— ¿Qué pasa? —Preguntó mi hermano al notarme distraída— ¿Es por lo qué hablaste con el Director de Hogwarts?
¿Debía de decírselo? Me pregunté, para después molestarme por el simple hecho de habérmelo cuestionado. Marvolo era mi hermano, el único ser que nunca me traicionaría en todo el universo, nunca nos habíamos guardado secretos ¡Claro que debía decírselo!
—El director Dumbledore, me preguntó sobre ti.
—Debe de haber escuchado sobre lo grandioso que soy y ahora tiene miedo de que deje al campeón de Hogwarts, en ridículo— señaló de manera presumida.
—Eres un engreído—contesté bromeando— pero no creo que fueran tus grandiosas habilidades lo que le interesaba.
— ¿Por qué dices eso?
— Me preguntó sobre nuestra relación, sí nos llevábamos bien.
— ¿Qué demonios le importa a ese viejo nuestra relación?— protestó molestó.
—En verdad, no lo sé— contesté entre suspiros, no quería que nadie ni siquiera Dumbledore arruinará este día— Pero lo mejor será olvidarnos por ahora de eso, voy a enseñarte la biblioteca— agregué emocionada, tomando su mano contra la mía e instándolo a caminar.
—Decidiste empezar por lo mejor ¿No?— comentó sonriendo.
Caminamos juntos hacia el cuarto piso del castillo. Le expliqué el sistema clasificación de la biblioteca y el mejor lugar para leer sin ser molestado, mi hermano observaba fascinado los grandes tomos apilados en los estantes.
—Veo que tienen una gran colección, incluso mayor que la nuestra en Durmstrang— comentó encantado.
—Ven aún falta ver lo mejor, la sección prohibida— comenté guiándolo hasta el fondo de la biblioteca.
—Artes Oscuras— murmuró al ver algunos de los tomos.
—Sí, en Hogwarts no se enseñan, pero muchas veces tenemos que hacer uso de ellos, para las clases Avanzadas de Defensa Contra las Artes Oscuras. La verdad muy pocos alumnos suelen venir por aquí.
—Aún no entiendo cómo es posible que en Hogwarts no enseñen Artes Oscuras.
—Son peligrosas—contesté recelosa.
—Por eso mismo, es que lo digo. En Hogwarts las prohíben ocasionando que los alumnos sean tentados a practicarlas por su cuenta y se vean arrastrados por ellas ¿Por qué, qué hay más tentador para el ser humano que lo prohibido? ¿No lo crees así, mi dulce hermana?— preguntó con voz aterciopelada, observándome enigmáticamente, haciéndome ruborizar de manera casi instantánea.
—Pero podemos luchar contra esa tentación, podemos controlarnos— rebatí, era cierto que los humanos somos seres frágiles capaces de desviarnos de lo correcto, pero estaba convencida que con nuestra fuerza de voluntad éramos más que capaces de rechazar todas aquellas tentaciones.
—Claro que podemos, pero eso no quiere decir que salgamos vencedores— contestó curvando sus labios en una sonrisa ligera, pero melancólica al mismo tiempo, que me hizo estremecer. De repente tuve la sensación de si no lo tocaba, si no sentía su piel contra la mía, él desaparecería ante mis ojos. Tímidamente acerqué mis manos a sus mejillas y retuve su rostro entre ellas, su calor calentado mi mano.
— ¿Qué es lo que pasa Marvolo?— pregunté tímida.
—No es nada—negó apartando mis manos delicadamente — ¿Crees que los alumnos invitados podamos sacar libros de la biblioteca?—preguntó curioso dejando en el olvido el tema anterior, borrando completamente su tristeza y sustituyéndola por una falsa sonrisa, con la cual me quedó claro que a pesar de que yo era honesta con él, él no lo era conmigo.
—No lo sé, podríamos ir a preguntarle a la Sra. Pince, aunque no suele ser muy amable— contesté dándole por su lado, a pesar de que quisiera saber lo que lo afligía no quería arruinar nuestro tiempo juntos con una discusión. Tal vez más adelante se lo preguntaría pero ahora no.
—Entonces se lo preguntaré a Karkarov después—comentó.
