Capitulo 24 Cara a cara con la verdad.
El sábado por la tarde, Harry trató de concentrarse en la demostración de Shell Cottage. Vio a su anfitrión hablando con un par de personas. El Sr. Lestrange, le sonrió, haciéndole saber de aquel modo que estaba alabando su talento ante sus amigos.
Aquello debería haberle alegrado. Su negocio podía alcanzar alturas que jamás había imaginado. En lugar de ello, los ojos le dolían debido a la falta de sueño y su mente estaba embargada de pensamientos caóticos.
Porque Ginny no estaba con él.
Examinó los amplificadores y pensó en la noche anterior. Se disponía a salir del apartamento cuando sonó el teléfono y respondió el contestador. Era Ginny otra vez para decirle que necesitaba hablar con él.
Lo había llamado varias veces, pero no podía hablar con ella, porque, aunque sabía que lo había traicionado, no había dejado de quererla. Eso era lo que más lo enfurecía y frustraba. En cuanto oía su voz, deseaba verla. Deseaba abrazarla. Y se echaba la culpa de que se hubiera ido con otro hombre.
¿Cuántas veces se había dicho que no debía empujarla a una relación hasta que no estuviera preparada? Sabía por su experiencia anterior que necesitaba a un hombre que no la presionara, que no sintiera una necesidad tan intensa de estar con ella a todas horas.
Harry, quiero presentarte a Remus Lupin y Sirius Black – dijo el Sr. Lestrange-. A los dos les interesan sus ideas sobre diseños exclusivos para sus casas.
Díganme con qué espacio cuentan – repuso Harry -, y les haré un boceto ahora mismo.
Sintió una energía repentina. Miró hacia los invitados deseando ver a Ginny, compartir con ella las posibilidades increíbles que se le abrían. Sin embargo, enseguida se dio cuenta de que buscaba un amor que ya no se hallaba en su vida.
Su mente volvió al anillo de compromiso. Su pérdida le parecía una señal de mal agüero.
Aquello había terminado. Ginny había salido de su vida para siempre. No debía haberse enamorado de ella por segunda vez sabiendo que ella no podía haberlo querido la primera. Volvió su atención al Sr. Lestrange. Y los hombres de negocio.
Ginny conducía con rapidez por la autopista de la costa en dirección a Shell Cottage. Al no poder contactar con Harry por teléfono, se había pasado por su tienda. Neville le dijo que había salido temprano para la demostración de Sr. Lestrange. La joven no perdió un segundo. Tenía que hablar con Harry de inmediato era preciso que le dijera la verdad. Sabía lo importante que era para él ese encargo y quería borrar de su mente el rechazo doloroso que había vivido en su apartamento. Apretó con fuerza el acelerador y deseó poder pasar unos momentos a solas con él en casa del Sr. Lestrange. Confió en que la escuchara. Tal vez pudiera olvidar lo que había visto y seguir con su vida. Trató de no pensar en el hecho de que ella no formaría parte de aquella vida. Miró su bolso, colocado en el asiento contiguo. Llevaba consigo la fotografía de Molly y ella para que pudiera ver la verdad por sí mismo. También tenía el anillo de compromiso. El anillo comprado para ponerlo en el dedo de su hermana, no en el suyo. Tocó el cristal de cuarzo sin dejar de conducir y rogó que la piedra le diera la suerte que tanto necesitaba para conseguir que Harry perdonara su engaño.
Miró el tráfico y sintió que se le encogía el corazón. El amuleto no podría darle nunca lo que de verdad quería: el amor de Harry; porque nunca había sido suyo. Entró en el aparcamiento y corrió a la puerta principal, nerviosa ante la posibilidad de ver a Harry, pero con la esperanza de que le permitiera hablarle, cuando entró en el amplio estudio, vio que estaba lleno de personas que observaban muestras de aparatos audiovisuales, procesadores digitales y amplificadores. Se abrió paso entre ellos buscando a Harry. Cuando lo vio, el corazón le latió con fuerza. Estaba al otro extremo del estudio, señalando una cadena musical y mostrando un dibujo al Sr Lestrange y un par de hombres más.
