Capitulo 25 La reconciliación.

El domingo por la mañana, Harry se despertó bruscamente en su apartamento. El corazón le latía con fuerza y le sudaba la piel. Había soñado con Ginny. Ella lo abrazaba y le susurraba que lo quería, que siempre estaría a su lado.

Entonces sonó el teléfono. Por un instante, creyó que era ella.

Harry ¿Dónde estás? – preguntó la voz de su cuñada -. El partido de fútbol de Rose empieza dentro de quince minutos.

Allí estaré

Tan alterado estaba por la pérdida de Ginny que había olvidado la promesa que le hiciera a su sobrina de asistir al partido. Saltó de la cama, se duchó con rapidez y tomó una taza de café. Vio el cristal de cuarzo de Ginny sobre la mesa de la cocina. Quería devolvérselo, ¿Pero cómo? Ella no quería verlo. Su misión por su hermana había terminado; había hecho su trabajo y ya no quería saber nada más de él.

Metió el cristal en el bolsillo de sus tejanos y salió hacia el Victoria Park. El partido de fútbol había empezado ya. Se acercó a la manta en la que estaban sentados Ronald y Hermione. Mientras animaba a Rose, sacó el cuarzo del bolsillo y lo apretó en la mano. Aunque sabía que no debía hacerlo, en su mente seguía aferrándose a Ginny.

El entrenador sacó a Rose del encuentro y la niña corrió hacia la manta.

Hola, tío – lo abrazó.

Harry le devolvió el abrazo y la piedra cayó sobre la manta. Rose la tomó con rapidez.

¡El cristal que le di a Ginny! – exclamó.

¿Se lo diste tú? – preguntó su tío, sorprendido.

¿Por qué lo tienes tú?

Se le cayó accidentalmente.

Tienes que devolvérselo de inmediato – dijo la niña

¿Por qué?

Porque sin el cristal, el sueño de Ginny jamás se hará realidad.

¿Qué sueño, Rose?

En ese momento, el entrenador la llamó de vuelta al campo, Harry sintió una energía repentina. Rose y el cristal era su excusa para ver a Ginny una vez más. Se lo metió en el bolsillo, con la esperanza de que a él también le diera suerte.

El domingo por la noche, Ginny ayudó a su hermana a hacer las maletas para su regreso a Edimburgo. Oyó que Colín hablaba por teléfono desde la sala.

Molly la miró preocupada.

¿Estas segura de que quieres mudarte a Edimburgo ahora? ¿Qué hay de Harry?

Ginny dejó la ropa que tenía en la mano.

No puedo quedarme aquí sabiendo que puedo encontrármelo en el gimnasio o en la calle.

Molly se dejó caer sobre la cama.

¿Por qué no le dices que lo quieres?

No, no puedo hacer eso.

Escúchame, ¿Vale? Yo en tu lugar iría a su casa y le diría que no puedo vivir sin él.

Pero yo no soy tú – le tembló la voz - ¿No lo comprendes? La mujer de la que se enamoró eres tú, no yo.

Hubo una llamada en la puerta y Colín asomó la cabeza.

Molly, el taxi ya está aquí.

Voy enseguida – se volvió hacia su hermana -. Llamaré a Harry y le diré que lo amas pero eres tímida y…

Por favor, no lo hagas – le suplicó Ginny -. No puedo seguir escondiéndome detrás de ti. No quiero que Harry venga conmigo porque le doy pena – oyó el claxon del taxi -. Tienes que irte.

Su hermana la abrazó con fuerza.

Te veré en Edimburgo. Y no te preocupes por el trabajo. Puedes quedarte en mi apartamento hasta que encuentres uno.

Te quiero, hermanita – susurró Ginny.

En cuanto se quedó sola, comprendió que debía mudarse pronto, antes de que cambiara de idea. Levantó el teléfono para llamar a Lavender y contarle la verdad sobre lo ocurrido entre Harry, Molly y ella. Le dijo también que iba a mudarse a Edimburgo y le prometió que llamaría al dueño del salón de belleza y a sus clientes para pasárselos a Lavender.