Sujete su mano fuertemente, aún con la sensación de que si no lo hacía, si no mantenía un vinculo físico con él, desaparecería. Seguimos caminando por los pasillos de la biblioteca ahora en un silencio meditabundo, de vez en cuando Marvolo tomaba algún libro y lo hojeaba interesado. A pesar de lo claramente incomodo que le resultará hacerlo con una sola mano, nunca dio muestras de querer soltarme.
Quizás él al igual que yo tenía miedo de que desapareciera de su lado. Habíamos pasado tanto tiempo anhelándonos él uno al otro, que nos mostrábamos paranoicos con el pensamiento de alejarnos nuevamente.
Pasamos la mayoría de la tarde en la biblioteca, hasta que nuestro organismo dio señas de necesitar alimento. Estábamos apuntó de salir de la biblioteca cuando sentí la mirada perspicaz de Theodore sobre mí, sus ojos azules enfocándome con una molestia que nunca había visto dirigida hacia mí.
—Te estaba buscando para hacer nuestra tarea de Runas, pero ya veo que estás muy ocupada—declaró molesto observando nuestras manos entrelazadas. Azorada traté de apartar mi mano de la de Marvolo, pero de forma casi automática él la presiono fuertemente, haciendo imposible zafarme de su agarre.
— ¡La tarea de Runas!— recordé, sintiéndome avergonzada nunca había olvidado algo así— en verdad lo siento Theo— me disculpé, por haber dejado plantado a mi amigo.
—Mañana podremos hacerla, ahora tenemos que ir al gran comedor van a anunciar a los campeones para el torneo— me comunicó, alzó su brazo para sujetarme y guiarme cuando la la voz de Marvolo se lo impidió.
—Marvolo Lestrange—se presentó, ofreciéndole cortésmente su mano izquierda, la que no estaba sujeta a la mía.
Theodore le dirigió una larga mirada, observándolo de pies a cabeza disimuladamente como si estuviera analizándolo. Mi hermano le devolvió el gesto, pero sin el más mínimo disimulo, como si no le importará en lo más mínimo que Theodore supiera que lo estaba juzgando, con su mano aún estirada en espera de la suya.
—Theodore Nott—contestó lánguidamente , estrechando por fin su mano. La sonrisa de Marvolo se extendió y él rostro de Thedore se torno rígido, la tensión en el aire era asfixiante.
—En verdad me apena esta situación, pero mi dulce Hermione estará mostrándome el castillo mañana también, creo que deberás realizar tu tarea sólo—sugirió mi hermano cortésmente, mostrando esta vez sus dientes perlados en su sonrisa.
—Hermione— me llamo Thedore pidiéndome una explicación que no tuve oportunidad de darle, ya que mi hermano comenzó a caminar fuera de la biblioteca, su mano ahora me sujetaba fuertemente por la cintura instigándome a seguirlo.
—Lo siento— susurré como despedida a mi compañero antes de salir de la biblioteca.
Caminamos hacia el gran comedor en silencio, mañana tendría que pedirle disculpas a Thedore por mi comportamiento. Pero él debía entender que la llegada de mi hermano era importante para mí y que no era de extrañar que con eso en la cabeza, haya olvidado por completo nuestra sesión de estudio.
—Marvolo no debiste ser tan grosero con Theodore, él es mi amigo— le reclamé cuando nos íbamos acercando al comedor. Estoy segura que las cosas con Theo no hubieran resultado tan mal, si él se hubiera mostrado un poco más amistoso.
—No lo necesitas— replicó con calma.
—Pero es mi amigo, me gustaría que ustedes se llevaran bien.
—No me agrada— expresó escuetamente sorprendiéndome, nunca me había planteado la posibilidad de que ellos no se llevarán bien. Desde que conocí a Theo cuando éramos niños había supuesto que se agradarían.
—No te sorprendas, sabes muy bien que son pocas las personas que me llegan a agradar— dijo hoscamente.
—Dale una oportunidad, estoy segura que si llegas a conocer bien a Theodore como yo, te agradará— le pedí mortificada.
—Lo dudo, pero no te puedo decir que no, si haces una cara tan lastimera— contestó resignado, acariciándome tiernamente la mejilla con sus nudillos—Trataré de ser cordial con él, pero no me pidas más.
Sonreí por su gesto y me pregunté si sería correcto presentarle también a Neville, debido a lo que nuestros padres les habían hecho a los suyos. Estaba segura que Marvolo se rehusaría a cambiar de apellido y aunque lo hiciera ya había puesto su verdadero nombre en el cáliz, por lo que no tendría ningún caso.