Sonrió con orgullo al ver que el Sr. Lestrange lo miraba con satisfacción. Estaba segura de que tendría éxito y conseguiría hacer realidad su sueño de ampliar su negocio. Pero su sonrisa se borró al ver la tristeza que expresaban los ojos de Harry. No disfrutaba con aquello como lo habría hecho de no tener el corazón roto. Era preciso que lo viera a solas. Tenía que hacerle comprender…
¿Ginny? – Dijo la Sra. Lestrange a su lado-. ¿Verdad que es fantástico? Mi esposo ha invitado a muchos de sus amigos y clientes. Comenzó a comunicarle del nuevo estilo de corte que había visto en una revista y quería probar en su próxima cita y se llevó a la joven a un rincón para charlar más a gusto.
Mientras Harry explicaba a los hombres los amplificadores que podían colocar en sus habitaciones privadas, vio a una mujer de espaldas al otro lado de la estancia. El corazón le latió con fuerza. La mujer parecía Ginny. Justo entonces, varios invitados se colocaron delante y ya no pudo verla. Se hizo a un lado para ver si conseguía ver algo y divisó a una pareja abrazándose en el estudio. El corazón le dio un vuelco al recordar a Ginny en brazos de otro hombre. Todavía no podía creer que lo hubiera engañado Después de entregarse a él de aquel modo en la habitación del hotel. Sin embargo, ¿Por qué dudaba de que sus sentimientos pudieran cambiar si era algo que ya había ocurrido siete años atrás?
El Sr. Lestrange le estrechó la mano. Harry, creo que ha hecho dos ventas más.
Muchas gracias – estrechó con firmeza las manos de los tres hombres.
Buscó luego entre los rostros que llenaban la estancia el de la mujer que se parecía a Ginny. Aunque creía que todo era obra de su imaginación, todavía sentía el impulso de compartir con ella su triunfo. Necesitaba abrazarla y decirle que era ella la que había hecho avanzar su vida y su trabajo. Había alterado toda su existencia. Eso era lo más le dolía por dentro. Todavía soñaba con su amor. No podía olvidarla. Quería seguir creyendo que ambos compartían un amor que nada podría destruir.
Ginny seguía al lado de la Sra. Lestrange. De lejos, le pareció ver que Harry miraba en su dirección. Los ojos de él brillaban con una combinación de tristeza y excitación. En aquel momento supo que había conseguido más encargos. Sintió el impulso de echarse en sus brazos. Quería decirla lo mucho que se alegraba de que sus negocios marcharan bien. Anhelaba compartir con él el júbilo de aquel día especial.
Entonces lo vio salir del estudio acompañado por el Sr. Lestrange y dos hombres más. Se disculpó con su anfitriona y avanzó entre la multitud, deseando poder ir con él. Desde la ventana observó que subía a la limusina negra del Sr. Lestrange.
Miró un instante hacia el estudio, casi como si supiera que ella estaba allí. Luego la puerta del vehículo se cerró y se alejó por el camino.
Ginny, de pie sola en la ventana, comprendió que sus momentos de amor con Harry no eran más que una fantasía. Nunca había formado parte de su vida. Vivía a la sombra de su hermana. Sabía que debía esperar a que Harry regresara a Londres para poder hablar con él, así que salió del estudio. Al pasar por el hotel Hyde Park Court, detuvo el coche. El recuerdo de su noche con él pasó por su mente. Quería regodearse un momento más en la intimidad y la sensualidad que habían compartido, porque eran cosas que no volvería a experimentar. Entró en el aparcamiento sin pensar en lo que hacía. Salió del vehículo y se acercó a la playa. Miró la terraza de la habitación donde ambos se habían fundido en uno solo. Las puertas estaban abiertas y vio una pareja que reía y brindaba con vasos de vino.