El lunes, justo antes de comer, Harry aparcó su coche delante del salón Tony & Guy. Salió del vehículo con el cristal de cuarzo en el bolsillo. Necesitaba mirar a Ginny a los ojos. Tenía que descubrir lo que había sentido en realidad la primera vez que la besó. Era preciso que supiera si la noche en que hicieron el amor había sentido lo mismo que él. Y si ella le decía que no lo amaba, que nunca había sentido nada por él porque lo había hecho todo por su hermana, tenía que oírlo de sus labios para poder calmar el tumulto de su alma.

Entró en el salón y miró hacia el lugar de trabajo de Ginny, donde había una mujer sentada cortándose el cabello. Pero la estilista que la atendía no era Ginny, sino otra persona. Confuso y sin saber que hacer, volvió la vista en busca de Lavender y la vio secando el cabello a una clienta. Se acercó a ella.

¿Dónde está Ginny? Preguntó. Notó que la otra vacilaba.

No viene hoy.

¿Por qué? ¿Has hablado con ella?

Harry, ha dejado el trabajo.

¿Quieres decir que se ha marchado de aquí? Preguntó él con incredulidad.

Va a mudarse a Edimburgo a vivir con su hermana.

Harry sintió que acababa de recibir un puñetazo en el pecho. ¿A Edimburgo? La cabeza le daba vueltas. La necesidad de Ginny de alejarse de él confirmaba que no lo había amado nunca. Que solo había fingido interesarse por él para hacerle un favor a su hermana.

Harry, lo siento – musitó Lavender -. Ginny me ha contado todo lo ocurrido. No comprendo por qué tiene tanta prisa por irse a Edimburgo.

Porque no quiere tener nada que ver conmigo.

¿Estás seguro de eso?

Harry la miró. ¿A que te refieres?

La voz de Lavender se suavizó. A lo mejor está huyendo de lo que siente por ti.

El hombre no podía creer lo que oía ¿Te lo ha dicho ella?

No puedo decirte más – repuso la mujer- Hoy voy a comer con ella por última vez. Trataré d descubrirlo. Se volvió hacia su clienta.

Lavender, ¿Puedo hablar contigo cuando hayas terminado?

Sólo tardaré unos minutos.

Harry se sentó en la zona de espera. Tenía que encontrar el modo de hablar con Ginny. Era preciso que descubriera la verdad sobre sus sentimientos hacía él.

En el café de Kings Cross, Ginny miró su reloj, esperando a Lavender. Había avisado al dueño de su apartamento, quien ya tenía un nuevo inquilino esperando. Sus cosas estaban guardadas en cajas y sólo le quedaba llamar los transportistas para que se las llevaran. Pero todavía dudaba de su decisión. Le gustaba su trabajo en Londres y quería a Harry. Siempre que pensaba en no volver a verlo nunca, su alma sentía una soledad que no había experimentado nunca. Porque, sin él, sólo la mitad de ella estaba viva.

¿Pero para qué atormentarse? No podía vivir en Londres sabiendo que jamás estaría con él. Miró su reloj. Lavender llevaba quince minutos de retraso. Pensó en llamar al salón de belleza, pero decidió esperar unos minutos más.

Buscó inconsciente el cristal de cuarzo en su bolso y recordó que lo había perdido. Echaba mucho de menos aquella piedra; ya no le quedaba nada de los momentos que había compartido con Harry. Miró una vez más su reloj. Tal vez había ocurrido algo. Se levantó y se acercó al teléfono del restaurante.

Harry aparcó la furgoneta enfrente del café. Le había pedido a Lavender que le dejara ocupar su lugar en la comida. La mujer se resistió, porque creía que debía avisar a su amiga, pero cuando él le dijo que necesitaba verla más que nada en el mundo, acabó por ceder. En cuanto entró en el restaurante, vio a Ginny metiendo monedas en el teléfono público. Una gran ternura por ella recorrió todo su cuerpo. Se esforzó por no esperar demasiado. Aunque Lavender había insinuado que le importaba a Ginny, no podía estar seguro de que lo quisiera tanto como él a ella. Se acercó y le tocó el hombro con gentileza. Ginny – susurró.