Al escuchar hoy su nombre en el gran comedor, cuando Marvolo fuera elegido como campeón, Neville conectaría su apellido con el de nuestros padres; aunque solo fueran sospechas y nadie confirmara nada, la duda siempre estaría en mi amigo y aunque no podía predecir su reacción, estaba segura que ésta no sería para nada buena, ¿Era justo que lo sometiera a semejante presión? Sabiendo lo frágil y sensible que era.
Nos acercamos al gran comedor, donde la mayoría de alumnos ya se encontraban acomodados, maldije mi suerte al divisar a Neville quién me lanzó un saludo a lo lejos.
— ¿Qué sucede?— preguntó desconcertado mi acompañante ante mi reacción.
—Neville, está allí— expresé en susurros, levantándome en puntillas para que me escuchará.
—Supongo que también querrás que sea amistoso con él— bufó mi hermano frustrado.
— ¡No!— expresé alterada—No seas amigo de él, no lo trates bien, se grosero, antipático, mordaz y vanidoso. Sé solamente tú.
—No sabía que pensaras cosas tan halagadoras sobre mí—expuso burlonamente, sonriendo de medio lado, haciendo que su hoyuelo derecho resaltara en un gesto arrebatador, que me hizo contener la respiración —.No entiendo porqué sigues siendo amiga de él, después de lo que la bruja de su abuela se atrevió a hacerte— expresó molesto.
—Neville se disculpo conmigo — expliqué excusándolo —Además de algún modo entiendo lo que debió sentir su abuela, lo que nuestros padres hicieron fue horrible.
—Pues yo nunca perdonaré a nadie que se atreva lastimarte, tenga las razones que tenga — pronunció solemnemente— Él no lo sabe ¿Verdad?— agregó cuando pasábamos cerca de Neville, al recorrer la mesa Gryffindor para tomar asiento. Neville me dirigió un saludo que correspondí escuetamente, mostrándose sorprendido por no haberme sentado junto a él, como normalmente lo hacía.
—No.
— ¿Y no piensas decírselo? No puedes ocultárselo por siempre. Tarde o temprano se sabrá la verdad — expresó racionalmente— Es una suerte que su abuela no haya dicho aún ¿Cuál crees que sea la razón?— preguntó curioso.
—Ella cree que Neville y yo ya no somos amigos, ella se lo ordenó y acordamos ocultárselo—confesé entre susurros, pensando que tal vez esa fuera la razón de que su abuela no hubiese revelado nada.
Marvolo suspiro dándose por vencido con el tema, no me realizó más preguntas, supongo que de alguna forma intuía mis razones y se sentía feliz por no tener que lidiar con un ser humano más. Al terminar nuestra conversación, me percaté de la incómoda mirada de mis compañeros sobre mí, por la presencia de mi acompañante, no debeía parecerles nada normal la estancia de un alumno de Durmstrang en la mesa Gryffindor, cuando todos ellos se encontraba en la mesa Slytherin.
—Marvolo, ¿No preferirías ir con tus compañeros?—pregunté pensando que le resultaba incomoda toda la atención que recibía.
—No, estoy justo en el lugar donde quiero estar— expresó besando mis nudillos suavemente, sin darle la menor importancia a las personas que nos observaban.
Seguí su ejemplo y muy pronto se olvidaron de nosotros cuando entro al gran comedor Dumbledore y sentó junto a los demás jueces del torneo, dando por comienzo el banquete de Hallowen. La emoción podía sentirse en el aire, con los repiqueteos de pies nerviosos moviéndose debajo de la mesa y las miradas nada disimuladas de los alumnos que esperaban que Dumbledore terminara su comida. Los platos de oro desparecieron por fin y algunos alumnos soltaron un suspiro casi grupal. El viejo mago se puso de pie, junto a los demás directores y los funcionarios del ministerio, quienes se mostraban expectantes con excepción del señor Crouch que parecía más bien aburrido.
—Bien el cáliz estará listo en un momento, cuando se anuncié el nombre de cada campeón les pido que ingresen a la puerta que se encuentra detrás de nosotros, allí se les darán las siguientes instrucciones.