Apartó la vista y contempló el mar. Las olas llegaban cerca de sus zapatos. No podía borrar el amor que llenaba su corazón. Siempre querría a Harry, por mucho tiempo que pasara y por lejos que se encontrara ella.
En el asiento trasero de la limusina, Harry no podía concentrarse en la conversación financiera de sus acompañantes. Miró por la ventanilla de cristales oscuros y deseó que Ginny pudiera estar a su lado. Cuando salió del estudio, le pareció verla en la ventana, mirándolo. Sabía que era su imaginación. Estaba tan metida en sus pensamientos que la veía por todas partes.
Harry, espero que no le importe – dijo el Sr. Lestrange-. Pero nos gustaría invitarlo a cenar en el Club de Shell Cottage.
Fantástico – repuso el joven, apreciando el gesto del otro-. ¿Pero puedo pasar antes por mi habitación del Hyde Park Court para buscar mi chaqueta?
Desde luego. El hombre se inclinó y dijo al conductor.
Harry salió de la limusina delante del hotel. Echó a andar, pero se detuvo de repente. Le pareció ver la silueta de Ginny de pie en la arena de la playa. Achicó los ojos, seguro de que la confundía con otra persona, como había hecho en el estudio. Pero al acercarse más, el corazón le latió con fuerza. La brisa agitaba su cabello rojo. El vestido, que le llegaba hasta media pierna, se le pegaba a las piernas, y el aroma a rosas llenaba el aire.
Por un momento olvidó el dolor de su corazón. Olvidó que lo había traicionado. Ginny – susurró, acercándose.
La joven se volvió hacia él y sus mejillas se ruborizaron en el acto. Sus ojos color chocolate se suavizaron al mirarlo.
En ese instante, Harry sintió un amor inmenso por ella. Luego recordó que la había visto en brazos de otro hombre.
¿Qué haces aquí? Preguntó.
Ginny deseaba abrazarlo. Anhelaba susurrarle cuanto lo quería, pero vio el dolor en sus ojos, dolor que ella había causado. He ido al estudio del Sr. Lestrange a buscarte – repuso con voz temblorosa -, pero estabas muy ocupado. Harry quiero decirte lo que ocurrió cuando viniste a mi apartamento.
El hombre apretó la mandíbula. No tienes que explicarme nada. Me hiciste ver claramente cuál era nuestra situación.
No, Harry.
Te vi, Ginny, no necesito más detalles.
No fue a mí a quien viste.
Vamos, Ginny
Mi hermana gemela estaba en mi apartamento cuando llegaste.
¿En serio? – preguntó el con burla-. Y yo soy el gemelo de mi hermano.
Harry… por favor, déjame probártelo. En mi coche hay algo que quiero enseñarte.
Antes de que él pudiera decir nada. Corrió hacia el coche, con la esperanza de que el dolor de los ojos de él desapareciera al ver la verdad y pudiera perdonarla.
Harry la siguió con el cuerpo tenso. Oía música y risas procedentes del restaurante. Veía también la limusina negra que lo esperaba en la puerta. Sabía que debía decirle que olvidara aquel juego, porque ya no iba a creerse nada. Sin embargo, no pudo evitar darle una oportunidad. No podía olvidar los sentimientos poderosos que albergaba por ella.
Mira esta foto – le suplicó Ginny, tendiéndosela – soy yo con mi hermana Molly.
Harry miró la fotografía con incredulidad. En ella se veía a Ginny con un brazo en torno a la cintura de Ginny.
No comprendo. ¿Es otra de tus bromas?
Harry, tu conociste a mi hermana en el instituto – le explicó ella – se hacía llamar Ginny igual que yo. Le contó como habían sido separadas al nacer y ambas desconocían la existencia de la otra. Le dijo que su hermana la había encontrado y desde entonces utiliza su verdadero nombre (Molly Ginevra).