Justo en el momento en que empezaba a hablar con Lavender, sintió el toque familiar de Harry en su hombro y oyó su voz profunda. Contuvo el aliento y se volvió.

Harry ¿Qué haces aquí?

¿Puedo hablar contigo?

¿Hablar con ella? Lo que deseaba era echarse en sus brazos.

Desde luego ahora mismo termino.

El hombre asintió y se metió las manos en los bolsillos. Se alejó un poco para darle intimidad.

Harry ha insistido en verte – dijo Lavender al otro lado de la línea- no he podido negarme. Luego me ha llamado tu hermana y le he dicho que ibais a comer juntos. Está encantada. Me ha pedido que te desee buena suerte.

Ginny se acercó a Harry con el corazón latiéndole con fuerza. Quería sentir sus brazos en torno a ella. Quería besarlo. Quería estar íntimamente con él, aunque sabía que nunca sería posible.

Harry le sacó una silla de la mesa. Al sentarse, su hombro rozó el pecho de él y una corriente eléctrica atravesó su cuerpo. Tenía que verte, Ginny – abrió la mano y mostró el cristal de cuarzo -. Sabía que querrías recuperarlo.

¡Has encontrado mi piedra de la suerte! – exclamó ella, excitada.

Harry se la tendió. Rose te echa de menos – musitó

Y yo a ella. Quería decirle que lo echaba de menos a él también pero no se atrevió.

Ojalá no te hubiera engañado nunca, Harry – musitó – si pudiera volver el tiempo atrás, no ocuparía el lugar de mi hermana. Lo siento mucho.

Yo no lo siento.

¿No lo sientes? – la joven apretó el cristal con fuerza.

Me siento afortunado de haberte conocido – añadió él – tú has cambiado mi vida.

¿En serio? – preguntó ella, con incredulidad.

Más que ninguna otra persona de las que he conocido. De hecho, si le he pedido a Lavender que me dejara venir en su lugar, ha sido porque esperaba que pudiéramos empezar de nuevo.

Ginny no podía creer lo que oía. ¿Quieres decir como sí acabáramos de conocernos?

Harry se inclinó hacia ella. ¿Podemos fingir que esta comida es nuestra primera cita?

¿Si podían? ¡A Ginny le parecía un sueño!

¿Estás seguro? – Preguntó con voz temblorosa – porque ya no soy mi hermana. No me parezco a ella. De hecho, soy todo lo contrario.

Harry le acarició la mejilla. Ginny te quiero a ti, no a tu hermana.

Pero tú creías que era ella. Por eso…

Aun cuando te hacías pasar por ella, fue tu personalidad, tu belleza, tu sensualidad lo que me conquistó.

¿Belleza? ¿Sensualidad? ¿De verdad estaba hablando de ella?

Antes de que pudiera decir nada, él sacó algo del bolsillo. Le tomó la mano con gentileza y le puso el anillo de compromiso en el dedo.

Ginny en mi corazón, este anillo estaba destinado a ti.

¿A mí? – No podía creer que quisiera estar siempre con ella - ¿Estas seguro, Harry?

Ginny, te quiero. Todo lo tuyo me parece perfecto.

Los ojos de ella se llenaron de lágrimas.

Yo siento lo mismo por ti. Al momento siguiente estaba en sus brazos, lo estrechaba con fuerza y no quería soltarlo nunca.

¿Quieres casarte conmigo, Ginny? – susurró él contra su cabello.

La emoción la embargaba de tal modo que apenas era capaz de hablar. Siempre seré tuya, Harry – murmuró – siempre.

Sus labios se encontraron y ella apretó el cristal de cuarzo en la mano, consciente de que la magia de Rose había funcionado de verdad.

