré a elegir el equipo de más calidad del mercado.
Oyó una voz al fondo de la línea. Mi esposa dice que lleva toda la mañana llamando a Ginny, pero no ha conseguido localizarla. Si la ve, ¿Puede decirle que venga a peinarla a mediodía antes de que nos marchemos?
Se lo diré. Sí hay algún problema ella llamará a su esposa. Si no, estará allí a mediodía. Colgó el teléfono y llamó a la puerta de conexión.
Ginny, ¿Puedo pasar? Estaba impaciente por compartir la noticia con ella.
Desde luego, entra.
Le pereció que su voz sonaba distante, pero estaba demasiado entusiasmado para reparar mucho en ello.
Ginny ya estaba vestida cuando entró. Metía la bata doblada en la maleta y tenía el cabello mojado de la ducha. Se había pintado los labios y Harry creyó notar que evitaba su mirada.
¿Te arrepientes de lo de anoche? –
La joven lo miró. Fue la experiencia más hermosa de mi vida – dijo con sinceridad.
El hombre sonrió y la tomó en sus brazos. Para mí también – susurró. La besó en los labios -. El Sr. Lestrange acaba de llamar. Ha pospuesto la cita de esta mañana, pero me ha contratado para diseñar su equipo.
¿En serio? ¿Sin ver el diseño? ¿Cómo es posible?
Es obra tuya – la besó con ternura y le contó que la Sra. Lestrange necesitaba que volviera a Londres para que la peinarla antes de salir para Francia.
Vámonos – dijo ella, excitada -. No quiero que nada estropee tu oportunidad de trabajar con su marido.
Harry la abrazó un instante más.
El Sr. Lestrange nos ha invitado a los dos a regresar el fin de semana que viene, con todos los gastos pagados, para asistir a una demostración que piensa montar.
¿A los dos? – preguntó ella, insegura
Sí, creí que te gustaría ir conmigo.
Si, desde luego – miró su reloj -. Será mejor que volvamos a Londres o llegaré tarde.
En el camino de vuelta, Harry notó que Ginny se mordía la uña del pulgar y miraba a menudo el reloj. No había dicho apenas nada desde que salieran del hotel. Parecía tensa, y creyó que podía deberse a su miedo de no llegar a tiempo a su cita.
Miró hacia adelante, frustrado consigo mismo. Todavía no le había pedido que se casara con él. Y sabía que no podía hacerlo en ese momento, con ella preocupada por otra cosa. Decidió esperar. Así tendría más tiempo, para idear un plan perfecto: una proposición de matrimonio que ella no pudiera rehusar.
Cuando volvió a su apartamento después de peinar a la Sra. Lestrange. Ginny se sentó en la cama con la mano sobre el teléfono y pensó en cómo iba a decirle a su hermana que había hecho el amor con Harry. Marcó el número del apartamento de Molly con dedos temblorosos. Al oír el contestador, le dejó mensaje de que la llamara inmediatamente desde Japón.
No supo cuánto tiempo pasó andando por la casa y pensando en el modo de explicarle a su hermana que no había sido su intención herirla ni enamorarse de Harry.
El sonido del teléfono la sobresaltó. Contestó con rapidez.
Ginny, acabo de oír tu mensaje; estoy en una reunión en Tokio, así que no puedo hablar mucho – bajó la voz – Colín Creevey, el nuevo ejecutivo, está a mi lado.
Ginny se mordió el labio inferior. Hay algo que debo decirte.
Espera, Colín acaba de salir de la estancia. Gin no te lo vas a creer, pero me he enamorado de él.
¿Enamorado de quién? – repitió su hermana, que no estaba segura de haber oído bien.
De Colín, el ejecutivo que iba a sustituirme. No quería decírtelo hasta estar completamente segura, pero me ha dicho que él también me quiere. Juntos hemos conseguido tanto trabajo para la agencia que nos han ofrecido un ascenso a los dos. Volaremos a Londres cuatro veces al año, así que podremos vernos a menudo.
A Ginny le daba vueltas la cabeza. ¿Y que hay de tu empleo con Luna?
Ya la he llamado y le he explicado la situación. Le he recomendado a una amiga mía que tiene una gran reputación en este campo y va a mudarse a Londres. Luna está plenamente satisfecha con el arreglo, así que no hay problema.
¿Cómo puedes decir eso? ¿Y qué pasa con Harry? ¿Cómo puedes volver a herirlo de ese modo?
Gin, no es nada de eso ¿No te das cuenta? Mi plan ha funcionado.
¿Qué plan?
Que salieras con Harry.
¿De qué estás hablando?
Adiviné que te habías enamorado de él desde el momento en que lo viste en el gimnasio, pero sabía también que, después de lo ocurrido con Deán, jamás creerías que Harry podía enamorase de ti, así que te pedí que te hicieras pasar por mi para que te abrieras a él. Y ha funcionado ¿Verdad?
Ginny se sentó en el sofá, confusa y mareada.
¿Estás diciendo que nunca has estado enamorada de él?
No, pero si te lo decía antes, no hubieras seguido adelante con el plan.
¡Pero Harry cree que soy tú! – exclamó Ginny. ¿Cómo voy a decirle que no soy la persona que él cree?
Yo me encargaré de eso. Mañana me voy de Japón y pienso ir a verte a Londres. Se lo explicaré todo. Está enamorado de ti y no le importará.
Te equivocas, Molly.
Por favor, Ginny, no empieces a dudar de su amor – prosiguió su hermana -. Si lo haces, habrá fallado mi plan – le habló de Colín Creevey y de las ganas que tenía de presentárselo -. No te enfades conmigo, me has ayudado mucho. Después de oír tus historias de amor con Harry, me di cuenta de que yo también podía enamorarme de un hombre y así ha ocurrido. Tengo que irme. Te quiero hermanita.
Ginny se hallaba inmersa en un tornado de emociones. Debería haberse sentido jubilosa, pero no era así. Porque, por mucho que dijera su hermana, la realidad era que Harry no la amaba a ella, sino al recuerdo de Molly.
Sabía que no estaba bien dejar que ella le dijera la verdad. Tenía que hacerlo personalmente. Y en cuanto viera que no era la mujer desinhibida y sensual a la que quería, lo perdería para siempre.