Harry la miró confuso. ¿Tú eres la hermana gemela de Ginny? – preguntó con incredulidad -. ¿Por qué no me lo dijiste el primer día que te vi?
Te lo dije – repuso ella -. Pero tú no me creíste.
¿Por eso no te acordabas Susan Bones? Preguntó él aliviado -. ¿Y por eso odias el pescado crudo?
Al ver que ella asentía, su corazón se llenó de esperanza.
Cuando viniste a mi apartamento – añadió ella -, yo había ido al supermercado y mi hermana estaba allí con Colín, su nuevo novio.
¿Al supermercado?
Deseaba gritar de júbilo al pensar que lo que había visto en el apartamento era una ilusión. Ginny no lo había engañado.
Siento haberme hecho pasar por mi hermana – prosiguió ella-, pero me suplicó que lo hiciera. Me pidió que saliera contigo hasta que se mudara a Londres. Quería que consiguiera tu perdón por haberte herido en el instituto. Nunca me sentí cómoda haciéndome pasar por ella, pero es mi hermana tenía que hacerlo.
Harry se puso tenso.
Entonces, ¿Solo saliste conmigo a causa de tu hermana? – preguntó
Sí – repuso ella en voz baja.
El hombre sintió que se quedaba sin aliento.
Ginny metió la mano en el bolso y él creyó ver algo que caía al suelo, pero su atención estaba fija en el anillo de diamantes que le mostraba ella.
Supongo que se te cayó antes de tener la ocasión de dárselo a mi hermana. Lo colocó en la mano abierta de él y sus dedos se rozaron. Harry sintió el impulso de cerrar la mano en torno a la de ella, pero la joven apartó los dedos con rapidez.
Gracias por traerme el anillo – dijo él.
Siento mucho lo que te he hecho sufrir – musitó ella -. Nunca fue mi intención.
No importa –repuso él- te agradezco que me hayas dicho la verdad
Entonces vio que alguien bajaba la ventanilla de la limusina negra. El Sr. Lestrange miró en su dirección.
Ginny también se dio cuenta.
Será mejor que no hagas esperar a tus nuevos clientes.
Sí, de acuerdo.
La joven se alejó hacia su coche, sin darle tiempo a decir nada más. Sintió el impulso de correr tras ella. Quería averiguar quien era en realidad. Pero ella salió del aparcamiento sin mirar atrás.
Harry estaba a punto de dirigirse a la limusina cuando vio algo brillar en el suelo. Se agacho y levantó el pequeño cristal. Comprendió que había caído del bolso de Ginny cuando ella sacó el anillo de compromiso. Miró en su dirección, pero el coche se había perdido en el tráfico, sacándola de su vida para siempre.
En el camino de vuelta a Londres, Ginny trató de combatir las lágrimas que inundaban sus ojos en el bolso el cristal de cuarzo de Rose con la idea de apretar en su mano el único vínculo que todavía la unía a Harry.
Al no sentir la piedra, aparcó a un lado de la carretera y volcó el contenido del bolso en el asiento, pero el cuarzo había desaparecido.
Abrió el coche, con una sensación de sofoco, para respirar el aire del mar. Miró la playa vacía. La luna ya brillaba ya en el cielo. La caseta de los socorristas estaba vacía, igual que su corazón.
¿Por qué se torturaba de ese modo? Sabía desde el comienzo que Harry estaba enamorado de su hermana. A ella no la había querido nunca. ¿Por qué sufría por un amor que no había tenido jamás? La brisa de la noche le enfrió la piel. Se abrochó el vestido hasta el cuello y comprendió por qué sufría de ese modo. Porque Harry había cambiado su vida. No podía volver a vivir como antes, sin él, sabiendo que su apartamento estaba tan cerca, su tienda a poca distancia, y que jamás volvería a formar parte de su vida. Puso el motor en marcha y se dijo que había llegado el momento de hacer cambios drásticos en su vida.