El director sacó su varita y realizó una floritura, que apago las velas del castillo excepto las que se encontraban dentro de las calabazas, logrando conseguir un ambiente de misterio. El cáliz de fuego se mostraba imponente, brillando entre las penumbras con sus majestuosas llamas azuladas.
De pronto las llamas se tornaron rojas y comenzaron a salir chispas brillantes, una lengua de fuego que parecía alzarse en la nada arrojó un carbonizado pergamino, el cual tomo el profesor Dumbledore entre sus manos y procedió a leer.
— ¡El campeón de Hogwarts, es Harry Potter!— exclamó fuerte y claro, la mesa de Gryffindor estalló en un éxtasis casi demencial, los Slytherins se mantenían callados y renuentes, los Hufflepuf aunque felices, por lo bajo comentaban que si el torneo se hubiera realizado antes Cedric Diggory hubiera sido nombrado campeón en vez de Potter, por su parte los Ravenclaw se mantuvieron aunque no muy felices conformes con la elección.
Potter se puso de pie tratando de alejar a la pequeña Weasley que lo sujetaba en un abrazo casi asfixiante, se abrió paso entre los pataleos y griteríos de nuestros compañeros de casa, sonriendo estúpidamente y agitando la mano como si fuera una celebridad.
Después de que desapareciera por la puerta que estaba detrás de los jueces, Dumbledore tuvo que pedir a la casa de los leones guardar la compostura ya que todavía faltaba elegir a los demás campeones, como si el cáliz hubiera escuchado sus palabras volvió a tornarse rojizo. El cáliz escupió otro pergamino y el ambiente volvió a tornarse silencioso y expectante.
— ¡La campeona de Beauxbatons, es la señorita Gabrielle Delacour!—proclamó el director.
Una hermosa chica de cabello rubio, se puso de pie y camino entre las mesas con una sonrisa de autentica felicidad, atrayendo la mirada llena de adoración de la mayoría del público masculino; ayer no la había notado preocupada como estaba por mi hermano, pero esa chica era parte veela. En contraparte a su felicidad sus compañeras de casa se mostraban destrozadas, muchas de ellas lloraban y sollozaban con la cabeza escondida entre los brazos.
Cuando la chica rubia desapareció también por la puerta, el silencio volvió a hacerse lugar en el gran comedor. Ahora solo faltaba el campeón de Durmstrang, apreté la mano de Marvolo tensa por la situación, al observarlo noté que ninguna muestra de preocupación en su cara, él se mostraba totalmente relajado y confiado.
—Es hora de anunciar nuestro último campeón—expresó el Director, el cáliz expulsó otro pergamino y lo tomo entre sus largos dedos, al observarlo su rostro se puso rígido pero inmediatamente lo recompuso— ¡El campeón de Durmstrang, es Marvolo Lestrangre!—anunció fuertemente pero sin una pizca de la misma emoción que manifestó las veces anteriores.
Marvolo sonrió de lado, la misma mueca que me había dejado anteriormente impactada, sus ojos grises brillaron hermosamente contra las velas y sus rasgos se perfilaron contra las sombras, por un instante pareció inexplicablemente frío y calculador. Como si no fuera el mismo.
Apreté su mano, tratando de traer a mi hermano de regreso a mí. Sus parpados se entrecerraron y sus pestañas negras vibraron como saliendo de un ensueño.
—Estoy bien—beso delicadamente mi mejilla rozando dulcemente mi rostro con su mano—.Nos vemos pronto, te esperaré a media noche en el bosque prohibido—susurró con voz ronca contra mi oído, provocándome un cálido estremecimiento.
Lo observé caminar elegantemente hasta perderse por la misma puerta por la que los demás campeones habían entrado. En la mesa gryffindor se comenzó a armar un gran jaleo, pronto todos comenzaron a planear una celebración para Potter. Suspiré frustrada sí la celebración se extendía demasiado, tendría que ser más cuidadosa para salir.
Subí a mi habitación a recostarme, después de algún tiempo escuché como daba comienzo la fiesta. Observé el reloj de mi buro, faltaba poco para las doce. Tomé mi varita lista para ponerme en marcha, me lancé un hechizo desilusionador y salí de manera sigilosa.