Estaba impaciente por llamar a su hermana. Tenía que contarle que no podría ir pronto a Edimburgo, pero que iría a visitarla con Harry, el amor de su vida. Porque al fin había encontrado su alma gemela Harry James Potter Evans, el hombre destinado a ella desde siempre.

Después del almuerzo Harry no dejaba de admirarla, toda ella le parecía perfecta, ya no quería separarse de ella, reconocía que sin ella no podría vivir ya que su vida carecería de sentido. Ella lo observaba hasta que interrumpió sus pensamientos.

Harry, por cierto, e recordado que hasta ahora no me he presentado formalmente, mi nombre es Ginevra Molly Weasley, pero, puedes llamarme Ginny.

Bueno Srta. Ginevra, creó que es hora de retirarnos del café. Ahora que ya renunciaste a tu empleo ¿Puedes acompañarme a mi tienda?

En verdad, Harry me gustaría, pero, no sólo renuncie a mi empleo en el salón de belleza, también entregue el apartamento y ya no está disponible, y debido a las nuevas circunstancia debo buscar donde quedarme.

Por eso no hay problema, mi apartamento está a la orden puedes mudarte cuando quieras, Ginny, en verdad ya no quiero estar separado mucho tiempo de ti, te necesito, amor; y quiero estar siempre contigo, despertar a tu lado. Tú me despertaste esa ansiedad.

¿Estas seguro? ¿Y si luego te aburres de mí?

Eso nunca va a suceder Ginny porque te amo y lo que más ansío es estar a cada instante contigo.

Gracias, por darme esta oportunidad de intentarlo de nuevo. Esta vez no habrá secreto entre nosotros que nos impida llegar a conocernos de verdad.

Harry no podía renunciar al anhelo que sentía por Ginny. La quería, entendía que como seres humanos todos tenían virtudes y defectos y aún así él la consideraba perfecta. Ya no había motivo para contener sus emociones. Amaba a Ginny desde el día en que la vio por primera vez, cuando la rescató de la piscina y la salvó de morir ahogada. Impulsado por sus sentimientos Harry avanzó hacia ella, la tomó entre sus brazos y la besó en los labios. Responde a mis preguntas: ¿Quieres vivir en casa conmigo? ¿Quieres asumir el papel de la Señora Potter? ¿Quieres ser mi esposa y vivir conmigo el resto de tu vida? ¿Quieres que tengamos hijos y los veamos crecer juntos?

Ginny suspiró, sintiendo que una paz y una felicidad indescriptibles se apoderaban de su corazón y su alma. Por fin había llegado ese momento, el de ser feliz con su amor. Y sólo respondió sí, quiero.

Al salir del café se dirigieron al edificio donde vivía Ginny a recoger sus cosas. Harry la ayudó a instalarse en su departamento. Ahora comenzaba una nueva vida para ambos en donde compartirían su amor. El amor que le profesaba el uno al otro y eso era más que suficiente.

Para Ginny era un sueño hecho realidad, al fin podía amar a Harry con plena libertad, sin el recuerdo de su hermana y estaba completamente segura que Harry el amor de su vida también le correspondía de la misma manera, la amaba, adoraba y la aceptaba tal como era.

Harry se le aproximó, la tomó por la cintura y la atrajo hacia el con fuerza, Ginny reía mientras el la tumbaba en el sofá, comenzó a besarla primero con suavidad hasta que el beso fue más y más apasionado, la falta de oxigeno los hizo separarse, -te amo, Ginny.

Ella se acercó a su oído y le susurró con voz un poco agitada, -hazme el amor Harry te necesito, estas eran las palabras mágicas para tener una noche increíble.

Lo único que le importaba a Harry era estar al lado del amor de su vida, sentirla acariciarla, besarla, poseerla, por que ella era su vida, y sin su presencia la vida carecía de sentido, su felicidad, solo tenia un nombre, y ese era Ginevra Molly Weasley.

FIN