En la sala común era un caos total, montones de tarros llenos de espumeante cerveza de mantequilla y comida chatarra. Potter se encontraba en medio de todo aquel alboroto, con un estandarte de gryffindor en la espalda como si fuese un capa, a pesar de que mantenía una sonrisa se mostraba un poco incomodo por cómo estaba tomando las cosas su mejor amigo; Weasley se encontraba sentado lo más lejos de él y lucia celoso por toda la atención que él recibía.
Camine muy cerca de las paredes, como sí quisiera fundirme en ellas, tratando de no chocar con ninguno de mis compañeros. Cuando llegue a la puerta maldije en silencio ¿Cómo se suponía que iba abrir la puerta sin levantar sospechas? ¡Todos notarían como se abría la puerta! A estas horas de la noche ya nadie saldría ni entraría.
Prontamente urdí un plan. Lavender y Parvati se encontraban al lado de Potter, alagándolo como si de un héroe se tratará, de manera no verbal lancé un hechizo que alguna vez vi utilizar a los gemelos Weasley hacia ambas.
Mis compañeras de casa comenzaron a hacer gestos extraños como tratando de soportarlo, pero fui inútil, al final terminaron vomitando encima de Potter quien observaba a ambas asqueado. Todo se sumió en un extraño silencio, pero pronto las miradas de incredulidad se transformaron en labios apretados tratando de contener las risas.
Potter se puso de pie rápidamente con el rostro rojo, por la vergüenza o tal vez por la ira; Parvati y Lavander se miraban la una a la otra sin comprender aún que había pasado a punto de romper en lágrimas, con restos de vomito en sus barbillas. Tal vez me había pasado, me dije a mi misma, convenciéndome que lo que había hecho no era un castigo por lo sucedido en el almuerzo.
Pero pronto olvidé eso cuando observé a Potter salir por la puerta, lo seguí sin dudarlo y me recordé a mi misma que no lo había hecho con saña, solo lo había hecho por qué necesitaba salir a ver Marvolo. Al cerrar la puerta escuché como todos rompieron a reír de manera escandalosa.
Caminé junto a Potter el corredor tratando de pasar desapercibida, observé el vomito en sus ropas y zapatos, me pregunté por qué no había usado un Fregotego para limpiarse. Aunque tal vez con la conmoción simplemente no se le había ocurrido y lo que más quería era salir de allí. Seguramente después de que se bañara se daría cuenta y limpiaría su ropa. Al llegar al final del pasillo nos separamos, Potter tomo camino rumbo al baño de prefectos y yo hacia el vestíbulo. Al llegar al bosque prohibido me deshice de mi hechizo desilusionador y sonreí alegremente al ver a mi hermano esperándome, en la entrada.
—Marvolo—saludé alegremente y me abracé a él, aspiré su aroma varonil de manera ansiosa a pesar que apenas unas horas atrás nos habíamos separado—. ¿Cómo estuvo todo?— pregunté mientras mi hermano acomodaba sus brazos alrededor de mi cintura.
—Nos dieron las instrucciones de la primera prueba, será el veinticuatro de noviembre, solo podemos llevar con nosotros nuestra varita— susurró con voz calmada, acariciando mi cabello.
— ¿No les dijeron de que tratará?— pregunté.
—Dicen que la primera prueba medirá nuestro coraje a enfrentar lo desconocido.
— ¿Tienes alguna idea de que puede ser?— cuestioné esperanzada de que comenzará a prepararse pronto para las pruebas.
—Ninguna, pero estoy seguro que podré contra ello cuando llegue el momento— respondió calmado con aire presuntuoso.
—Potter es bueno en Defensa Contra las Artes Oscuras—le informé, se estaba confiando demasiado y eso podría traerle problemas a la larga.
—Bueno yo soy excepcional en Artes Oscuras— replicó sin perder la compostura.
—La chica de Beauxbatons es parte veela, podría usar algunos trucos sucios contra ti— agregué, recordando la mirada para nada normal que la población masculina le dirigió cuando fue elegida como campeona.
—No te preocupes, no me interesa ver a nadie más que a ti—agregó posando pequeños besos como aleteos de mariposa sobre mi coronilla. Tal parecía que era imposible bajar a mi hermano de la nube de superioridad en la que se había colocado, solamente esperaba que toda esa confianza no le explotará en la cara después y terminará perdiendo el torneo. Seguimos abrazados unos minutos más, al despedirnos fue esta vez él quien me beso, un beso corto, cálido y confortable. Y de nuevo me cuestioné si esto estaba bien, estas acciones que para nosotros eran inocentes podían ser fácilmente malinterpretadas por los demás.
Regresé a la torre de Gryffindor tan sigilosa como cuando me fui, me pregunté si la fiesta de Potter había terminado ya, aunque era lo más probable tomando en cuenta lo que había visto antes de salir, confiada me deshice de mi hechizo desilusionador. Susurré la contraseña a la señora gorda y entré a la sala común, quedándome paralizada al ver a Potter sentando en uno de los sillones, sus brazos cruzados y con la mirada fija en la puerta, como si hubiera estado esperándome todo esté tiempo.
—Malfoy, debía saber que eras tú— susurró con despreció— Sospeché que lo que paso no fue nada común y lo confirmé, cuando Ginny reconoció el hechizo que usaste como uno de la autoría de sus hermanos. Yo lo observé boquiabierta, sin saber exactamente qué decir, había sido una idiota al deshacerme de mi hechizo desilusionador.
—Es que acaso éste es un nuevo plan tuyo y de tu primito para humillarme— replicó molestó. Reforzando su paranoica idea, de que el único objetivo de Draco y yo en la vida, era hacerle la suya imposible. Aunque, tal vez así fuera para mi primo debía dejarle en claro que a mí me traía sin cuidado su existencia.
—No te tomes mucha importancia Potter, solo te use para poder salir de la sala común sin levantar sospechas. Sé que lo que hice no fue correcto y te ofrezco una disculpa por lo hice— expresé de manera diplomática, tratando de evitar un conflicto. Sus ojos verdes me observaron recelosos y me acerqué sigilosamente hacía la escalera de chicas, segura de que él no podría subir por ella.
—Solamente eso vas a decir, después de lo que me hiciste pasar— dijo aún enojado.
—Te ofrecí una disculpa— expliqué subiendo algunos peldaños.
—Oh, una disculpa, claro por qué una disculpa lo soluciona todo— anunció sarcástico.
—Me voy a dormir, buenas noches Potter—me despedí subiendo rápidamente los escalones que me faltaban, lo escuché bufar molestó pero no trató de detenerme.
Sabía que esto no se quedaría así y seguramente mañana me enfrentaría nuevamente a él y Weasley, sí los dos se habían vuelto a reconciliar ya. Entre de puntillas a mi cuarto esperando no ser descubierta ahora por mis compañeras de habitación, sentí una punzada de culpa al ver el dosel de la cama de Lavander y ver un montón de pañuelos en el piso, ella había llorado casi toda la noche, pero después recordé como solía molestar a las demás chicas y hablar a sus espaladas, y decidí que se lo tenía merecido.
¡El torneo de los tres magos está por comenzar! Decidí hacer unos años más grande a Gabrielle para qué pudiera participar. Hermione tiene nuevamente problemas con Harry, pero esta vez ella se lo busco y para colmo también con Theodore por causa de Marvolo. No suelo dejar comentarios personalizados porqué tardó tanto en publicar y siento que incluso ustedes ya olvidaron lo que me comentaron, pero esta vez lo hice tratando de redimir mi manera tan lenta de escribir que a más de una le debe crispar los nervios.
Jaaaviera: No te preocupes la C, es la inicial de otro nombre. En algún capitulo pondré su nombre completo. Mientras tanto te dejaré con la duda ;)
susan-black7: Gracias por tu opinión que bueno que te agradé Alexei y es que estaba muy nerviosa por ser mi primer OC. En un futuro pienso dar más detalles sobre él.
Duhkha: Ya sucedió el encuentro entre Marvolo y Theodore y no fue nada bueno. Los Potter no murieron, Harry vive con sus padres pero Sirius como su padrino, no puede dejar de malcriarlo un poco.
rachellGranger: No es maldad, sólo es para asegurarme que lean el siguiente capítulo XD
Amantedelacomida: Sé que el Neville/Hermione es tierno, pero no me gustaría romperle el corazón a Neville.
PrincesLynx: No te preocupes Hermione no es nada tonta y bueno ya vimos que Marvolo si es un posesivo.
Yuuki Kuchiki: Gracias por la ayuda, no me había dado cuenta de mi error.
Espero les haya gustado el capitulo y nos vemos en la próxima actualización.
